De La Marciega a Caserones, ruta por el paisaje cultural de La Aldea
“Yo salí loco”. Con esta frase de solo tres letras, Víctor Grau Bassas documentó, en 1887, la Fiesta del Charco en La Aldea de San Nicolás, dejando una célebre crónica en la que resumió su experiencia. 139 años después, el pasado 15 de octubre, el historiador David González, guía en las rutas que organiza el servicio de Patrimonio Histórico del Cabildo, leyó fragmentos de ese artículo, en el que el primer conservador de El Museo Canario reflejaba la algarabía, la frescura y la singularidad del evento, en el que al grito “¡al Charco!”, el alcalde de ese pueblo del oeste de Gran Canaria invitaba a sus conciudadanos a la pesca de las lisas, emulando en cierta medida la embarbascada, la técnica que practicaban los antiguos canarios para aturdir a los peces.
David González ilustró a las personas que acudieron a esta ruta por el paisaje cultural de La Aldea desde un suave promontorio desde el que se divisaba en su totalidad el famoso charco, escenario de una de las fiestas más populares del calendario lúdico y cultural del Archipiélago. Enclavado en La Marciega, uno de los humedales mejor conservados de las islas, con una interesante diversidad de aves acuáticas, reptiles endémicos y un extenso bosque de tarahales. Desde ese mismo punto, se otea buena parte de las montañas que circundan un municipio que atesoran una biodiversidad geológica singular en el contexto de Canarias, con catorce millones de años de antigüedad.
A menos de cien metros del famoso Charco, en pleno delta del barranco de La Aldea pero no en su cauce actual, nos paramos porque González, nuestro documentado guía, explicó que nos encontrábamos junto a un yacimiento paleontológico con una antigüedad en torno a un millón y medio de años. Algunos de los excursionistas conocían de su existencia, pero nos sorprendió el historiador cuando nos reveló que estábamos pisando el suelo de un antiguo charco que desapareció por causas naturales hace miles de años.
La Marciega es un humedal costero que nos permite comprender la estrecha relación entre el agua, el barranco, la costa y las comunidades que han habitado este territorio, un espacio estrechamente ligado, como describió Grau Bassas, a las celebración más representativa de La Aldea, que tiene lugar cada 11 de septiembre en sus aguas.
El recorrido nos condujo hasta el yacimiento Los Caserones, uno de los grandes asentamientos indígenas conocidos en Gran Canaria. El poblado llegó a extenderse a ambos lados de la desembocadura del barranco. Las fuentes históricas y arqueológicas hablan de centenares de construcciones, entre viviendas, espacios comunitarios y estructuras funerarias, que nos permiten imaginar la dimensión que llegó a alcanzar este lugar. A finales del siglo XIX, Víctor Grau Bassas llegó a contabilizar cerca de 800 estructuras en este entorno.
En este conjunto arqueológico precisamente se está ejecutando una nueva campaña de excavaciones, dirigida por Efraín Marrero, codirector de la empresa Prored. Los arqueólogos permanecerán hasta finales de noviembre investigando el enclave. Fue un lujo escuchar de primera mano la riqueza de este yacimiento y los trabajos que se están realizando en este momento. Uno de ellos es sondear una amplia parcela que ha sido adquirida recientemente por el Cabildo insular.
Los arqueólogos mostraron a los participantes de esta ruta restos de cerámica y de herramientas líticas que se han encontrado en esta última campaña; también, explicaron las tipologías de las antiguas viviendas aborígenes, con estructuras cruciformes –las más abundantes en yacimientos costeros de Gran Canaria- y circulares. En una de esas unidades redondeadas se han encontrado pruebas del contacto de europeos con las poblaciones locales en la etapa final de la cultura de los antiguos canarios.
Caserones estuvo habitado en los últimos siglos de la etapa indígena. Recientes dataciones radiocarbónicas confirman que estuvo poblado en el siglo XIV. Hay otras dataciones más antiguas, menos fiables ya que se realizaron en carbones –la datación de huesos y semillas es mucho más exacta-, que datan el conjunto a partir del siglo VIII. Los resultados de esta nueva excavación seguirán aportando luz sobre los primeros pobladores de este lugar de la Isla.