A 60 minutos de Madrid

Contra lo que cree el común de los mortales, Canarias no tiene su famosa hora menos en virtud de su posición geográfica, sino que está adaptada a la que oficialmente marca el famoso reloj de la Puerta del Sol. Realmente, debería tener dos horas menos que el resto de España.

Canarias tiene un huso horario un grado por debajo del Tiempo Medio de Greenwich (GMT) pero, incluso cuando la referencia era Orchilla, la Península, solarmente, estaba una hora más alejada que las Islas.

Desde hace más de un siglo se implantaron 24 husos horarios de 15 grados de latitud cada uno (12 al Este y 12 al Oeste), con respecto al meridiano cero, a partir del que se suma una hora por cada huso en dirección hacia el Este y se resta una hacia el Oeste.

Canarias está 15 grados hacia el Oeste, es decir, 5 o 6 minutos menos que el que rige en Greenwich, lo que automáticamente la sitúa con una hora menos, pero actualmente tiene la misma hora que Inglaterra, es decir, coincide con la del Meridiano Cero.

Si Franco acompasó en 1940 España al reloj de Hitler, Canarias se sincronizó para mantener sus 60 minutos de diferencia con el que portaba en su muñeca el inquilino de El Pardo

Pero aunque fuera cierto que el Meridiano Cero pasara por Canarias, como aseguró erróneamente el ministro José Manuel Soria (olvidándose que Orchilla se estableció en 1634 por los franceses como 'línea inicial' y que en 1885 se cambió por Greenwich), sería el resto de españoles quienes deberían adelantar 360 segundos las manecillas de su reloj.

Pero no era el caso, en aquellos tiempos de los siglos XVII, XVIII y XIX cada país, cada zona dentro de él, se regía por un horario diferente, así que no se puede establecer a qué distancia horaria estaban las Islas con respecto al centro del cada vez más depauperado Imperio Español.

GMT-1

Lo que sí es cierto es que, al contrario de lo que creen los expertos de la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados, si la España peninsular y balear vuelve a adoptar el huso horario del meridiano de Greenwich, la hora canaria deberá ser, aplicando correctamente los husos internacionales, GMT-1.

Porque las Islas sí cambiaron su hora cuando el dictador Francisco Franco decidió adelantar sesenta minutos las manecillas del reloj de los españoles, durante la Segunda Guerra Mundial, para sincronizarse con los horarios de Adolf Hitler.

Hace 73 años Canarias no tenía la misma hora que el resto de España, así que es erróneo, como apunta la Comisión del Congreso, que mantiene 60 minutos de diferencia porque al estar alejadas las Islas de la contienda bélica, no realizaron la modificación horaria.

España decidió sumar un huso horario al que le correspondía. Así, Península y Baleares pasaron de GMT a GMT+1, mientras que Canarias avanzó del GMT-1 a GMT.

El caos horario de 1921

En 1921, dos décadas después de que Francisco Silvela y la reina regente María Cristina hubieran establecido legalmente el uso horario para la Península y Baleares, Canarias estaba sumida en un caos horario como consecuencia del secular olvido que en Madrid ha regido a la hora de solventar las cuestiones de su territorio Atlántico.

En Tenerife, se usaba la considerada hora oficial: una menos que la del Meridiano de Greenwich, “salvo en las oficinas de Telégrafos”, que utilizaban la de Greenwich.

En Gran Canaria la cuestión era más complicada. En la capital “el Gobierno Militar, la Comandancia de Marina, la Oficina de Correos y el público en general usan el horario del Meridiano de la ciudad”, mientras que el Ayuntamiento se regía por el reloj de la Catedral, “que marcha de una forma caprichosa”, y las oficinas de telégrafos, como sucedía en Tenerife, empleaban la hora de Greenwich.

En 1921, el Instituto Geográfico y Estadístico confirma al presidente Antonio Maura que en Canarias “emplean horas distintas y aún ésta cambia de una a otra isla”.

Pero, para añadir aún más elementos a aquel frangollo horario, en el puerto de La Luz “arreglan la hora al Meridiano de Las Palmas por señal de bandera y bola que hace el cañonero guardacostas cuando está fondeado en el puerto”.

Así contestaron las comandancias de Marina a la Dirección General de Navegación y Pesca Marítima, que se interesaron por los horarios canarios tras una pregunta del Almirantazgo inglés, que había comprobado con malestar que el estado de las comunicaciones del poderoso Imperio Británico con Canarias no eran todo lo buenas que deberían ser para la máquina perfectamente engrasada y coordinada que por entonces era Gran Bretaña.

No hay que olvidar que en Inglaterra y Escocia se había establecido el actual uso horario desde el año 1848, que Suecia lo había adoptado en 1879; Austria, Hungría y Turquía occidental en 1891, un año antes que Bélgica y Holanda y dos antes que Alemania del norte e Italia, mientras que Suiza y Dinamarca lo implantan en 1894 y Noruega en 1895.

El tren obligó al huso horario

Por tanto, Canarias era un anacronismo en un mundo que estaba comandado por la Revolución Industrial, pues no hay que olvidar que el establecimiento de la llamada hora oficial se llevó a cabo para que el tiempo solar medido desde el Meridiano de Greenwich regulara el servicio de los ferrocarriles y vapores.

Desde ese momento, la vida de los ciudadanos, así como la de todas las dependencias del Estado, quedaron ligadas al horario de los trenes.

Tras la confirmación del caos horario que había en las Islas, la Presidencia del Consejo de Ministros, que ostentaba Antonio Maura, se dirigió el 17 de noviembre de 1921 al Instituto Geográfico y Estadístico para que aclarara un galimatías que, sin embargo, es confirmado el 3 de diciembre: el desorden imperante es consecuencia de “no haberse implantado todavía una hora oficial que rija de modo obligatorio todos los servicios” que, de este modo, “emplean horas distintas y aún ésta cambia de una a otra isla”.

Con 21 años de retraso, el Consejo de Ministros considera que hay que regular el horario en base a dos premisas: establecerlo en relación al huso 23 (una hora menos) para cumplir la normativa internacional o que fuera como el peninsular, una opción que “el Ministerio juzga la más conveniente” con el fin de incluir “un huso único en extensos territorios con gobierno e intereses comunes”.

Mientras los ministerios debatían sobre estas cuestiones, el Almirantazgo inglés se impacientaba, pues no entendía como pasaban tantos meses para contestar a su sencilla pregunta: ¿Qué horario rige en Canarias?

Febrero de 1922: la hora menos se hace oficial

Al final, el 11 de febrero de 1922 (casi un año después de que los británicos, que no el Reino de España, se diese cuenta de que la hora en Canarias no estaba regulada), el rey Alfonso XIII firma un Real Decreto que opta por la geografía y no por las cuestiones políticas: la hora en Canarias “se regulará con arreglo al tiempo solar medio que le corresponde por su situación geográfica en el huso horario”.

Alfonso XIII sanciona en febrero de 1922 un Real Decreto que oficializa que la hora en las Islas “se regulará con arreglo al tiempo solar medio que le corresponde por su situación geográfica en el huso horario 23, una hora de retraso con la de la Península y Baleares”

Es decir, que el Real Decreto establece el huso 23: “una hora de retraso con la de la Península y Baleares”. Horario que en el Real Decreto del 26 de julio de 1900 se establecía oficialmente, en su primer artículo, como el de Greenwich.

91 años más tarde, vuelve el debate al seno del Consejo de Gobierno aunque con una diferencia respecto a las consideraciones que motivaron las discusiones hace casi un siglo: no se trata de acercar el horario canario al peninsular, sino que todo el territorio español acompase sus segundos respecto a Greenwich.

Y esos segundos, geográficamente, siempre estarán a 60 minutos de distancia de lo que marque la Puerta del Sol.