Utopías 54: Votar para vivir
Pedro Sánchez es el presidente más odiado en la reciente historia de este país. En la calle nadie le defiende y muchos le critican. El todavía presidente del Gobierno provoca tal rechazo que sus enemigos: ciudadanos con derecho a voto expresan la indignación en la peluquería, en la tienda de barrio, en la barra del bar y en las terrazas de calles y plazas, así como en las reuniones de amigos, compañeros, etc. Cada vez son menos los que se callan, aunque sean personas poco dadas a hablar de política. Ese odio iracundo se reflejará en las urnas del 29 de noviembre. Hace falta saber si la bilis del odio muta en abstención, en apoyo a Vox/PP , en otra oportunidad para el PSOE, o en la izquierda a la izquierda recién bautizada como Frente Amplio. (En 1936 fue Frente Popular). Con odio o sin él, con unidad de la izquierda a la izquierda o sin ella, lo cierto es que somos millones los españoles que podremos votar en menos de dos meses. ¡Vaya papeleta y qué papeleta!.
Los amigos de las redes sociales y de las tertulias vociferantes van a tener trabajo. Esos oyentes y espectadores acabarán empachados y sordos. ¿Qué haremos los amantes de la tranquilidad? Yo creo que me iré a un monasterio.
El caso es que soy aficionada a leer artículos de opinión e incluso guardo los que me gustan. He conservado algunos de los que entresaco los siguientes párrafos: «Cuando encontrar una casa resulta demasiado difícil o costoso… Los jóvenes retrasan su emancipación, las familias tienen más dificultades para mudarse y algunos trabajadores pueden renunciar a empleos porque no pueden permitirse vivir cerca de ellos. La escasez de vivienda puede dificultar la movilidad laboral y, en última instancia, frenar la productividad. Por eso ampliar la oferta de alquiler es también una política de crecimiento y de igualdad de oportunidades».(Aida Caldera, EL PAÍS 2/10/26).
“La crisis de la vivienda es un síntoma; la enfermedad es la ineficacia de las democracias…El fracaso de los sistemas democráticos para responder a los retos de esta época abre abismos en los que se hunden demasiados ciudadanos y de los que brotan monstruos políticos”. (Andrea Rizzi, EL PAÍS 3/10/26).
“Gran parte de la sociedad española, tanto los que votan a la derecha como a la izquierda, se encuentra a la espera de que ocurra algo; un algo de tal envergadura que trastoque la realidad hasta tal punto que, tras eso, nada vuelva a ser igual”. ( Felix Riera LA VANGUARDIA 3/10/26).
Y aunque soy de letras, y en los números flojeo, también leo las interpretaciones que otros hacen de las encuestas. Esta me ha gustado y aquí la dejo: “La clave de las elecciones de 2023 es que el PSOE y el PP quedaron empatados arriba, por encima del 30%, y Vox y Sumar abajo, rondando el 12%. Pero ahora la ultraderecha se va según las encuestas al 18% y la izquierda, que de momento va por separado, no llega al 9% entre todos”. E. Cue, El Pais 5/10/26
En elDiario.es del 6/10/26, Joan Subirats se refiere a la posibilidad de crear cooperativas de viviendas, como una parte de la solución al problema. Pero, él mismo reconoce que los cooperativistas tienen que desembolsar “a priori”, una buena cantidad de dinero de la que no disponen por lo que , a su entender, tendrían que ser las administraciones públicas quienes pusieran ese dinero. También hay quienes insisten en que el mercado es la solución, aunque haya creado el problema y animan a construir, construir, construir, una experiencia demasiado bien conocida en España y con los resultados que estamos viendo. En estos días conocemos también las prácticas habitacionales en Austria, (un país gobernado por la extrema derecha) y en Copenhague donde el Ayuntamiento es el responsable de que sus vecinos tengan una vivienda digna. Lo mismo ocurren en Zurich, ciudad rica donde las haya, en un País tan rico como Suiza y que prefiere que los ricos más ricos se dediquen a otros negocios y dejen la vivienda para que hasta los vulnerables y las clases medias y bajas puedan/podamos vivir.
Solo en España nos vemos obligados a Votar para vivir.
Votad para que no haya más Mari Carmen. Descanse en paz.
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