<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Teatro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Teatro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/cultura/teatro/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Testimonios en primera persona para cuestionar cómo el estigma de la enfermedad golpea sin piedad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/testimonios-primera-persona-cuestionar-estigma-enfermedad-golpea-piedad_1_13395557.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76b3fcca-9a85-4160-bbdc-66adaad13798_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x860y670.jpg" width="1200" height="675" alt="Testimonios en primera persona para cuestionar cómo el estigma de la enfermedad golpea sin piedad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una obra de teatro, dirigida por Zaida Alonso, se sirve del relato real de una paciente oncológica, un enfermo de una enfermedad rara y de un portador de VIH indetectable para cuestionar el concepto de normalidad
</p><p class="subtitle">Rakel Camacho dirige una revisión de Cervantes del Juan Mayorga más político en ‘Palabra de perro’
</p></div><p class="article-text">
        Hay muchas definiciones <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/carla-simon-cierra-romeria-trilogia-familia-hablar-80-sida-memoria-historica_1_11638682.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de estigma</a>. Se podr&iacute;an buscar todas ellas en el diccionario de la RAE, aunque ninguna recoge el verdadero, doloroso y personal&iacute;simo significado que golpea a todos aquellos estigmatizados. Zaida Alonso, Javier Zarapico, Fernando Merc&egrave; y J&uacute;lia Sol&eacute; parten de sus diagn&oacute;sticos m&eacute;dicos, si es que existen, para desnudarse en el escenario. Sus palabras retumban acompasadas de la m&uacute;sica estridente que emana de los dedos de Jes&uacute;s Irimia, se revuelven sobre la sala y dejan el justo y necesario aire y espacio para que de ellas brote la gran duda: &iquest;qu&eacute; es <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/insoportable-normalidad-palabra-david-foster-wallace_1_10670620.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ser normal</a>?
    </p><p class="article-text">
        <em>El hambre imposible </em>es el nombre de esta dramaturgia dirigida por la misma Alonso, autora del trabajo de fin de grado del que parte la obra. El concepto sobre el que eligi&oacute; trabajar en el segundo curso de la carrera de direcci&oacute;n de escena fue el estigma: &ldquo;Siempre hab&iacute;a pensado crear algo as&iacute; como paciente oncol&oacute;gica, pero nunca hab&iacute;a tenido el valor suficiente&rdquo;, confiesa. La funci&oacute;n, que volver&aacute; en septiembre al Teatro del Barrio en Madrid, se vehicula en torno a una primera persona que se convierte para la mayor&iacute;a de sus int&eacute;rpretes en sin&oacute;nimo de una gran salida del armario ante el p&uacute;blico, conocidos y seres queridos.
    </p><p class="article-text">
        Alonso ha superado tres c&aacute;nceres. &ldquo;Parece que es algo naturalizado, pero no lo sientes as&iacute; cuando lo vives en primera persona&rdquo;, concede la actriz. Tanto ella como sus compa&ntilde;eros concuerdan en se&ntilde;alar que el estigma aparece en los detalles m&aacute;s nimios. &ldquo;Es impactante ver a una mujer calva por la quimio, pero esas miradas te recuerdan todo el rato que te puedes morir&rdquo;, a&ntilde;ade. 
    </p><p class="article-text">
        La dramaturga defiende una mirada anticapitalista para encontrar una respuesta a esta realidad: &ldquo;El c&aacute;ncer te baja a tierra. Todos vamos a morir, pero en cierto modo esta sociedad consumista donde solo servimos para producir nos hace estar alienadas y olvidarnos de ello&rdquo;. El estigma est&aacute; ah&iacute;. No digas en una entrevista de trabajo que tienes c&aacute;ncer. No digas que llevas peluca en un casting. No lo digas, aun sabiendo que lo que no se dice no existe.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3617470a-7dec-44e6-bb08-1962d05f1216_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los protagonistas de &#039;El hambre imposible&#039; en el Teatro del Barrio"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los protagonistas de &#039;El hambre imposible&#039; en el Teatro del Barrio                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Estigma cuenta con siete acepciones en el diccionario de la RAE, las &uacute;ltimas circunscritas al campo de la bot&aacute;nica, la medicina y la zoolog&iacute;a. En <em>El hambre imposible</em> hay muchas m&aacute;s, y mucho m&aacute;s reales: estigma es sentirte se&ntilde;alada, estigma es no poder tener hijos, estigma es arte, estigma es una cicatriz, estigma es hablar sola por la calle, estigma es un hospital, estigma es un t&iacute;o en la c&aacute;rcel, estigma es tropezar, estigma es el margen, estigma es hacerse ilusiones, estigma es que no haya cura, estigma es que me mires raro, estigma es la l&iacute;nea 1 de metro, estigma es que me empieza a dar ya por puto culo que me rechaces.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cuando la normalidad no existe</strong></h2><p class="article-text">
        Javier Zarapico vive desde hace m&aacute;s de 20 a&ntilde;os con una enfermedad muy rara de la que no existe ni siquiera nombre. Este actor y profesor de adaptaci&oacute;n de textos dram&aacute;ticos en la Universidad Internacional de La Rioja recibe al p&uacute;blico sentado en su silla de ruedas, mirada al frente, impasible. &ldquo;A m&iacute; los m&eacute;dicos solo me miran, observan c&oacute;mo evoluciona la enfermedad, pero no buscan un tratamiento porque no existe&rdquo;, comenta el tambi&eacute;n doctor en Artes Esc&eacute;nicas. 
    </p><p class="article-text">
        Para este actor, incluido en cuatro estudios gen&eacute;ticos de los que duda que den resultados, la normalidad no existe desde hace mucho tiempo. &ldquo;Yo me defino como anormal porque es la etiqueta que me pone la sociedad, que es quien estima que se debe vivir bajo unos par&aacute;metros. Esto es duro, muy duro&rdquo;, relata. La aparici&oacute;n de esta enfermedad que le hace perder la sensibilidad en algunas partes de su cuerpo hizo que se tuviera que apartar del teatro profesional. &ldquo;Yo ahora soy un lastre, salgo caro. Las compa&ntilde;&iacute;as prefieren coger a una persona que no vaya en silla de ruedas y ponerle en una que gente como yo, aunque podamos aportar muchas m&aacute;s vivencias y trasfondo&rdquo;, denuncia.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La ignorancia del estigma</strong></h2><p class="article-text">
        Fernando Merc&egrave; es otro de los nombres propios que se desnudan metaf&oacute;rica y literalmente en escena. El estigma que pesa sobre &eacute;l es mucho m&aacute;s invisible, pero duerme en su cabeza y lo despiertan personas cuya boca grita ignorancia. Sufre VIH indetectable. Es decir, bajo tratamiento el virus no se transmite se tenga la relaci&oacute;n sexual que se tenga y tampoco se transfiere a la potencial descendencia. &ldquo;Solo aparece cuando yo lo digo&rdquo;, subraya. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo me defino como anormal porque es la etiqueta que me pone la sociedad, que es quien estima que se debe vivir bajo unos parámetros. Esto es duro, muy duro</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Javier Zarapico</span>
                                        <span>—</span> Actor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Y lo dice. Y le insultan por ello. Le llaman sidoso, y bloquean su perfil en las aplicaciones de citas. &ldquo;&iquest;El Fer de hace un rato no es el Fer de ahora?&rdquo;, pregunta sobre las tablas a un imaginario amante que le llama ego&iacute;sta y le rechaza por no haber contado antes que ten&iacute;a VIH. En su cuerpo anida algo que ni tiene consecuencias para &eacute;l ni para los dem&aacute;s. La mente, sin embargo, alberga las mayores traiciones a uno mismo. &ldquo;Aun sabiendo que se pod&iacute;a tratar y llegar a hacer tu vida con normalidad, lo primero que piensas es que te puedes morir y todo se hace un mundo&rdquo;, profundiza. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Qu&eacute; es ser normal</strong></h2><p class="article-text">
        Alonso decidi&oacute; escribir un &lsquo;Manual de instrucciones para ser normal&rsquo;, un elemento que aparece varias veces durante el relato teatral como asidero para que el p&uacute;blico tuviera donde agarrarse dentro de la tragedia y as&iacute; poder liberar alguna carcajada. Cuestionarse qu&eacute; es lo normativo fue un proceso arduo que el elenco todav&iacute;a mantiene abierto. &ldquo;Evidentemente, yo no soy normal, y creo que nadie lo somos. Es un constructo social en el que intentamos encajar&rdquo;, sostiene la directora, quien reflexiona sobre la idea de triunfo y &eacute;xito inculcada en esta sociedad: &ldquo;Hay que cumplir con ciertos c&aacute;nones impuestos. Ser verdaderamente antisistema en esta sociedad es pr&aacute;cticamente imposible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; comienza el Manual: &ldquo;Nace en una familia de clase media normal, preferiblemente burguesa tirando a <em>high class</em>; en un cuerpo normal, preferiblemente cis hetero y susceptible de ser esculpido en un gimnasio anodino llegada la edad pertinente; con una raza normal, preferiblemente blanca, y unas inquietudes normales&rdquo;. As&iacute; contin&uacute;a: &ldquo;Una persona normal jam&aacute;s llora a deshora, roba en el supermercado o sale en pijama a la calle. Una persona normal jam&aacute;s tiene la cuenta a cero, un ataque de p&aacute;nico o una enfermedad de transmisi&oacute;n sexual. Una persona normal no sufre, no bebe, no come, no duerme, no folla, no r&iacute;e, no grita, no ama, no piensa, no caga ni la caga m&aacute;s de lo conveniente&rdquo;. Y as&iacute; termina: Recuerda: ser normal no es una opci&oacute;n, es una obligaci&oacute;n. La obligaci&oacute;n de vivir la vida que no elegiste&ldquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El hambre imposible de ser normal</strong></h2><p class="article-text">
        Sobre la normatividad tambi&eacute;n ha pensado Merc&egrave;: &ldquo;Esto del VIH te convierte en una persona que puede parecer normal&rdquo;, asegura a elDiario.es tras representar la obra. El propio guion lo recoge al principio, durante la presentaci&oacute;n de personajes. &ldquo;Fernando, la persona aparentemente m&aacute;s normal&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/569eab6d-c249-4c34-ae4e-1d8e0d28549c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la representación de &#039;El hambre imposible&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la representación de &#039;El hambre imposible&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Merc&egrave; es el elegido para pronunciar la oraci&oacute;n de la que emana el t&iacute;tulo de la pieza teatral: &ldquo;Yo crec&iacute; con el hambre imposible de ser normal, rechazando mi propio semen y mi propio cuerpo&rdquo;. Y en esa hambre imposible se dan la mano muchas otras cosas que le conforman como persona. Como si de una lucha contra el mundo de ah&iacute; afuera se tratara, el actor ha tratado de no quedarse &uacute;nicamente en la etiqueta impuesta durante el desarrollo de este trabajo esc&eacute;nico. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Uno es mucho m&aacute;s cosas que alguien con VIH. A m&iacute; me daba p&aacute;nico que me quedara como Fernando el que tiene VIH y no como ese Fernando que ha hecho el Don Juan Tenorio, ha actuado en el Festival de Almagro y ha trabajado con el Teatro Espa&ntilde;ol en La Abad&iacute;a&rdquo;, ilustra este int&eacute;rprete gallego de ascendencia catalana. Zarapico, por su parte, completa el testimonio con estas palabras que marcan la bajada del tel&oacute;n: &ldquo;Yo volver&iacute;a a nacer aunque sea un anormal. Porque donde t&uacute; ves un error, yo veo una se&ntilde;al. Porque quiz&aacute;s la trascendencia no est&aacute; en la perfecci&oacute;n, sino en aceptar la marca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El hambre es imposible</em> se estren&oacute; en el Festival Meet You de Valladolid. La obra ya ha girado por Barcelona, Zamora y Valladolid, y lo har&aacute; pr&oacute;ximamente en Alcal&aacute; de Henares por el D&iacute;a Internacional del VIH. Tambi&eacute;n repetir&aacute; pases en el Teatro del Barrio en septiembre. A partir del pr&oacute;ximo enero, es posible que la creaci&oacute;n de Alonso gire por diferentes provincias de Espa&ntilde;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Guillermo Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/testimonios-primera-persona-cuestionar-estigma-enfermedad-golpea-piedad_1_13395557.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:24:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/76b3fcca-9a85-4160-bbdc-66adaad13798_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x860y670.jpg" length="58100" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/76b3fcca-9a85-4160-bbdc-66adaad13798_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x860y670.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58100" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Testimonios en primera persona para cuestionar cómo el estigma de la enfermedad golpea sin piedad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/76b3fcca-9a85-4160-bbdc-66adaad13798_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x860y670.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,VIH,Cáncer,Enfermedades raras]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rakel Camacho dirige una revisión de Cervantes del Juan Mayorga más político en ‘Palabra de perro’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rakel-camacho-dirige-revision-cervantes-juan-mayorga-politico-palabra-perro_129_13394015.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/571c4765-0e6f-4bf4-9f93-445ac721414f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x638y315.jpg" width="1200" height="675" alt="Rakel Camacho dirige una revisión de Cervantes del Juan Mayorga más político en ‘Palabra de perro’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra, una versión teatral libre de la novela ejemplar de Cervantes 'El coloquio de los perros', se estrenó en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro
</p><p class="subtitle">Pepe Viyuela encarna a un furibundo, anticapitalista y estupendo Timón de Shakespeare
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-mayorga-reaviva-cenizas-memoria-historica-jardin-quemado_129_13271377.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Mayorga</a> se ha dejado meter mano a fondo. A la directora <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fuenteovejuna-brutal-grita-voz-feminista-guerras-violencia_129_12439803.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rakel Camacho</a> le interes&oacute; la versi&oacute;n teatral que Mayorga realiz&oacute; hace a&ntilde;os de la novela de Cervantes. Se lo propuso, Mayorga acept&oacute; y se puso a reescribirla. Una reescritura profunda y siempre a favor del universo de la directora. El resultado es una obra mucho m&aacute;s pol&iacute;tica. <em>Palabra de perro</em> es una revisitaci&oacute;n de Cervantes, de la novela picaresca, pero ante todo es un alegato pol&iacute;tico contra la inmoralidad de esta sociedad que veja al inmigrante hasta deshumanizarlo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque es m&aacute;s conocida la mala leche de Quevedo o G&oacute;ngora, Cervantes tambi&eacute;n la ten&iacute;a. Un claro ejemplo es <em>El coloquio de los perros</em>,<em> </em>donde el autor no deja t&iacute;tere con cabeza. Cervantes nos presenta la novela como el fruto de la alucinaci&oacute;n del soldado Campuzano, un sifil&iacute;tico que cree o&iacute;r a dos perros conversar por la noche en el Hospital de la Resurrecci&oacute;n de Valladolid. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no se enga&ntilde;en, aquello no era como el Hospital 12 de Octubre, sino un antiguo prost&iacute;bulo reconvertido en almacenamiento y contenci&oacute;n de pobres de la ciudad. Ese es el emplazamiento elegido por Cervantes para llevar a cabo una afilada cr&iacute;tica a la sociedad del siglo XVI. Con estructura de novela picaresca, el perro Berganza relata su vida a su compa&ntilde;ero Cipi&oacute;n para intentar entender c&oacute;mo y cu&aacute;ndo adquirieron la facultad del habla. Cervantes utiliza este ardid narrativo para reflejar la bajeza moral de una sociedad hip&oacute;crita y corrupta. Pero los perros al final del d&iacute;a vuelven a ser guardianes del hospital en silencio. En la versi&oacute;n de Mayorga el asunto cambia, y mucho.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d2406c69-b6a7-4293-9e41-1a3fc57b9d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la adaptación de Cervantes escrita por Juan Mayorga"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la adaptación de Cervantes escrita por Juan Mayorga                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mayorga escribi&oacute; este texto hace ya m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Se llev&oacute; incluso a escena en el 2010 en un peque&ntilde;o montaje dirigido por Sonia Sebasti&aacute;n. Ahora, la obra ha renacido en el Festival Internacional de Almagro. La directora ha llamado a dos muy buenos actores para interpretar a los perros, a Jimmy Castro y Cecilia Solaguren. Y a su actor m&aacute;s cercano, Jorge Kent, que interpreta a los diferentes amos que va teniendo Berganza: un qu&iacute;mico que experimenta con &eacute;l, un granjero, un potentado empresario con casa en Madrid, un maestro, un polic&iacute;a torrentiano, una poeta teatrera y hasta una bruja. 
    </p><p class="article-text">
        Mayorga, en esta nueva versi&oacute;n, ha dado mayor entidad a todos esos personajes. En la anterior versi&oacute;n, gran parte de lo que dec&iacute;an los personajes era dicho por el propio perro. Aqu&iacute;, pensando en el montaje y el potencial de Jorge Kent, el autor los dota de palabra y entidad. Y la obra, que parece que est&aacute; pensada para tener a dos perros en escena que dialogan, vira por completo. 
    </p><h2 class="article-text">Est&eacute;tica camp-ca&ntilde;&iacute;</h2><p class="article-text">
        Las aventuras de Berganza est&aacute;n narradas hacia atr&aacute;s, &ldquo;de la Z a la A&rdquo;, se dice en el texto. Y Camacho convierte ese periplo invertido de este Lazarillo del siglo XXI en una pesadilla cutre, en una s&aacute;tira que llega a la s&iacute;ntesis a trav&eacute;s de la deformaci&oacute;n grotesca. Kent la acompa&ntilde;a en ese viaje dibujando cada personaje con escalpelo despiadado. 
    </p><p class="article-text">
        La mezcla entre el di&aacute;logo de otro tiempo de Berganza y Cipi&oacute;n con esa Espa&ntilde;a tan alucinada como real y desagradable es uno de los atractivos de esta propuesta. Adem&aacute;s, Camacho no perder&aacute; una posibilidad de bajar a tierra lo dicho en romance por Mayorga. Los polic&iacute;as llevar&aacute;n uniformes del ICE, la polic&iacute;a nazi de Donald Trump. La escenograf&iacute;a ser&aacute; un centro de detenci&oacute;n destartalado, no deja que el espectador se vaya a la belleza de la palabra dicha por los canes. A cada momento lo coge del cuello para que mire y se vea en ese espejo donde se refleja la podredumbre de esta sociedad democr&aacute;tica que trata a algunos de sus iguales peor que a perros. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/46c46565-3e81-466b-b5dc-70224d24e89b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la adaptación de Cervantes dirigida por Rakel Camacho"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la adaptación de Cervantes dirigida por Rakel Camacho                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mayorga atiza siguiendo la estela de la picaresca a todos los estamentos de la sociedad espa&ntilde;ola. Alguno de ellos, de manera curiosa. Su parlamento sobre la vanguardia teatral es cuando menos &ldquo;picante&rdquo;. Algunos asistentes quisieron ver referencias en esas pullas al trabajo de  Ang&eacute;lica Liddell. No lo creo, pero tampoco anda lejos y tampoco pasar&iacute;a nada. Es ring dial&eacute;ctico. La Liddell en algunas de esas performances vanguardista bien que se despach&oacute; con el propio Mayorga. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n contiene la obra su parte de misterio. El pasaje con la bruja sat&aacute;nica es uno de ellos. Camacho lo lleva hasta el paroxismo con un Kent encendido en ubres y latigazos. Acaba el periplo hispano otra vez en aquelarre. En qu&eacute;, si no, puede acabar esa Espa&ntilde;a animal, parece preguntarse la obra. En Cervantes, el pasaje de la bruja era tambi&eacute;n una cr&iacute;tica a la ignorancia que cree en sortilegios antes que en la raz&oacute;n, una cr&iacute;tica incluso a la Inquisici&oacute;n y su delirante dogma. Aqu&iacute; es conclusi&oacute;n, decantaci&oacute;n de una Espa&ntilde;a brutal y cada vez m&aacute;s desacomplejada a la que Camacho viste con traje camp y alma ca&ntilde;&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Palabra de perro</em> es uno de los textos pol&iacute;ticamente m&aacute;s expl&iacute;citos de este autor. Su final, en que una &ldquo;patrulla ciudadana&rdquo; acaba humillando y silenciando a Berganza por negro e ilegal, no tiene doblez ni segundos sentidos: es una acusaci&oacute;n directa a esta sociedad. Y las &uacute;ltimas palabras, en las que se aboga directamente por la lucha, aunque sea a dentelladas, sorprenden.  
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/48710803-2a90-4348-8aa3-570c00e28bce_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un momento de la adaptación de Cervantes, &#039;Palabra de perros&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un momento de la adaptación de Cervantes, &#039;Palabra de perros&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La obra (despu&eacute;s de su estreno absoluto en el Festival de teatro cl&aacute;sico de Pe&ntilde;iscola) se estren&oacute; en la Casa Palacio de los Villarreal, al aire libre. Dif&iacute;cil plaza. El 28 de octubre llega al Teatre Romea de Barcelona. Ah&iacute; llegar&aacute;, seguro, m&aacute;s erguida y consistente. Algunas escenas todav&iacute;a no han cogido su sitio y las idas y venidas de Jorge Kent por detr&aacute;s del escenario han de ir asent&aacute;ndose. Del estreno, constatar el vuelo que cogen las palabras de Mayorga en manos de Rakel Camacho. Su universo y su mano firme en la direcci&oacute;n le dan una fuerza nueva, furiosa, al teatro de este dramaturgo. 
    </p><p class="article-text">
        Hay que resaltar el buen momento que vive el Festival de Almagro. En esta tercera semana se vieron las calles y la plaza llenas, a rebosar. Al igual que los teatros. Adem&aacute;s, se pudo ver un hermoso <em>El avaro de Moli&egrave;re</em> de la compa&ntilde;&iacute;a parisina Th&eacute;&acirc;tre de la Temp&ecirc;te. Un trabajo grupal, comunal y lleno de vida de esta ya legendaria compa&ntilde;&iacute;a que el p&uacute;blico disfrut&oacute; a rabiar. Uno de los mejores Moli&egrave;re que el que escribe haya visto. 
    </p><p class="article-text">
        Y otra vez en las ma&ntilde;anas hubo premio. Si el a&ntilde;o pasado fue Sc&aacute;ndere con <em>Errantes</em>, este a&ntilde;o fue<em> De ida y vuelta.</em> Obra producida por el festival y su programa Plataforma Corral que contaba con los mismos autores, Laura Garmo y Nacho Le&oacute;n, pero nueva directora: Cristina Mart&iacute;n-Miro. Directora y actriz que el a&ntilde;o pasado impresion&oacute; con una estupenda Laurencia en<em> Fuenteovejuna. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>De ida y vuelta</em> es una maravilla que viaja al M&eacute;xico del XVII y celebra la diversidad y el hermanamiento a trav&eacute;s de la palabra y el juego esc&eacute;nico. Todav&iacute;a quedan dos funciones, el 25 y el 26 de julio. Por la respuesta del p&uacute;blico, es de esperar que haya tortas para entrar. Y atenci&oacute;n a Cristina Mart&iacute;n-Mir&oacute;, actriz que surge de la pen&uacute;ltima compa&ntilde;&iacute;a joven de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico, pero que comienza a volar por cielos m&aacute;s amplios y se dibuja ya como una de las figuras m&aacute;s prominentes del teatro de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rakel-camacho-dirige-revision-cervantes-juan-mayorga-politico-palabra-perro_129_13394015.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Jul 2026 19:40:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/571c4765-0e6f-4bf4-9f93-445ac721414f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x638y315.jpg" length="2647684" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/571c4765-0e6f-4bf4-9f93-445ac721414f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x638y315.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2647684" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Rakel Camacho dirige una revisión de Cervantes del Juan Mayorga más político en ‘Palabra de perro’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/571c4765-0e6f-4bf4-9f93-445ac721414f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x638y315.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Almagro,Teatro,Teatro Clásico,Miguel de Cervantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pepe Viyuela encarna a un furibundo, anticapitalista y estupendo Timón de Shakespeare]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/pepe-viyuela-encarna-furibundo-anticapitalista-estupendo-timon-shakespeare_129_13388431.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5c77d76b-a518-4573-a8c7-ef0d60497f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1167y389.jpg" width="1200" height="675" alt="Pepe Viyuela encarna a un furibundo, anticapitalista y estupendo Timón de Shakespeare"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra, estrenada en el Festival Internacional de teatro clásico de Merida, cuenta con una acertada dirección de Hernán Gené
</p><p class="subtitle">Ana Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto
</p></div><p class="article-text">
        La <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/pepe-viyuela-redes-sociales-ahora-son-tabernas-infames-minimo-encuentras-navajazo_1_13347753.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fuerza actoral de Pepe Viyuela</a> pudo de nuevo con el <a href="https://www.eldiario.es/extremadura/cultura/fernando-tejero-lidia-bosch-miguel-angel-munoz-debutaran-festival-merida-150-funciones_1_13079153.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Romano de M&eacute;rida.</a> Pero en esta ocasi&oacute;n no fue gracias a un papel c&oacute;mico, sino galopando a lomos de un personaje amargo, bien negro y resentido. Viyuela es Tim&oacute;n de Atenas, un noble de una generosidad desmedida que cuando se arruine y nadie lo ayude se transformar&aacute; en un anacoreta lleno de odio hacia sus cong&eacute;neres. En un protoanarquista cabreado. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Tim&oacute;n de Atenas</em> es una de las obras &ldquo;raras&rdquo; de Shakespeare. Nunca la estren&oacute; en vida. Los te&oacute;ricos creen que est&aacute; en cierto modo inacabada, que el ingl&eacute;s la abandon&oacute; cuando se le cruz&oacute; otro proyecto, nada menos que <em>Coriolano</em>. <em>Tim&oacute;n</em> es una de sus obras menos representadas. En Espa&ntilde;a, la llev&oacute; a escena Ariel Garc&iacute;a Vald&eacute;s con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/polemicos-contratos-propiedad-intelectual-han-provocado-caida-lluis-homar_1_11579003.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Llu&iacute;s Homar</a> en los noventa. Francisco Su&aacute;rez la dirigi&oacute; en este mismo festival en 2008 y el &uacute;ltimo montaje, de la compa&ntilde;&iacute;a La Brutal con Julio Manrique a la cabeza, fue hace doce a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora le ha llegado el turno al argentino Hern&aacute;n Gen&eacute;, director ya senior que adem&aacute;s es teatrero de raza. Hern&aacute;n es hijo del gran Juan Carlos Gen&eacute;, uno de los hombres de teatro m&aacute;s relevantes del siglo XX latinoamericano. Desde que este director se qued&oacute; a vivir a principios del siglo XXI en nuestro pa&iacute;s ha dado buena cuenta en numerosos montajes de su saber y buen hacer. En esta ocasi&oacute;n tampoco ha decepcionado. Es un director con olfato y aunque es un especialista en el clown y el teatro f&iacute;sico, Gen&eacute; no se ha perdido en vericuetos c&oacute;micos y ha sabido centrarse en la naturaleza negra de la obra, que es donde reside su verdadera fuerza. 
    </p><p class="article-text">
        La escenograf&iacute;a, que firma M&oacute;nica Florensa, da ya muchas pistas de la orientaci&oacute;n que este director ha querido dar al montaje. Una escenograf&iacute;a simple, m&iacute;nima, que aparece cubierta por una tela negra al comienzo de la pieza. Gen&eacute;, en ese ambiente funesto, incluso g&oacute;tico, se atreve a comenzar por el final de la obra, con Tim&oacute;n ya muerto. Una declaraci&oacute;n de intenciones donde el director deja bien claro que no es la trama lo importante. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6b86dcba-fa48-452a-9559-2cb07e536151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Pepe Viyuela en un momento de su actuación como Timón"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Pepe Viyuela en un momento de su actuación como Timón                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La trama de la obra, por otro lado, es bien simple. Tim&oacute;n, noble y rico ateniense, vive rodeado de los que cree son sus amigos. Con ellos es de una generosidad tan grande como inconsciente. Todos se aprovechan. Al final, de tanto dar se ver&aacute; en la ruina. Pedir&aacute; ayuda a sus amigos, nadie se la dar&aacute;. Desilusionado del mundo se ir&aacute; a vivir a las afueras de la ciudad, donde comer&aacute; ra&iacute;ces y dormir&aacute; a la intemperie. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Shakespeare &ldquo;anticapi&rdquo;</strong></h2><p class="article-text">
        Es ah&iacute;, ya en el tercer acto, cuando Tim&oacute;n sufre una metamorfosis. Un cambio total de personalidad. El resultado es un ser desenga&ntilde;ado que luchar&aacute; con todas sus fuerzas contra la sociedad, el ser humano e incluso la vida misma. Por su boca saldr&aacute;n, quiz&aacute;s, las palabras m&aacute;s duras que escribi&oacute; Shakespeare contra el g&eacute;nero humano. Tim&oacute;n se convierte en un eremita descre&iacute;do y 'anarca' que despotrica contra todo: la amistad, el amor, la justicia y, especialmente, contra el dinero, en el que ve el elemento corruptor por excelencia. Pero no es el enfado lo que motivan esas palabras, sino la profunda convicci&oacute;n de que ha descubierto el verdadero rostro de la vida.  No se bajar&aacute; nunca de la burra y llevar&aacute; sus ideas hasta las &uacute;ltimas consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Es incre&iacute;ble c&oacute;mo acoge ese cambio Viyuela, que se transforma en un verdadero Mr. Snoid, ese personaje de c&oacute;mic que cre&oacute; Robert Crumb al que Kortatu dedic&oacute; una canci&oacute;n, aquella que dec&iacute;a: &ldquo;Odio a todo el mundo / estoy lleno de mezquindad / y rezo para que llegue / una guerra nuclear&rdquo;. Viyuela, de igual modo, se convierte en un ser furibundo. Un anticapitalista de tomo y lomo que incluso cuando encuentra oro buscando ra&iacute;ces para comer lo utiliza para destruir Atenas. Dinero con el que financiar&aacute; a las prostitutas, a los ladrones y al militar golpista Alcibiades (Miguel Uribe) para que as&iacute; reine la confusi&oacute;n que acabe con todo. 
    </p><p class="article-text">
        La totalidad del elenco juega a favor de la propuesta. La obra inicialmente est&aacute; pensada para 40 personajes. Aqu&iacute; no son tantos, pero hay unos cuantos y los actores tienen que ir desdobl&aacute;ndose con agilidad y juego. Aparte de su fiel sirviente Flavio (Esther Acevedo) y del fil&oacute;sofo c&iacute;nico Apemanto (Tom&aacute;s Pozzi) los dem&aacute;s personajes son m&aacute;s secundarios. Un aparte merece Pozzi, actor que da vida a ese fil&oacute;sofo que sirve a Shakespeare para dar r&eacute;plica argumental al protagonista. La batalla dial&eacute;ctica entre Pozzi y Viyuela es canela fina. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/759a5e74-b90e-42a6-805a-163b5fe3bc5b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Otro momento de la representación de &#039;Timón&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Otro momento de la representación de &#039;Timón&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero lo dicho, todos est&aacute;n muy bien. Es un gusto volver a ver a Pepa Zaragoza con esa fuerza o al hijo del propio Viyuela, Samuel, que dibuja con tino el personaje del poeta. Completa el elenco una Beatriz Melgares llena de br&iacute;o, actriz que hace dos a&ntilde;os estuvo en este mismo teatro justamente con <em>Coriolano</em>.
    </p><p class="article-text">
        Gen&eacute; ha utilizado la versi&oacute;n que del texto hiciera Joaqu&iacute;n Hinojosa, versi&oacute;n que tambi&eacute;n ha podado con inteligencia para que el montaje no sobrepase las dos horas. En la primera parte de la obra, cuando la vida todav&iacute;a es una fiesta, Gen&eacute; dinamiza ciertas escenas con m&uacute;sica de los Beatles o Madonna. Este recurso, de amenizar a los cl&aacute;sicos con m&uacute;sica contempor&aacute;nea para mover la escena y mantener entretenido al p&uacute;blico, se ha convertido hoy en lugar demasiado com&uacute;n.  
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se permite Gen&eacute; la licencia de meter un periodista que nos narra la muerte de Tim&oacute;n como en un reportaje televisivo. No le hacen bien a la obra este tipo de recursos tan manoseados, alejan m&aacute;s que suman. El montaje, que est&aacute; lleno de buenas soluciones teatrales, se sostiene por s&iacute; solo. Los diferentes registros que se utilizan, cercanos al <em>clown </em>y la Comedia del Arte, como esos senadores tan risibles como melifluos, son estupendos. 
    </p><p class="article-text">
        Pero no hay que enga&ntilde;arse, la obra es de Pepe Viyuela. En los dos &uacute;ltimos actos, se come la obra construyendo un Tim&oacute;n que m&aacute;s que tr&aacute;gico es terrorista. Tim&oacute;n es uno de los personajes m&aacute;s desconocidos de Shakespeare y merece mucho la pena. El ingl&eacute;s lo har&aacute; morir fuera de escena, no sabemos si se suicida o c&oacute;mo acaba sus d&iacute;as, tan solo lo vemos hacer mutis por el fondo deseando la peste y el contagio a sus cong&eacute;neres. Tim&oacute;n es de una modernidad aberrante, es el comienzo de la desobediencia civil, es un &ldquo;anticapi&rdquo; del siglo XVII en esa Inglaterra que comenzaba a &ldquo;florecer&rdquo; al capital. La obra, que estar&aacute; hasta este domingo en el Festival de M&eacute;rida, llegar&aacute; el 23 de julio al Festival Olmedo Cl&aacute;sico.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/pepe-viyuela-encarna-furibundo-anticapitalista-estupendo-timon-shakespeare_129_13388431.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 19:41:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5c77d76b-a518-4573-a8c7-ef0d60497f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1167y389.jpg" length="457857" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5c77d76b-a518-4573-a8c7-ef0d60497f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1167y389.jpg" type="image/jpeg" fileSize="457857" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Pepe Viyuela encarna a un furibundo, anticapitalista y estupendo Timón de Shakespeare]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5c77d76b-a518-4573-a8c7-ef0d60497f76_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1167y389.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Mérida,Teatro Clásico,William Shakespeare,Pepe Viyuela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ana-zamora-levantar-valle-inclan-historico-visto_129_13368429.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a3887d4-e8eb-4e24-a4b4-78c191f371ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147055.jpg" width="3000" height="1688" alt="Ana Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estreno de 'Farsa y licencia de la Reina Castiza' se revela como uno de los estrenos más importantes de la temporada</p><p class="subtitle">Laila Ripoll inaugura Almagro con un gótico Caballero de Olmedo que no termina de brillar</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/realidad-grotesca-describio-valle-inclan-explica-convirtio-espana-siglo-xx_1_11716483.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Valle-Incl&aacute;n</a> ha renacido en escena con el estreno de <em>Farsa y licencia de la Reina Castiza</em>. Un Valle m&aacute;s Valle que nunca y nuevo a la vez. La culpable es <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ana-zamora-estrena-monasterio-derruido-obra-teatro-fervientemente-creyente_129_12458228.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Zamora</a> y su compa&ntilde;&iacute;a Nao d&rsquo;amores. El texto, nada menos que una de las obras donde el teatro del gallego comienza a mutar hacia el esperpento. Una &eacute;poca de su teatro oscura, por poco y mal representada, que Zamora consigue iluminar. 
    </p><p class="article-text">
        La obra transcurre a lo largo de un d&iacute;a en que la Isabelona, como buena borbona, sale de juerga a un baile de candil, que era c&oacute;mo los j&oacute;venes de la &eacute;poca se divert&iacute;an por la noche. Ser&iacute;a, salvando las distancias, como hoy <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/si-confinamiento-pandemia-pilla-rave-maria-velasco-propone-musica-desobediencia_129_13214202.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">irse de rave</a>. Era la manera que ten&iacute;a la reina de poder pescar amantes tersos y de buen ver. La correr&iacute;as de Isabel II fueron bien conocidas en esta reina que se mov&iacute;a entre el desenfreno y su confesor, el Padre Claret y Sor Patrocinio, aquella monja de las llagas que tan bien inmortaliz&oacute; Valle.
    </p><p class="article-text">
        Valle utiliza esta velada para mostrar la decadencia moral y pol&iacute;tica de la corte en todos sus estamentos. Convierte la corte en un gran gui&ntilde;ol, tan vivo como abyecto. Cada personaje, desde los criados hasta el rey consorte, est&aacute; retratado en mueca, son fantoches con alma de t&iacute;tere. Esa visi&oacute;n sat&iacute;rica permite al autor el retrato de una &eacute;poca sin concesiones, un retrato lleno de libertad cr&iacute;tica donde no queda t&iacute;tere con cabeza. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_50p_1147060.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_50p_1147060.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_75p_1147060.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_75p_1147060.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_default_1147060.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_default_1147060.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fcaa452f-ee59-43eb-b1e8-455a8995e3ce_16-9-aspect-ratio_default_1147060.jpg"
                    alt="La obra &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Todo eso recoge Zamora. El teatro nuevo de Valle que todav&iacute;a tiene retazos modernistas en el l&eacute;xico y m&eacute;trica, pero que ya mira desde otro lado y est&aacute; dos pasos del esperpento. El juego teatral que recoge la tradici&oacute;n del sainete y Valle transforma en otra cosa. La vena popular llena de vida que Zamora sabe recoger en tonadillas de la &eacute;poca como el Tripili, en coplillas de tradici&oacute;n oral castellana o en ese &ldquo;tr&aacute;gala perro, t&uacute; que no quieres la constituci&oacute;n&rdquo; que los espa&ntilde;oles cantaron desde Fernando VII hasta la Guerra Civil. 
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; importante es la m&uacute;sica en esta compa&ntilde;&iacute;a. Y en esta ocasi&oacute;n, con Isabel Zamora al piano, la m&uacute;sica vuelve a relanzar el montaje, a elevarlo al conseguir iluminar los hilos que unen la prosa de Valle con el arte popular. Y es que Zamora sabe fusionar como nadie la investigaci&oacute;n y la creaci&oacute;n. La combinaci&oacute;n del rigor con una clara apuesta por la creaci&oacute;n (tanto a nivel actoral, de vestuario, de concepci&oacute;n espacial y de dramaturgia) consiguen que la directora alcance hallazgos memorables. 
    </p><p class="article-text">
        Un peque&ntilde;o ejemplo: al comenzar la obra, la Isabelona (Paula Iwasaki) reina vertical en el espacio. Y en sus faldas enormes, que se despliegan por todo el escenario, descansa el pueblo, una sarta de mu&ntilde;ecos dormidos en su regazo. La falda construye un ruedo emulando as&iacute; la serie literaria que Valle comenz&oacute; a escribir y no pudo acabar, <em>El ruedo ib&eacute;rico</em>. Sint&eacute;tico comienzo, tan metaf&oacute;rico como pertinente, ah&iacute; est&aacute; toda Espa&ntilde;a habitada con sus seres de cachiporra en vertical injusticia.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_50p_1147061.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_50p_1147061.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_75p_1147061.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_75p_1147061.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_default_1147061.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_default_1147061.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a8ee9090-859d-46b6-a031-39e000489a26_16-9-aspect-ratio_default_1147061.jpg"
                    alt="El espectáculo de &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El espectáculo de &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El proyecto del ruedo ib&eacute;rico comenz&oacute; precisamente con uno de los libros m&aacute;s impresionantes de este autor, <em>La Corte de los milagros</em>, ejemplar donde el autor acomete la autopsia m&aacute;s despiadada sobre, precisamente, el reinado de Isabel II. Esa ligaz&oacute;n que hace Zamora entre la obra narrativa y el teatro de Valle es inspiradora. 
    </p><p class="article-text">
        Hay que recalcar que el teatro de Valle no solo no se estrenaba por su dificultad, sino tambi&eacute;n por razones pol&iacute;ticas. <em>Farsa y licencia</em> se public&oacute; por partes en la revista <em>La Pluma</em> en 1920, pero tardar&iacute;a once a&ntilde;os en estrenarse. Tuvo que llegar la II Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola para que la compa&ntilde;&iacute;a de Irene L&oacute;pez Heredia y Mariano Asquerino la estrenasen en el Teatro Mu&ntilde;oz Seca. 
    </p><p class="article-text">
        La obra recoge una &eacute;poca que dista 60 a&ntilde;os del momento en que Valle lo escribi&oacute;. Pero la intenci&oacute;n es clara: hablar del pasado reciente y afrontarlo con furibunda mirada de presente. Valga una an&eacute;cdota que ilustra esta voluntad. El historiador Melchor Fern&aacute;ndez Almagro cont&oacute; que Valle Incl&aacute;n hizo llegar a Alfonso XIII la primera copia de la obra con este dedicado: &ldquo;A S. M. el Rey D. Alfonso XIII. Se&ntilde;or: Tengo el honor de enviaros este libro, estilizaci&oacute;n del reinado de vuestra abuela Do&ntilde;a Isabel II, y hago votos porque el vuestro no sugiera la misma estilizaci&oacute;n a los poetas del porvenir&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_50p_1147062.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_50p_1147062.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_75p_1147062.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_75p_1147062.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_default_1147062.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_default_1147062.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/364da0e6-fd68-4f95-8e2a-d19baee39584_16-9-aspect-ratio_default_1147062.jpg"
                    alt="Una escena de &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una escena de &#039;Farsa y licencia de la Reina Castiza&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Durante la dictadura de Primo de Rivera, y bien que lo intent&oacute; con denuedo <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/escuela-teatro-presos-republicanos-monto-cunado-presidente-azana-penal-dueso_1_12640471.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cipriano Rivas Cherif</a>, no fue posible. Alguien deber&iacute;a escribir un libro sobre la vida truncada, tanto pol&iacute;tica como teatral, de este madrile&ntilde;o. Lo tiene todo. Este montaje es en cierto aspecto un acto de justicia hacia &eacute;l. Rivas Cherif siempre quiso montarla incluyendo las acotaciones l&iacute;ricas, como ahora ha hecho Zamora. 
    </p><p class="article-text">
        Hay cierta emoci&oacute;n hist&oacute;rica cuando los actores las dicen. Zamora las incorpora todo lo que puede a la acci&oacute;n dram&aacute;tica. Es incre&iacute;ble c&oacute;mo encajan, c&oacute;mo podemos o&iacute;r a Valle describiendo con escalpelo a sus personajes. Un ejemplo es la descripci&oacute;n de Isabel II cuando flirtea: &ldquo;R&iacute;e la comadre feliz y carnal, y un temblor cachondo le baja del papo al anca fondona de yegua real&rdquo;. Maravilla que desvela la mirada de Valle a sus personajes, desde  la reina hasta el general Narv&aacute;ez (Rafa Ortiz) o el codicioso Sopl&oacute;n (Aisa P&eacute;rez).
    </p><p class="article-text">
        Pero los hallazgos caen uno detr&aacute;s de otro. Quiz&aacute; el mayor est&eacute; en la manera de tratar actoralmente lo gui&ntilde;olesco sin que se llegue a robotizar la mec&aacute;nica del actor, sin caer nunca en la caricatura, salvando al personaje siempre. Incluso permiti&eacute;ndose un homenaje como el que se hace con Jorobeta (Alejandro Pau), quien de repente sale de registro para acometer unas hermos&iacute;simas palabras &mdash;&ldquo;Mi reino fue una nube de verano&hellip;&rdquo;&mdash; con toda la dignidad del pueblo llano. 
    </p><p class="article-text">
        El secreto de este montaje est&aacute; en la medida. En tratar todo con equilibrio, con mala leche, pero sin llegar a la caricatura que reste vida y juego. Un gran ejemplo es c&oacute;mo est&aacute; tratado el rey consorte, Francisco de As&iacute;s y Borb&oacute;n (Miguel &Aacute;ngel Amor), de quien cantaba el pueblo lo siguiente: &ldquo;Paco Natillas es de pasta y flora, y mea de cuclillas como una se&ntilde;ora&rdquo;. Zamora lo dibuja blando y afectado, un tanto histri&oacute;nico y melifluo, pero sin ensa&ntilde;arse nunca. 
    </p><h2 class="article-text">Un elenco que brilla</h2><p class="article-text">
        Todo el elenco est&aacute; magn&iacute;fico. Un elenco muy joven que significa tambi&eacute;n una renovaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a. Por &uacute;ltimo, se&ntilde;alar la escenograf&iacute;a y el vestuario a cargo de Deborah Macias y David Faraco. Son descomunales. Y lo son porque est&aacute;n entregados al juego esc&eacute;nico al mismo tiempo que a la met&aacute;fora. El juego con los sombreros, que servir&aacute;n para que el actor cambie de personaje, no puede ser m&aacute;s efectivo. Pero, adem&aacute;s, esos sombreros se construyen con los tabloides de la &eacute;poca que al principio est&aacute;n esparcidos por el espacio. 
    </p><p class="article-text">
        Los personajes surgen de esas letras impresas, de esa &eacute;poca, la de Isabel II, donde nacieron m&aacute;s de 600 peri&oacute;dicos. Una prensa que se le&iacute;a en voz alta en cafeter&iacute;as y ateneos. Combativa, parcial y punzante donde el trampantojo y la caricatura iba vistiendo a este pa&iacute;s de carnaval funesto. Y qu&eacute; decir de esas faldas de la Isabelona, que unas veces son ruedo ib&eacute;rico, otras campo de lenocinio y otras palacio. 
    </p><p class="article-text">
        Este montaje deber&iacute;a girar por toda Espa&ntilde;a y que el pueblo pueda mirar a su autor renacido, con fuerza, tan teatral como vanguardista, tan barriobajero como excelso. C&oacute;mo suenan hoy esas &uacute;ltimas palabras en este Madrid recalentado hasta la m&eacute;dula: &ldquo;En el reino de Babia de la Reina Castiza rueda por los tejados la pelota del sol&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Manuel Machado que esta era la pieza m&aacute;s importante de las tres farsas que Valle public&oacute; bajo el t&iacute;tulo <em>Tablado de marionetas para educaci&oacute;n de pr&iacute;ncipes</em>. Y en este &uacute;ltimo agraciado trienio teatral, en el que hemos visto tres muy buenos valles &mdash;<a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/luces-bohemia-celebra-100-anos-imponente-montaje-gines-garcia-millan-reinventa-max-estrella_129_11747251.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Luces de bohemia</em></a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vuelve-cuernos-don-friolera-trallazo-valle-inclan-moral-catolica-espanola_1_12581885.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los cuernos de Don Friolera</em></a> y este montaje&mdash;, destaca sobre manera esta farsa, por innovadora, valiente e iluminadora. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ana-zamora-levantar-valle-inclan-historico-visto_129_13368429.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 20:53:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2a3887d4-e8eb-4e24-a4b4-78c191f371ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147055.jpg" length="3410043" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2a3887d4-e8eb-4e24-a4b4-78c191f371ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147055.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3410043" width="3000" height="1688"/>
      <media:title><![CDATA[Ana Zamora consigue levantar un Valle-Inclán histórico y nunca visto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2a3887d4-e8eb-4e24-a4b4-78c191f371ff_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147055.jpg" width="3000" height="1688"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Teatro,Actores,Actrices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Alberto Cortés místico, queer y entregado se come al público del Festival Grec de Barcelona]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/alberto-cortes-mistico-queer-entregado-come-publico-festival-grec-barcelona_1_13360427.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a9653d9-95c1-4d20-b3d6-8f8f5798bb95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1244y1110.jpg" width="1200" height="675" alt="Un Alberto Cortés místico, queer y entregado se come al público del Festival Grec de Barcelona"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El artista presenta por primera vez en España 'El corazón de Ester', su nueva creación y en la que se viste como mujer victoriana, invocándola para ser poseído por ella</p><p class="subtitle">Entrevista - Pablo Und Destruktion: “Hay identidad en la casita de Bad Bunny, pero ninguna conciencia de clase”</p></div><p class="article-text">
        Alberto Cort&eacute;s lleva ya cinco a&ntilde;os y cuatro piezas navegando solo hacia el desastre y la salvaci&oacute;n. Su teatro es contradicci&oacute;n atravesada de poes&iacute;a. En su &uacute;ltima pieza, <em>El coraz&oacute;n de Ester</em>, Cort&eacute;s eleva la apuesta. Un teatro dif&iacute;cil, hilvanado por un texto de una poes&iacute;a lib&eacute;rrima, en el que el artista se ofrece al p&uacute;blico como alimento. Cort&eacute;s quiere ser comido hasta desaparecer y al mismo tiempo ser sol. Narciso y Agnus Dei al mismo tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Atr&aacute;s queda aquella pieza, <em>El ardor</em>, que estren&oacute; tambi&eacute;n en Barcelona en el festival S&acirc;lmon, en la que Cort&eacute;s clamaba por un batall&oacute;n de maricas que incendiaran la ciudad de deseo. Cort&eacute;s hoy est&aacute; m&aacute;s solo, m&aacute;s viejo, m&aacute;s sabio. Su teatro se ha ido destilando, tambi&eacute;n amanerando, torci&eacute;ndose sobre s&iacute; mismo hasta poder lamerse la espalda. 
    </p><p class="article-text">
        Entonces, en aquel 2022, Cort&eacute;s era la gran esperanza blanca del teatro contempor&aacute;neo, de un teatro anti representativo y de creaci&oacute;n. Hoy el malague&ntilde;o es una diosa para un buen n&uacute;mero de espectadores que cada d&iacute;a sigue creciendo. Su presencia esc&eacute;nica y su apuesta extrema por un teatro de exposici&oacute;n m&aacute;xima, ha hecho que mucha gente lo adore. 
    </p><p class="article-text">
        Algo que en septiembre, cuando se estrene la pel&iacute;cula de los Javis, <em>La bola negra</em>, donde Cort&eacute;s encarna a Lorca en una sorprendente coda final, se multiplicar&aacute; exponencialmente. Alberto es puro magnetismo entregado y eso hoy, en esta sociedad insaciable del espejo y la avidez consumista, es convertirse en alimento para los peces. Pero centr&eacute;monos en esta Ester. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/61bb6a42-639a-407f-9103-c37ace020af5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Alberto Cortés en un momento de la actuación"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Alberto Cortés en un momento de la actuación                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ester es una Dickinson calenturienta, una Catherine de <em>Cumbres borrascosas</em> queer y entregada. Cortes ha creado un alter ego que lo atraviesa. Dice, para presentar la pieza, haber encontrado unos poemas y cartas en la campi&ntilde;a inglesa de esta mujer rom&aacute;ntica del XIX. Para encarnarla, Cort&eacute;s se viste como mujer victoriana, invoc&aacute;ndola para ser pose&iacute;do por ella. Tiene algo de fantasmal esta obra que recuerda a su anterior trabajo, <em>Analphabet</em>, donde Cortes tambi&eacute;n invocaba a un fantasma rom&aacute;ntico y marica. 
    </p><p class="article-text">
        En esta obra tambi&eacute;n estar&aacute;n, como en aquella, el ni&ntilde;o analfabeto de Bergam&iacute;n, el acto de salir de uno mismo y verse desde fuera y, sobre todo, todav&iacute;a de manera m&aacute;s extrema, la poes&iacute;a. Bien es cierto que a Cortes lo adoran, pero su teatro, cada d&iacute;a m&aacute;s gobernado por una poes&iacute;a casi surrealista, es dificil&iacute;simo. Su escritura es cr&iacute;ptica al mismo tiempo que posee la iluminaci&oacute;n de un Rimbaud extra&ntilde;ado. Seguir como espectador esa escritura alterada, que mira al mundo con los ojos del m&iacute;stico, del San Juan nocturno y elevado, no es f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        En esta Ester, Cortes utiliza binomios como amor/teatro, amante/p&uacute;blico o Ester y &eacute;l mismo que en escena se confunden hasta hacerse intercambiables. Habla Cort&eacute;s de esta Ester que se entrega hasta desaparecer en un amor carnal y masoquista al mismo tiempo que est&aacute; hablando de &eacute;l mismo que se entrega como diosa queer al p&uacute;blico para que lo coma hasta hacerlo desaparecer. Un p&uacute;blico de quien tambi&eacute;n sabe que un d&iacute;a acabar&aacute; arrastr&aacute;ndolo por el suelo, &ldquo;y se acercar&aacute; el momento / en que todo mi reba&ntilde;o / una noche de verano / abandone a este pastor&rdquo;, dice en escena. 
    </p><p class="article-text">
        Como en el amor, la relaci&oacute;n entre el artista y el espectador, a quien llama su &ldquo;Milord&rdquo;, es una relaci&oacute;n llena de masoquismo. El se dejar&aacute; comer a cambio de ser el sol venerado, &ldquo;aqu&iacute; ver es comer&rdquo; dice al p&uacute;blico ofreci&eacute;ndose. Un ritual sat&aacute;nico, enfermo, pero al mismo tiempo valiente, lleno del deseo de vivir en comuni&oacute;n que muchas veces acaba anegado. En la vida, el amor acaba anegado por el sexo vacuo. En el teatro, por el triunfo, por ese deseo malsano de que lo adoren y ese espectador que lo mira como un siervo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e95d45cf-40e8-49c3-9782-6d8af908cbd7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Alberto Cortés ha emocionado a todos con su actuación en el Grec"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Alberto Cortés ha emocionado a todos con su actuación en el Grec                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de todo ese aquelarre (al que como banda sonora le encajar&iacute;a a la perfecci&oacute;n aquel tema de los <em>Sonic Youth Bull in the Heather</em>) vemos a un Cort&eacute;s erosionado, que ve c&oacute;mo va gast&aacute;ndose en esas relaciones a las que apost&oacute; todo: la poes&iacute;a esc&eacute;nica y el amor. Por eso, no dejar&aacute; en toda la obra de mirarse las manos, cada d&iacute;a m&aacute;s gastadas, m&aacute;s traslucidas e insatisfechas. Unas manos que bailar&aacute;n gracias a esos brazos gigantescos que las mover&aacute;n denodadamente por el espacio. 
    </p><p class="article-text">
        Me repito. Cort&eacute;s en esta obra es Emily Dickinson escribiendo el poema No soy nadie, ese que dice &ldquo;&iexcl;No soy nadie, &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;? / &iquest;T&uacute; tampoco eres nadie? / &iexcl;Ya somos dos!&rdquo;.  Lean el poema, vean c&oacute;mo acaba, sus palabras parece haberlas escrito el propio Alberto para este trabajo. Porque la comuni&oacute;n que busca Cort&eacute;s est&aacute; en compartir con el otro un amor despojado, lleno de la conciencia dolorida ante lo ef&iacute;mero, lleno de entrega al otro en medio de un p&aacute;ramo.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s lejos de divismos, de ese final ego maniaco que tiene la obra, el aroma final de la pieza es amargo, triste. El espectador puede oler el sudor de un Cort&eacute;s asustado ante la apuesta que le hizo a la vida, oler su miedo a que este teatro y esa manera de amar acabe en martirio. A&uacute;n s&iacute; Cort&eacute;s decir seguir en lucha, decide seguir buscando un teatro que sea amor y un amor que sea renacimiento. Puro misticismo teresiano. 
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; la carta del Tarot enorme que aparece en escena al final de la pieza. La carta no es otra que La Estrella. Ester quiere decir justamente estrella en persa. Ester la que escondi&oacute; su naturaleza jud&iacute;a para luego salvar a su pueblo, Ester la que hoy siguen celebrando los jud&iacute;os en su Purim. Pero, sobre todo, esa carta con el n&uacute;mero 17 significa esperanza, sanaci&oacute;n, paz interior. 
    </p><p class="article-text">
        Cort&eacute;s acaba de publicar nuevo libro en Continta me tienes. Se llama<em> Libro de las devociones</em>. Muy recomendable. Aparte del texto de la obra, el libro contiene la relaci&oacute;n epistolar que el artista ha mantenido con el religioso carmelita descalzo y sacerdote Fernando Donaire. Las cartas que se env&iacute;an son el mejor pr&oacute;logo de esta pieza, en ellas Cort&eacute;s se desnuda en prosa clara y confesional. 
    </p><p class="article-text">
        Al final de la pieza, el malague&ntilde;o dej&oacute; su coraz&oacute;n en medio del escenario e invit&oacute; al p&uacute;blico a cogerlo, &ldquo;solo un pedazo&rdquo;, dijo el artista mientras citaba la hora, el lugar y el n&uacute;mero de funci&oacute;n en que lo hac&iacute;a. La que hoy narro fue la quinta tras su paso por el festival belga Kunsten donde estren&oacute; la pieza. Una funci&oacute;n que acab&oacute; en aplauso entregado. 
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute;n proyectadas 50 funciones. La obra emula as&iacute; la pieza numerada de las artes pl&aacute;sticas, pero sobre todo quiere tambi&eacute;n avisar del desgaste de este teatro de gran exposici&oacute;n y entrega, de un teatro que tambi&eacute;n va desgast&aacute;ndose con la mirada del p&uacute;blico. As&iacute; ser&aacute; pues, 50 funciones para desaparecer y renacer en este teatro tan carnal como m&iacute;stico, tan marica como universal. 
    </p><p class="article-text">
        Este fin de semana, tambi&eacute;n pudo verse en el Grec la &uacute;ltima pieza de uno de los grandes, el italiano Romeo Castellucci. <em>Credere alle maschere</em> es un trabajo perform&aacute;tico e inmersivo en el que el p&uacute;blico debe portar unas m&aacute;scaras hiperrealistas.  Pieza corta, menos de cuarenta minutos, con toda la finura dispositiva y perform&aacute;tica del italiano. Un p&uacute;blico sin identidad mira por las ranuras m&iacute;nimas de sus caretas lo que pasa en escena. Dos operarios muestran objetos que van siendo titulados con palabras en un asociacionismo libre. 
    </p><p class="article-text">
        Un crucifijo llevar&aacute; el t&iacute;tulo de lluvia, un altavoz el de pulso, un zorro el de caballo&hellip; As&iacute; sucesivamente, proponiendo un lenguaje po&eacute;tico, expansivo y abierto hasta que a escena sale una silla el&eacute;ctrica en la que el t&iacute;tulo coincidir&aacute; con el objeto. En ese momento donde se impone el lenguaje exacto, cient&iacute;fico, Castellucci, con bastante mala leche, propone un juego naif y violento a esa masa informe de espectadores callados. Piza sutil, peque&ntilde;a, pero retadora: &iquest;Hasta cu&aacute;ndo estaremos mirando el horror en silencio?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/alberto-cortes-mistico-queer-entregado-come-publico-festival-grec-barcelona_1_13360427.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4a9653d9-95c1-4d20-b3d6-8f8f5798bb95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1244y1110.jpg" length="4118242" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4a9653d9-95c1-4d20-b3d6-8f8f5798bb95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1244y1110.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4118242" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Un Alberto Cortés místico, queer y entregado se come al público del Festival Grec de Barcelona]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4a9653d9-95c1-4d20-b3d6-8f8f5798bb95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1244y1110.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Barcelona]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Laila Ripoll inaugura Almagro con un gótico Caballero de Olmedo que no termina de brillar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/laila-ripoll-inaugura-almagro-gotico-caballero-olmedo-no-termina-brillar_129_13354740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09300374-577a-47cc-b948-cb4eaf1852aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x890y519.jpg" width="1200" height="675" alt="Laila Ripoll inaugura Almagro con un gótico Caballero de Olmedo que no termina de brillar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La que es una de las obras más conocidas y difíciles de Lope de Vega aterriza en el Festival de Almagro antes de llegar al Teatro de la Comedia</p><p class="subtitle">Entrevista - Pepe Viyuela: “Las redes sociales ahora son tabernas infames donde lo mínimo que encuentras es un navajazo”</p></div><p class="article-text">
        Almagro andaba inquieto y el&eacute;ctrico ante uno de los estrenos m&aacute;s esperados desde hace a&ntilde;os. La directora de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/laila-ripoll-directora-compania-nacional-teatro-clasico-necesita-chute-dinero-evidente_128_12372237.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Laila Ripoll</a>, dirig&iacute;a un espect&aacute;culo por primera vez desde que fue nombrada hace dos a&ntilde;os. Ripoll se la jugaba y lo hac&iacute;a con todo un reto: <em>El Caballero de Olmedo</em>, una de las obras m&aacute;s conocidas y dif&iacute;ciles de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/lope-vega-triunfando-siglos-despues_1_1765814.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lope de Vega</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Se abri&oacute; la noche en la Plaza de Almagro con un espect&aacute;culo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/gran-sorpresa-almagro-pequena-obra-teatro-comediantes-siglo-oro_129_12444111.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">producido por el propio festival</a>. La propuesta gir&oacute; en torno a la baraja de cartas pintada a mano que se encontr&oacute; en 1950 en una posada de la Plaza de Almagro. Una baraja que dio la pista de que bajo la posada estaba enterrado el que es hoy el centro neur&aacute;lgico del festival y del teatro &aacute;ureo, el Corral de Comedias.
    </p><p class="article-text">
        Malabares, telas a&eacute;reas, acrobacias y contorsiones abrieron esta edici&oacute;n en una invitaci&oacute;n al juego que el p&uacute;blico supo agradecer y sigui&oacute; pese a que en esos momentos jugaba Espa&ntilde;a su partido en el Mundial de f&uacute;tbol. Una 49 edici&oacute;n en que la imagen del festival, creada por Judit Canela, recrea de manera colorida y contempor&aacute;nea aquella baraja que acab&oacute; siendo br&uacute;jula. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2cc52f50-e23c-4926-a4d9-65a9d88f521e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;El Caballero de Olmedo&#039; inaugura Almagro"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;El Caballero de Olmedo&#039; inaugura Almagro                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ya con la noche cerrada todos los ojos se centraron en el Hospital de San Juan, sede al aire libre de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional en Almagro. Un inmenso tel&oacute;n rojo de tul se dejaba cimbrear por el viento. No quiere ser po&eacute;tica esta frase, sino se&ntilde;alar uno de los vectores principales de esta propuesta, en las que esas inmensas gasas juegan un papel fundamental. 
    </p><p class="article-text">
        Ripoll presentaba con esa imagen sint&eacute;tica su visi&oacute;n de esta obra escrita en 1620, en la que Lope de Vega se inspir&oacute; en una tragedia real que se hab&iacute;a convertido en mito popular. Alonso, caballero de Olmedo, visitando la cercana Medina conoce a una mujer, In&eacute;s, de la que se enamora. Rodrigo, vecino de Medina y pretendiente de In&eacute;s, despechado y humillado por la brillante figura del de Olmedo, acaba mat&aacute;ndolo. 
    </p><p class="article-text">
        Lope une en esta obra la trama amorosa, con cierto grado de enredo y comedia, con la tragedia de este joven agraciado que, aun vi&eacute;ndose correspondido en amores, tiene un final funesto. Una tragicomedia donde se unen muerte y amor, destino y fatalidad, de un modo que se adelanta dos siglos al sentir rom&aacute;ntico. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_50p_1146685.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_50p_1146685.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_75p_1146685.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_75p_1146685.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_default_1146685.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_default_1146685.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/00a8337f-2690-4d29-a221-ad7c0d779c82_16-9-aspect-ratio_default_1146685.jpg"
                    alt="&#039;El Caballero de Olmedo&#039; de Laila Ripoll"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;El Caballero de Olmedo&#039; de Laila Ripoll                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esa misma ha sido la propuesta de Laila Ripoll: llevar el drama al esp&iacute;ritu rom&aacute;ntico del XIX. El espect&aacute;culo tiene una est&eacute;tica subyugante. Ese tul rojo ser&aacute; remplazado por otros m&aacute;s vaporosos y negros, que son como la niebla de otro mundo y transportan al espect&aacute;culo hacia lo fant&aacute;stico. El escenario geom&eacute;trico del artista pl&aacute;stico Arturo Mart&iacute;n Burgos y el vestuario de Almudena R. Huertas acaban de dar ese imaginario que tanto recuerda a la pel&iacute;cula de Gonzalo Su&aacute;rez <em>Remando al viento</em>. 
    </p><p class="article-text">
        La est&eacute;tica del espect&aacute;culo, adem&aacute;s, se apoya en el trabajo de v&iacute;deo de &Aacute;lvaro Luna, que va enfatizando c&oacute;mo la obra pasa del juego a la pesadilla, de la vida amorosa al canto f&uacute;nebre. Una pintura de un paisaje se proyecta en la escenograf&iacute;a met&aacute;lica, un horizonte rom&aacute;ntico que recuerda a aquel cuadro de Caspar David Friedrich, <em>El caminante sobre el mar de nubes</em>. Ripoll marca mucho la est&eacute;tica para conseguir convertir a ese Cabellero de Olmedo en un Lord Byron castellano. 
    </p><p class="article-text">
        La obra comienza ligera con su trama amorosa y sus versos limpios a ritmo de juego juvenil y vivo, pero la directora aprovecha cualquier ocasi&oacute;n para anunciar, presagiar, lo que se viene. Ya en el primer encuentro entre Alonso y Fabia (la alcahueta que interpreta una estupenda Arantxa Aranguren), la directora deja caer las primeras gotas g&oacute;ticas acercando todo lo que puede a Fabia hacia la brujer&iacute;a y lo fant&aacute;stico. Esa Fabia ya no solo bebe de la Celestina de Fernando de Rojas, sino tambi&eacute;n de los cuentos de terror de E.T.A. Hoffmann.
    </p><h2 class="article-text">Del romanticismo al terror</h2><p class="article-text">
        La polimetr&iacute;a de la obra &mdash;los narrativos romances, las sentidas d&eacute;cimas y las amorosas redondillas&mdash; son acometidos con m&aacute;s que solvencia por todo el elenco. El verso se dice claro, musical y con intenci&oacute;n sem&aacute;ntica. Se nota la mano de Eva Rufo y el saber de la propia directora. Se nota tambi&eacute;n la maestr&iacute;a de actores como David Lorente, que se divierte como nadie con los versos de Tello, el criado de Alonso.
    </p><p class="article-text">
        Pero Ripoll lleva su apuesta m&aacute;s all&aacute; en la segunda parte y quiere pasar del romanticismo al terror, entrar en territorio g&oacute;tico. La obra lo acepta, y el tercer acto tiene apariciones, fantasmas y es de claro sentir negro. Pero la alquimia teatral es caprichosa y el espect&aacute;culo no acaba de eclosionar. 
    </p><p class="article-text">
        La Compa&ntilde;&iacute;a Nacional no hab&iacute;a producido esta obra desde 1990, cuando Miguel Narros la dirigi&oacute;. Es curioso que el primer director de la Compa&ntilde;&iacute;a, Adolfo Marsillach, no decidiera montarla. No es una obra f&aacute;cil y la dificultad no la dan los versos, que tambi&eacute;n, sino ese tr&aacute;nsito de la comedia hacia una tragedia de naturaleza moderna. <em>El Caballero de Olmedo</em> es la tragedia de un joven Werther castellano donde el ideal de lo bello se enfrenta a la muerte. Hoy, el recuerdo de los que la vieron el montaje de Narros es dadivoso, dicen que el Alonso que interpret&oacute; Carmelo G&oacute;mez era magn&iacute;fico. Leyendo las cr&iacute;ticas de la &eacute;poca, uno puede deducir que la memoria es m&aacute;s generosa que el juicio desde el presente. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_50p_1146686.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_50p_1146686.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_75p_1146686.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_75p_1146686.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_default_1146686.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_default_1146686.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3c5191df-ae70-4c0d-b7ed-124cbebf7ef7_16-9-aspect-ratio_default_1146686.jpg"
                    alt="El Festival de Almagro queda inaugurado con &#039;El Caballero de Olmedo&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El Festival de Almagro queda inaugurado con &#039;El Caballero de Olmedo&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Se podr&iacute;a arg&uuml;ir que las interpretaciones de los m&aacute;s j&oacute;venes es una de las causas por las que el montaje no acaba de despegar. Pero esa raz&oacute;n es demasiado f&aacute;cil. Tanto V&iacute;ctor Saiz como Alonso, Elisabet Altube como In&eacute;s y Jorge Varandela como Rodrigo est&aacute;n a la altura. Aunque tambi&eacute;n es cierto que esta obra gravita sobre Alonso, sobre ese caballero que debe encandilar a los enamoradizos, subyugar a los aprendices de Rilke y hacer suspirar a los mayores. 
    </p><p class="article-text">
        Es lo que tienen los estrenos, son complicados, enga&ntilde;osos, hay que dejarlos respirar. No est&aacute; dicho todo en este montaje que tras Almagro llegar&aacute; a la sede madrile&ntilde;a de la Compa&ntilde;&iacute;a, el Teatro de la Comedia; y que, si bien en su estreno no vol&oacute; en emoci&oacute;n tr&aacute;gica, despleg&oacute; maneras, sabidur&iacute;a esc&eacute;nica y potencia est&eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        Laila Ripoll es quiz&aacute; una de las personas del teatro que mejor conoce la obra de Lope de Vega. Su compa&ntilde;&iacute;a, Micomic&oacute;n, naci&oacute; del brazo de este autor. Primero ser&iacute;an <em>Los melindres de Belisa</em> en 1992, luego llegar&iacute;an <em>El acero de Madrid</em>, <em>Mudarra&hellip; </em>Ripoll naci&oacute; con Lope, siempre anduvo con &eacute;l y con &eacute;l posiblemente acabe su carrera. Y este Caballero trastocado, lanzado a esa Inglaterra del XIX de los Shelley y Byron, es una enigm&aacute;tica rareza a paladear. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/laila-ripoll-inaugura-almagro-gotico-caballero-olmedo-no-termina-brillar_129_13354740.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 13:43:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/09300374-577a-47cc-b948-cb4eaf1852aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x890y519.jpg" length="2653288" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/09300374-577a-47cc-b948-cb4eaf1852aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x890y519.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2653288" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Laila Ripoll inaugura Almagro con un gótico Caballero de Olmedo que no termina de brillar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/09300374-577a-47cc-b948-cb4eaf1852aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x890y519.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Teatro,Almagro,Actores,Actrices]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Teatro Real cierra su temporada con fuego en una irregular versión de la ópera más popular de Verdi]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teatro-real-cierra-temporada-fuego-irregular-version-opera-popular-verdi_129_13345356.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/318e74c5-0124-43f4-a51f-b7ea812c693c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146409.jpg" width="3211" height="1806" alt="El Teatro Real cierra su temporada con fuego en una irregular versión de la ópera más popular de Verdi"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El teatro madrileño repesca la pobre producción de Francisco Negrín para clausurar su temporada operística. Lo que le falta al montaje lo suple un elenco encabezado por Piotr Beczała
</p><p class="subtitle">Javier Bardem actuará por primera vez en el teatro dirigido por su maestro Juan Carlos Corazza
</p></div><p class="article-text">
        Por raro que parezca, la &oacute;pera lleg&oacute; a ser &ldquo;popular&rdquo;. Eran otros tiempos, claro, pero el formato gozaba de un &eacute;xito incontestable. Sin una triste serie de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/jonas-trueba-netflix-hundiendo-salas-cine_1_9081536.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Netflix </a>que echarse a la boca, las buenas y aburrid&iacute;simas gentes del siglo XIX acud&iacute;an al teatro &aacute;vidas de melodrama. Porque claro, a uno le dicen &ldquo;&oacute;pera&rdquo; y se figura cinco horas de dioses n&oacute;rdicos parlanchines y valquirias sopor&iacute;feras; pero el g&eacute;nero est&aacute; lleno de dramones novelescos, traiciones, aventuras de capa y espada, infidelidades, maldiciones y lo que sea menester para engatusar al respetable.
    </p><p class="article-text">
        Miremos, si no, los argumentos de la &ldquo;Trilog&iacute;a popular&rdquo; de Verdi. La primera la protagoniza un buf&oacute;n maquiav&eacute;lico (<em>Rigoletto</em>) que subcontrata al sicario local el asesinato de un duque pendenciero. En otra seguimos las desdichas de una prostituta de altos vuelos (<em>La Traviata</em>) que cae rendida de amor y tuberculosis. &iquest;Y la de en medio? La feliz historia de un trovador apasionado, hijo adoptivo de una bruja gitana que asa a ni&ntilde;os vivos.
    </p><p class="article-text">
        Con esta historia tan edificante clausura el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/romeo-julieta-amor-abucheos_129_13259107.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Real</a> su temporada oper&iacute;stica, en pausa por el calor. &ldquo;Una historia con mucho fuego&rdquo;, dicen los carteles promocionales. Enfilando julio, ya es mala idea. Verdi compuso <em>Il trovatore</em> en mitad de una gesta musical que le llev&oacute; &mdash; como si no le costara&mdash; a despachar tres obras en tres a&ntilde;os. Del tr&iacute;o, la que nos convoca es la menos brillante. O, dicho de otro modo, la m&aacute;s t&iacute;pica. A diferencia de sus hermanas, aqu&iacute; no encontramos innovaciones formales ni d&uacute;os memorables. Su estructura parece alejarse de los esfuerzos del compositor por crear una obra sin pausas (en la que la m&uacute;sica fluyese como un torrente de principio a fin) y regresa a las viejas f&oacute;rmulas de los n&uacute;meros autoconclusivos llenos de lucimientos.
    </p><p class="article-text">
        El argumento est&aacute; tomado de Antonio Garc&iacute;a Guti&eacute;rrez, dramaturgo espa&ntilde;ol coet&aacute;neo del compositor y autor de una obra hom&oacute;nima tambi&eacute;n muy exitosa. La s&iacute;ntesis se despacha r&aacute;pido: en mitad de las luchas din&aacute;sticas de los Trast&aacute;mara, dos hombres litigan por el amor de Leonora. El uno, el conde de Luna, no para de recibir calabazas: la do&ntilde;a est&aacute; prendida de Manrico, el trovador que le da serenata. Los celos del ilustre contra el plebeyo propician toda clase de escaramuzas. En una de ellas dan por muerto a Manrico y Leonora, del disgusto, decide hacerse monja. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d149ce25-ef96-4420-8114-0a7842809e94_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Puesta en escena de &#039;Il trovatore&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Puesta en escena de &#039;Il trovatore&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Mientras se recupera, el trovador descubre que su madre, la gitana Azucena, es en realidad su captora. Que la mujer, enfurecida por la ejecuci&oacute;n de su madre en la hoguera (&iexcl;brujer&iacute;a!) hab&iacute;a raptado al hijo del conde y lo hab&iacute;a arrojado a la misma pira. Vengativa pero torpe, Azucena confundi&oacute; a los chiquillos y hab&iacute;a terminado churruscando a su propia criatura en vez de al v&aacute;stago del arist&oacute;crata (el mism&iacute;simo Manrico), a quien hab&iacute;a adoptado para suplir el hueco dejado por el infanticidio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la en&eacute;sima refriega, el conde prende a Azucena para ajusticiarla por el (hipot&eacute;tico) asesinato de su hermano. Manrico se entera, corre a salvarla y lo trincan: m&aacute;s faena para el verdugo. Para resolver el entuerto, Leonora halla una soluci&oacute;n: declarar&aacute; amor eterno al mandam&aacute;s a cambio de que libere a su rival y, acto seguido, se beber&aacute; medio litro de veneno para ahorrarse el noviazgo. El plan, contra todo pron&oacute;stico, demuestra alguna fisurilla: el bebedizo act&uacute;a r&aacute;pido, la treta queda al descubierto y palma hasta el apuntador. Desde la hoguera, Azucena ve su oportunidad. &ldquo;Has matado a tu hermano. Madre, &iexcl;te he vengado!&rdquo;. El conde se lo cree y cae el tel&oacute;n. Con semejante culebr&oacute;n no es de extra&ntilde;ar que Verdi cosechara el mayor &eacute;xito de su vida: una &oacute;pera tan famosa que protagoniza, precisamente, <a href="https://youtu.be/3IDOIdrwtJM?si=i1241OyHfuXL0zru" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Una noche en la &oacute;pera</em></a>, la pel&iacute;cula de los Hermanos Marx.
    </p><p class="article-text">
        <em>Il trovatore</em> es una obra sorprendente porque la protagonizan personajes que, aunque sean muy excesivos (todos est&aacute;n dispuestos a morir o a matar tan pronto se les presenta la oportunidad), parecer&iacute;a que ni sienten ni padecen. La revelaci&oacute;n de Azucena a Manrico no causa m&aacute;s que un par de lamentos hacia el auditorio antes de que el mozo regrese a las batallitas por el amor de Leonora. El juglar y el noble rivalizan de un modo necio y superficial, pero determinadamente homicida. Leonora se hace monja con la misma determinaci&oacute;n con que se emponzo&ntilde;a. Azucena pasa de dar la vida por Manrico a alegrarse de que, con su muerte, culmine su alambicada venganza. Con esa actitud, normal que acaben todos muertos.
    </p><p class="article-text">
        Para este broche final, el Teatro Real ha recuperado el montaje de Francisco Negr&iacute;n estrenado en 2019. La propuesta es de una simpleza irritante. Por un espacio hormigonado pretendidamente neutro, los personajes desfilan ataviados con abrigos largos de polipiel y vestidos afelpados. El coro, que a veces hace de la tropa y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Ta3e3U41sm0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">otra de los gitanos</a> del asentamiento cercano al castillo, se nos presenta con la cara blanqueada y los ojos enegrecidos, vaya usted a saber por qu&eacute;. Para recalcar los &ldquo;fantasmas del pasado&rdquo;, durante la funci&oacute;n pululan por el escenario una se&ntilde;ora quemada (a medio camino entre la ni&ntilde;a de curva y la chica del pozo) y un ni&ntilde;o harapiento. Adem&aacute;s, la dramaturgia tiende a recalcar los vaticinios de fatalidad con referencias sutiles, como una guada&ntilde;a. Ah, y el fuego que no falte: materializado como &ldquo;llama piloto&rdquo; perenne y, a veces, como altar flam&iacute;gero zumb&oacute;n, que suma un ruidillo de est&aacute;tica al que cuesta pillarle el gusto.
    </p><p class="article-text">
        A esta devastaci&oacute;n de todo lo simb&oacute;lico o sutil que pudiese contener la partitura hay que a&ntilde;adir una direcci&oacute;n de actores que deja que desear y que complica la vida a un elenco que fue creci&eacute;ndose a medida que avanzaba la funci&oacute;n. Lo componen Piotr Becza&#322;a como Manrico (seguramente, el int&eacute;rprete m&aacute;s destacado de la velada, de voz amplia y segura, y notables agudos), Artur Ruci&#324;ski como el Conde de Luna (justo y de canto un tanto mortecino), Marina Rebeka como Leonora (arranc&oacute; un poco fr&iacute;a, pero compens&oacute; sobradamente en las arias finales) y Ksenia Dudnikova como Azucena (quien, pese al movimiento zombificado al que le fuerza esta funci&oacute;n, logr&oacute; cantar con rotundidad). Bien el coro, como acostumbra, y fant&aacute;stica la orquesta, dirigida por Nicola Luisotti, que supo poner el foso al servicio de los cantantes (que es, esencialmente, lo que este t&iacute;tulo requiere) y dibujar con precisi&oacute;n la determinaci&oacute;n que recorre toda la partitura, sostener el ritmo e imprimir vigor a esta fabulita de personajes hipervitaminados.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teatro-real-cierra-temporada-fuego-irregular-version-opera-popular-verdi_129_13345356.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 13:36:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/318e74c5-0124-43f4-a51f-b7ea812c693c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146409.jpg" length="1021801" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/318e74c5-0124-43f4-a51f-b7ea812c693c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146409.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1021801" width="3211" height="1806"/>
      <media:title><![CDATA[El Teatro Real cierra su temporada con fuego en una irregular versión de la ópera más popular de Verdi]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/318e74c5-0124-43f4-a51f-b7ea812c693c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146409.jpg" width="3211" height="1806"/>
      <media:keywords><![CDATA[Crítica,Ópera,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Bardem actuará por primera vez en el teatro dirigido por su maestro Juan Carlos Corazza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/javier-bardem-actuara-primera-vez-teatro-dirigido-maestro-juan-carlos-corazza_1_13344311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71bd6ea2-45ab-47d0-b7b9-aee5cda3f625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Bardem actuará por primera vez en el teatro dirigido por su maestro Juan Carlos Corazza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actor debutará en las tablas con '¡Chéjov, Chéjov!' junto a Alicia Borrachero, Rafa Castejón, Ben Temple y Manuela Velasco, todos ellos alumnos de Corazza</p><p class="subtitle">Javier Bardem: “La neutralidad no es una opción ante las atrocidades que estamos viviendo”
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/javier-bardem-neutralidad-no-opcion-atrocidades-viviendo_1_13226465.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Javier Bardem</a> debutar&aacute; en el teatro a finales de este a&ntilde;o. El actor, ganador del Oscar y uno de los mejores int&eacute;rpretes a nivel internacional, nunca se hab&iacute;a subido a las tablas en toda su carrera. Pero, a sus 57 a&ntilde;os y en un momento profesional plet&oacute;rico, con el estreno de<a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/descomunales-javier-bardem-victoria-luengo-llevan-sorogoyen-madurez-director-querido_129_13226052.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> El ser querido </a>programado para finales de agosto, el int&eacute;rprete ha decidido quitarse la espinita del teatro.
    </p><p class="article-text">
        Lo har&aacute; a las &oacute;rdenes de un amigo, a la par que su maestro. Se trata de Juan Carlos Corazza, encargado de dirigir a Bardem en<em> &iexcl;Ch&eacute;jov, Ch&eacute;jov!,</em> un espect&aacute;culo creado a partir de una selecci&oacute;n de obras breves, cuentos y escritos de Ant&oacute;n Ch&eacute;jov y que se representar&aacute; en el Espacio Zafra Teatro del 5 de noviembre de 2026 al 31 de enero de 2027, con funciones de jueves a domingo.
    </p><p class="article-text">
        Al lado de Bardem un elenco que tiene algo en com&uacute;n, y es que todos fueron alumnos de Corazza, uno de los profesores de interpretaci&oacute;n m&aacute;s prestigioso del cine y el teatro de nuestro pa&iacute;s. Alicia Borrachero, Rafa Castej&oacute;n, Ben Temple y Manuela Velasco se unir&aacute;n a Bardem.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Con sencillez, humor y brevedad, Ch&eacute;jov mira lo humano sin juicios, con ternura, profundidad y compasi&oacute;n&rdquo;, se&ntilde;ala Juan Carlos Corazza en una nota de prensa en la que subraya que &ldquo;gracias a Ch&eacute;jov, al p&uacute;blico y a esta compa&ntilde;&iacute;a, el teatro vuelve a ser un espacio para reunirnos, so&ntilde;ar y comprendernos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Corazza firma la adaptaci&oacute;n y la direcci&oacute;n del espect&aacute;culo y comparte el dise&ntilde;o del espacio esc&eacute;nico con Javier Ruiz de Alegr&iacute;a, responsable tambi&eacute;n de la iluminaci&oacute;n. El vestuario y el atrezzo son de Pier Paolo &Aacute;lvaro y Roger Portal (AAPEE), mientras que el equipo art&iacute;stico se completa con Betina Waissman en la preparaci&oacute;n corporal, Leticia Santa Fe en la preparaci&oacute;n vocal, Anastasia Kostyuchek en la asesor&iacute;a de ruso (Instituto Ruso Pushkin de Madrid) y Leanne Maksin y Laura L&oacute;pez como ayudantes de direcci&oacute;n, con Vadim Yukhnevich en la direcci&oacute;n musical y al acorde&oacute;n, y Andrea Szamek al viol&iacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/javier-bardem-actuara-primera-vez-teatro-dirigido-maestro-juan-carlos-corazza_1_13344311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Jun 2026 09:58:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/71bd6ea2-45ab-47d0-b7b9-aee5cda3f625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="20850075" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/71bd6ea2-45ab-47d0-b7b9-aee5cda3f625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="20850075" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Javier Bardem actuará por primera vez en el teatro dirigido por su maestro Juan Carlos Corazza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/71bd6ea2-45ab-47d0-b7b9-aee5cda3f625_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Javier Bardem,Teatro,Actores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vodevil del politiqueo español sigue vivo en 'La escopeta nacional']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vodevil-politiqueo-espanol-sigue-vivo-escopeta-nacional_129_13323105.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/668dd910-ae63-46c1-9b90-8bf6753780bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El vodevil del politiqueo español sigue vivo en &#039;La escopeta nacional&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra, dirigida por Juan Echanove y que adapta la película de Berlanga y Azcona con aciertos y un buen reparto, no consigue eclosionar teatralmente</p><p class="subtitle">Una bicha escénica de fuerza insólita llamada Rosa Romero
</p></div><p class="article-text">
        Hab&iacute;a mucha expectaci&oacute;n por esta adaptaci&oacute;n llevada a cabo por Juan Echanove del pelicul&oacute;n de Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a-Berlanga. Se presagiaban posibles deleites: <a href="https://www.teatroespanol.es/la-escopeta-nacional" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">gran montaje con 18 actores en el Teatro Espa&ntilde;ol de Madrid</a>, el aditivo de poder escuchar en escena la especial mala leche del t&aacute;ndem Azcona y Berlanga, y un relato conocido por todos, que es ya parte de nuestra historia e imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Echanove ha enfrentado el proyecto con la desfachatez necesaria, llevando el asunto a una especie de vodevil zarzuelero y farsesco. Olvidando lo cinematogr&aacute;fico y d&aacute;ndole a la obra un cariz netamente teatral. Lamentablemente, la cosa no acaba de despegar.
    </p><p class="article-text">
        La obra comienza con una declaraci&oacute;n de intenciones, con todo el elenco cantando una loa a la caza con tono zarzuelero donde destacan actores que provienen del musical y la l&iacute;rica como Enrique Viana, tenor que adem&aacute;s construye un desternillante marqu&eacute;s de Leguineche, el personaje al que dio vida Luis Escobar. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_50p_1145830.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_50p_1145830.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_75p_1145830.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_75p_1145830.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_default_1145830.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_default_1145830.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/433df162-5cc3-456c-a39a-298ee4f9f4a1_16-9-aspect-ratio_default_1145830.jpg"
                    alt="&#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Se nota el ojo de Echanove para elegir el reparto. Por ejemplo, el acierto en escoger a Pere Ponce para interpretar a Canivell, el empresario catal&aacute;n que bord&oacute; Jos&eacute; Sazatornil. Ponce es capaz de llevarlo por otros derroteros. Tambi&eacute;n est&aacute; muy bien Pedro Mari S&aacute;nchez quien, aunque m&aacute;s cercano a la interpretaci&oacute;n de Agust&iacute;n Gonz&aacute;lez, est&aacute; tel&uacute;rico como el Padre Calvo. Y Chusa Barbero clava a la marquesa tuerta que hizo Amparo Soler Leal en la pel&iacute;cula. 
    </p><p class="article-text">
        Acertadamente, porque ser&iacute;a imposible, el montaje no ha querido alejarse del inevitable referente cinematogr&aacute;fico. El p&uacute;blico podr&aacute; hacer sus comparaciones con el filme que se estren&oacute; en esa Espa&ntilde;a de 1978. Son m&aacute;s dudosos los paralelismos pol&iacute;ticos con nuestro presente que se han intentado hacer. Aunque las pulsiones humanas siguen siendo las mismas, la sociedad actual es m&aacute;s compleja que la ci&eacute;naga palaciega franquista. 
    </p><p class="article-text">
        Lo interesante del montaje es su voluntad de independizarse, de pasar de un lenguaje cinematogr&aacute;fico a uno netamente esc&eacute;nico. Algo que la obra consigue en ciertos momentos, pero que no llega a estabilizarse a causa de un ritmo desenfrenado, donde se pretende que la obra eclosione al mismo tiempo que quepa todo. Algo que ya le pas&oacute; a Echanove en la adaptaci&oacute;n que hizo del cl&aacute;sico de Ernest Lubitsch, <em>Ser o no ser</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_50p_1145829.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_50p_1145829.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_75p_1145829.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_75p_1145829.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_default_1145829.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_default_1145829.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/507334d8-7cb5-4ead-8a12-a4a272181509_16-9-aspect-ratio_default_1145829.jpg"
                    alt="&#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tampoco acompa&ntilde;a una escenograf&iacute;a que tiene una factura muy viejuna y que adem&aacute;s se utiliza de modo tradicional. El problema no es la direcci&oacute;n de arte. Su est&eacute;tica espa&ntilde;ola, muy manchega latifundista, funciona. Pero no se juega con ella, con todo lo que da de s&iacute; lo demod&eacute; del asunto, de un modo imaginativo, sino que se utiliza de una manera muy tradicional. Cuando de repente baja un decorado y seg&uacute;n la convenci&oacute;n teatral cambiamos de aposento, algo en ese subir y bajar impregna la obra de un sabor a&ntilde;ejo que no le ayuda. 
    </p><h2 class="article-text">Torbellino de subtramas</h2><p class="article-text">
        Hace 25 a&ntilde;os que Echanove, como int&eacute;rprete, estren&oacute; con &eacute;xito <em>El verdugo</em> bajo la direcci&oacute;n de Luis Olmos (se nota su legado en la obra). Para este montaje, el actor y director madrile&ntilde;o ha decidido contar con quien hizo aquella versi&oacute;n, uno de los especialistas en Azcona y Berlanga, el escritor Bernardo S&aacute;nchez Salas. S&aacute;nchez es un gran conocedor de los entresijos y el humor de Azcona y Berlanga, pero en esta ocasi&oacute;n parece haberse perdido en la b&uacute;squeda de una carpinter&iacute;a teatral que acaba por enmara&ntilde;ar la trama que, aunque alocada y llena de vicisitudes, en la pel&iacute;cula es meridiana. 
    </p><p class="article-text">
        El argumento en la pel&iacute;cula es claro: el empresario Canivell (Pere Ponce) asiste a una cacer&iacute;a, que &eacute;l mismo financia, donde est&aacute; la nobleza arrejuntada con ministros, ministrables y dem&aacute;s marionetas del R&eacute;gimen para conseguir la influencia que le facilite forrarse con su nuevo negocio de &ldquo;porteros serenos tecnol&oacute;gicos&rdquo;, es decir, los hoy conocidos telefonillos que por aquel entonces no exist&iacute;an.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_50p_1145831.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_50p_1145831.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_75p_1145831.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_75p_1145831.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_default_1145831.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_default_1145831.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ec8b519c-aeca-47d3-80c9-6383a24c9fcb_16-9-aspect-ratio_default_1145831.jpg"
                    alt="&#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En la cacer&iacute;a est&aacute; el ministro de Obras p&uacute;blicas (Patxi Freytez) a quien intenta liar. Ah&iacute; se monta un guirigay porque el ministro est&aacute; enredado con una vedette del destape, Vera del Bosque (Elisa Matilla). Un foll&oacute;n que utiliza Canivell para conseguir el favor del ministro. Pero el desencadenante, lo que hace que la acci&oacute;n avance, es el anuncio desde el Pardo de que el ministro va a ser cesado y ser&aacute; sustituido por un ministrable tambi&eacute;n presente en la cacer&iacute;a, L&oacute;pez Carri&oacute;n (Javier Mora), opusino hasta la m&eacute;dula. 
    </p><p class="article-text">
        Muestran as&iacute; Azcona y Berlanga c&oacute;mo se las gastaba Franco, aupando a unos para defenestrar a otros de manera sucesiva y as&iacute; mantener a las distintas familias del r&eacute;gimen unidas en la sumisi&oacute;n. Pero con la subida de L&oacute;pez Carri&oacute;n lo que tambi&eacute;n ocurre es que Canivell, que cre&iacute;a haber vencido, ve que el negocio se diluye como un azucarillo y tiene que humillarse hasta la genuflexi&oacute;n ante los nuevos &ldquo;tecn&oacute;cratas&rdquo; para salvar los muebles.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en la adaptaci&oacute;n teatral esa sucesi&oacute;n de hechos se mezcla desde el principio desdibujando por completo el desarrollo emocional y moral del personaje. En vez de ese tr&aacute;nsito, la adaptaci&oacute;n propone un personaje que se ve inmerso en un torbellino. Es una opci&oacute;n, pero su ejecuci&oacute;n es confusa. Algo que llega a su cenit en la escena cuarta, donde Canivell va saltando de puesto de caza en puesto de caza y todos los argumentos se mezclan. Se pierde as&iacute; la finura de las subtramas urdidas por Azcona: la de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola mezclada con los enredos de faldas y la de todo el ecosistema de oportunismo y privilegio en torno a los focos del poder.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/3b1526fc-eeeb-4c7c-b1ae-d3564f91e9f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ensayos de &#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ensayos de &#039;La escopeta nacional&#039; en el Teatro Español                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es una pena porque la idea de una <em>Escopeta nacional</em> como vodevil es retadora. Echanove, acerc&aacute;ndose a la farsa, consigue aproximar la obra al esperpento de Valle-Incl&aacute;n por momentos, incluso se permite un gui&ntilde;o al <em>Viridiana</em> de Bu&ntilde;uel que le sienta como anillo al dedo. Pero los ritmos desaforados y cierta confusi&oacute;n argumental no permiten que las escenas que quieren acabar en dislate siempre lo consigan. La obra cae en ocasiones en un teatro de comedia convencional que aunque vaya r&aacute;pida se estanca. Berlanga est&aacute; ah&iacute;, sus personajes tambi&eacute;n, pero si aburres, irremediablemente, Berlanga desaparece.
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, la obra tiene momentos de gran m&eacute;rito, como esa colecci&oacute;n de &ldquo;pelos del co&ntilde;o&rdquo; del marqu&eacute;s que funciona como un tiro o la escena final donde s&iacute; hay una verdadera condensaci&oacute;n teatral. Una escena en la que la esposa de Canivell, Merc&eacute; (una estupenda Marta Ribera), canta con gran potencia y sentimiento mientras Pere Ponce interpreta a un Canivell ya vencido y rid&iacute;culo que ve c&oacute;mo se ha gastado todo en prebendas y no ha vendido ni una escoba.<em> &ldquo;&iexcl;Quina merda!&rdquo;</em>, clama Canivell&hellip; Ah&iacute; s&iacute; aparece el antih&eacute;roe berlanguiano que se quiere caradura, pero la historia y la sociedad terminan siempre tom&aacute;ndole el pelo hasta dejarlo tan desnudo como desamparado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vodevil-politiqueo-espanol-sigue-vivo-escopeta-nacional_129_13323105.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Jun 2026 19:01:24 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/668dd910-ae63-46c1-9b90-8bf6753780bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2444579" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/668dd910-ae63-46c1-9b90-8bf6753780bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2444579" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El vodevil del politiqueo español sigue vivo en 'La escopeta nacional']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/668dd910-ae63-46c1-9b90-8bf6753780bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Teatro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una bicha escénica de fuerza insólita llamada Rosa Romero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/bicha-escenica-fuerza-insolita-llamada-rosa-romero_1_13308225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5708cc35-00f2-47f7-909e-53407b940b36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una bicha escénica de fuerza insólita llamada Rosa Romero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La creadora gaditana vive un momento explosivo con tres obras en cartel y un estreno por venir</p><p class="subtitle">Lolita Flores: “Tengo 68 años. Esta es mi cara y estas son mis arrugas, y la arruga es vida”</p></div><p class="article-text">
        Son las doce de la ma&ntilde;ana y la gente de C&aacute;diz, que sabe la perla que tiene, forma una cola largu&iacute;sima para ver la nueva creaci&oacute;n de Rosa Romero. Con paciencia, los espectadores van llenando la sala de La Merced. Con todos ya sentados sale a escena un bicho rojo en traje de seda, un gl&oacute;bulo sangu&iacute;neo que es todo cuerpo, gesto y presencia. Es la propia Romero transformada en un bicho que es, al mismo tiempo, pura destilaci&oacute;n de la mujer gaditana e icono bufo de la <em>performer </em>moderna. Romero todav&iacute;a no es conocida por el gran p&uacute;blico, pero lleva tiempo avisando. Esta artista lo tiene todo: cabeza, presencia, guasa, cuerpo y, sobre todo, comp&aacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La pieza se llama <em>El discurso</em> y no est&aacute; acabada. Tan solo mostr&oacute; 30 minutos dentro del programa del Festival C&aacute;diz en Danza. El estreno ser&aacute; en el Festival TNT de Terrasa en septiembre. Los espectadores del festival ya saben de la potencia de la artista que tienen en frente. Pero da igual: cualquiera, avezado o no en esto de la danza y las artes vivas, puede darse cuenta de la fuerza ins&oacute;lita de este bicho. De que pisa como nadie el escenario, de la extra&ntilde;a mezcla entre tradici&oacute;n y<em> moderneo </em>y de su dominio del tempo esc&eacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Romero en <em>Debut</em> es capaz de mezclar el <em>Macbeth</em> de Shakespeare con un discurso feminista y hacerlo mof&aacute;ndose de s&iacute; misma y de toda la escena contempor&aacute;nea al mismo tiempo. &ldquo;En las tragedias griegas los personajes femeninos mueren justo despu&eacute;s de discursar, alertando del peligro al que se expone una mujer al hablar&rdquo;, explica Romero en conversaci&oacute;n con elDiario.es. &ldquo;De un modo similar, las contempor&aacute;neas estamos siempre d&aacute;ndolo todo en escena, hasta reventar, entregadas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/angelica-liddell-premio-nacional-teatro-2025_1_12628507.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Liddell,</a> venga a cortarnos las venas&rdquo;, a&ntilde;ade con ojos de p&iacute;cara. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-1oxuN_2HEeU-4702', 'youtube', '1oxuN_2HEeU', document.getElementById('yt-1oxuN_2HEeU-4702'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-1oxuN_2HEeU-4702 src="https://www.youtube.com/embed/1oxuN_2HEeU?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Romero siempre se agarra al humor y, sin romper ese c&oacute;digo, poco a poco la guasa va cogiendo un sabor agridulce. Poco a poco, ese ser rojo va mostrando otro lado que recoge la esencia de esas mujeres andaluzas que arrastran por las calles sus vidas colgadas de bolsas, hijos y hombres in&uacute;tiles. La p&eacute;rdida, la vida como un calvario, todo un sentir <em>jondo</em> se va dejando entrever en esa supuesta puesta en escena tan moderna y contempor&aacute;nea. Pero, &iquest;qui&eacute;n es esta gaditana que parece un Ignatius Farray reencarnado en una mujer que canta mientras fr&iacute;e tortillitas de camarones? &iquest;Qui&eacute;n es Rosa Romero?
    </p><h2 class="article-text">Cinco a&ntilde;os de locura eremita</h2><p class="article-text">
        Rosa Romero tiene ojos de ni&ntilde;a, pero ya peina los cuarenta. Comenz&oacute; joven, hace ya 20 a&ntilde;os, con esa generaci&oacute;n a la que hoy se conoce bajo el nombre de &ldquo;M&aacute;laga <em>power&rdquo;</em>. All&iacute; estudi&oacute; e hizo sus primeras obras junto a nombres como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/malditismo-queer-alberto-cortes_1_8928621.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto Cort&eacute;s</a>, la Chachi, <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/blogs/dias-de-empresa/rara-avis-llamada-bengalas-cooperativa-artistica-salio-malaga-afincarse-pueblo_132_12428249.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alessandra Garc&iacute;a</a>, Violeta Niebla o Luz Prado. A&ntilde;os de experimentaci&oacute;n y &ldquo;h&aacute;ztelo t&uacute; mismo&rdquo; que fueron desgastando a esta joven, que ve&iacute;a que aquello no daba para vivir: &ldquo;Hac&iacute;a t&iacute;teres para cumplea&ntilde;os infantiles o me vest&iacute;a de conejo gigante, y acab&eacute; cansada de ganar 50 euros por funci&oacute;n, as&iacute; que decid&iacute; irme&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de un paso ef&iacute;mero por Madrid, Rosa volvi&oacute; a su San Fernando y decidi&oacute; alquilarse un local antes que un piso donde vivir: &ldquo;Me pasaba la vida all&iacute;, currando, tirada en un sof&aacute;&rdquo;. Aquel encierro fue un volver en s&iacute;, a su origen: &ldquo;Ya hab&iacute;a recorrido mucho, conocido otras gentes y pude comenzar a valorar lo que hab&iacute;a aprendido en casa, que tiene que ver con el comp&aacute;s y el flamenco. Comenc&eacute; a investigar sobre cosas que eran m&iacute;as, que me sal&iacute;an natural&rdquo;. Romero recuerda que comenz&oacute; a bailar todos los d&iacute;as, como hac&iacute;a de peque&ntilde;a en su habitaci&oacute;n. Pero se fue quedando sola: ninguno de sus compa&ntilde;eros pod&iacute;a seguirle el ritmo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/74ff5e9c-b488-4241-9203-43cf0229828f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Rosa Romero durante una representación de &#039;El discurso&#039; en el Festival Cádiz en Danza"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rosa Romero durante una representación de &#039;El discurso&#039; en el Festival Cádiz en Danza                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Romero no sal&iacute;a de aquel local donde estuvo encerrada cinco a&ntilde;os; poco a poco fue pasando gente que la fue ayudando. Entre ellos, el propio Alberto Cort&eacute;s &mdash;con quien mont&oacute; varias piezas&mdash;, pero tambi&eacute;n la core&oacute;grafa <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/patricia-caballero-vuelve-ocho-anos-ausencia-danza-rota-sagrada_129_11304001.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Patricia Caballero</a>, que supo ver su esencia. &ldquo;Un d&iacute;a Patricia, vi&eacute;ndome bailar, me dijo: <strong>'</strong>Quieta, ah&iacute;, sigue con eso, sigue<strong>'&rdquo;</strong>, rememora. Romero se&ntilde;ala uno de los momentos de giro en su carrera en el que se dio cuenta de que aquellas improvisaciones pod&iacute;an tener un valor art&iacute;stico, que eran la piedra sobre la que fundar su teatro. Empec&eacute; a descubrir la necesidad de poner el cuerpo en el centro, de trabajar con la voz y con el comp&aacute;s, descubr&iacute; cu&aacute;l pod&iacute;a ser mi lenguaje&ldquo;, resume la artista.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/29f906dc-7398-41f6-9c18-bea5af6e83b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La obra &#039;Esta no es la vida privada de Rosa Romero&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra &#039;Esta no es la vida privada de Rosa Romero&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        De esa vida de eremita sali&oacute; con una pieza, <em>Esta no es la vida privada de Rosa Romero, </em>que estren&oacute; en Sevilla, ciudad en la que decidi&oacute; comenzar una nueva vida de la que surgir&iacute;a una de las piezas fundamentales de su carrera: <em>Debut</em>. En ese trabajo nace su movimiento ya consolidado, un movimiento flamenco que reta, que expulsa algo del cuerpo y que Romero convierte en espasmo, en breve momento donde su cuerpo es pose&iacute;do por un bicho que tiene m&aacute;s de <em>gremlin </em>macarra y juguet&oacute;n que de pesadilla negra o afectaci&oacute;n flamenca. 
    </p><p class="article-text">
        Siempre agarrada al humor, a lo no hecho, al fragmento roto, su baile es como la anagn&oacute;risis de un personaje que de repente se da cuenta de qui&eacute;n es realmente. <em>Debut</em> es una obra que sigue viva y que se podr&aacute; ver el 29 de junio en la <a href="https://www.feriadepalma.es/obras/debut-cia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sala Reina Victoria de Palma del R&iacute;o</a>. Quien quiera ver el nacimiento de una artista no tiene nada m&aacute;s que ir a verla. La pieza llegar&aacute; tambi&eacute;n a Madrid, al espacio de Infinito Delicias, el 17 de octubre. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9b81d450-953d-44c1-9d12-0b36c541d95a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Rosa Romero en &#039;Soy un baile&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Rosa Romero en &#039;Soy un baile&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Tras aquella, realiz&oacute; otra gran pieza, <em>Soy un baile</em> (2023), que cre&oacute; con apoyo de m&aacute;s gente: la Aceitera de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/rocio-molina-erige-diosa-flamenco-calentamiento_129_12777662.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Roc&iacute;o Molina</a> (que la adora), la Caldera en Barcelona o el TNT de Terrasa. Llegaron los premios y el reconocimiento de la escena contempor&aacute;nea en esta pieza en la que Romero hac&iacute;a desaparecer un cuerpo que buscaba ser validado para hacer nacer otro bien distinto, libre. Eso s&iacute;, vestida en un pijama imposible, tan rid&iacute;cula como punki. 
    </p><h2 class="article-text">La transformaci&oacute;n y el c&iacute;rculo flamenco</h2><p class="article-text">
        Hablando con ella, poco a poco, va dejando mostrar de d&oacute;nde surge todo. Romero es animal contempor&aacute;neo, se lo ha visto todo, algo que se nota en c&oacute;mo cuida cada aspecto de sus trabajos. Los vestuarios con Gloria Trenado, la inserci&oacute;n de la m&uacute;sica, el tratamiento del cuerpo en escena&hellip; Pero en sus piezas tambi&eacute;n hay gui&ntilde;os hacia lo flamenco que no son meros resabios andaluces, sino que tras ellos se esconde la fuerza medular de esta creadora.
    </p><p class="article-text">
        Romero creci&oacute; en el Barrio de las Callejuelas de San Fernando, el mismo que Camar&oacute;n de la Isla. Su abuela viv&iacute;a en un patio de vecinos donde todos compart&iacute;an cocina y ba&ntilde;o, y se crio con su madre y su t&iacute;a, Lela Fontao, que regent&oacute; durante a&ntilde;os la Venta de Vargas, templo del flamenco donde con ocho a&ntilde;os Camar&oacute;n cant&oacute; por primera vez. Romero creci&oacute; en torno a la asociaci&oacute;n de mujeres salineras del barrio, donde su madre y su t&iacute;a, con otras mujeres, vend&iacute;an tortillitas de camar&oacute;n para pagar la factura de la luz de alguna asociada o solucionar los miles de problemas de aquellas mujeres que viv&iacute;an en un barrio obrero y necesitado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me acuerdo cuando Antonia estaba con la espumadera y se pon&iacute;a a cantar. Se transformaba, parec&iacute;a otra persona. O cuando pasaba el Nazareno, la procesi&oacute;n, que sal&iacute;an fuera y le cantaban, me cog&iacute;an de la mano y las miraba mientras notaba c&oacute;mo vibraban&hellip; Aquello, aunque lo viviera con normalidad, me impactaba mucho&rdquo;, evoca Romero.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c5d32e80-5335-4687-97b8-8c05db06c7f5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="María Moreno baila con Rosa Romero en &#039;Magnificat&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                María Moreno baila con Rosa Romero en &#039;Magnificat&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Eso mismo busca Rosa Romero en sus piezas, esa transformaci&oacute;n, ese convertirse en otro en escena. Lo hace con mesura, casi sin que se note, con cierto decoro de mostrar sus ra&iacute;ces. Algo que, sin embargo, ha explotado en su colaboraci&oacute;n con una de las flamencas con m&aacute;s <em>power</em> del panorama, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/bailo-sucede-juntan-bailaora-fotografa-documental_1_6376546.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Moreno</a>. En su &uacute;ltima obra, <em>Magnificat</em>, que llegar&aacute; al Alb&eacute;niz de Madrid el 19 de julio dentro del festival <em>Villanos del flamenco</em>, Romero se suelta el pelo hasta el descoloque.
    </p><p class="article-text">
        Esa infancia tambi&eacute;n le ha dado el otro v&eacute;rtice sobre el que estructura sus piezas: el corro, el c&iacute;rculo flamenco al que la empujaban de peque&ntilde;a a bailar, donde se convocaba para que algo pasase. &ldquo;Cada d&iacute;a me importa m&aacute;s el p&uacute;blico, estar l&uacute;cida para darme cuenta de qu&eacute; pasa en ese c&iacute;rculo y encontrar c&oacute;mo retroalimentarnos para que algo pueda ocurrir&rdquo;, explica Romero. &ldquo;En esas ando ahora con la nueva pieza, veremos&rdquo;, concluye.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/bicha-escenica-fuerza-insolita-llamada-rosa-romero_1_13308225.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 04:01:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5708cc35-00f2-47f7-909e-53407b940b36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1566396" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5708cc35-00f2-47f7-909e-53407b940b36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1566396" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una bicha escénica de fuerza insólita llamada Rosa Romero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5708cc35-00f2-47f7-909e-53407b940b36_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Danza,Danza contemporánea,Artes escénicas,Flamenco,Cádiz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sangre derramada de 'La Barraca' de Magüi Mira que acerca al presente la novela de Blasco Ibáñez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/sangre-derramada-barraca-magui-mira-acerca-presente-novela-blasco-ibanez_1_13293906.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bbbd0222-c1de-40ba-93ff-f35442fc266c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145122.jpg" width="4097" height="2305" alt="La sangre derramada de &#039;La Barraca&#039; de Magüi Mira que acerca al presente la novela de Blasco Ibáñez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La directora escénica adapta poéticamente, pero de manera fiel, la adaptación protagonizada por Daniel Albadalejo</p><p class="subtitle">Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en 'El jardín quemado'</p></div><p class="article-text">
        La palabra insurrecta y la profundidad pol&iacute;tica de <em>La Barraca</em> de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/acto-vida_1_12095562.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vicente Blasco Iba&ntilde;ez</a> ha llegado por primera vez a escena. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/musical-miserables-acapara-galardones-premios-talia-gran-reina-noche-bailaora-rocio-molina_129_13231360.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mag&uuml;i Mira</a> dirige una sint&eacute;tica adaptaci&oacute;n en la que consigue plasmar toda la fuerza del escritor valenciano ante la injusticia y acercarla al presente con una puesta en escena nada costumbrista. No hay barraca, no hay casita, no hay siglo XIX. En cambio, un espacio vac&iacute;o va llen&aacute;ndose de territorio, de albufera, de sangre y de sudor de unos actores entregados a una propuesta f&iacute;sica, violenta y animal. 
    </p><p class="article-text">
        Llevan una larga gira desde que la obra se estren&oacute; en Albacete hace casi un a&ntilde;o. M&aacute;s de cincuenta funciones, con m&aacute;s de 80 sacos a cuestas llenos de un caucho rojo que en escena ser&aacute;n s&iacute;mbolo de esa tierra cultivada con sangre. Ahora, est&aacute;n en temporada en el Teatro Fern&aacute;n G&oacute;mez de Madrid hasta el 21 de junio. Luego seguir&aacute;n de gira: San Javier, en agosto; Salamanca, Murcia y las Palmas, en octubre; Galicia, en noviembre, y cerrar&aacute;n el c&iacute;rculo, ya en diciembre, otra vez en Hell&iacute;n (Albacete). 
    </p><p class="article-text">
        El montaje est&aacute; aupado por un elenco de ocho actores encabezados por Daniel Albadalejo &mdash;Batiste, un campesino que viene de fuera a trabajar las tierras del amo&mdash; y Antonio Hortelano, que interpreta con gran fuerza a Piment&oacute;, labriego embrutecido, alcoholizado, al que sus amos han dado la confianza de administrar las aguas y que lidera la voz del pueblo que acabar&aacute; matando al hijo de Batiste y quemando su Barraca. El odio al que viene de fuera, el analfabetismo, el hombre reducido a bestia por la explotaci&oacute;n laboral&hellip; Un panorama que un joven Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez de 30 a&ntilde;os reflej&oacute; con crudeza y maestr&iacute;a en 1889. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_50p_1145125.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_50p_1145125.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_75p_1145125.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_75p_1145125.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_default_1145125.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_default_1145125.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/93fd9242-921a-426d-830d-73329fe37e5b_16-9-aspect-ratio_default_1145125.jpg"
                    alt="La obra de teatro de &#039;La Barraca&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra de teatro de &#039;La Barraca&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La versi&oacute;n est&aacute; escrita por Marta Torres. &ldquo;Fue ella quien tuvo esta gran idea. Cuando me la ofreci&oacute;, me palpit&oacute; el cuerpo entero, me puse a temblar&rdquo;, confiesa a este peri&oacute;dico Mag&uuml;i Mira, quien dice conocer muy bien de lo que habla Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez en la novela. &ldquo;Soy valenciana y me he criado en la huerta, hay vivencias que nadie me tiene que explicar&rdquo;, se&ntilde;ala esta mujer nacida en 1944, que dice recordar muy bien lo que era el hambre. 
    </p><p class="article-text">
        Mag&uuml;i Mira comenz&oacute; como actriz en los 70 con Jos&eacute; Sanchis Sinisterra. Lo ha hecho todo en teatro. Al preguntarle por la posguerra dice recordar, como si fuera ayer, su infancia con su abuela, con quien la mandaban porque en el pueblo hab&iacute;a comida. &ldquo;Me acuerdo cuando anochec&iacute;a que sal&iacute;amos a recoger lo que hubiese en el huerto, un peque&ntilde;o calabac&iacute;n, un tomate, para as&iacute; poder comer algo. Recuerdo a mi abuela dici&eacute;ndome, mira por ah&iacute; Mag&uuml;isa, a ver si encuentras algo&rdquo;, evoca con la mirada en otro lugar. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me acuerdo de mi t&iacute;o Pepe que ten&iacute;a un horario muy restringido para abrir la portezuela del canal y as&iacute; poder regar, justo como en la novela; y tambi&eacute;n me acuerdo de no tener luz ni agua, de limpiarme en un balde de esta&ntilde;o con lo que tuviera, con una piedra o una hoja de nogal&rdquo;, recuerda Mira, y a&ntilde;ade que, cuando le lleg&oacute; el proyecto, se le levant&oacute; la ni&ntilde;a de posguerra que lleva dentro. &ldquo;Y se me levant&oacute; tambi&eacute;n con lo que est&aacute; pasando hoy, que seguimos en la misma salvajada. &iquest;Acaso solucionamos los conflictos con la palabra? No, seguimos enfrentando a los unos con los otros, seguimos con los pies en el mismo barro y enfrente tenemos esa enorme hipocres&iacute;a, como hemos podido ver en el Congreso con los siete minutos de aplausos al Papa. Siete minutos de hipocres&iacute;a total&rdquo;, zanja.
    </p><h2 class="article-text">Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez y la prioridad nacional</h2><p class="article-text">
        La directora ha urdido un espacio simb&oacute;lico con unos grandes espejos m&oacute;viles al fondo de la escena, ideados por los escen&oacute;grafos Curt Allen y Leticia Ga&ntilde;&aacute;n, donde todo es reflejo, donde la palabra de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez se expande. Porque la fuerza de la propuesta es el reflejo que nos llega desde ese siglo XIX, en teor&iacute;a tan alejado, hasta hoy en d&iacute;a. &ldquo;S&iacute;, pero es importante que la palabra que se dice en escena sea tan solo la del autor, no hay m&aacute;s&rdquo;, apunta Mira, que ha dotado al elenco de una unidad a trav&eacute;s de un registro donde la palabra surge del cuerpo. Una apuesta muy f&iacute;sica que la directora acompa&ntilde;a de una coreograf&iacute;a coral a cargo de Marta G&oacute;mez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_50p_1145126.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_50p_1145126.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_75p_1145126.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_75p_1145126.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_default_1145126.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_default_1145126.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6ba41f72-82d9-4870-94d6-2fff6f5b6197_16-9-aspect-ratio_default_1145126.jpg"
                    alt="Una escena de &#039;La Barraca&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una escena de &#039;La Barraca&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Daniel Albadalejo no es nuevo en estas lides. Aunque el p&uacute;blico lo conozca m&aacute;s por sus montajes con Juan Mayorga o su paso por el teatro cl&aacute;sico a manos del director Eduardo Vasco, este murciano comenz&oacute; su andadura en una de las experiencias m&aacute;s hondas y experimentales de la historia esc&eacute;nica espa&ntilde;ola, la de la compa&ntilde;&iacute;a Arena Teatro dirigida por Esteve Grasset. &ldquo;Cuando Mag&uuml;i Mira me propuso esta manera de hacer, para m&iacute; fue volver de repente a un sitio que me resulta fascinante, que es encontrar la emocionalidad a partir del propio trabajo f&iacute;sico&rdquo;, explica. Al final de la obra, cuando ya la barraca ha sido quemada y su familia es de nuevo expulsada a la intemperie y la indigencia, su personaje portar&aacute; a su hija, que se retuerce sobre su espalda y su cuello (una estupenda Elena Alf&eacute;rez) como un cofrade de Semana Santa sujeta a su virgen, con creencia y dignidad.
    </p><p class="article-text">
        La obra consigue tener una dureza extrema, pues la distancia se borra y el dolor de esa familia que es rechazada por ser &ldquo;de fuera&rdquo; es imposible que no resuene hoy en d&iacute;a. Se puede palpar la sorpresa de los espectadores que esperaban el t&iacute;pico montaje &ldquo;costumbrista&rdquo; que situase la acci&oacute;n en aquella lejana Valencia. Mag&uuml;i Mira afirma que ella ha preferido trabajar con el concepto. &ldquo;He buscado la esencia, la po&eacute;tica esc&eacute;nica que pudiese albergar la palabra del autor, pero desnuda, en esencia&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle a Albadalejo por la experiencia de llevarla por toda Espa&ntilde;a, por esos grandes teatros como el Palacio de Festivales de Santander, el Jovellanos de Gij&oacute;n, el Campoamor de Oviedo, el Cervantes de M&aacute;laga o el Arriaga de Bilbao, el actor destaca sobre todo la impresi&oacute;n de ver los teatros repletos hasta el gallinero. &ldquo;Cuando sales a decir el primer mon&oacute;logo y ves el teatro as&iacute;, caray, te emocionas&rdquo;, explica. &ldquo;Pero lo fuerte ha sido ver a la gente realmente tocada, tras la funci&oacute;n muchos vienen a verte, te quieren tocar, abrazar, dar las gracias. Tengo el WhatsApp lleno de mensajes muy descarnados. Eso hac&iacute;a mucho que no me pasaba, al final lo que m&aacute;s le importa al actor es que le agradezcan, ah&iacute; te tocan la patata&rdquo;, confiesa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_50p_1145127.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_50p_1145127.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_75p_1145127.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_75p_1145127.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_default_1145127.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_default_1145127.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/e22d938b-a940-4248-9629-1be1663fc445_16-9-aspect-ratio_default_1145127.jpg"
                    alt="La obra de &#039;La Barraca&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La obra de &#039;La Barraca&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Albadalejo, que ahora est&aacute; grabando casi a diario para la serie <em>Sue&ntilde;os de libertad</em>, en la que interpreta al capell&aacute;n don Agust&iacute;n y se mete jornadas de m&aacute;s de 14 horas entre el teatro y el plat&oacute;, recuerda una funci&oacute;n con especial cari&ntilde;o, cuando al terminar fueron al Teatro Olympia de Valencia, un espacio que antes fue la c&aacute;rcel conde justo hace 100 a&ntilde;os encarcelaron a Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez por luchar contra los carlistas. &ldquo;Que resonaran ah&iacute; sus palabras con la sociedad valenciana presente fue muy emocionante&rdquo;, explica sobre este montaje en el que precisamente en su &uacute;ltima escena suena el himno valenciano en una versi&oacute;n de Santi Mart&iacute;nez.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero no se trata solo de la sociedad valenciana, el discurso de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez se expande hasta lo global. Viendo la obra es imposible no acordarse de <a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/extrema-derecha-convierte-torre-pacheco-olla-presion-comienza-caza-inmigrante_1_12458453.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Torre Pacheco</a>, de los ni&ntilde;os de Gaza, de los desplazados, de los desahuciados&rdquo;, afirma este actor, que adem&aacute;s confiesa que para este papel est&aacute; bebiendo del presente para construirlo d&iacute;a a d&iacute;a. &ldquo;Tendr&iacute;as que ver el cuaderno que llevo, lleno de im&aacute;genes, de noticias, de m&uacute;sicas&hellip; Estos d&iacute;as claro que pienso en esa mujer desahuciada de 87 a&ntilde;os, Maricarmen, y en esas palabras de <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/aplazado-tres-semanas-nuevo-desahucio-maricarmen-87-anos-resiste-envites-fondo_1_13268266.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Diego Botto</a> que fueron toda una lecci&oacute;n. Hace cuatro d&iacute;as, al sur de Italia, quemaron vivos a cuatro jornaleros de Pakist&aacute;n y Afganist&aacute;n en un coche al que le cerraron las puertas. Yo soy de Murcia, donde no es la primera vez que hemos encontrado jornaleros de Mali asesinados y enterrados en cal viva en los pozos&hellip; Todo eso me remueve por dentro y me lo llevo a escena para poder interpretar a Batiste con toda la honestidad de la que soy capaz&rdquo;, concluye.
    </p><p class="article-text">
        Mag&uuml;i Mira detalla a su vez otra reflexi&oacute;n nada desde&ntilde;able. &ldquo;Al final de la obra, Piment&oacute;, que tiene una situaci&oacute;n privilegiada respecto a otros jornaleros, confiesa: 'La marquesa me va a desahuciar, me quita las tierras'. Esto es importante, no hay uno de fuera y otro de dentro, los dos viven la misma opresi&oacute;n, son pobres a los que se enfrenta. Ese espejismo es el mismo que el de la actual 'prioridad nacional'&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hay una escena de la obra, casi al final, hiperviolenta, donde todo el elenco se embrutece hasta la animalidad a base de cazalla y odio en una taberna del infierno, donde el pueblo se ahoga en su miseria. Una escena estupenda que recuerda incluso a <em>Las bacantes</em> de La Cuadra de Sevilla, a los primeros Atalaya, a la fuerza posterior de algunas obras de Calixto Bieito, a un teatro que alguien podr&aacute; tildar de ya pasado, pero que en manos de esta directora retorna con la fuerza de la palabra Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, ese socialista y republicano incapaz de quedarse indiferente ante la injusticia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/sangre-derramada-barraca-magui-mira-acerca-presente-novela-blasco-ibanez_1_13293906.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 11 Jun 2026 20:27:32 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bbbd0222-c1de-40ba-93ff-f35442fc266c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145122.jpg" length="4068902" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bbbd0222-c1de-40ba-93ff-f35442fc266c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145122.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4068902" width="4097" height="2305"/>
      <media:title><![CDATA[La sangre derramada de 'La Barraca' de Magüi Mira que acerca al presente la novela de Blasco Ibáñez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bbbd0222-c1de-40ba-93ff-f35442fc266c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145122.jpg" width="4097" height="2305"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Vicente Blasco Ibáñez,Literatura,Valencia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La 'buena vida' de Carolina África: una defensa de la sanidad pública y la cultura de los cuidados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/buena-vida-carolina-africa-defensa-sanidad-publica-cultura-cuidados_129_13278607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/405e85c1-968e-4e93-9bed-0426e99c21a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La &#039;buena vida&#039; de Carolina África: una defensa de la sanidad pública y la cultura de los cuidados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El actor Jorge Kent ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera en el papel de un enfermero que encarna la resiliencia de toda una profesión en 'Una buena vida'</p><p class="subtitle">Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en 'El jardín quemado'
</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/carolina-africa-demencial-acabar-funciones-obra-no-cobrar_1_8763699.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carolina &Aacute;frica</a> ha levantado una obra de teatro donde la emoci&oacute;n, como pocas veces, explota en la platea. El p&uacute;blico que asiste a ver la obra se conmociona con esta historia cotidiana de unos personajes atrapados en la tragedia de la pandemia del covid-19 y una sanidad p&uacute;blica que se tambalea. <em>Una buena vida</em> es un alegato en defensa de la cultura de los cuidados y la sanidad p&uacute;blica, una pertinente cr&iacute;tica al desmantelamiento de lo social. Pero esta obra peque&ntilde;a y en apariencia simple &mdash;<a href="https://dramatico.inaem.gob.es/evento/una-buena-vida/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el Teatro Mar&iacute;a Guerrero de Madrid</a> hasta el 21 de junio&mdash; es tambi&eacute;n una acusaci&oacute;n a una sociedad enferma y amn&eacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        La tragedia que provoca esa catarsis entre el p&uacute;blico no se debe tan solo al sufrimiento de los personajes, sino tambi&eacute;n a la verdad que esta obra pone frente al espectador: la de un pa&iacute;s que ya ha olvidado lo que pas&oacute;, la de una sociedad que sal&iacute;a con denuedo a los balcones a agradecer a los sanitarios, pero que hoy ya ni se acuerda. <em>Una buena vida</em> trata sobre la tr&aacute;gica capacidad del hombre contempor&aacute;neo en olvidar las cosas que decidi&oacute; que eran importantes. 
    </p><p class="article-text">
        La trama es sencilla: una mujer (la propia Carolina &Aacute;frica) resbala a la salida del hospital cuando sale de haber parido a su hija. Se fractura el pil&oacute;n tibial y ha de estar internada varias semanas. El resbal&oacute;n es debido a que todav&iacute;a quedan restos de la <a href="https://www.eldiario.es/madrid/filomena-pesadilla-sanitarios-sumar-covid-turnos-36-horas-kilometros-nieve_1_6740569.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">borrasca Filomena.</a> Es enero de 2021 y el hospital est&aacute; con nuevas restricciones ante una nueva ola del covid-19. La mujer est&aacute; en una habitaci&oacute;n con Teresa (Ahimsa), una enferma mayor con demencia senil, y la cuida un atento enfermero (Jorge Kent). 
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xadeunu" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        La historia surge de una vivencia personal de la propia autora, pero la obra no tira del g&eacute;nero de la autoficci&oacute;n. En escena se respeta la unidad de tiempo y espacio y las actuaciones son de un realismo descarnado, de un naturalismo muy cotidiano. Pero &Aacute;frica compone un dispositivo que, aunque tarde en aparecer y tenga algo de efectista, quebrar&aacute; la obra.
    </p><p class="article-text">
        El universo de esta creadora esc&eacute;nica, que comenz&oacute; hace 15 a&ntilde;os con su compa&ntilde;&iacute;a La Belloch, es reconocible, particular. Es el suyo un teatro de las emociones, un teatro que parte de lo cotidiano, de personas de carne y hueso. La autora poco a poco va mostrando sus intimidades y sus miedos, hasta que los pliegues y complejidades de cada personaje afloran. En sus obras, &Aacute;frica une crudeza y humor, aunque a veces tiende a dulcificar, a embellecer en exceso, a dejarse llevar por la ternura imaginada de sus personajes. Todo esto est&aacute; en esta obra, pero en esta ocasi&oacute;n sale victoriosa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/95314e5d-3cf9-45c0-adfe-7655425c19a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ahimsa en la obra &#039;Una buena vida&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ahimsa en la obra &#039;Una buena vida&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Las causas son varias. Por un lado, consigue que el efecto teatral del final de la obra funcione, conmueva hasta la par&aacute;lisis del teatro. Cuando ocurre, no lo vamos a contar, hay un silencio en que uno puede escuchar hasta el temblor de las butacas vecinas. Por otro, cuenta con un personaje, un Juan nadie', un ser an&oacute;nimo que se come la escena. Jorge Kent, que interpreta al enfermero, est&aacute; enorme. En cada gesto, en la energ&iacute;a donde coloca el cuerpo, en la composici&oacute;n del arco emocional. 
    </p><p class="article-text">
        Kent lleva a&ntilde;os trabajando mucho y bien con directores como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alfredo-sanzol-triunfa-primer-drama-ultima-noche-hermano-impresionante-nuria-mencia_129_13001558.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alfredo Sanzol</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fuenteovejuna-brutal-grita-voz-feminista-guerras-violencia_129_12439803.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rakel Camacho</a> o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/nuevo-orlando-barroco-queer-recuerda-vigencia-obra-virginia-woolf_1_12262408.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marta Pazos</a>. Es uno de los mejores actores de su generaci&oacute;n. Pero en esta pieza realiza un trabajo &mdash;que deber&iacute;a girar por todas las escuelas de teatro&mdash; donde hace sin hacer, donde no hay ni un exabrupto ni un gesto o un decir que busque el reconocimiento o la floritura. Kent se repliega por completo para y en su personaje y consigue albergar toda la subtrama de la pieza, acarrear el peso de toda la obra. 
    </p><p class="article-text">
        La acompa&ntilde;a &Aacute;frica, que compone un personaje cercano, verborreico hasta llegar a ser pesada, una madre desesperada que ya no sabe qu&eacute; decir o hacer para abrazar a su reci&eacute;n nacido a quien por las normas de la pandemia no puede ni visitar. Ella lleva la batuta de todos los di&aacute;logos, del ritmo de la funci&oacute;n, y consigue ser efectiva y cre&iacute;ble. Y completa el reparto Ahimsa, que compone una anciana enorme, Teresa, un papel duro de hacer, dificil&iacute;simo para que tenga verismo sin llegar a la afectaci&oacute;n, pero que esta actriz borda.
    </p><p class="article-text">
        Alguien podr&aacute; esgrimir que &Aacute;frica es un poco terrorista emocional, que juega con las emociones del p&uacute;blico. Es cierto que a veces lo bordea, como en el final de la obra en el que el uso de unas sombras demasiado simb&oacute;licas pueden echar al espectador de la funci&oacute;n por el grado de caramelo utilizado. Pero la obra est&aacute; llena de recovecos estupendos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8e82b08a-9727-417f-9917-b446d84beb0a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Carolina África y Jorge Kent en &#039;Una buena vida&#039;."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Carolina África y Jorge Kent en &#039;Una buena vida&#039;.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Uno de ellos es el uso del lenguaje, que no es otro que el que usamos en la calle, pero que nos sigue sonando malsonante encima de un escenario, algo que pone sobre el tapete una interesante pregunta: &iquest;qu&eacute; es lo que esperamos ver en un teatro? Otro acierto es el uso de los cuerpos que reflejan con naturalidad, sin melindres, la dureza de un hospital. Una manera efectiva y honesta de romper con el artificio y acercar la severa realidad del paciente. En escena vemos c&oacute;mo el enfermero cuida el cuerpo de Teresa, le limpia el culo, las axilas, la espalda&hellip; Son escenas bell&iacute;simas en que la actriz Ahimsa interpreta a esa Teresa ya ida con una dignidad inconmensurable.
    </p><p class="article-text">
        Destaca tambi&eacute;n la gran capacidad de &Aacute;frica de mostrar a trav&eacute;s de la historia, sin tener que recalcarlo con textos dirigidos a p&uacute;blico, la crudeza de una sanidad cada d&iacute;a m&aacute;s precarizada e inhumana. Cuando vemos a esos enfermos pasando fr&iacute;o porque no hay m&aacute;s mantas, utilizando frascos de orina con chinchetas dentro como sonajeros que sustituyan a los timbres que no funcionan o pidiendo cuidados a unos enfermeros desbordados, nos asalta la certeza de que sabemos lo que est&aacute; pasando y lo que permitimos con nuestros votos.
    </p><p class="article-text">
        Todo ese entramado de aciertos, en ese escenario que llega a oler a detergente industrial y comida recalentada, confronta al espectador no ya solo con la precariedad de la sanidad p&uacute;blica, sino tambi&eacute;n con las prioridades que nos estamos dando como sociedad y como individuos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/7f686349-851f-4df3-8dc3-befb94e71272_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La escenografía y el vestuario de &#039;Una buena vida&#039; corren a cargo de Pablo Menor Palomo."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La escenografía y el vestuario de &#039;Una buena vida&#039; corren a cargo de Pablo Menor Palomo.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Esa Teresa ah&iacute; callada, qu&eacute; gran acierto es que no diga ni una sola palabra, nos habla de los miles de ancianos que se abandon&oacute; en las residencias a su buena suerte, pero tambi&eacute;n de qu&eacute; hacemos nosotros para incluirles, cuidarles y darles un espacio donde tengan palabra y dignidad. &Aacute;frica, en definitiva, consigue que aparte de la cr&iacute;tica social, cada espectador se pregunte sobre su propia vida, sobre si aquello que crey&oacute; era importante todav&iacute;a sigue si&eacute;ndolo o lo ha perdido en la vor&aacute;gine de un presente que no cesa. 
    </p><p class="article-text">
        Esta sociedad est&aacute; hecha, construida y sostenida por gente an&oacute;nima. Gente que en ocasiones vive vidas m&aacute;s o menos placenteras, pero en otras es tocada por la tragedia, desahuciada, explotada o forzada a pasar por calvarios donde su padecer no importa. Su dolor es demasiado peque&ntilde;o ante un Estado que los trata como n&uacute;meros, pero tambi&eacute;n ante una sociedad civil amn&eacute;sica que anda pegada a las pantallas de &oacute;xido de indio y esta&ntilde;o, absorta en la trifulca pol&iacute;tica o la &uacute;ltima pol&eacute;mica medi&aacute;tica inventada. Y en ese acontecer absurdo lo importante se va desdibujando, qued&aacute;ndose atr&aacute;s. No importa lo que haya pasado, todo se olvida en un presente unidimensional, amorfo. A esa amnesia que crece a la velocidad de un virus es a la que ataca esta obra.
    </p><p class="article-text">
        Es una pena que esta producci&oacute;n del <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ultimas-farsa-politica-permite-mirar-verguenza-pasado-colonial-espanol_129_13243520.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Centro Dram&aacute;tico Nacional </a>no haya sido coproducci&oacute;n y, por lo tanto, no pueda girar sino de manos del CDN. Es una obra peque&ntilde;a y la direcci&oacute;n de este centro, que tiene dineros muy limitados para hacer girar sus producciones, deber&iacute;a ver el modo para que no muera en junio con la &uacute;ltima funci&oacute;n programada. Consigue algo muy especial y valioso, tanto a nivel teatral como social, que debiera recorrer muchas de las ciudades de este Estado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/buena-vida-carolina-africa-defensa-sanidad-publica-cultura-cuidados_129_13278607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jun 2026 19:52:36 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/405e85c1-968e-4e93-9bed-0426e99c21a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="23769854" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/405e85c1-968e-4e93-9bed-0426e99c21a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="23769854" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La 'buena vida' de Carolina África: una defensa de la sanidad pública y la cultura de los cuidados]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/405e85c1-968e-4e93-9bed-0426e99c21a9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas,Centro Dramático Nacional,Sanidad pública,Hospitales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coro del Teatro Real denuncia 16 años de estancamiento salarial:  "Queremos frenar la fuga de talento"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/coro-teatro-real-denuncia-16-anos-estancamiento-salarial-queremos-frenar-fuga-talento_1_13276037.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc773019-0f4c-4250-bd27-1879586a0f16_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144546.jpg" width="2048" height="1152" alt="El coro del Teatro Real denuncia 16 años de estancamiento salarial:  &quot;Queremos frenar la fuga de talento&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">También manifiestan una brecha de 20.000 euros con otros grandes teatros como el Liceu. "Estamos cobrando lo mismo que en 2010", critican y avanzan que, de no producirse ninguna mejora, no descartan convocar una huelga</p><p class="subtitle">El negocio del ‘guardacolas’ en los conciertos de Bad Bunny: dos jóvenes se pegan el madrugón a diez euros la hora
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Cada funci&oacute;n que usted escucha en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/vender-novia-salga-teatro-real-entusiasma-opera-smetana_129_13145306.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teatro Real</a> exige <a href="https://www.eldiario.es/cultura/dificil-cara-aventura-artista-espana_1_12225909.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a&ntilde;os de formaci&oacute;n</a>, preparaci&oacute;n constante y un alt&iacute;simo nivel art&iacute;stico y profesional. Sin embargo, quienes formamos el Coro Titular llevamos m&aacute;s de 16 a&ntilde;os sufriendo una p&eacute;rdida continuada de poder adquisitivo&rdquo;. Con este mensaje han recibido los integrantes del Coro del Teatro Real al p&uacute;blico en los estrenos de las &uacute;ltimas semanas, como parte de su protesta por la par&aacute;lisis salarial que sufren desde hace m&aacute;s de quince a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n denuncian que perciben alrededor de 20.000 euros anuales menos que sus hom&oacute;logos de otros grandes teatros como el <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/orquesta-bandas-sonoras-desconcierta-liceu-recibe-cancelaciones-pagar-rolling-banda-primo_1_11952569.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Liceu de Barcelona</a>. &ldquo;Estamos cobrando practicamente lo mismo que en 2010&rdquo;, aseguran a este peri&oacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        El conflicto del coro con el Teatro Real viene de lejos. En 2019 la instituci&oacute;n oper&iacute;stica&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/economia/teatro-real-multado-trabajadores-coro_1_1178316.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fue multada con 50.000 euros</a>&nbsp;por la Direcci&oacute;n de Trabajo de la Comunidad de Madrid por cesi&oacute;n ilegal. Los cantantes del Coro est&aacute;n contratados por la Asociaci&oacute;n Intermezzo pero son el coro titular y estable de las producciones del Teatro Real. De las 19 obras previstas para la presente temporada, participan en un total de diez.
    </p><p class="article-text">
        Ya <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/nueva-temporada-teatro-real-arranca-convocatoria-huelga-coro-titular_1_10524685.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en 2023</a> comenzaron con una convocatoria de paros parciales y huelgas para denunciar una situaci&oacute;n laboral &ldquo;muy precaria&rdquo;, &ldquo;cl&aacute;usulas abusivas&rdquo; en los contratos y la falta de un convenio propio. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, los integrantes del Coro vuelven a hacer p&uacute;blico el &ldquo;profundo malestar&rdquo; que atraviesa la plantilla tras m&aacute;s de 16 a&ntilde;os de p&eacute;rdida progresiva de poder adquisitivo.
    </p><p class="article-text">
        El Comit&eacute; de Empresa de la Asociaci&oacute;n Intermezzo Programaciones Musicales se&ntilde;ala que aunque el contrato entre la compa&ntilde;&iacute;a y el Teatro Real contempla mecanismos de revisi&oacute;n econ&oacute;mica vinculado al &iacute;ndice de precios de consumo (IPC), dichas actualizaciones &ldquo;no se han traducido de forma efectiva&rdquo; en los salarios del coro, &ldquo;consolidando una congelaci&oacute;n salarial de facto durante casi dos d&eacute;cadas&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_50p_1144564.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_50p_1144564.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_75p_1144564.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_75p_1144564.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_default_1144564.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_default_1144564.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/90ede5bb-42ba-41e6-801d-306aab552062_source-aspect-ratio_default_1144564.jpg"
                    alt="Ejemplo de las octavillas informativas que está repartiendo el Coro en el Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ejemplo de las octavillas informativas que está repartiendo el Coro en el Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Este Coro es el responsable de actuar en todas aquellas funciones que lo precisan por las caracter&iacute;sticas de los espect&aacute;ulos que se programan en el Real. Los cantantes tienen contratos indefinidos que incluyen una cl&aacute;usula de exclusividad. &ldquo;No podr&iacute;amos cantar ni en una boda, nos debemos en exclusiva al Real&rdquo;, aclaran sobre un modelo de subcontrataci&oacute;n poco frecuente en los grandes escenarios a nivel mundial, &ldquo;en un teatro de referencia de estas magnitudes, solo est&aacute; el Real. Londres, Nueva York o el propio Liceu tienen su propio coro&rdquo;. No obstante, sostiene que estar subcontratados &ldquo;no deber&iacute;a ser&rdquo; un problema, &ldquo;salvo si deriva en estas condiciones laborales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las acciones impulsadas por el Comit&eacute; ha sido la confecci&oacute;n de camisetas con el mensaje &ldquo;subida salarial ya&rdquo;. &ldquo;Excelentes cr&iacute;ticas, sueldos <em>low cost&rdquo;</em> y &ldquo;16 a&ntilde;os perdiendo poder adquisitivo&rdquo; son otras de las frases con las que est&aacute;n protestando por sus condiciones laborales. 
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DYYCTHcMxpU/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Este peri&oacute;dico se ha puesto en contacto con la Asociaci&oacute;n Intermezzo, la empresa externa a la que pertenece el Coro, desde donde afirman que est&aacute;n &ldquo;actualmente en un proceso de negociaci&oacute;n del convenio colectivo&rdquo; y a&ntilde;aden que &ldquo;solo&rdquo; responder&aacute;n a cuestiones relativas a su &ldquo;actividad art&iacute;stica&rdquo;. Desde el Teatro Real confirman estar en las citadas &ldquo;negociaciones&rdquo;, y que su voluntad es que tengan como resultado &ldquo;la mejora de las condiciones de los cantantes en lo que se refiere a su actividad&rdquo; en la instituci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">La fuga de talentos a otros coros</h2><p class="article-text">
        El Comit&eacute; de Empresa de la Asociaci&oacute;n Intermezzo incide en que esta situaci&oacute;n de precariedad est&aacute; generando un &ldquo;importante desequilibrio&rdquo; respecto a otros teatros l&iacute;ricos de referencia de Espa&ntilde;a, ya que como indican, los miembros del coro &ldquo;perciben aproximadamente 20.000 euros anuales menos&rdquo; que sus hom&oacute;logos en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona o Les Arts de Valencia, pese a que el Real cuenta con mayor presupuesto p&uacute;blico-privado. El organismo advierte de que esta diferencia resulta &ldquo;incompatible&rdquo; con el nivel de excelencia art&iacute;stica y exigencia profesional que requiere una instituci&oacute;n cultural de referencia internacional. 
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DYX7Wp-sgxF/" data-instgrm-captioned></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        &ldquo;Mucha gente se ha tenido que ir por las condiciones laborales y econ&oacute;micas. Si sale una plaza en otro coro donde se cobra m&aacute;s, muchos se est&aacute;n yendo&rdquo;, lamentan desde el Coro: &ldquo;Queremos frenar la fuga de talentos a otros sitios&rdquo;. Tambi&eacute;n por la p&eacute;rdida de atractivo que supone para la propia formaci&oacute;n ir perdiendo valiosos integrantes.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La situaci&oacute;n de los artistas del coro y nuestra paciencia ha llegado a un l&iacute;mite&rdquo;, comunican a elDiario.es. &ldquo;Llevan dos a&ntilde;os tore&aacute;ndonos con esto, ha llegado un punto en el que de tantas largas nos hemos cansado&rdquo;, aseguran y avanzan que, en caso de no llegar a un acuerdo, &ldquo;no descartan la huelga&rdquo;. &ldquo;Se vot&oacute; en el colectivo y hubo un 94% de votos a favor de iniciar movilizaciones mayores&rdquo;, se&ntilde;alan. Los trabajadores &ldquo;subrayan que no reclaman privilegios, sino dignidad profesional y unas condiciones compatibles con el nivel art&iacute;stico y la estabilidad que exige un proyecto como el Teatro Real&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dispuestos a seguir luchando por la mejora de sus condiciones, el Comit&eacute; ha acudido igualmente al <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/cine-seguira-costando-euros-martes-mayores-65-anos_1_13232054.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ministerio de Cultura</a>, al que solicitaron una reuni&oacute;n el pasado 25 de mayo, pero todav&iacute;a no han obtenido respuesta. Este peri&oacute;dico se ha puesto en contacto con el Instituto Nacional de las Artes Esc&eacute;nicas y de la M&uacute;sica (INAEM), desde donde prefieren no hacer ninguna valoraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/coro-teatro-real-denuncia-16-anos-estancamiento-salarial-queremos-frenar-fuga-talento_1_13276037.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jun 2026 08:54:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cc773019-0f4c-4250-bd27-1879586a0f16_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144546.jpg" length="579557" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cc773019-0f4c-4250-bd27-1879586a0f16_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144546.jpg" type="image/jpeg" fileSize="579557" width="2048" height="1152"/>
      <media:title><![CDATA[El coro del Teatro Real denuncia 16 años de estancamiento salarial:  "Queremos frenar la fuga de talento"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cc773019-0f4c-4250-bd27-1879586a0f16_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144546.jpg" width="2048" height="1152"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ministerio de Cultura y Deporte,Condiciones laborales,Música,Artes escénicas,Ópera]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en 'El jardín quemado']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-mayorga-reaviva-cenizas-memoria-historica-jardin-quemado_129_13271377.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7907c188-7a77-4a2f-930d-aee675b20627_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144448.jpg" width="2195" height="1235" alt="Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en &#039;El jardín quemado&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dramaturgo y director del Teatro de la Abadía, dirige esta obra de juventud donde cuestiona con dureza la visión sobre nuestro pasado reciente</p><p class="subtitle">Entrevista - Alberto Velasco, bailarín: “Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos”</p></div><p class="article-text">
        <em>El jard&iacute;n quemado</em> estaba durmiendo el sue&ntilde;o de los justos. <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-mayorga-veces-escribo-teatro-vendra-no-hoy_1_8633079.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Mayorga</a> lo escribi&oacute; en 1997 cuando todav&iacute;a faltaban varios a&ntilde;os para que la primera fosa de la Guerra Civil fuera exhumada en <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/exhumacion-25-anos-rompio-silencio-fosas-franco-no-imaginabamos-envergadura_1_12698103.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Priaranza del Bierzo</a>. Y es ahora, ya como director del Teatro de la Abad&iacute;a (Madrid), que el propio autor <a href="https://www.teatroabadia.com/espectaculo/el-jardin-quemado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha decidido dirigir &eacute;l mismo</a> esta obra de juventud que pone en entredicho el significado en este pa&iacute;s de palabras como memoria, olvido y reconciliaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La obra enga&ntilde;a. Bajo una apariencia cl&aacute;sica, donde se respeta la unidad de tiempo y espacio, se esconde un complejo entramado donde nada es lo que parece, donde tiempo, espacio y lenguaje explotan. <em>El jard&iacute;n quemado</em> es una caja de resonancia en la que Mayorga intentar&aacute; que el espectador salga de su zona de confort, de sus convicciones sobre lo que fue, para mirar la historia de este pa&iacute;s desde otro lugar.
    </p><p class="article-text">
        El teatro de este autor es exigente con el espectador, quiere generar la sospecha en quien observa. Y en <em>El jard&iacute;n quemado</em> esa tensi&oacute;n llega hasta la incomodidad. Un ejemplo. De repente, Garay (Adriana Ozores), el personaje que vela por las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n fascista en la obra, gritar&aacute;: &ldquo;Deje a los muertos enterrados&rdquo;. La frase descoloca. Mayorga ir&aacute; poniendo a lo largo de la obra frases como esta, peque&ntilde;as minas que exploten en la cabeza del espectador y as&iacute; lo alerten de que aqu&iacute; las reglas son otras.
    </p><h2 class="article-text">Sin fosa</h2><p class="article-text">
        Mayorga sabe que esta obra toca temas cruciales para la sociedad espa&ntilde;ola y, quiz&aacute; por ello, ha operado ciertas modificaciones sobre lo escrito hace 30 a&ntilde;os. La primera, si bien sustancial, no es medular. <em>El jard&iacute;n quemado</em> era una obra de personajes masculinos, todo hombres. Ahora, dos de sus personajes principales son femeninos. En la trama, en los a&ntilde;os setenta, reci&eacute;n llegada la democracia, una joven cient&iacute;fica, Benet (Loreto Maule&oacute;n) llega al hospital psiqui&aacute;trico de San Miguel regido desde la Guerra Civil por Garay (Adriana Ozores). 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/24138028-ce7e-40a6-822e-bfb9904e06c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los actores y actrices de la obra de Juan Mayorga &#039;El jardín quemado&#039; que se representa en el Teatro de la Abadía"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los actores y actrices de la obra de Juan Mayorga &#039;El jardín quemado&#039; que se representa en el Teatro de la Abadía                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La segunda modificaci&oacute;n es doble. Por un lado, desaparecen todos los referentes a Espa&ntilde;a que estaban presentes en el texto. El autor ha explicado que buscaba una mayor universalidad. Y por otro, Mayorga ha decidido suprimir la acci&oacute;n teatral que vertebraba la tensi&oacute;n dram&aacute;tica de la pieza. En este montaje, no se excavar&aacute; ninguna fosa &mdash;como indica el autor en el texto&mdash; en ese &ldquo;jard&iacute;n&rdquo; de cenizas donde pasean los internos.
    </p><p class="article-text">
        El Mayorga de 2026, a diferencia del de 1997, ha preferido no confrontar al espectador con la crudeza de una exhumaci&oacute;n en vivo. Valga decir que la obra acepta esa posibilidad. Ese jard&iacute;n quemado es una metonimia de la propia Espa&ntilde;a. De este pa&iacute;s donde m&aacute;s de cien mil desaparecidos siguen bajo tierra. 
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que tambi&eacute;n es cierto es que, con fosa o sin ella, las supresiones del texto que hacen referencia a Espa&ntilde;a no consiguen deslocalizar la obra. Es casi imposible, aun habiendo suprimido referencias a la batalla de Madrid o del Ebro y la misma palabra &ldquo;dictadura&rdquo;, no pensar en la historia reciente de este pa&iacute;s cuando uno ve la obra. M&aacute;s que universalidad, parece que Mayorga ha optado por no enfrentar. 
    </p><p class="article-text">
        La obra transcurre en una isla. Y dentro de ese espacio, ya cerrado en s&iacute; mismo, en un hospital psiqui&aacute;trico, San Miguel. Mayorga utiliza la sem&aacute;ntica espacial para recalcar que entramos en un territorio fuera del tiempo. Garay, la directora del psiqui&aacute;trico, ha construido un espacio para proteger a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n fascista, en un primer momento, pero tambi&eacute;n de la maquinaria que ejerce la historia como herramienta de poder, sea quien sea quien la detente. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/57996fb2-4da2-4a52-996e-86556cc52a3e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Adriana Ozores y Jesús Barranco em &#039;El jardín quemado&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Adriana Ozores y Jesús Barranco em &#039;El jardín quemado&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La apuesta de Mayorga es extrema. Cuando llega la democracia y los nuevos tiempos quieren &ldquo;restituir&rdquo; a las v&iacute;ctimas, se producir&aacute; un choque frontal con esos cinco personajes, internos del psiqui&aacute;trico, que aunque han sobrevivido ya no son de este mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Ellos son Calatrava (Jes&uacute;s Barranco), un ser abstra&iacute;do que saluda a un imaginado p&uacute;blico y canta &oacute;pera. Oswaldo (Joserra Iglesias), un criador de perros imaginarios. Pepe y N&eacute;stor (Mariano Llorente y el propio Barranco) que juegan una partida eterna de ajedrez en un tablero imaginario. Y Cal (Miguel Hermoso) que cree ser el gran poeta desaparecido a manos de los fascistas, Blas Ferrater, figura que el espectador identificar&aacute; irremediablemente con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/espana-arde-alguien-dice-fascismo-asesino-lorca-maricon_129_13251683.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Federico Garc&iacute;a Lorca</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Benet, la joven dem&oacute;crata, viene a &ldquo;salvarlos&rdquo;, a restituirlos. Pero les habla de verdad y justicia, un lenguaje que ya no es el de estos supervivientes. En ella veremos la miop&iacute;a del convencido, cargada de presente y buenas intenciones, que le impide escuchar el silencio abrumador que tiene delante de los ojos.
    </p><h2 class="article-text">Olvido o memoria</h2><p class="article-text">
        La obra plantea una pregunta radical: &iquest;olvido o memoria? Pero Mayorga responde desde otro lado: se trata de dirigir nuestra mirada a las v&iacute;ctimas, comprender sus cicatrices y dejar que esa contemplaci&oacute;n del desastre encarnado en el ser humano nos invada como un acto de resistencia. Una visi&oacute;n que se apoya en la filosof&iacute;a de la historia del pensador <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/programa-radio-walter-benjamin-demostraba-ensenar-jovenes-aburrido_1_12809857.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Walter Benjamin</a> y con la que Mayorga intenta torcer el cuello del ciudadano actual, gritarle a la oreja que no hay progreso y que sus verdades democr&aacute;ticas tan solo son otro credo. 
    </p><p class="article-text">
        El autor aboga por asumir ese paisaje yerto, ese jard&iacute;n de ceniza donde nada ha de brotar y fertilizarlo de otro modo, con una vegetaci&oacute;n distinta, aquella que surge de la ficci&oacute;n y la poes&iacute;a que estos personajes, peque&ntilde;os Quijotes perdidos, fundan con sus palabras. Sus parlamentos est&aacute;n cargados de im&aacute;genes de gran calado po&eacute;tico, de un mundo pret&eacute;rito que ilumina el presente.
    </p><p class="article-text">
        Destaca tambi&eacute;n en esta obra la fuerza de un joven Mayorga dispuesto a dar alg&uacute;n que otro directo. El autor, al igual que hiciera en <em>Himmelweg</em>, aborda esa &ldquo;zona gris&rdquo; de la que hablara Primo Levi en <em>Los hundidos y los salvados</em>, esa zona en la que las v&iacute;ctimas, en no pocas ocasiones, tambi&eacute;n ejercen de verdugos. Pero el autor decide hacerlo a trav&eacute;s de la figura de Ferrater, del poeta mitificado como h&eacute;roe. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/694e622c-a891-4922-bdb4-15b8edf9f104_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;El jardín quemado&#039; de Juan Mayorga en el Teatro de la Abadía"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;El jardín quemado&#039; de Juan Mayorga en el Teatro de la Abadía                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        De una manera delicada, pero furibunda, vemos como Ferrater, aparte de tratar con cierto desd&eacute;n de clase a sus compa&ntilde;eros, llega a desfigurar a uno de ellos, a Periquito Lila, el m&aacute;s guapo, porque no quiere &ldquo;compartirlo con nadie&rdquo;. &ldquo;Por celos le ha cortado el labio&rdquo;, se dice en la obra. Mayorga Con la fuerza de la alegor&iacute;a, pero a conciencia, Mayorga profana as&iacute; uno de los altares m&aacute;s sagrados de la izquierda de este pa&iacute;s para se&ntilde;alar lo perversa que resulta la memoria que tiende a idealizar, que reduce y simplifica el horror.
    </p><p class="article-text">
        <em>El jard&iacute;n quemado</em> es, en definitiva, uno de los grandes textos de este autor. Se emparenta con sus grandes obras sobre la historia, como <em>Himmelweg, camino del cielo</em> o <em>Cartas de amor a Stalin</em>. Huele al mejor Buero Vallejo, el de <em>La fundaci&oacute;n</em>. Y construye una dramaturgia enredad&iacute;sima, muy redonda, donde se desdibujan las identidades al mismo tiempo que se conflict&uacute;an los arquetipos morales con los que funcionamos. 
    </p><p class="article-text">
        Mayorga, adem&aacute;s, cada d&iacute;a dirige un poco mejor y el tempo de la puesta en escena, apoyado por una m&uacute;sica excepcional de Jaume Manresa, ayuda a una visi&oacute;n quieta y mesurada. Pero, tras ver la funci&oacute;n, se instala la duda de si el fino y complejo mecanismo filos&oacute;fico y teatral utilizado traspasa la platea. 
    </p><p class="article-text">
        Acabemos, en este teatro que reniega de la certeza, con otra duda: qu&eacute; hubiera pasado si Cas, ese &ldquo;loco&rdquo; que quiz&aacute; es Ferrater, el gran poeta, hubiera dicho su &uacute;ltimo y encendido mon&oacute;logo mirando al fondo de una fosa abierta en mitad del escenario. No es el teatro de Mayorga un teatro de la conmoci&oacute;n, pero quiz&aacute; esa confrontaci&oacute;n con el horror hubiera ayudado. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/juan-mayorga-reaviva-cenizas-memoria-historica-jardin-quemado_129_13271377.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7907c188-7a77-4a2f-930d-aee675b20627_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144448.jpg" length="508484" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7907c188-7a77-4a2f-930d-aee675b20627_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144448.jpg" type="image/jpeg" fileSize="508484" width="2195" height="1235"/>
      <media:title><![CDATA[Juan Mayorga reaviva las cenizas de la memoria histórica en 'El jardín quemado']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7907c188-7a77-4a2f-930d-aee675b20627_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144448.jpg" width="2195" height="1235"/>
      <media:keywords><![CDATA[Artes escénicas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['1936' gana el premio al Mejor espectáculo teatral en unos Max que reivindican la 'Tercera fuga' de Victoria Szpunberg]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/tercera-fuga-victoria-szpunberg-impone-premios-max-2026_129_13267424.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a21346c9-94f2-4def-b491-8955d718e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144326.jpg" width="1227" height="690" alt="&#039;1936&#039; gana el premio al Mejor espectáculo teatral en unos Max que reivindican la &#039;Tercera fuga&#039; de Victoria Szpunberg"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La obra del Teatre Nacional de Catalunya se lleva tres premios por encima de las producciones públicas de los centros nacionales madrileños como 'Fuenteovejuna', 'Orlando' o '1936'</p><p class="subtitle">Lista - Todos los ganadores de los premios Max 2026
</p></div><p class="article-text">
        Era la primera vez que los Premios Max aterrizaban en Extremadura y no pod&iacute;a ser en otro lugar que el gran Teatro Romano de M&eacute;rida. All&iacute; donde triunf&oacute; con 24 a&ntilde;os N&uacute;ria Espert con su <em>Medea</em>, volvi&oacute; Catalunya a imponerse con esta f&aacute;bula de la argentina Victoria Szpunberg en la que narra su historia familiar durante tres generaciones en las que la acci&oacute;n viaja de Ucrania a Buenos Aires y finalmente a Barcelona. La alegr&iacute;a no fue total porque el gran premio, Mejor espect&aacute;culo de teatro, recay&oacute; en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/1936-obra-guerra-civil-franco-no-hubiera-querido-vieran-espanoles_129_11864362.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>1936</em></a>, la obra dirigida por Andr&eacute;s Lima. Adem&aacute;s, en danza, la joven compa&ntilde;&iacute;a La Venidera se hizo con tres galardones por su personal y po&eacute;tica pieza, <em>No</em>.
    </p><p class="article-text">
        La gala, dirigida por la directora cacere&ntilde;a Cristina D. Silveira, que adem&aacute;s celebraba aniversario de su compa&ntilde;&iacute;a Karlik Danza, comenz&oacute; con una danza de ecos grecolatinos en la imagen y fusi&oacute;n musical con el medievo espa&ntilde;ol. Una t&oacute;nica que hilvan&oacute; esta correcta gala que quiz&aacute; se agarr&oacute; en demas&iacute;a a los grandes textos del teatro grecolatino <em>(Medea, Prometeo, Ant&iacute;gona o S&oacute;crates)</em> textos de gran fondo y enjundia, pero que tampoco son el alma de la fiesta.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que han sido unos premios salom&oacute;nicos. En danza un galard&oacute;n para la danza espa&ntilde;ola y flamenca de Juan Berlanga, Mejor int&eacute;rprete masculino por <em>Juancaballo</em>, su recreaci&oacute;n esc&eacute;nica del mito ubetense. Otro para la danza contempor&aacute;nea y colectiva del Mercat de les Flors de <em>Faula</em>. Y tres premios, para la sensaci&oacute;n de la temporada, La Venidera. Una compa&ntilde;&iacute;a que ha sabido renovar con esp&iacute;ritu y est&eacute;tica nueva la danza espa&ntilde;ola. Su espect&aacute;culo <em>No</em> se llev&oacute; el reconocimiento a la Mejor int&eacute;rprete femenina, a Irene Tena, Mejor coreograf&iacute;a y el premio gordo, Mejor espect&aacute;culo de danza.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o hab&iacute;a dos nuevos galardones, el Mejor elenco de danza antes mencionado y el Mejor elenco de teatro. Fue cuando lleg&oacute; este segundo, que se otorg&oacute; a <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/cultura/tercera-fuga-obra-arrasa-barcelona-apela-conciencia-historica-generacional_1_12329884.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>La tercera fuga</em></a><em>, </em>cuando se vio hacia donde iban a girar los premios. La producci&oacute;n catalana compet&iacute;a con dos elencos irrepetibles, la producci&oacute;n del Centro Dram&aacute;tico Nacional <em>1936</em> y la producci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a Nacional de Teatro Cl&aacute;sico<em>, Fuenteovejuna</em>. Finalmente, se lo llev&oacute; la catalana, una producci&oacute;n con actores de la talla de Emma Arquillu&eacute;, Anna Castells, Carles Pedragosa, Clara Segura Crespo, Sergi Torrecilla y Ton Vieira.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2061547327744053703?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo, Ton Vieira, se alz&oacute; adem&aacute;s con el premio al Mejor Actor, un premio merecido a este joven actor que canaliza toda la historia de Szpunberg. Pero el momento emotivo fue el premio a la Mejor actriz que recay&oacute; en la veterana Mona Mart&iacute;nez por su papel en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/lucia-carballal-confirma-creadoras-relevantes-teatro-espanol_129_12080004.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los nuestros</em></a>. Sus ojos al recibir la noticia revelaban la sorpresa al conseguir este premio ante otras dos grandes candidatas, Lidia Ot&oacute;n por su trabajo en <em>Los cuernos de Do&ntilde;a Friolera e</em> Irene Escolar por <em>Personas, lugares y cosas</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Mucha emoci&oacute;n en esta gran actriz que comenz&oacute; como bailarina, supo reconvertirse y lleva a&ntilde;os mostrando que es una de las grandes. Su papel en <em>Los nuestros</em> es claramente una de las interpretaciones m&aacute;s solventes y m&aacute;gicas del teatro en espa&ntilde;ol de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2061543819506589964?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/fuenteovejuna-brutal-grita-voz-feminista-guerras-violencia_129_12439803.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Fuenteovejuna</em></a>, que optaba a cinco premios, tuvo que conformarse con el premio a Mejor composici&oacute;n musical. No es un premio menor. Raquel Molano y los dos genios sevillanos de <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/musica/pony-bravo-cultura-sevillana-siempre_128_1178332.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pony Bravo</a> han dado a luz una creaci&oacute;n musical, tan primitiva como popular que ha sabido recoger los ecos de un pueblo en una soberbia mezcla de chalapartas, jotas y verdiales, &ldquo;quer&iacute;amos que fuese la m&uacute;sica de todos los pueblos&rdquo;, dijo Pablo Pe&ntilde;a al recoger la manzana. Una pena que este gran montaje, que ser&aacute; recordado durante a&ntilde;os, no tuviera mejor suerte.
    </p><p class="article-text">
        Fue la gran Anza Zamora quien recogi&oacute; el otro premio musical, el de Mejor espect&aacute;culo musical o l&iacute;rico, para esa rareza estupenda que es <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ana-zamora-estrena-monasterio-derruido-obra-teatro-fervientemente-creyente_129_12458228.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Hacia Ecos de lo sagrado</em></a>. La gran Ana Zamora quiso recordar a su compa&ntilde;era desaparecida Alicia L&aacute;zaro, pero tambi&eacute;n no dejar de se&ntilde;alar donde estamos: &ldquo;La realidad sigue superando la ficci&oacute;n. Ah&iacute;, a la vuelta de la esquina se sigue masacrando al pueblo de Palestina, &iexcl;Viva Palestina libre!&rdquo;, afirm&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo tambi&eacute;n premios cantados que se confirmaron como la iluminaci&oacute;n a Pedro Yag&uuml;e por <em>Blaubeeren</em> o los dos que se llev&oacute; la producci&oacute;n para el CDN de Marta Pazos sobre la novela de Virginia Woolf, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/nuevo-orlando-barroco-queer-recuerda-vigencia-obra-virginia-woolf_1_12262408.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Orlando</em></a>, que recogi&oacute; el de Mejor vestuario para Agust&iacute;n Petronio y el de Mejor dise&ntilde;o de espacio esc&eacute;nico para Blanca A&ntilde;&oacute;n que ya recogi&oacute; hace unas semanas similar galard&oacute;n en los Premios Tal&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Fue la noche tambi&eacute;n de Jes&uacute;s Cimarro, productor vizca&iacute;no que ha consolidado su emporio en Madrid y ahora tambi&eacute;n en M&eacute;rida donde precisamente dirige el Festival Internacional de Teatro Cl&aacute;sico de M&eacute;rida. Consigui&oacute; Cimarro el Premio Max de honor, un premio a su labor durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que desde 1988 se focaliz&oacute; con la empresa que fundara junto a El Brujo, Jose Luis Alonso de Santos y Gerardo Malla: Pentaci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        No es Cimarro un gran orador, pero dio un discurso s&oacute;lido sobre la importancia de la industria cultural teatral &ldquo;como motor econ&oacute;mico y social&rdquo;. Un premio, este de honor, que si en otras ediciones gener&oacute; emoci&oacute;n y grandes aplausos en el p&uacute;blico, en esta ocasi&oacute;n pas&oacute; sin pena ni gloria. Es lo que tienen los t&eacute;cnicos frente a los artistas.
    </p><h2 class="article-text">Lucia Carballal y Victoria Szpunberg acaban en tablas</h2><p class="article-text">
        Entre los mal llamados premios menores estuvieron, sin embargo, las grandes revelaciones de este a&ntilde;o. Elisa Forcano se hizo con el Mejor espect&aacute;culo revelaci&oacute;n por esa pieza conmovedora llamada <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/zorra-dorada-canto-salvaje-violacion-abuso-sexual_129_13047488.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Zorra Dorada</em></a>. Forcano que fue contundente al recoger el premio pidiendo que &ldquo;cese el abuso y la violencia a otros cuerpos&rdquo;, se hizo con este galard&oacute;n sobre otro de los grandes trabajos de este a&ntilde;o, el de las navarras Las Nenas Theatre, <em>Torcidxs</em>; y sobre una de las sensaciones de la cartelera madrile&ntilde;a, <em>Taxidermia</em> <em>de una alondra</em>, de Iv&aacute;n L&oacute;pez-Ortega, espect&aacute;culo este &uacute;ltimo que s&iacute; se llev&oacute; el de Mejor autor&iacute;a revelaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="twitter-tweet" data-lang="es"><a href="https://twitter.com/X/status/2061557820072300694?ref_src=twsrc%5Etfw"></a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script><p class="article-text">
        Muy emocionante fue tambi&eacute;n ver c&oacute;mo recib&iacute;a el premio a la Mejor adaptaci&oacute;n o versi&oacute;n de obra teatral o coreograf&iacute;a el espect&aacute;culo independiente, peque&ntilde;o pero poderoso, de Xavo Rodr&iacute;guez y su compa&ntilde;&iacute;a la Teta Calva por esa maravilla llamada <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/teta-calva-recupera-fahrenheit-451-bradbury-defender-pensamiento-critico-sociedad-adormecida_129_12725387.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Yo soy 451</em></a> en la que este valenciano hace una adaptaci&oacute;n tan esc&eacute;nica como literaria del cl&aacute;sico de Raya Bradbury <em>Fahrenheit 451</em>. Adem&aacute;s, Xavo Jim&eacute;nez no quiso dar las gracias a la SGAE ni a los jurados, sino que quiso dedicar su premio &ldquo;a los m&aacute;s importantes, a los maestros que se han levantado en pie de paz para pedir una escuela p&uacute;blica laica de calidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;combate&rdquo; de galardones que se estableci&oacute; entre dos de las mujeres que de manera m&aacute;s pujante est&aacute;n sobresaliendo en la escena se resolvi&oacute; en tablas. Victoria Szpunberg de <em>Tercera Fuga</em> y Lucia Carballal compet&iacute;an por dos galardones importantes. Szpunberg se hizo con el de Mejor autor&iacute;a teatral, pero fue Luc&iacute;a Carballal quien se llev&oacute; el de Mejor direcci&oacute;n de escena por <em>Los nuestros</em>. Al recoger el premio dio las gracias al Centro Dram&aacute;tico Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya por su apuesta por la dramaturgia contempor&aacute;nea y &ldquo;la posibilidad de que las mujeres estemos dirigiendo en las salas grandes con naturalidad&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144327.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_1144327.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144327.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_1144327.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg"
                    alt="El equipo de &#039;1936&#039;, Premio Max al Mejor espectáculo de teatro"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El equipo de &#039;1936&#039;, Premio Max al Mejor espectáculo de teatro                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La noche acab&oacute; en algarab&iacute;a con el gran premio, el de Mejor espect&aacute;culo de teatro, que recay&oacute; en <em>1936</em>, una de las obras m&aacute;s relevantes del &uacute;ltimo decenio, tanto teatral como socialmente. Esta obra, que ha girado por toda Espa&ntilde;a con m&aacute;s de 100 funciones, ha conseguido que esa otra historia, tan escondida para el gran p&uacute;blico, del auge del fascismo y la brutal represi&oacute;n durante y tras la Guerra Civil, fuera escuchada por miles de ciudadanos de todas las edades.
    </p><p class="article-text">
        Alfredo Sanzol, director del CDN, dedic&oacute; el espect&aacute;culo &ldquo;a todas aquellas personas que siguen enterradas en lugares desconocidos&rdquo;. Andr&eacute;s Lima, director del espect&aacute;culo, recordando aquella gala de 2003 acab&oacute; su discurso con un contundente: &ldquo;No a la guerra, viva Palestina libre&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/tercera-fuga-victoria-szpunberg-impone-premios-max-2026_129_13267424.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 22:15:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a21346c9-94f2-4def-b491-8955d718e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144326.jpg" length="126709" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a21346c9-94f2-4def-b491-8955d718e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144326.jpg" type="image/jpeg" fileSize="126709" width="1227" height="690"/>
      <media:title><![CDATA['1936' gana el premio al Mejor espectáculo teatral en unos Max que reivindican la 'Tercera fuga' de Victoria Szpunberg]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a21346c9-94f2-4def-b491-8955d718e8bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144326.jpg" width="1227" height="690"/>
      <media:keywords><![CDATA[Premios Max,Artes escénicas,Danza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos los ganadores de los premios Max 2026]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ganadores-premios-max-2026_1_13267340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg" width="971" height="546" alt="Todos los ganadores de los premios Max 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Los nuestros' de Lucía Carballal acapara dos premios, '1936' se alza como Mejor espectáculo de teatro y 'No' como Mejor espectáculo de danza</p><p class="subtitle">Crónica - '1936' gana el premio al Mejor espectáculo teatral en unos Max que reivindican la 'Tercera fuga' de Victoria Szpunberg</p></div><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo de teatro</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>1936</em> de Centro Dram&aacute;tico Nacional (CDN - INAEM), Checkin Producciones y El Terrat
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo de danza</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>No</em> de La Venidera, Centro Danza Matadero - Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocio, Festival Grec y Fira Mediterr&agrave;nia de Manresa
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo musical o l&iacute;rico</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Hacia ecos de lo sagrado</em> de Nao d'amores 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo de calle</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Gota</em> de Txema Mu&ntilde;oz 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo para p&uacute;blico infantil, juvenil o familiar</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>La Maestra</em> de Anita Maravillas &amp; Portal 71 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor espect&aacute;culo revelaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Zorra Dorada</em> de Elisa Forcano y Barbecho Productions 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor autor&iacute;a teatral</strong>
    </p><p class="article-text">
        Victoria Szpunberg y Albert Pijuan por <em>La tercera fuga</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor autor&iacute;a revelaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Iv&aacute;n L&oacute;pez-Ortega por <em>Taxidermia de una alondra</em>  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor adaptaci&oacute;n o versi&oacute;n de obra teatral o coreogr&aacute;fica</strong>
    </p><p class="article-text">
        Xavo Gim&eacute;nez por <em>Yo soy 451</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor composici&oacute;n musical para espect&aacute;culo esc&eacute;nico</strong>
    </p><p class="article-text">
        Raquel Molano, Pablo Pe&ntilde;a y Dar&iacute;o del Moral por <em>Fuenteovejuna</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor coreograf&iacute;a</strong>
    </p><p class="article-text">
        Irene Tena y Albert Hern&aacute;ndez por <em>No</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor dise&ntilde;o de producci&oacute;n privada</strong>
    </p><p class="article-text">
        El Aedo Teatro por <em>Poeta (perdido) en Nueva York </em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor direcci&oacute;n de escena</strong>
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a Carballal por<em> Los nuestros</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor dise&ntilde;o de espacio esc&eacute;nico y videoescena</strong>
    </p><p class="article-text">
        Blanca A&ntilde;&oacute;n por <em>Orlando</em> (dise&ntilde;o de espacio esc&eacute;nico) 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor dise&ntilde;o de vestuario</strong>
    </p><p class="article-text">
        Agust&iacute;n Petronio por <em>Orlando</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor dise&ntilde;o de iluminaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pedro Yag&uuml;e por <em>Blaubeeren</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor actriz</strong>
    </p><p class="article-text">
        Mona Mart&iacute;nez por <em>Los nuestros</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor actor</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ton Vieira por <em>La tercera fuga</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor int&eacute;rprete femenina de danza</strong>
    </p><p class="article-text">
        Irene Tena por<em> No </em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor int&eacute;rprete masculino de danza</strong>
    </p><p class="article-text">
        Juan Berlanga por <em>JUANCABALLO</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor elenco de danza</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Faula </em>de Roser L&oacute;pez Espinosa, Consorci Mercat de les Flors 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Mejor elenco de teatro</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>La tercera fuga</em> de Teatre Nacional de Catalunya
    </p><p class="article-text">
        <strong>Premio Max aplauso del p&uacute;blico (PREMIO ESPECIAL)</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Vuela </em>de Sara Baras
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[elDiarioes Cultura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/ganadores-premios-max-2026_1_13267340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jun 2026 22:07:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg" length="656451" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg" type="image/jpeg" fileSize="656451" width="971" height="546"/>
      <media:title><![CDATA[Todos los ganadores de los premios Max 2026]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/adc86212-c85b-45c3-b418-7d05a9745b9c_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144327.jpg" width="971" height="546"/>
      <media:keywords><![CDATA[Premios Max,Artes escénicas,Mérida]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Romeo y Julieta, amor entre abucheos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/romeo-julieta-amor-abucheos_129_13259107.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6949af9b-ac92-4f69-8cb2-1cfb641a6cd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144071.jpg" width="3161" height="1778" alt="Romeo y Julieta, amor entre abucheos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Teatro Real estrena, en una velada bronca, una versión de la ópera de Charles Gounod con puesta en escena del director de la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de París 
</p><p class="subtitle">Entrevista - Shego: “Si el PP no nos llama para tocar por decir lo que pensamos, qué pena, es lo que hay”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;C&oacute;mo hacer nuevamente una historia que todo el mundo conoce?&rdquo;, se preguntaba Thomas Jolly durante la rueda de prensa de <a href="https://www.eldiario.es/spin/amantes-babilonia-origen-romeo-julieta-shakespeare-mito-piramo-tisbe-pm_1_13165094.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Romeo y Julieta</em></a>. El nombre quiz&aacute;s les suene: fue el responsable de las ceremonias de <a href="https://www.eldiario.es/internacional/arrancan-juegos-paris-espectaculo-sena-gran-despliegue-seguridad-caos-causado-red-ferroviaria_1_11552390.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inauguraci&oacute;n</a> y clausura de los <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/cara-juegos-olimpicos-paris-desalojos-personas-hogar-trabajadores-papeles-obras_1_11366978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juegos Ol&iacute;mpicos de Par&iacute;s</a>. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; nos sigue emocionando aunque sepamos el final?&rdquo;, prosegu&iacute;a, en videoconexi&oacute;n desde el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/javis-premio-cannes-si-habia-duda-seguiremos-trabajando-premio_1_13246045.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">festival de Cannes</a>. &ldquo;Lo que atrapa al p&uacute;blico es la fuerza con la que estos enamorados luchan, con eso nos podemos identificar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El propio Jolly est&aacute; bien identificado con los personajes. Durante la cuarentena del COVID, el actor y director aprovech&oacute; que su apartamento ten&iacute;a dos balcones para representar junto a su pareja la c&eacute;lebre escena hom&oacute;nima de la obra de Shakespeare. La ocurrencia, como tantas otras de la pandemia, se viraliz&oacute;. Lleg&oacute;, incluso, a manos del director de la &Oacute;pera de la Bastilla, quien, ni corto ni perezoso, contact&oacute; con el joven <em>regista</em> para ofrecerle mejores medios que un tel&oacute;n improvisado con una persiana.
    </p><p class="article-text">
        Veinticinco &oacute;peras se han escrito sobre la manida historia de estos enamorados con parentelas enfrentadas. Algunas siguen al pie de la letra el argumento del bardo inmortal. Otras se toman licencias modernizadoras, como hiciera Leonard Bernstein en <a href="https://www.eldiario.es/catalunya/west-side-story-dudamel-sierra-florez-cierra-temporada-liceu-ritmos-latinos-ovacion-historica_129_12501652.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>West Side Story</em></a>. La de Charles Gounod se estren&oacute; en 1867 y es una versi&oacute;n sentimentaloide. En ella, desaparecen las tensiones sociales y pol&iacute;ticas, y el argumento se despacha entre cu&aacute;nto te quiero, cu&aacute;nto me quieres: mat&eacute;monos.
    </p><p class="article-text">
        Malos tiempos para programar semejante alegato en favor de amor rom&aacute;ntico desatado. &ldquo;Esta historia es un ox&iacute;moron&rdquo;, repet&iacute;an durante la presentaci&oacute;n sus responsables esc&eacute;nicos. &ldquo;Partiendo del t&iacute;tulo, <em>Romeo</em> &lsquo;y&rsquo; <em>Julieta</em>, que son dos personajes que no pueden estar juntos&rdquo;. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_50p_1144072.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_50p_1144072.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_75p_1144072.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_75p_1144072.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_default_1144072.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_default_1144072.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/972f2171-3778-4b26-8517-20c8cd4a8b78_16-9-aspect-ratio_default_1144072.jpg"
                    alt="Plano general de la escalera que lidera el inicio de la puesta en escena de &#039;Romeo y Julieta&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Plano general de la escalera que lidera el inicio de la puesta en escena de &#039;Romeo y Julieta&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Para escenificar estos imposibles, Jolly ha optado por incrustar en el escenario la gran escalinata de la &Oacute;pera Garnier, famoso mastodonte Estilo II Imperio, sabiendo que la producci&oacute;n se estrenar&iacute;a en la Bastilla, el moderno teatro sede de la &Oacute;pera Nacional de Par&iacute;s. El golpe de efecto, sospecho, tendr&aacute; m&aacute;s impacto en Francia. Para los madrile&ntilde;os que abarrotaron el Teatro Real durante el estreno de este mi&eacute;rcoles, la desproporcionada escalera no fue m&aacute;s que un armatoste giratorio que no sab&iacute;a estarse quieto.
    </p><h2 class="article-text">Historia de un descarrilamiento</h2><p class="article-text">
        La &oacute;pera, escrita antes de que la consigna &ldquo;ense&ntilde;a, no cuentes&rdquo; fuese predicada a los guionistas, comienza con un coro (a la manera de las tragedias griegas) que nos relata que en Verona hay una epidemia de peste y dos familias que se detestan. &ldquo;Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana&rdquo;. Y como en las pel&iacute;culas de <em>Star Wars</em>, casi nada de lo dicho vuelve a retomarse. Se alza el tel&oacute;n y aparecen m&eacute;dicos con m&aacute;scaras picudas desinfectando cad&aacute;veres con un sahumerio. Primera y &uacute;nica vez que sabemos del virus y de los doctores. El recurso narrativo, al caj&oacute;n de los descartes.
    </p><p class="article-text">
        Suma y sigue. Sobre el obstinado artefacto rotador, una multitud carnavalesca se agita como pose&iacute;da por el &ldquo;ritmo ragatanga&rdquo;. En las fiestas de los Capuleto, cada uno baila su m&uacute;sica imaginaria. Sin que sepamos ni c&oacute;mo ni por qu&eacute;, algunos Montesco se han colado a zampar canap&eacute;s, gula que podr&iacute;a costarles la vida. Fruto de esa osad&iacute;a, Julieta se cruza con Romeo y Cupido hace de las suyas. Diez minutos despu&eacute;s se confiesan sus apellidos. &ldquo;Est&aacute; decidido&rdquo;, proclama ella, &ldquo;si no puedo estar con &eacute;l, la tumba ser&aacute; mi lecho nupcial&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Admito que el desprop&oacute;sito consigui&oacute; ilusionarme. Con un libreto tan absurdo y lleno de clich&eacute;s &mdash;pens&eacute;&mdash;, habr&aacute;n decidido pisar el acelerador y vamos derechitos hacia un descarrilamiento. Qu&eacute; ingenuo. Una hora despu&eacute;s, la escalinata de cart&oacute;n piedra segu&iacute;a dando vueltas, lo irracional no pasaba de hortera, y los elementos escenogr&aacute;ficos se suced&iacute;an m&aacute;s por demostrarnos que se dispon&iacute;a de ellos que porque tuvieran sentido. Hubo peleas a puerrazos, un fraile bot&aacute;nico entrando en barca por lo seco, trajes cargados de espejitos, novias derviches, coreograf&iacute;as imposibles, toda clase de distracciones que dificultaban atender a la m&uacute;sica, confeti a destiempo y un d&uacute;o protagonista al que la qu&iacute;mica le sali&oacute; a deber.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_50p_1144073.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_50p_1144073.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_75p_1144073.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_75p_1144073.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_default_1144073.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_default_1144073.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b54cb692-11ae-4d4e-82f9-687f26cffa89_16-9-aspect-ratio_default_1144073.jpg"
                    alt="Javier Camarena (Roméo), Nadine Sierra (Juliette) y Sonia Ganassi (Gertrude) en &#039;Romeo y Julieta&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Javier Camarena (Roméo), Nadine Sierra (Juliette) y Sonia Ganassi (Gertrude) en &#039;Romeo y Julieta&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Viendo el guirigai, el p&uacute;blico se anim&oacute; a participar. Durante toda la funci&oacute;n, los aficionados de las localidades m&aacute;s elevadas interrumpieron la m&uacute;sica a gritos, molestos tras quedar cegados a causa de una iluminaci&oacute;n que, en t&eacute;rminos generales, tampoco ten&iacute;a ni pies ni cabeza. Al concluir el entreacto, Carlo Rizzi (el director musical), fue recibido con abucheos que volvieron a repetirse al final de la funci&oacute;n, junto a la tradicional pitada que este teatro suele reservar al director de escena (tuvo el valor de salir primero en solitario para recibir los primeros golpes) y al resto de su equipo.
    </p><h2 class="article-text">Ni la m&uacute;sica ni la dramaturgia</h2><p class="article-text">
        <em>Romeo y Julieta</em> es una &oacute;pera insostenible porque la protagoniza gente que todav&iacute;a no ha merendado junta, pero que est&aacute; dispuesta a sacrificarse en el altar de un amor que ni es digno de ese nombre. &ldquo;Qu&eacute; dulce instante. Qu&eacute; alegr&iacute;a infinita y despu&eacute;s morir contigo&rdquo;. Para que medio funcione, tanto la m&uacute;sica como la dramaturgia deben convencernos de que sus protagonistas est&aacute;n enajenados. Podr&iacute;an, no s&eacute;, haber ubicado la acci&oacute;n en un frenop&aacute;tico y ser&iacute;a m&aacute;s cre&iacute;ble que en esa Verona de pestes intermitentes, en la que los cuellos con gola conviven con linternas a pila y esquifes con ruedas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_50p_1144074.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_50p_1144074.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_75p_1144074.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_75p_1144074.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_default_1144074.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_default_1144074.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cc6ffb5f-c4f7-4c5c-8897-526038acc3a1_16-9-aspect-ratio_default_1144074.jpg"
                    alt="La soprano Nadine Sierra, intérprete de Julieta en el Teatro Real"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La soprano Nadine Sierra, intérprete de Julieta en el Teatro Real                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Perezosamente, esta propuesta despliega la serie de hitos que necesita la obra (la fiesta, el encuentro de los amantes, el repentino enamoramiento, la boda secreta, el duelo con muerto, el destierro de Romeo, el casamiento forzoso con un arist&oacute;crata por voluntad de un hermano cad&aacute;ver, la muerte fingida, el plan que sale mal, el suicidio felic&iacute;simo) como una lista de ep&iacute;grafes a completar m&aacute;s que como episodios de un mismo itinerario narrativo que deben sucederse con una m&iacute;nima naturalidad. Tampoco termina de entenderse la apuesta est&eacute;tica de Jolly. Por qu&eacute;, tras el entreacto, el desparpajo esquizoide de la primera parte deja paso a un minimalismo injustificado. Nos quedan, eso s&iacute;, las danzas incomprensibles. Algo es algo.
    </p><p class="article-text">
        Yendo a lo musical, la direcci&oacute;n de Rizzi fue aburrid&iacute;sima y no logr&oacute; ofrecernos ni un triste momento de tensi&oacute;n. Teniendo sobre la escena a dos j&oacute;venes tan fogosos, parecer&iacute;a que hab&iacute;an repartido calmantes. En las voces, Nadine Sierra fue muy superior a su contraparte, encarnada por Javier Camarena. La soprano estadounidense, bien es verdad, tiene un rol mucho m&aacute;s lucido. 
    </p><p class="article-text">
        Los agradecimientos hay que d&aacute;rselos a la se&ntilde;ora Miolan-Carvalho (primera cantante en interpretar el papel y esposa del empresario que patrocinaba la funci&oacute;n) que logr&oacute; que Gounod le alicatase la partitura con arias de lucimiento. La pareja empasta mal y al tenor no se le vio c&oacute;modo en ese papel, por m&aacute;s que arrancase un par de aplausos con sus notas de pecho. El resto del elenco se reparte papeles menores y ninguno consigui&oacute; lucirse demasiado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joaquín Jesús Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/romeo-julieta-amor-abucheos_129_13259107.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 04:02:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6949af9b-ac92-4f69-8cb2-1cfb641a6cd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144071.jpg" length="877723" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6949af9b-ac92-4f69-8cb2-1cfb641a6cd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144071.jpg" type="image/jpeg" fileSize="877723" width="3161" height="1778"/>
      <media:title><![CDATA[Romeo y Julieta, amor entre abucheos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6949af9b-ac92-4f69-8cb2-1cfb641a6cd3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144071.jpg" width="3161" height="1778"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ópera,Madrid,Música]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luz Arcas pone patas arriba la Compañía Nacional de Danza abriéndose por fin a la contemporánea]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/luz-arcas-pone-patas-compania-nacional-danza-abriendose-contemporanea_129_13257949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9c6012af-93b2-4150-b5f5-9e7606f3755d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2805y6300.jpg" width="1200" height="675" alt="Luz Arcas pone patas arriba la Compañía Nacional de Danza abriéndose por fin a la contemporánea"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El estreno de dos piezas creadas por Luz Arcas y KOR’SIA revoluciona la institución en una jornada histórica en el Centro de Danza Matadero</p><p class="subtitle">La Audiencia Nacional anula la absolución de Ana Duato y su marido Miguel Ángel Bernardeau por fraude fiscal
</p></div><p class="article-text">
        La jornada era hist&oacute;rica y eso se palpaba en las butacas a rebosar del Centro de Danza Matadero. La nueva directora de la Compa&ntilde;&iacute;a, Muriel Romero, cumpl&iacute;a con el proyecto por el que fue elegida: <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/muriel-romero-nueva-directora-dispuesta-revolucionar-compania-nacional-danza-bailar_1_12306133.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Aqu&iacute; se va a bailar de todo&rdquo;,</a> dec&iacute;a Romero a este peri&oacute;dico justo hace un a&ntilde;o al presentar su programa. Y as&iacute; fue. Los bailarines de la CND presentaron un programa doble titulado <em>Struere</em> en el que demostraron que tambi&eacute;n pueden adentrarse m&aacute;s all&aacute; del repertorio y los c&aacute;nones de belleza imperantes en el <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alberto-velasco-bailarin-hay-ausencia-total-referentes-cuerpos-gordos_1_13251367.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ballet</a>. Hist&oacute;rica jornada en la que destac&oacute; el trabajo de encarnaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/luz-arcas-mira-frente-ancianos-abandonados-residencias-ultima-obra-danza_129_10721881.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luz Arcas</a>. 
    </p><p class="article-text">
        El comienzo de la pieza de Arcas, <em>Masa,</em> es toda una declaraci&oacute;n de principios. Los bailarines extendidos en el suelo unos sobre otros, como si formaran un tejido celular, comenzaron a vibrar, a moverse, a cobrar vida. Una vida nueva que se desplegar&iacute;a durante cuarenta minutos y que llev&oacute; a esta compa&ntilde;&iacute;a formada para la representaci&oacute;n y la destilaci&oacute;n bella, a un universo paralelo. 
    </p><p class="article-text">
        Arcas despliega en esta pieza una concepci&oacute;n de la belleza y el movimiento dis&iacute;mil, casi contraria, a la de la danza tradicional con la que la CND se identifica. Y es que la danza de esta malague&ntilde;a nace de otro manantial. Frente a la t&eacute;cnica, la necesidad. Frente al movimiento definido, la estela tras su desaparici&oacute;n. Frente al canon de belleza estilizado, la contemplaci&oacute;n del temblor. Frente a la representaci&oacute;n del movimiento, la encarnaci&oacute;n. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_50p_1144032.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_50p_1144032.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_75p_1144032.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_75p_1144032.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_default_1144032.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_default_1144032.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ebed2472-0935-442d-bf46-debf89bf9d3b_16-9-aspect-ratio_default_1144032.jpg"
                    alt="El cuerpo de baile de la Compañía Nacional de Danza en el programa &#039;Struere&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El cuerpo de baile de la Compañía Nacional de Danza en el programa &#039;Struere&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Rebotes en el suelo. Nunca una pierna en alto. Nunca un brazo extendido componiendo figura. Y siempre una energ&iacute;a que surge de la entra&ntilde;a, del interior de los cuerpos, como la constataci&oacute;n de que el ser humano, all&iacute; donde est&eacute;, siempre tendr&aacute; la necesidad de trascender. 
    </p><h2 class="article-text">Desaprender como f&oacute;rmula de &eacute;xito</h2><p class="article-text">
        Es tal la distancia de la danza de Arcas respecto a la tradici&oacute;n de esta compa&ntilde;&iacute;a creada en 1978 que no es dif&iacute;cil imaginar el esfuerzo de desaprendizaje que han llevado a cabo sus int&eacute;rpretes. Por eso, es de alabar la entrega de los quince bailarines que eran los que m&aacute;s arriesgaban al exponerse a modos, maneras y movimientos que no dominaban y que los trasladaba a un territorio mucho m&aacute;s vulnerable. 
    </p><p class="article-text">
        En la pieza los bailarines se entregan a los movimientos caracter&iacute;sticos de La <a href="https://www.eldiario.es/murcia/municipios/espectaculo-danza-gran-emocion-politica-llega-teatro-villa-molina_1_6385897.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pharmaco</a>, la compa&ntilde;&iacute;a de Arcas, donde la pelvis y el rostro se descompasan y se vuelven parte de un cuerpo roto que siempre busca un centro sin encontrarlo. Movimientos rotos, pero de gran pertinencia, que el bailar&iacute;n debe encontrar, no ejecutar. Esa es quiz&aacute; la gran diferencia entre la danza codificada y la de Arcas. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, la core&oacute;grafa se ha hecho acompa&ntilde;ar para la ocasi&oacute;n por su equipo habitual. La dramaturgia de Rafael Paniagua, la exquisita r&iacute;tmica del sonido envolvente de Xabier Erquizia, la escenograf&iacute;a escueta y vac&iacute;a de Victoria Aim&eacute; y Natividad Mart&iacute;n; y las potentes luces de claroscuro de Jorge Colomer ayudaron para que la propuesta adquiriese el tono tenso de ritual at&aacute;vico que Arcas ha querido darle a la pieza. 
    </p><h2 class="article-text">La multitud como peque&ntilde;a revoluci&oacute;n</h2><p class="article-text">
        Es curioso que Arcas haya elegido el concepto de multitud, de masa, para esta peque&ntilde;a revoluci&oacute;n. Un concepto a trav&eacute;s del cual lleg&oacute; la modernidad al arte. En la pintura, Goya encontr&oacute; un nuevo trazo en esas aglomeraciones de pueblo ante un aquelarre o una plaza de toros. En literatura fue a trav&eacute;s de ese concepto que <a href="https://www.eldiario.es/spin/misteriosa-muerte-escritores-excelencia-literatura-terror-precursor-novela-policiaca-edgar-allan-poe-pm_1_12664475.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Edgar Allan Poe</a> primero y Baudelaire despu&eacute;s instauraron la figura del hombre moderno. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, Arcas se basa en el libro de Elias Canetti, <em>Masa y poder</em>, de raigambre m&aacute;s antropol&oacute;gica y contexto m&aacute;s pol&iacute;tico. Canetti escribi&oacute; durante a&ntilde;os este libro mientras vio Europa sucumbir ante el fascismo. La masa manipulada por un l&iacute;der, llevada al matadero o inducida a ejercer la violencia m&aacute;s irracional. Arcas entiende el libro del b&uacute;lgaro como un texto casi coreogr&aacute;fico en el que Caneti va describiendo esa aglomeraci&oacute;n de individuos que unas veces ser&aacute; abierta, otras cerrada, otras r&iacute;tmica, otras m&aacute;s retenida. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9e1eeed7-216f-4e37-97c8-c2b10d6b6c4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Los bailarines de la Compañía Nacional de Danza en el espectáculo &#039;Masa&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Los bailarines de la Compañía Nacional de Danza en el espectáculo &#039;Masa&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La pieza es un estudio de ese ente de cuerpos donde el movimiento se contagia y la energ&iacute;a se transmite y se transforma. Pero Arcas anda oscura, con ojos que tienden a lo negro. Esta masa que nos presenta, no ser&aacute; festiva, no estar&aacute; conformada de individualidades en torbellino. No tendr&aacute; la atracci&oacute;n del pogo o la rave, por ejemplo. En ella, el individuo tender&aacute; a la uniformidad de tono marcial e incluso religioso donde reinar&aacute; la atracci&oacute;n por la pertenencia. 
    </p><p class="article-text">
        Esta masa de Arcas es quiz&aacute; el final de aquella que abri&oacute; el concepto de la modernidad a mediados del XIX. Una masa donde aparece un espacio que mira a este presente virtual sin cuerpos donde las multitudes chillan pero nada cambia. 
    </p><h2 class="article-text">La renovaci&oacute;n de 'Tablero'</h2><p class="article-text">
        La otra pieza, <em>Tablero</em>, de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/muriel-romero-nueva-directora-dispuesta-revolucionar-compania-nacional-danza-bailar_1_12306133.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">KOR&rsquo;SIA</a>, si bien es ecl&eacute;ctica en los estilos de baile, donde se yuxtaponen movimientos de danza neocl&aacute;sica con una danza m&aacute;s urbana o incluso con t&eacute;cnicas cercanas al contact, no supuso una ruptura con el universo del movimiento de esta compa&ntilde;&iacute;a. Russo y De Rosa fueron bailarines de la CND y su visi&oacute;n de la danza emparenta sin dificultad con la concepci&oacute;n y la t&eacute;cnica de los bailarines de la Compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>Tablero</em>, sin embargo, s&iacute; supuso una renovaci&oacute;n est&eacute;tica a trav&eacute;s de la entrega de estos dos creadores a una imaginaci&oacute;n desbordante. En ella, los dos creadores italianos despliegan un crisol de im&aacute;genes donde se juntan diferentes &eacute;pocas hist&oacute;ricas. Una m&aacute;s urbana y otra que evocaba el siglo por excelencia espa&ntilde;ol, el XVI. Aire fresco para esta nueva CND lleno de eclecticismo y libertad visual que, sin embargo, no lleg&oacute; a materializarse del todo. Una posible explicaci&oacute;n de ello fue la creaci&oacute;n de ciertas im&aacute;genes, como esa princesa de &Eacute;boli comi&eacute;ndose una barra de pan, o ese Felipe II a caballo expuesto espectacularmente, quiz&aacute; demasiado, a contraluz. Im&aacute;genes impactantes que buscaban una destilaci&oacute;n sofisticada que sintetizase la mezcla de tradici&oacute;n y modernidad, pero que no cogieron sitio, unas veces por el tratamiento de luz y espacio, otras por ciertas coreograf&iacute;as planas y poco limpias. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4d1c3a5d-388e-480f-b6b8-f334a5b9537f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="&#039;Tablero&#039; lleva la danza contemporánea a la Compañía Nacional de Danza"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                &#039;Tablero&#039; lleva la danza contemporánea a la Compañía Nacional de Danza                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Uno de los momentos m&aacute;s emocionantes de la pieza fue cuando la voz de Ni&ntilde;o de Elche cant&oacute; la <em>Nana del caballo grande</em> que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/espana-arde-alguien-dice-fascismo-asesino-lorca-maricon_129_13251683.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Federico Garc&iacute;a Lorca</a> escribiera para su <em>Bodas de sangre</em> siguiendo la musicalizaci&oacute;n que hiciera el gran Camar&oacute;n. La pieza acab&oacute; en una coreograf&iacute;a energ&eacute;tica, llena de plenitud vital que levant&oacute; el &aacute;nimo de la platea. 
    </p><h2 class="article-text">Bienvenida a la danza contempor&aacute;nea</h2><p class="article-text">
        Acab&oacute; as&iacute; una jornada memorable, quiz&aacute; no tanto en resultados, pero s&iacute; en arrojo hacia el futuro y valent&iacute;a. Los amantes del ballet nada tienen que temer. La CND seguir&aacute; haciendo repertorio, as&iacute; lo ha demostrado Muriel Romero con programas como <em>NumEros</em> (con coreograf&iacute;as de Balanchine, Godani y Forsythe) o con su &uacute;ltima propuesta en torno al core&oacute;grafo del siglo XIX Marius Petipa donde la compa&ntilde;&iacute;a bail&oacute; las piezas de Paquita y Raymonda Divertimento. Ambas piezas que la CND sigue bailando. 
    </p><p class="article-text">
        Pero este programa doble, en que entraba por primera vez la danza contempor&aacute;nea en la casa de todos, era un primer paso necesario. Ahora, est&aacute;n por llegar los siguientes, que se adivinan tan irrenunciables como delicados. Habr&aacute; resistencias, habr&aacute; debate y ser&aacute; esencial ya no solo los nombres de los creadores a quienes se invite, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo se cuide cada proyecto, el tiempo y el mimo que se les otorgue para que realmente permee en esta compa&ntilde;&iacute;a la necesidad de otros lenguajes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Caruana Húder]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/luz-arcas-pone-patas-compania-nacional-danza-abriendose-contemporanea_129_13257949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 May 2026 19:54:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9c6012af-93b2-4150-b5f5-9e7606f3755d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2805y6300.jpg" length="22321839" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9c6012af-93b2-4150-b5f5-9e7606f3755d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2805y6300.jpg" type="image/jpeg" fileSize="22321839" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Luz Arcas pone patas arriba la Compañía Nacional de Danza abriéndose por fin a la contemporánea]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9c6012af-93b2-4150-b5f5-9e7606f3755d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2805y6300.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Danza,Danza contemporánea,Ballet,Matadero Madrid]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alberto Velasco, bailarín: "Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alberto-velasco-bailarin-hay-ausencia-total-referentes-cuerpos-gordos_1_13251367.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a0573637-f4b2-4012-83c2-0f7479968e11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Alberto Velasco, bailarín: &quot;Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El también actor y coreógrafo estrena 'Sacresize' en los Teatros del Canal, una celebración y reivindicación de la gorditud: "El algoritmo favorece una hegemonía corporal que direcciona el deseo"</p><p class="subtitle">La Audiencia Nacional anula la absolución de Ana Duato y su marido Miguel Ángel Bernardeau por fraude fiscal
</p></div><p class="article-text">
        El bailar&iacute;n y core&oacute;grafo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alberto-velasco-caida-resurreccion-bailarin_1_9010724.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alberto Velasco</a> detect&oacute; hace tiempo una necesidad que part&iacute;a de numerosas experiencias con las que, como persona <a href="https://www.eldiario.es/era/combatir-gordofobia-filosofa-kate-manne-mujer-nina-gorda-peores-insultos-posibles_1_13032628.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gorda</a>, ha tenido que lidiar a lo largo de su vida: ver un escenario lleno de cuerpos gordos. El <em>performer</em> ha elaborado su propia respuesta a estas heridas culturales y sociales, que van desde ser considerado &ldquo;un animal mitol&oacute;gico&rdquo; en las compa&ntilde;&iacute;as de danza normativas, o solamente poder participar en obras si era en solitario. Adem&aacute;s de por supuesto, ni por asomo aspirar a formar parte de una compa&ntilde;&iacute;a como la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/muriel-romero-nueva-directora-dispuesta-revolucionar-compania-nacional-danza-bailar_1_12306133.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Nacional</a>.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es su espect&aacute;culo <em>Sacresize</em>, que llega este mi&eacute;rcoles a los Teatros del Canal de Madrid, donde recodifica los signos del ballet cl&aacute;sico y contempor&aacute;neo glorificando la sensibilidad y belleza de la gorditud. Lo hace al ritmo de <em>La Consagraci&oacute;n de la Primavera</em> de Stravinski, en una rabiosa celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es un cuerpo gordo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando lanzamos la convocatoria dijimos que era para personas que se identificaran como gordas y que hubieran tenido alg&iacute;un tipo de relaci&oacute;n con la danza, ya fuera amateur o profesional. Hubo quienes mandaron v&iacute;deos que desde mi lectura no entend&iacute;a que fueran gordas, pero ellas se percib&iacute;an como tal. 
    </p><p class="article-text">
        Un cuerpo es gordo siempre en comparaci&oacute;n a algo. Es un constructo, que est&aacute; barnizado por el sistema, el capitalismo y todos los que les conviene mantener esta narrativa de que los cuerpos gordos son enfermos, y poner un cuerpo gordo siempre en continua evoluci&oacute;n de ser otro que nunca alcanzar&aacute;. Ese deseo de ser otro constante hace que nunca est&eacute;s a gusto en tu cuerpo y que hagas lo que sea, desde <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/farmacos-ozempic-combatir-adiccion-tabaco-drogas-alcohol_1_13042877.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ozempic</a>, operaciones. 
    </p><p class="article-text">
        Que me parece bien tambi&eacute;n, porque estar ah&iacute; fuera es dificil&iacute;simo. Vive sin caber en los autobuses, en los tornos del metro, que la gente no se siente a tu lado en el avi&oacute;n, las tiendas de ropa, la publicidad. Es una violencia constante.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9ff8f72c-ae63-4587-a657-4c67c8efe10d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Una de las escenas de &#039;Sacresize&#039;, la nueva obra de Alberto Velasco"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Una de las escenas de &#039;Sacresize&#039;, la nueva obra de Alberto Velasco                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Se acaba interiorizando que hay espacios que no puedes ocupar, y cosas que no puedes hacer. Si se mantiene as&iacute; es porque est&aacute; ganando con ello pero, &iquest;no es muy cruel?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Absolutamente, pero a la vez qu&eacute; inteligente, porque el cuerpo es nuestra manera de estar en el mundo. Cambiarlo no es del d&iacute;a a la noche, ni de la noche a la ma&ntilde;ana. Y el proceso de aceptaci&oacute;n es muy dif&iacute;cil. Como el sistema es tan cabr&oacute;n, porque no es un conjunto de constructos, es dificil&iacute;simo desaprenderlo. Y luego est&aacute; lo que la sociedad permite que haga un cuerpo gordo. Cuando un cuerpo gordo se desarrolla en algo que la sociedad no est&aacute; acostumbrada a ver, hay una extra&ntilde;eza y rechazo absoluto. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En las compañías normativas el bailarín gordi es un animal mitológico</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alberto Velasco</span>
                                        <span>—</span> Coreógrafo y bailarín
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>A&ntilde;adido a la percepci&oacute;n de que estar gordo est&aacute; ligado a no estar sano.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y es que no lo est&aacute;. A los humanos se nos dice que todos tenemos que ser de una determinada manera. En las redes sociales es muy perverso c&oacute;mo el algoritmo favorece, adem&aacute;s de al fascismo, a una hegemon&iacute;a corporal que direcciona el deseo, la sensualidad, todo. Me asusta tambi&eacute;n por c&oacute;mo se sobreentiende que estar delgado signifique per se algo mejor, como si garantizase estar sano. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Va a llenar un escenario de cuerpos gordos, algo que tampoco es habitual en pantalla, ni mucho menos. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Es demoledor. El <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ficcion-empieza-hueco-personajes-gordos-representacion-sigue-lejos-realidad_1_11887726.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Observatorio de la Diversidad de Medios Audiovisuales</a> refleja cada a&ntilde;o la falta de inclusi&oacute;n de personajes gordos. Siempre son secundarios, hay muy pocos protagonistas, y menos en los que su existencia no tenga que ver con su cuerpo, asociado a lo negativo siempre. Las personas gordas somos personas felices, completas, sanas, deportistas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El algoritmo favorece una hegemonía corporal que direcciona el deseo</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alberto Velasco</span>
                                        <span>—</span> Bailarín y coreógrafo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Esta exclusi&oacute;n afecta igualmente a lo sexual y sentimental. Como si las personas gordas ni se enamoraran, mantuvieran relaciones sexuales ni se masturbaran.</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. En la gorditud hay una experiencia compartida de ser el amante, para cumplir las fantas&iacute;as, pero no ser pareja. Sucede much&iacute;simo. O estar con personas que tienen obsesi&oacute;n por los cuerpos gordos, un fetiche y ya est&aacute;, lo &uacute;nico que le interesa de ti es tu cuerpo, la masa. Luego hay frases como &ldquo;yo te quiero a pesar de tu cuerpo&rdquo;, que ojo a lo que se esconde ah&iacute;. Como que &eacute;l entiende que ese cuerpo no es deseable, pero te quiere tanto que hasta lo desea. 
    </p><p class="article-text">
        Si el constructo social estuviera m&aacute;s relajado, la seducci&oacute;n tambi&eacute;n ir&iacute;a hacia otro lado. Y no solo entendida como ganas de follarse a alguien, lleva a otros sitios, como a un espect&aacute;culo. El arte es muy seductor, una conversaci&oacute;n puede serlo. Se ensanchar&iacute;a mucho m&aacute;s el mundo. Las redes sociales han hecho mucho da&ntilde;o en el consumo de cuerpos y hay mucho ratio de cuerpos desnudos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/dee53b7d-3d96-4a72-9996-dc5465aa147d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El espectáculo &#039;Sacresize&#039; celebra y reivindica la belleza de la gorditud en los Teatros del Canal"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El espectáculo &#039;Sacresize&#039; celebra y reivindica la belleza de la gorditud en los Teatros del Canal                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>En la obra aborda lo que califica como 'terrorismo corporal', &iquest;qu&eacute; es?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Empec&eacute; a caer en la cuenta de que pod&iacute;a catalogarlo como tal al leer a muchos activistas y fil&oacute;sofos gordis, que suelen ser siempre latinoamericanes, no binaries y queer, que hablan de terrorismo corporal porque es un estado de sitio. Todo el sistema est&aacute; permeado interseccionalmente de violencias para que las personas vivamos aterradas, frustradas y avergonzadas de nuestros cuerpos desde todos los estratos sociales. En el colegio, la familia, la sociedad, el amor e incluso la intimidad de nuestra pareja. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso es un estado de sitio, no hay descanso. Es violencia constante aunque est&eacute;s solo. Est&aacute; en nuestro ADN. No se puede escapar. Yo entiendo que esto es una convivencia hasta el final de mis d&iacute;as. Hemos asumido estas violencias, que tambi&eacute;n cuentan con el cuerpo es &iacute;ntimo y vulnerable. Hay d&iacute;as en los que est&aacute;s menos fuerte que otros, en los que te bajas de la burra y dices &ldquo;hoy me tapo&rdquo;, incluso &ldquo;hoy no salgo de casa&rdquo;, &ldquo;hoy no me enamoro&rdquo;. Nos cerramos a vivir experiencias.
    </p><p class="article-text">
        El rechazo es continuo y lo digo sin victimismo, son cosas que suceden. Y las violencias no son solo contra los gordos. Las personas delgadas tambi&eacute;n escapan de los cuerpos gordos. Tengo amigas actrices que no pueden engordar, que si tienen un hijo los productores les dejan en barbecho dos a&ntilde;os hasta que vuelvan a sus cuerpos originales. Y hemos asumido que esto es normal. Igual que la gente que solo cogen para puestos que no est&eacute;n de cara al p&uacute;blico. Hay mucha <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/discriminacion-social-laboral-afectiva-personas-gordas-hecho-existir-dicen-cuerpo-no-valido_1_10124057.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">violencia laboral</a>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Empezando por los programas de televisi&oacute;n, ah&iacute; est&aacute; </strong><em><strong>Supervivientes</strong></em><strong>, que muchos califican como la mejor forma de hacer dieta porque todos los concursantes adelgazan. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Incluso los gordos hemos dicho alguna vez &ldquo;ojal&aacute; pillara una gastroenteritis&rdquo;. Est&aacute; a la orden del d&iacute;a queremos enfermar para perder unos kilos. Hay muy poca visibilidad gorda en los espacios p&uacute;blicos, de la televisi&oacute;n al Congreso de los Diputados. Por eso me parece importante ocupar el espacio. Somos cuerpos grandes y nos invisibilizamos nosotros mismos. No. Ocupemos nuestro espacio. Deber&iacute;a haber 18 Lalachus.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay muy poca visibilidad gorda en los espacios públicos, de la televisión al Congreso de los Diputados</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alberto Velasco</span>
                                        <span>—</span> Bailarín y coreógrafo
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo trabaj&oacute; su propia aceptaci&oacute;n? &iquest;Estar&iacute;a bien que se nos hablara de esto desde el colegio?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es importante tratarse bien y ser amable con el cuerpo. Entender que si hoy es un d&iacute;a de mierda se pasar&aacute; y habr&aacute; uno que ser&aacute; maravilloso. Ya est&aacute;. Sin machacarse. Nos ha tocado vivir en una sociedad muy machacona con nosotros mismos. Con el cuerpo, con tu oficio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por el contrario, existe a su vez mucho paternalismo e infantilizaci&oacute;n sobre las personas gordas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hemos vivido con eso. &iquest;C&oacute;mo es el tratamiento de la gordura en <em>Friends</em>? Hay que tener un pel&iacute;n m&aacute;s de cuidado con el discurso. Tambi&eacute;n vienen a decirnos esto de que ahora no se puede re&iacute;r uno de nada. No, hay que tener otra mirada, entrenarse hacia otro sitio. Se puede hacer humor de muchas maneras, sin re&iacute;rte de los gordos, de los maricas y de las trans. Rel&aacute;jense, se&ntilde;ores, que se van a seguir riendo. No os vamos a quitar la alegr&iacute;a de vivir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hay mucho interiorizado de lo que no nos hemos dado cuenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque est&aacute; instalado ah&iacute;. Tengo la sensaci&oacute;n de que hemos vivido en una burbuja, del <a href="https://www.eldiario.es/era/eterno-retorno-culto-delgadez-extrema_129_10572891.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'body neutral'</a>, del <a href="https://www.eldiario.es/era/no-paro-compararme-cuerpos-caras-maquillajes-veo-redes-salgo-bucle_129_13055557.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'body positive'</a>, &iquest;eso d&oacute;nde est&aacute;? Estamos en 'heroin chic' otra vez y es peligros&iacute;simo. Luego nos sorprende que haya anorexias, bulimias de todo tipo, &iquest;pero c&oacute;mo te va a sorprender? Si es que nos empujamos a eso, a tener trastornos alimenticios. &iquest;No te parece que es suficiente como para relajar la marcha al respecto y ser un poquito m&aacute;s amable?
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/faca9a96-7a8f-4ca0-888a-b6a53bab6fe8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El actor, bailarín y coreógrafo Alberto Velasco, artífice de &#039;Sacresize&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El actor, bailarín y coreógrafo Alberto Velasco, artífice de &#039;Sacresize&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Claro, porque mientras piensas en la dieta que vas a hacer ejercicio, no piensas en la precariedad o la crisis de la vivienda. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Absolutamente, es la domesticaci&oacute;n. Nos necesitan as&iacute; de alienados. Y es una f&oacute;rmula magistral porque el cuerpo es nuestra manera de estar en el mundo. Nos tienen agarrados por los huevos. Pidiendo perd&oacute;n por existir. Siempre queremos ocupar muy poco espacio en los espacios p&uacute;blicos. Tendemos a comer siempre de cara a la pared. Tenemos cosas aprendidas como sentarnos en los asientos individuales del autob&uacute;s. Nos quedamos de pie en el metro porque nadie se sienta a nuestro lado o si lo hace resopla. Te llaman gordo desde un coche. No nos sentamos en terrazas porque las sillas no aguantan con nosotros. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso en la danza es tan dif&iacute;cil ver a cuerpos gordos, porque est&aacute;s expuesto todo el rato. El escenario es ese lugar que no puedes habitar no porque no puedas bailar, sino porque, &iquest;qui&eacute;nes han estado ah&iacute; antes? Por eso es importante que estemos en los Teatros del Canal. Quiero llegar con esto a los mejores teatros institucionales del mundo para reventarlo desde dentro con amor. Con algo sublime y popular a la vez. 
    </p><p class="article-text">
        Muchos cr&iacute;ticos miran mi trabajo y dicen que es perform&aacute;tico, porque soy gordo y para ellos es que la t&eacute;cnica no est&aacute; tan depurada ni sublime, porque la danza es clasista. Quiero descimentar el clasismo de la danza y rebajarlo a lo popular. Me har&iacute;a muy feliz que el estandarte de mi pa&iacute;s tuviera una diversidad corporal mayor. Hay mucha gente muy preparada, con un cuerpo que hace puntas perfectamente, lo que pasa es que tiene un cuerpo gordo. Hay unos est&aacute;ndares que me encantar&iacute;a que alg&uacute;n d&iacute;a se fueran a tomar por saco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/alberto-velasco-bailarin-hay-ausencia-total-referentes-cuerpos-gordos_1_13251367.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 20:39:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a0573637-f4b2-4012-83c2-0f7479968e11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="8715494" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a0573637-f4b2-4012-83c2-0f7479968e11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="8715494" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Alberto Velasco, bailarín: "Hay una ausencia total de referentes de cuerpos gordos"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a0573637-f4b2-4012-83c2-0f7479968e11_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Danza,Danza contemporánea,Madrid,Redes sociales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dramaturgo Ramón Paso, detenido por abusos a una menor mientras es investigado por agresiones sexuales a 14 mujeres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/dramaturgo-ramon-paso-denunciado-14-mujeres-agresion-sexual-detenido-presunto-abuso-menor_1_13249992.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc22918b-1292-4fd5-aea7-76772d8cc505_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El dramaturgo Ramón Paso, detenido por abusos a una menor mientras es investigado por agresiones sexuales a 14 mujeres"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dos testigos alertaron a la Policía Municipal de haber visto a un adulto tocando y besando a una menor en un banco del centro de Madrid</p><p class="subtitle">Gabrielle Goliath, la artista sudafricana censurada en la Bienal de Venecia por defender la causa palestina
</p></div><p class="article-text">
        El dramaturgo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/culto-lider-presiones-control-taller-guionistas-ramon-paso-caldo-cultivo_1_11331243.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ram&oacute;n Paso</a> fue detenido el pasado s&aacute;bado por presuntamente agredir sexualmente a una menor de 15 a&ntilde;os. El director teatral, que tiene una <a href="https://www.eldiario.es/cultura/fiscalia-denuncia-dramaturgo-ramon-paso-presuntos-delitos-sexuales_1_11296210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">causa abierta</a> por agresi&oacute;n, acoso sexual y coacciones a 14 mujeres desde 2024; fue arrestado por la Polic&iacute;a Municipal de Madrid cerca de la plaza de Cibeles, despu&eacute;s de que unos viandantes avisaran de que estaba realizando tocamientos a una adolescente. Seg&uacute;n ha avanzado El Mundo y confirmado elDiario.es, Paso se identific&oacute; como su profesor de teatro y amigo de la familia.
    </p><p class="article-text">
        La Polic&iacute;a Municipal de Madrid informa de que la detenci&oacute;n tuvo lugar el s&aacute;bado 23 de mayo, a las 19:30 de la tarde, despu&eacute;s de que dos testigos alertaran a una patrulla de haber visto a un adulto tocando y besando a una menor en un banco de la zona peatonal del Paseo del Prado. Estos tocamientos se habr&iacute;an realizado en los muslos y nalgas, y los besos en los hombros y en el cuello. 
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n Paso fue arrestado poco tiempo despu&eacute;s, mientras paseaba con la menor cerca del Banco de Espa&ntilde;a. El dramaturgo declar&oacute; que hab&iacute;an quedado para &ldquo;dar una vuelta&rdquo; despu&eacute;s de que la adolescente hubiera tenido un problema con sus compa&ntilde;eros de instituto en una fiesta de cumplea&ntilde;os. Seg&uacute;n la Polic&iacute;a, el director de teatro reconoci&oacute; que la menor se hab&iacute;a sentado sobre sus piernas, alegando que lo hab&iacute;a hecho para que no se manchara la ropa. La joven reconoci&oacute; los tocamientos, indicando que el dramaturgo &ldquo;la estaba consolando&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Los padres de la chica, que se enteraron de lo sucedido por la llamada de los agentes, confirmaron que &eacute;l era el profesor de teatro de su hija, as&iacute; como amigo de la familia, pero que no sab&iacute;a que ambos estaban pasando la tarde juntos. Tras tomar declaraci&oacute;n a los testigos y la joven, los agentes procedieron a la detenci&oacute;n de Ram&oacute;n Paso por un presunto delito de agresi&oacute;n sexual. La menor fue trasladada a un centro m&eacute;dico y el dramaturgo a las dependencias de la Unidad de Atenci&oacute;n a la Familia y Mujer (UFAM) de la Polic&iacute;a Nacional.
    </p><p class="article-text">
        Este peri&oacute;dico se ha puesto en contacto con el abogado de Ram&oacute;n Paso en la causa de las 14 denuncias de 2024, que ha declinado hacer declaraciones.
    </p><h2 class="article-text">14 mujeres denunciaron a Ram&oacute;n Paso</h2><p class="article-text">
        La detenci&oacute;n de Ram&oacute;n Paso ha tenido lugar mientras contin&uacute;a abierta la causa contra &eacute;l tras haber sido denunciado por agresi&oacute;n, acoso sexual y coacciones a 14 mujeres en 2024. Fuentes jur&iacute;dicas confirman a elDiario.es que la causa contin&uacute;a abierta, que ya han declarado todas las v&iacute;ctimas y que est&aacute; pendiente que lo haga el dramaturgo, cuya declaraci&oacute;n tendr&aacute; lugar &ldquo;pr&oacute;ximamente&rdquo;. Tambi&eacute;n que los hechos ahora denunciados se asemejan a los descritos en esta causa. 
    </p><p class="article-text">
        Los delitos denunciados habr&iacute;an tenido lugar en castings en los que participaba el director de teatro y las v&iacute;ctimas, 14 j&oacute;venes de entre 18 y 25 a&ntilde;os, entre 2018 y 2013. Desde el mundo de la cultura, estas denuncias fueron recibidas con <a href="https://www.eldiario.es/cultura/repulsa-mundo-cultura-denuncias-delitos-sexuales-ramon-paso_1_11302389.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repulsa</a>.
    </p><p class="article-text">
        La Fiscal&iacute;a sostuvo entonces que el director de teatro usaba violencia e intimidaci&oacute;n para convertir a mujeres j&oacute;venes en &ldquo;objetos de su placer sexual&rdquo;. La querella del Ministerio P&uacute;blico recogi&oacute; las pr&aacute;cticas violentas que presuntamente llevaba a cabo el dramaturgo con al menos 14 mujeres de su compa&ntilde;&iacute;a de teatro, especialmente aquellas j&oacute;venes, en situaci&oacute;n precaria y pertenecientes a familias desestructuradas. &ldquo;Les exig&iacute;a que fueran sin ropa interior y llevaran las bragas en la mano para entreg&aacute;rselas&rdquo;, recogieron.
    </p><p class="article-text">
        Ram&oacute;n Paso no ha dejado de ejercer de profesor de teatro desde entonces, ya que contin&uacute;a con su actividad a trav&eacute;s de la compa&ntilde;&iacute;a Pasoazor&iacute;n Teatro, que dirige junto a la actriz Ana Azor&iacute;n. Ella fue una de las cinco compa&ntilde;eras del grupo de teatro que defendieron p&uacute;blicamente al dramaturgo cuando salieron a la luz estas denuncias.
    </p><h2 class="article-text">Paso tuvo un taller de guionistas, calificado como &ldquo;secta&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Antes de la etapa en la que supuestamente sucedieron estos delitos, Paso intent&oacute; labrarse un nombre en el mundo del guion televisivo mediante un laboratorio colectivo dirigido por &eacute;l mismo y denominado <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/culto-lider-presiones-control-taller-guionistas-ramon-paso-caldo-cultivo_1_11331243.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'El Alambique de Ideas'</a>. La idea era vender posteriormente estos proyectos a la televisi&oacute;n. El taller se convirti&oacute; en una comunidad muy cohesionada que las personas consultadas por este peri&oacute;dico coincidieron en calificar como &ldquo;secta&rdquo; por sus normas, su culto al l&iacute;der y las pr&aacute;cticas poco habituales de las que muchos fueron testigos dentro.
    </p><p class="article-text">
        Todas relataron el mismo procedimiento de captaci&oacute;n: un cartel en la universidad, una entrevista con dos mujeres donde no estaba Ram&oacute;n Paso, pero donde ya se comenzaba a vender su figura tot&eacute;mica. Los integrantes no obten&iacute;an remuneraci&oacute;n por el desarrollo de los guiones, y todos recuerdan que &ldquo;la mayor parte&rdquo; de los miembros del grupo eran mujeres. &ldquo;Ejerc&iacute;a un poder brutal, le ten&iacute;an como si fuera un gur&uacute;&rdquo;, reconoci&oacute; una integrante del grupo. Las alumnas compartieron que, desde el primer d&iacute;a, todo giraba en torno a la figura del dramaturgo, que impon&iacute;a normas estrictas, humillaba a quienes no las segu&iacute;an, realizaba juegos extra&ntilde;os psicol&oacute;gicos y hasta les dec&iacute;a si pod&iacute;an saludar o no a exmiembros del taller.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/teatro/dramaturgo-ramon-paso-denunciado-14-mujeres-agresion-sexual-detenido-presunto-abuso-menor_1_13249992.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 26 May 2026 11:54:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/bc22918b-1292-4fd5-aea7-76772d8cc505_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="90893" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/bc22918b-1292-4fd5-aea7-76772d8cc505_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="90893" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El dramaturgo Ramón Paso, detenido por abusos a una menor mientras es investigado por agresiones sexuales a 14 mujeres]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/bc22918b-1292-4fd5-aea7-76772d8cc505_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Abusos]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
