La bola negra
La bola negra es la película que más está dando que hablar en este 2026, que, por otro lado, está siendo un año de buenas películas. En los festivales en los que se está presentando está obteniendo el reconocimiento de los diferentes jurados. En los cines comerciales se estrenó el pasado viernes 25 de septiembre. Yo la vi el sábado 26.
¿Me gustó? ¡Qué pregunta tan insuficiente para una película tan grande! Sin embargo, yo no la recomendaría a todo el público. Incluso advertiría a los seguidores de los “torrentes” de Santiago Segura y similares que no acudan a verla. ¿Estoy diciendo que es una película de culto? Pues sí. Creo, ahora que lo escribo, que es una película de culto.
Tiene un estilo narrativo diferente. Los protagonistas, tres actores hasta ahora de segunda fila o casi desconocidos, hacen una interpretación magistral. Los directores, tienen el mérito de conseguir que los actores se metan en la carne de sus personajes y eso llega al espectador.
Las actrices de reparto están soberbias: Lola Dueñas, no lo puede hacer mejor. Glen Closse está magnifica en su pequeño papel de historiadora e investigadora. Penélope Cruz es extraordinaria, canta, baila, provoca, reivindica, se defiende y defiende. Es una mujer luchadora, amante de la libertad en una época de represión. Hasta el pequeño papel de Antonio de La Torre, padre del joven Carlos, es bueno.
La música se hace imprescindible en todas las escenas. El pasodoble: “soldadito español” tiene dos interpretaciones. En la primera la voz dulce casi la de una niña se introduce en ese soldado joven que no tiene más mundo que el de su madre. Ese soldado tímido que toca la trompeta en la banda de su pueblo y que van a recibir a los nacionales, a los franquistas, porque creen que les traen la paz. Estamos en 1937 y no hay paz en España. Una guerra civil enfrenta a demócratas y fascistas. Los aviones italianos cargados de bombas destruyen pueblos enteros, matan a sus gentes y los soldados de Franco recogen a los heridos los cargan en camiones y les dan “el tiro de gracia” en las cunetas.
Ese pasodoble tan patriota, ese “soldadito español” pierde la ternura de la voz infantil y se transforma en el coro de recias voces masculinas que representan la fuerza bruta y el deseo irracional de matar. La trompeta es un elemento clave, simbólico y onírico en la película. El resto de los temas y canciones se adaptan al relato como un guante a los dedos de la mano.
Hay fotografías de belleza natural: la montaña nevada, el arroyo que cobija a Sebastián, la playa en la que, en sueños, ese deliciosamente ingenuo “soldadito español” ve los cuerpos atractivos de esos hombres desnudos, la cima del acantilado que anuncia el precipicio de todo, sobre todo de la guerra, de la muerte, del odio, de la intransigencia… El bombardeo del casino, los restos del escombro tan blancos como la nieve que entra por la gran claraboya y la inmensa lámpara en el centro del salón destruido…
Y detrás de todo Lorca, Federico García Lorca, un poeta homosexual en un tiempo sin libertad. Por eso lo mataron. Un gay que plasmaba como nadie la sociedad en la que vivía: Yerma, la Casa de Bernarda Alba o Bodas de Sangre son ejemplos claros del autor dramático. Sus poemarios: El Romancero gitano, en el que sobresale: La Casada infiel y poeta en Nueva York son dos estilos tan distintos que resulta imposible creer que hayan salido de la misma pluma.
'La bola negra' es esa película que se vale de la belleza del arte para enseñar esa parte de nuestra historia a la que no llegan los estudiantes de Secundaria y Bachillerato y que no quieren admitir aquellos descendientes del odio porque como se dice en la película: “España tiene demasiadas historias de amor enterradas en los campos. Hay que rascar la tierra para que salgan”. Gracias a los directores de “La Bola negra”: Javier Calvo y Javier Ambrossi y, de nuevo: ¡Viva el cine español!
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