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Eduardo Madina: elogio inevitable de una decisión acertada e inteligente

Eduardo Madina -que además de muchas otras cosas ha sido colaborador de este periódico- es uno de los pocos políticos que admiro en su globalidad: tiene un talante humano que no se descabalgará por la gloria de los éxitos; una inteligencia sencilla, huérfana de toda sombra de soberbia; es entrañable y familiar y destila una humildad que le constará acompasar al éxito al que esta abocado al margen de su voluntad. Tiene esa madera de líder que se intuye sobre todo en su capacidad de escuchar.

Por encima de sus deseos de marido, padre, profesor, intelectual, y compañero, ha atendido la llamada del compromiso militante como una incapacidad para la renuncia a la que el destino le ha convocado por reunir las condiciones de inteligencia, honestidad, compromiso y sacrificio que forman las piezas del mecano con las que con trabajo se puede construir un estadista. Tiene mucho recorrido.

No hay rencor en su alma, pero sí una envidiable firmeza. No olvida ni perdona porque el mal que sufrió directamente sigue vigente y se siente solidario con todos los que con él han sufrido los embates del terror; la generosidad consiste en que no hay rencor en su alma sino ánimo de justicia. Ha remontado la vida y las secuelas que le podían haber quedado las ha transmutado en solidaridad de amigo, de compañero y de padre.

Tiene el lujo de la paz en su propia casa, en donde la inteligencia y el cariño forman una mixtura envidiable. Siempre le digo cuando nos reunimos a conversar que su liderazgo es inevitable.

Ahora ha ascendido un peldaño en la responsabilidad que es sustantivo a la época en la que le ha tocado vivir a su Gobierno. Tendrá que buscar acuerdos y concordias sin renunciar a los fundamentos de su proyecto político. Pero no le falta capacidad ni talento. Y llega justo cuando sus tesis antiguas, de mezclar con delicadeza experiencia y juventud, parece que encuentran hueco, al fin, en el universo zapaterista. Desde siempre ha sido un nexo de unión entre la experiencia y la juventud; tiene capacidad de diálogo con todos y ausencia de complejos para no sentirse amenazado ni por la inteligencia, ni por las vivencias que en él ya son compartidas.

Eduardo Madina, no me da pena decirlo, tiene mi admiración y mi apoyo; y para los que no sean capaces de comprender que estos sentimientos son compatibles con la independencia, sólo les puedo recomendar que perseveren en un mundo en donde los intereses van por detrás de los compromisos. Todavía es posible. Lo digo para gobierno de los incrédulos y desconfiados.

* Periodista, analista político y articulista de elplural.com

Carlos Carnicero*

Eduardo Madina -que además de muchas otras cosas ha sido colaborador de este periódico- es uno de los pocos políticos que admiro en su globalidad: tiene un talante humano que no se descabalgará por la gloria de los éxitos; una inteligencia sencilla, huérfana de toda sombra de soberbia; es entrañable y familiar y destila una humildad que le constará acompasar al éxito al que esta abocado al margen de su voluntad. Tiene esa madera de líder que se intuye sobre todo en su capacidad de escuchar.

Por encima de sus deseos de marido, padre, profesor, intelectual, y compañero, ha atendido la llamada del compromiso militante como una incapacidad para la renuncia a la que el destino le ha convocado por reunir las condiciones de inteligencia, honestidad, compromiso y sacrificio que forman las piezas del mecano con las que con trabajo se puede construir un estadista. Tiene mucho recorrido.