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La España que arde cuando alguien dice que el fascismo asesinó a Lorca por maricón

Javier Calvo, Javier Ambrossi y Guitarricadelafuente en la presentación de 'La bola negra'  en Cannes
26 de mayo de 2026 21:36 h

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A propósito del revuelo generado por las palabras de los Javis en Cannes, afirmando que el fascismo asesinó a Lorca por ser gay, subí una publicación a mi perfil de Instagram en la que advertía que poner en primer plano la persecución histórica de los homosexuales en España no es reescribir la historia, sino exponerla a la luz; una luz que muchos prefieren no mirar por temor a lo que puedan ver en ella.

En el post escribí literalmente: “A Lorca lo asesinaron por tener el descaro de exhibir con orgullo el esplendor de su diferencia; es decir, porque era todo lo que odia un fascista: un hombre libre, un poeta extraordinario y un gran homosexual. La furibunda reacción ante el triunfo de los Javis en Cannes confirma que, un siglo después, el sector más reaccionario de este país sigue arrojando las mismas piedras contra los artistas que se atreven a mirar de frente nuestra memoria. Esta España sí”.

Lo que sucedió inmediatamente después supuso la constatación de la tesis del post: la súbita aparición de los heraldos del fango, orquestados con inercia robótica, acudiendo con pacato furor a, de nuevo, amordazar la verdad. Una vez más, la vieja letanía de la ocultación. La sección de comentarios se pobló urgentemente de un tropel de aclaraciones desesperadas por desmontar el relato.

Con una prisa sospechosa, hordas de puritanos corrieron a señalar en masa que para nada era relevante que Lorca fuera marica, que la homosexualidad nada tuvo que ver con su ejecución, que qué importancia tiene con quién se acostase cada uno. El factor sexual, aseguran todos, no debería tenerse en cuenta porque, en realidad, lo que ocurrió fue un asunto de lindes y tierras, de rencillas entre vecinos, de lucha de clases, de la lectura previa del manuscrito de La casa de Bernarda Alba, de inquinas hacia el padre por rico azucarero y odios de cuñados; que si los Roldán, que si los Alba, que si los Benavides, que si la Falange, la CEDA, los Rosales y ¡hasta los familiares del mismísimo Pepe el Romano! Les ha faltado decir que lo mató la ETA. Queda de manifiesto que todo es válido con tal de extirpar del asesinato del poeta la variable del odio homófobo.

El factor sexual, aseguran todos, no debería tenerse en cuenta en la muerte de Lorca porque, en realidad, lo que ocurrió fue un asunto de lindes y tierras, de rencillas entre vecinos, de lucha de clases, de inquinas hacia el padre por rico azucarero y odios de cuñados. Les ha faltado decir que lo mató la ETA

¡Qué barbaridad! ¿Homofobia, has dicho? ¿Quiénes? ¿Nosotros, los fascistas? ¿En dónde? ¿Aquí en España? ¡Pero eso cómo va a ser! Vale que el asesino, Juan Trescastros, soltase al regresar de fusilarlo: “Le he pegado dos tiros en el culo por maricón”, y que en el informe oficial de su muerte (redactado por la propia policía franquista en 1965) aparezca por escrito que era “masón, socialista y practicante de homosexualismo”, pero de ahí a hablar de homofobia… ¡Ni que en España hubiese habido cárceles de vagos y maleantes diseñadas para encerrar a homosexuales! ¿Queréis dejar de inventar cosas? ¡Qué obsesión la de estos zurdos por reescribir la historia!

¡Y ahora, por si no fuera poco, van y dicen que si no nos damos cuenta de que nuestra insistencia desmedida en desviar el foco denota aquello que intentamos ocultar! ¿De qué hablan estos rojos? ¿Qué querrán decir? ¿Que, al desmentir el componente homófobo con tanta impaciencia, se nos ve el plumero a la legua? ¿Plumero? ¿De qué plumero hablan? ¡No estarán queriendo decir que, por querer enterrar la condición queer de Lorca bajo un fango de burocracia agraria, nuestro impulso reaccionario pueda estar cometiendo el mismo acto que lo llevó al barranco de Víznar! ¡No estarán llamándonos criminales! ¡Porque esconder la verdadera razón del asesinato, tras un laberinto de pleitos familiares, nada tiene que ver con seguir apretando el gatillo! ¡Como si nuestra avalancha de justificaciones estuviera corroborando la angustia que seguimos sintiendo al sabernos ocultadores de la muerte del poeta! ¡La prisa que hemos sentido por acudir en tropel a negar el crimen de odio, de ninguna manera está firmando nuestra confesión! ¿Qué tendrá que ver la turba organizada de nuestra avalancha de comentarios no pedidos en redes con el acto reflejo e inconsciente de nuestra propia culpabilidad? ¿Excusatio non petita, peccatum manifestum? ¿Qué demonios es eso?

Respuesta: Un viejo aforismo clásico que expone que cuando alguien se justifica, sin que nadie se lo haya solicitado antes, lo que está haciendo es delatándose a sí mismo, confirmando su culpabilidad.

Excusatio non petita, homophobia manifesta.

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