Cómo descarbonizar y digitalizar la movilidad: las recetas desde Global Mobility Call

La movilidad del futuro será digital, conectada y descarbonizada, y España ya está en condiciones de disputar el liderazgo europeo. Ese ha sido el diganóstico de los encuenstros sobre movilidad y automoción que se han llevado a cabo en Global Mobility Call 2026.

En un mismo espacio, en el recinto ferial de Ifema en Madrid, se cruzan fabricantes de automóviles, operadores de transporte, ingenierías, administraciones públicas y empresas tecnológicas. El mensaje transversal es que la transición no será solo energética, sino estructural. Y España, por primera vez en años, tiene oportunidades importantes.

El punto de optimismo lo aportó un estudio impulsado por AMETIC, que concluye que el país ya dispone de industria, tecnología, casos de uso y regulación para convertirse en referente europeo de movilidad inteligente. “Quien no compita en software, datos y plataformas quedará relegado”, sintetiza Francisco Hortigüela, presidente de la entidad, en una idea que atraviesa toda la jornada: la movilidad ya no se fabrica solo en acero y baterías, sino en algoritmos.

Ese diagnóstico se apoya en un ecosistema de pruebas que, lejos de ser experimental, ya opera en situaciones reales. En Galicia, el corredor SISCOGA ensaya vehículos conectados y maniobras cooperativas en condiciones reales. En el País Vasco, el Basque Connected Corridor funciona como banco de pruebas para conducción autónoma y percepción colaborativa. Y en Donostia, DBUS experimenta con transmisión de vídeo en tiempo real mediante 5G. En paralelo, en Vizcaya, el sistema Satelise —impulsado por Cintra junto a GMV— elimina los peajes físicos para avanzar hacia el cobro en flujo libre.

Ciudades como laboratorios de datos

El mapa urbano refuerza la tesis de un país en ebullición tecnológica. Madrid despliega su estrategia Madrid 360 con predicción de tráfico basada en inteligencia artificial, mientras en Las Rozas el proyecto europeo DUET explora gemelos digitales para simular infraestructuras urbanas.

En Barcelona, la Autoridad del Transporte Metropolitano impulsa el proyecto deployEMDS, un ecosistema de datos multioperador que integra transporte público y servicios bajo demanda bajo estándares europeos. Barcelona aparece así no solo como ciudad, sino como plataforma de interoperabilidad. Lo mismo ocurre con Valencia, Santander o Vitoria-Gasteiz, que avanzan en espacios de datos abiertos de movilidad.

El salto tecnológico no se entiende sin la capa industrial. Centros como CTAG o IDIADA conectan el desarrollo físico del vehículo con entornos virtuales de validación, acelerando ciclos de prueba y reduciendo costes. A ello se suma el impulso del PERTE Chip, con inversiones de 12.550 millones que buscan reforzar la soberanía tecnológica en semiconductores, pieza crítica del vehículo conectado.

El gran cuello de botella: datos y ciberseguridad

Pero el consenso también identifica dos frenos estructurales. El primero es la gobernanza del dato. Los vehículos conectados generan volúmenes masivos de información —hasta 25 GB por hora—, pero Europa sigue atrapada en sistemas fragmentados. La respuesta normativa llega con la Ley de Movilidad Sostenible (España), que impulsa el Espacio de Datos Integrado de Movilidad (EDIM) como plataforma común.

El segundo reto es la seguridad. Según ENISA, el transporte ya es el segundo sector más atacado en Europa. La movilidad conectada amplía la superficie de exposición y obliga a integrar la ciberseguridad desde el diseño, no como capa posterior.

El pulso de la industria: entre electrificación y realismo

En los debates del foro, los fabricantes trazan una hoja de ruta marcada por la prudencia estratégica. Desde Toyota España, su director, Francisco Berrocal, defiende una transición multitecnológica —híbridos, eléctricos, hidrógeno y combustibles renovables— como vía realista para descarbonizar sin fracturar el mercado.

En Stellantis Iberia se insiste en la necesidad de flexibilidad regulatoria y adaptación a la demanda real del consumidor. Desde IVECO España, el diagnóstico es más contundente: el 98% de los vehículos industriales sigue siendo diésel, lo que evidencia que la transición no puede acelerarse sin infraestructura ni incentivos suficientes. Y en el caso de OMODA & JAECOO, la clave está en integrar descarbonización, digitalización e inteligencia artificial en toda la cadena de valor, según explicó Francesco Colonnese, vicepresidente del grupo en España, en una mesa organizada por Anfac.

La movilidad como ecosistema de confianza

Más allá de la industria pesada, la movilidad ligera introduce otro debate: la confianza del usuario. Human Mobility (KYMCO España) subraya que la sostenibilidad no depende solo del vehículo, sino de la red de posventa, el mantenimiento y la proximidad al usuario. La movilidad, en este enfoque, no termina en la venta: empieza ahí.

La moto y los vehículos ligeros se consolidan como piezas clave en la ciudad del futuro: ágiles, eficientes y complementarias del transporte público, según afirmó Pedro Díez del Río, director de Regulación y Asuntos Públicos de Human Mobility en un encuentro de Anesdor.