‘Dolce Vita’ a bordo de un Lamborghini Temerario por la Costa Brava
Hay coches que son en sí mismos una experiencia. El Lamborghini Temerario es un buen ejemplo de un deportivo estremecedor. Basta con ponerse al volante, pulsar el botón de arranque y dejar que el nuevo motor V8 biturbo cobre vida para entender que estamos ante algo especial. Si además el escenario es la Costa Brava, con sus carreteras sinuosas, sus curvas y el Mediterráneo como telón de fondo, la combinación resulta difícil de mejorar. Durante unas horas hemos podido disfrutar de una particular versión de la Dolce Vita italiana al volante del sucesor del Huracán en su versión Alleggerita, la más equipada.
- Valoración Lamborghini Temerario: diseño, 9,5; interior, 8; motor, 9,5; conducción, 9; global, 9
El Temerario llega para ocupar el lugar de uno de los modelos más importantes de la historia reciente de Lamborghini. La misión no era sencilla: sustituir al Huracán y, al mismo tiempo, mantener intacta la esencia de un superdeportivo de Sant'Agata Bolognese. La respuesta de Lamborghini ha sido apostar por una nueva generación mecánica que combina un motor V8 biturbo de 4,0 litros con tres motores eléctricos para alcanzar una potencia conjunta de 920 CV.
La electrificación, en este caso, no busca convertir al Temerario en un coche eléctrico al uso, sino complementar el carácter del motor de combustión. La batería tiene una capacidad de 3,8 kWh y está situada en el túnel central para mantener bajo el centro de gravedad. Los dos motores eléctricos delanteros pueden proporcionar tracción total y vectorización de par, mientras que un tercer motor está integrado entre el V8 y la caja de cambios.
Y sí, el Temerario también puede moverse en modo completamente eléctrico. Es una experiencia curiosa cuando uno sabe que detrás del habitáculo hay un V8 capaz de girar hasta las 10.000 rpm, como un coche de competición en circuito. En el modo Città, el coche puede circular utilizando exclusivamente la propulsión eléctrica, con una potencia máxima de 190 CV. No se trata de recorrer grandes distancias, pero sí de poder salir de un garaje o desplazarse por una zona urbana con un nivel de ruido muy inferior al habitual en un Lamborghini para tener un detalle con los vecinos.
El contraste del modelo eléctrico al Sport
La transformación llega cuando abandonamos el modo eléctrico y seleccionamos Sport. El carácter del Temerario cambia de inmediato. El V8 cobra protagonismo, el cambio se vuelve mucho más rápido y la respuesta del acelerador adquiere una intensidad que deja claro que estamos ante un coche diseñado, sobre todo, para disfrutar conduciendo. En este modo, el sistema híbrido trabaja junto al motor de combustión y puede entregar los 920 CV disponibles.
El motor es, por sí solo, una auténtica pieza de ingeniería. El V8 biturbo desarrolla 800 CV entre 9.000 y 9.750 rpm y alcanza un régimen máximo de 10.000 rpm, mientras que su par máximo es de 730 Nm. La combinación con los motores eléctricos permite ofrecer una respuesta inmediata y, al mismo tiempo, mantener una entrega de potencia progresiva hasta las revoluciones más altas.
La sensación al volante es difícil de explicar con cifras. El Temerario acelera de 0 a 100 km/h en apenas 2,7 segundos y alcanza una velocidad máxima de 343 km/h, pero lo verdaderamente interesante es la manera en que transmite esa capacidad. En una carretera de curvas como las de la Costa Brava no hace falta acercarse a sus límites para disfrutarlo. El coche responde con una enorme precisión y permite sentir cómo trabajan conjuntamente el V8, los motores eléctricos, la transmisión y el sistema de tracción anclándose al asfalto.
El sistema de vectorización de par eléctrico tiene precisamente un papel importante en este comportamiento. Los motores del eje delantero pueden distribuir el par entre las ruedas para aumentar la agilidad en las curvas cerradas y mejorar la estabilidad cuando el ritmo aumenta. A diferencia de una intervención basada principalmente en los frenos, el sistema busca actuar de una manera más natural y eficiente.
Un rugido muy Lambo con opción de silencio
La caja de cambios también contribuye a esa sensación. El Temerario utiliza una transmisión automática de doble embrague y ocho velocidades situada detrás del V8. Sus cambios son muy rápidos y las grandes levas permiten jugar con las reducciones, especialmente cuando se afrontan curvas enlazadas. La octava velocidad, además, permite reducir el régimen del motor cuando circulamos a velocidades sostenidas.
Pero si hay algo que define la experiencia a bordo es el sonido. Lamborghini ha trabajado específicamente para que el nuevo V8 mantenga una personalidad acústica acorde con la tradición de la marca. Los diferentes modos de conducción modifican también el carácter sonoro: Città apuesta por la discreción, Strada ofrece una experiencia más homogénea y confortable y Sport y Corsa elevan considerablemente la intensidad del sonido del motor.
La Costa Brava permite disfrutar de esa dualidad. En los tramos más tranquilos, el Temerario puede comportarse con una cierta docilidad contenida, mientras que al llegar las curvas basta con cambiar el modo de conducción para transformar completamente el coche. Es una de las grandes diferencias respecto a la imagen tradicional de un superdeportivo extremadamente radical: este Lamborghini también ha sido diseñado pensando en la utilización cotidiana.
El habitáculo es más espacioso que el del Huracán. Lamborghini ha trabajado especialmente en la posición de conducción y en la habitabilidad, con 34 milímetros más de altura disponible para la cabeza y 46 milímetros adicionales para las piernas. También dispone de 112 litros de capacidad de carga bajo el capó delantero. Son cifras que quizá parezcan secundarias en un coche de 920 CV, pero que ayudan a entender la intención de la marca de hacer del Temerario un superdeportivo más utilizable.
El puesto de conducción mantiene, eso sí, toda la teatralidad de Lamborghini. El conductor se encuentra en una posición baja, rodeado de controles como los de una cabina de avión y con un volante inspirado en el mundo de la competición, aunque con la influencia de la inevitable digitalización. La instrumentación combina elementos físicos con una arquitectura digital formada por tres pantallas: una de 12,3 pulgadas para el conductor, otra central de 8,4 pulgadas y una tercera de 9,1 pulgadas para el acompañante en formato apaisado integrada en el salpicadero.
Una joya de ingeniería
También resulta imposible pasar por alto el diseño exterior. El Temerario mantiene las proporciones características de un Lamborghini de motor central, pero introduce un lenguaje más limpio y tecnológico. Las formas hexagonales aparecen en las luces, las entradas de aire, los pilotos y hasta en los escapes, mientras que la aerodinámica tiene un papel fundamental en la carrocería reforzada con faldones y espóileres suplementarios en la versión Alleggerita probada.
La ingeniería que hay detrás de esas formas es considerable. El nuevo chasis de aluminio aumenta la rigidez torsional en más de un 20% respecto al anterior espacio estructural, mientras que la carga aerodinámica trasera crece un 103% frente al Huracán EVO. El objetivo es conseguir estabilidad a alta velocidad sin renunciar a la agilidad que exige un superdeportivo.
Todo esto tiene un precio. El Temerario se sitúa en el entorno de los 300.000 euros, una cifra que puede crecer rápidamente cuando entran en juego las posibilidades de personalización de Lamborghini. La marca ofrece más de 400 colores y numerosas opciones de fibra de carbono, llantas, acabados y equipamiento a través de su programa Ad Personam.
¿Merece la pena? Desde luego no es una pregunta que pueda responderse desde la lógica convencional. El Temerario no pretende ser práctico, económico ni especialmente confortable. Su objetivo es otro: proporcionar una experiencia de conducción que combine el dramatismo de un Lamborghini tradicional con las posibilidades que ofrece la electrificación.
Después de unas horas recorriendo la Costa Brava, la conclusión resulta bastante clara. El Temerario es un digno sucesor del Huracán porque no intenta repetir su fórmula. Conserva el motor de combustión, el sonido y la emoción, pero los combina con una arquitectura híbrida que aporta prestaciones, tracción y nuevas posibilidades de conducción.
Y quizá ahí esté la verdadera Dolce Vita del Temerario. No en alcanzar los 343 km/h ni en disponer de 920 CV, sino en poder recorrer una carretera mediterránea de curvas, escuchar cómo el V8 sube de vueltas y saber que, durante unas horas, uno tiene a su disposición uno de los superdeportivos más espectaculares del momento.