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Bentayga: el calendario de los antiguos canarios

Caldera de Tejeda con el Roque Bentayga al atardecer. VIAJAR AHORA

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Gran Canaria —

Tenían casas donde se encomendaban al Dios que estaba en lo alto, que decían Almogarén, que es casa santa, las cuales rociaban todos los días con leche (...) Decían que en lo alto haba una cosa que gobernaba las cosas de la tierra, que llamaban Acorán, que es Dios.” Abreu Galindo: Historia de la Conquista de las siete islas de Canaria (circa 1550).

Conocer el paso regular de los días y estaciones es de vital importancia para cualquier pueblo que deja su supervivencia en la provisión de aguas que alimenten a sus sementeras. Los antiguos canarios basaban la inmensa mayoría de su economía en la agricultura intensiva de cereales y, en menor medida, de regadío. Si atendemos a las crónicas de la conquista y a los relatos de viajeros que conocieron la isla en las décadas posteriores a ésta, podremos hacernos una idea aproximada de la importancia de la agricultura de una sociedad que “era la de más orden y policía de todas las Canarias” (Torriani 1590). La economía isleña era eminentemente cerealística. Según la expedición normanda de principios del siglo XV que intentó, sin conseguirlo, anexionar la isla los canarios “tenían trigo, habas, cereales de toda clase (...) No hace falta decir que es una isla llena de mucha riqueza y el trigo crece allí dos veces al año, sin que necesite abono. Y no es posible, por mal que se trabaje la tierra, que no viniesen ganancias mayores de aranto se podía decir” (Le Canarien 1405).

Todas las sociedades agrícolas cifran su capacidad de éxito en el conocimiento exacto del transcurrir de las estaciones. Otro cronista, A. Sedeño, aseguraba que “la preparación de las tierras de cultivo comenzaba a las primeras aguas que estubiesse la tierra anegada”, un hecho que demuestra un control más o menos exacto de la llegada de la estación húmeda (En las Islas Canarias entre los meses de noviembre y marzo). No es de extrañar que el flujo del tiempo adquiriera, en una sociedad anclada en el neolítico material, tintes mágicos y religiosos y que la propia medida del tiempo tuviera un carácter religioso. Los expertos nos hablan de una religión donde el culto a los cuerpos celeste, principalmente el sol y la luna, eran parte fundamental del ideario grupal. En este contexto hay que explicar, según la mayor parte de los estudiosos, el llamado Almogarén del Bentayga, una estructura excavada en la roca volcánica que, para muchos, no es más que un calendario para controlar el paso de las estaciones y, en consecuencia, marcar el comienzo de las labores agrícolas.

Ya el lugar en el que se encuentra este yacimiento invita a pensar en lo místico y en la magia. Enclavado en el centro geográfico de Gran Canaria, el Roque Bentayga es un pitón basáltico que se yergue a 1.440 metros sobre el nivel del mar dominando gran parte de la caldera de Tejeda. Impresionantes vistas sobre el Roque Nublo y Pico de las Nieves, al este, y al barranco de La Aldea y a la vecina isla de Tenerife, al oeste, ya merecen la excursión. Conviene empezar la visita por el Centro de Interpretación (Acceso: GC-671 desde GC-60; Tel: (+34) 928 474 851; Horario: L V 10.00 - 16:00; S y D 10.00 – 18.00), un pequeño pero moderno centro museístico en el que se dan las claves del yacimiento y se explican los principales rasgos antropológicos de la sociedad prehispánica grancanaria. Una pequeña caminata de 20 minutos separan este centro de visitantes (que cuenta con aparcamiento y cafetería) del yacimiento.

El Almogarén del Bentayga ha excitado, siempre, la imaginación de los visitantes. Se trata de un pequeño recinto excavado en la roca de tamaño rectangular que presenta, en su centro geográfico una cazoleta circular de 0,72 metros de diámetro alineada al Este con una muesca en forma de V practicada en un promontorio rocoso de unos 8,5 metros de altura. Tras esta hendidura se ha localizado una cazoleta de gran profundidad que, según los arqueólogos servía para hincar un poste que marcaba con exactitud los equinoccios de primavera y otoño.

También se ha comprobado que, en una alineación visual con el monolito del Roque Nublo, esta muesca localiza el lunasticio mayor, un fenómeno astronómico que se produce cada 18,6 años con la luna llena anterior o posterior al solsticio de verano (el último tuvo lugar en julio de 2006). Según estos indicios, el Almogarén tendría una función religiosa y aparecería como uno de los centros de espiritualidad aborigen que, según los cronistas, se localizaban en lugares altos y con peculiares características geológicas. Otros lugares de la isla, como Cuatro Puertas (Telde), El Agujero (Gáldar), Risco Caído (Artenara) o Montaña de Tauro (Mogán) también tienen un ‘sentido astronómico’, algo que da buena cuenta de la importancia de los astros en la antigua religión insular. El programa Yacimientos Estrella, organizado por el Cabildo de Gran Canaria, organiza visitas guiadas por expertos a estos enclaves durante los días en los que se producen estos fenómenos astronómicos (equinoccios y solsticios).

Junto al recinto ceremonial del Bentayga también se pueden ver los restos de una muralla defensiva que rodeaba al recinto, multitud de cuevas sepulcrales y dos estaciones de grabados alfabetiformes que, de confirmarse su autenticidad (muchos estudiosos lo dudan), completarían un yacimiento de primer orden que cuenta, a su vez, con un pequeño centro de interpretación. El Bentayga no es más que el hito más espectacular de una comarca, la de Tejeda, con importantes huellas del pasado prehispánico de la isla. En dirección al Espinillo, por la misma carretera de entrada al roque (GC-607), se encuentra el poblado Cuevas del Rey, un poblado de casas excavadas en la toba volcánica de gran complejidad y buen estado de conservación. Este importante enclave aborigen atesora algunas joyas como la Cueva del Guayre que presenta, como otras muchas del conjunto, restos de pinturas rupestres, silos para almacenar grano, alacenas y habitaciones auxiliares excavadas a los laterales de la cámara principal.

El Bentayga es, también, el escenario de uno de los episodios más significativos de la Guerra de Canaria. En enero de 1483, a tres meses de la finalización de la conquista, un grupo de canarios comandados por Bentejuí, último guanarteme de la isla (rey), se refugió en el roque ante las acometidas de las tropas castellanas. Según cuentan las crónicas “dejando a buen recaudo y guarda en el Real, salió a la vuelta de la fuerza de Ventagay, donde estuvo más de quince días; que como era mucha gente de mujeres y niños, sin los hombres, pensó tomarlos por hambre. Pero ellos tenían proveimiento para muchos meses. Y así quiso subirlos por fuerza, pero ellos se defendieron con valor que, por mucho que hicieron, no les pudieron ganar el paso, arrojando grandes galgas y piedras por los riscos y ladera abajo, que dejaban caer. Aquí mataron los canarios a muchos soldados e hirieron a tantos (Abreu Galindo circa 1590)”. Una noche, los canarios abandonaron el Bentayga para refugiarse en los riscos de la comarca de Tirajana (en el sur de la isla). Aquel día, la roca sagrada cambió de manos para siempre.

Fuente: Camino a Ítaca

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