Elon Musk tiene un nuevo maná para olvidar lo que ha perdido con Tesla

Hubo un tiempo en que la fortuna de Elon Musk subía y bajaba al ritmo de Tesla. Hoy esa relación ya no es tan directa porque el controvertido magnate y emprendedor surafricano afincado en EEUU tiene un nuevo 'superunicornio' con SpaceX, cuyo inicio de cotización le ha permitido olvidarse de las pérdidas en bolsa de Tesla.

El fabricante de vehículos eléctricos ha perdido unos 160.000 millones de dólares de valor bursátil en apenas seis meses. La empresa que en diciembre de 2025 valía 1,43 billones de dólares capitaliza ahora alrededor de 1,27 billones. Para cualquier multinacional sería una destrucción de riqueza gigantesca. Para Musk, sin embargo, la caída coincide con el momento en que otras piezas de su conglomerado tecnológico están disparando su valor y se convierten en su nuevo maná.

Golpe de timón en Tesla

Desde sus difíciles comienzos en 2003, arrastrando pérdidas millonarias enjugadas por los petrodólares de fondos del golfo Pérsico, Tesla fue sinónimo de coche eléctrico. Pero esa definición empieza a quedarse pequeña y, al mismo tiempo, insuficiente para sostener las expectativas del mercado. En 2025 los beneficios netos se desplomaron un 46%, hasta 3.794 millones de dólares. Los ingresos procedentes de la venta de automóviles cayeron un 10%, hasta 69.526 millones. La producción retrocedió un 7% y las entregas un 9%, hasta 1,63 millones de vehículos.

Por primera vez en muchos años, Tesla dejó de ser una máquina de crecimiento imparable. La competencia china, encabezada por BYD, junto a la inoportuna aventura política de Musk junto a Donald Trump, arrebataron a la compañía el liderazgo mundial del vehículo eléctrico. Los fabricantes asiáticos han convertido el precio en su principal arma y han obligado a Tesla a sacrificar márgenes para mantener cuota de mercado. La desaparición de incentivos fiscales en Estados Unidos y el creciente desgaste de la imagen pública de Musk tampoco han ayudado.

Los datos muestran además una dependencia cada vez más acusada del Model 3 y el Model Y. Los Cybertruck, Semi, Model S y Model X apenas representaron una pequeña fracción de la producción total. El negocio energético crece con fuerza, pero sigue siendo insuficiente para compensar completamente el enfriamiento del automóvil.

Menos coches y más IA y robots

Musk, sin embargo, lleva tiempo preparando a los inversores para mirar en otra dirección. A comienzos de año anunció una inversión de 2.000 millones de dólares de Tesla en xAI, la empresa de inteligencia artificial que fundó para competir con OpenAI y Anthropic. No era una simple operación financiera. Era una declaración de principios. Tesla ya no quiere ser vista únicamente como un fabricante de coches, sino como una empresa de inteligencia artificial, software, robótica, robotaxis y módulos de baterías.

“Los únicos coches que vamos a fabricar serán autónomos, con la excepción del Roadster”, llegó a afirmar ante accionistas y analistas. La frase resume el cambio estratégico. El vehículo deja de ser el producto final para convertirse en una plataforma. El negocio del futuro pasa por monetizar software, conducción autónoma, datos e inteligencia artificial. De ahí la insistencia en proyectos como el Cybercab, el robotaxi sin volante ni pedales, o Optimus, el robot humanoide que Musk imagina trabajando en fábricas y hogares.

La apuesta sigue siendo arriesgada. Wall Street lleva casi una década escuchando promesas sobre la llegada inminente de la conducción autónoma total. Los plazos se han retrasado una y otra vez. Pero el mercado continúa dispuesto a concederle el beneficio de la duda porque observa algo que va mucho más allá de Tesla.

Un vendedor de expectativas

La salida a bolsa de la compañía espacial este ha cambiado el centro de gravedad del universo Musk. La empresa debutó en el Nasdaq con una valoración cercana a los dos billones de dólares, convirtiéndose de inmediato en una de las mayores cotizadas estadounidenses. Los inversores añadieron cientos de miles de millones de dólares de valor en una sola jornada, pese a que la compañía registró pérdidas cercanas a los 5.000 millones de dólares el pasado ejercicio y obtuvo unos ingresos de 18.700 millones.

La operación supone una demostración de fuerza extraordinaria. SpaceX controla la mayor red de lanzamientos espaciales del planeta, domina el mercado de internet por satélite gracias a Starlink y se ha convertido en la principal apuesta privada para la futura economía espacial. Pero la valoración alcanzada también refleja algo más: la confianza de los mercados en la capacidad de Musk para convertir promesas tecnológicas en negocios multimillonarios.

Críticas a Elon Musk

El premio Nobel de Economía Paul Krugman se ha convertido en una de las voces más críticas con el empresario, al que equipara con arquitecto de un sistema empresarial piramidal que requiere constantemente de nuevas aportaciones para no quebrar. Coincidiendo con la salida a bolsa de SpaceX, el economista ha argumentado que buena parte de la fortuna de Musk descansa sobre un círculo de expectativas que se retroalimenta. Los inversores compran acciones porque creen en su genio empresarial y esa subida de las cotizaciones refuerza, a su vez, la percepción de que se trata de un visionario infalible.

Krugman recuerda que algunos de los proyectos más ambiciosos anunciados por Musk durante la última década siguen lejos de convertirse en realidad. Los sistemas Hyperloop nunca llegaron a operar comercialmente, los túneles de Boring Company continúan siendo marginales, la conducción autónoma total sigue sin desplegarse de forma masiva y la colonización de Marte permanece, de momento, en el terreno de la ciencia ficción.

Según el Nobel, la valoración de SpaceX es un nuevo ejemplo de cómo los mercados premian la expectativa futura mucho más que los resultados presentes. También critica que la rápida incorporación de la compañía a determinados índices bursátiles obligará a millones de pequeños ahorradores a comprar indirectamente acciones de la empresa a través de fondos indexados. De hecho, Elon Musk se ha visto envuelto en varios pleitos por demandas presentadas por accionistas de Tesla contra sus abultadas retribuciones o por manipulación del mercado.