Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
La denuncia contra el jefe de la Policía evidencia la doble vara de medir del PP
Del “absentismo” a los “repetidores”: el lenguaje que desprecia las bajas médicas
Opinión - 'Cuando el gasto militar fortalece a otro país', por Alberto Garzón
Crítica

Alfredo Sanzol triunfa en su primer drama, 'La última noche con mi hermano', con una impresionante Nuria Mencía

Nuria Mencía, en 'La última noche con mi hermano'
18 de febrero de 2026 22:24 h

0

Alfredo Sanzol ha estrenado su obra más pausada, una pieza de madurez que fija su mirada en la pérdida, la muerte y las relaciones filiales y sociales que nos unen y separan. La obra escoge un tempo andante para transitar los últimos meses de vida de Nerea, enferma de cáncer, y su hermano Alberto. A su alrededor surgirán otras relaciones familiares que irán componiendo un paisaje sobre una época, la actual. Una diapositiva agria y melancólica, primer drama del navarro, para el que Sanzol retorna a su reino imaginario.

El teatro de Sanzol está partido en dos: aquellas obras de otros autores que dirige —ya sean de Lorca, Mayorga, Valle o Shakespeare— y las que él mismo escribe. La última noche con mi hermano pertenece a este segundo grupo. Por eso es más relevante su decisión de abandonar la comedia, género que vertebra su dramaturgia, por el drama. Para entender ese cambio, miremos atrás.

Hace poco comentábamos el giro de Alberto Conejero al drama con tintes humorísticos en Tres noches en Ítaca. Ahora es Sanzol quien ha acabado en un terreno similar, pero desde una trayectoria casi contraria. Sanzol fue escalando los peldaños de la comedia y, por el camino, fue dejando un teatro donde supo escribir con maestría para actores que han crecido con él y que hoy son realidad y presente como Juan Antonio Lumbreras, Natalia Fernández, Paco Déniz, Lucía Quintana o la propia Nuria Mencía. 

La obra de teatro 'La última noche con mi hermano'

Comedias llenas de ingenio, ritmo y humor como Sí, pero no lo soy (2008) o Días realmente estupendos (2010). Pero el armazón, la dramaturgia de aquellas obras, no estaba en el ritmo ni en el humor, sino en la mirada de este autor capaz de desvelar lo que los personajes tienen de humanos. 

Su teatro fue creciendo y lo hizo en espiral. Sus comedias se llenaron de electricidad imposible. Los críticos lo comparaban con el gran Jardiel Poncela, con Mihura, con la alta comedia española donde lo inverosímil se convierte en revelador. Obras como La ternura (2017) o La valentía (2018) son prueba de aquella espiral que hizo que cierto último público lo adorara. Pero la triple voltereta en la comedia tiene el riesgo de que en la pirueta se te vacíe el morrón. Algo de esto le pasó a su teatro. Y Sanzol, quizá consciente, pegó un giro a lo personal y alumbró uno de sus grandes éxitos, El bar que se tragó a todos los españoles. En ella volvía a su navarrismo para contar la vida de su padre. Después, Sanzol sería nombrado director del CDN, sitio extraño desde donde crear. No es tan fácil aunque dispongas de todos los medios. De ese pasado está construido el trampolín desde donde este autor y director ha decidido saltar de la comedia al drama.

La Santa María navarra

Sanzol ha vuelto a su Santa María, a ese territorio imaginado donde transcurren sus obras, un mundo conformado por recuerdos y sensaciones. El gran Juan Carlos Onetti creó aquella irrepetible Santa María en una irrealidad geográfica del Uruguay. En Sanzol, sin embargo, la correlación geográfica existe aunque el territorio siga manteniendo la irrealidad de las Vetustas y los Castrofortes de Baralla. Ese territorio va desde el pueblo de Quintanavides, al norte de Burgos, hasta Irún, primera ciudad guipuzcoana después de recorrer el Bidasoa navarro. Su capital no es otra que Pamplona. 

En La última noche con mi hermano la acción transcurre en Madrid. En el piso de Nerea (Nuria Mencía) y en el de su hermano Alberto (Jesús Noguera), en el hospital, en un paseo por la Casa de Campo. Pero realmente la acción verdadera está en esa grieta que rompe el espacio realista propuesto por Blanca Añón y por el que se ve un bosque de helechos, hayas y abetos blancos, en esa selva de Irati del Pirineo navarro, corazón del territorio imaginado de este creador donde se juntan el telúrico norte con la llaneza de La Ribera.

La obra 'La última noche con mi hermano'

Es en ese territorio, que tiene sus propios personajes que van atravesando las obras, como el tío Clemen, donde transcurre la verdadera acción de La última noche. Nerea es incluso un heterónimo, a la Pessoa, del propio Sanzol. Un personaje que ya apareció en La respiración, obra de hace diez años donde Nerea, también interpretada por Mencía, luchaba por su supervivencia contra otra enfermedad, la del desamor, la de la separación amorosa. Aquella fue una interpretación memorable. Esta no lo es menos. 

Nuria Mencía, dotada para la escena como las grandes, capaz de pasar del humor a la soledad en menos de una coma de una frase cualquiera, se echa a sus espaldas el drama propuesto por Sanzol. Su transformación desde la primera a la última escena es apabullante; su capacidad de verdad en lo humano, cómo mira, cómo habla al público desde proscenio con todo el Teatro María Guerrero en el bolsillo es de otro planeta…

Mencía ganó por La respiración el Premio Max. No sé que pasará ahora, pero no se trata de premios. Se trata de que hay ciertas actrices en este país, como Mencía, Hernández, Rufo, Morales y otras tantas que deberían llenar teatros allí por donde fuesen, y no tener problemas de distribución porque no han salido en no sé qué película o serie. Tenemos una generación de actrices irrepetible. Dentro de veinte años los estudiosos harán glosas y loas de este tiempo de actuación.

El primer drama de Alfredo Sanzol

Este bicho de la escena, que contiene lo más grande de la Chus Lampreave y la Marisa Paredes, por ponerse almodovariano, está además acompañado por un muy buen reparto: el propio Noguera, Elisabet Gelabert, Cristóbal Suárez, y los dos jóvenes (los sobrinos de Nerea) Adriana Llobet y Biel Montoro. 

Ellos son la familia de Nerea, los que vivirán la tragedia de perderla y con los que iremos viendo esta sociedad, la española, siempre al borde de tantas cosas. La precariedad laboral, el neoliberalismo que antepone el beneficio a las personas, el odio entre hermanos y conciudadanos siempre escondido detrás de cada esquina, el desmembramiento del estado de bienestar, el joven desplazado que busca su identidad ante un feminismo pujante, la nueva realidad de las familias no tradicionales… 

La obra, siempre a través de la mirada distanciada de Nerea, dibuja el paisaje de una nación zarandeada. Y con esa distancia que da la de la propia tragedia de una muerte demasiado temprana se defienden los valores de la fraternidad, el humanismo y la capacidad de empatizar con el otro.

La obra 'La última noche con mi hermano'

Habrá momentos de comedia, de una comedia suave, con escenas que provocarán una risa delicada como el de la primera sesión de quimio, el de un pequeño ritual de pan y miel o la última escena en la que Noguera está estupendo y Mencía no deja de susurrar “corre, corre, corre” ante una vida que se le está yendo en ese mismo instante. Pero el corazón de la pieza está en otra parte.

Aunque la obra no deja el código realista nunca y mantiene siempre la temporalidad de los últimos meses de la vida de Nerea, hay un distanciamiento que dota a la pieza de una melancolía que la hace trascender. “Esta historia es teatro hecho por una muerta que soy yo. Teatro de difuntos. Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos”, dice al principio de la obra Nerea. 

Cuando acabó la obra, salí pensando que aquello no se había dado en escena, que todo era demasiado realista, cotidiano, sin rupturas donde entrasen otros planos de realidad; que cuando llegan los 50 nos ponemos maduros, hablamos de la muerte e irremediablemente nos volvemos aburridamente tradicionales.

Después de dejar pasar varios días me desdigo. Con las horas y el reposo, uno se da cuenta de que este maestro de la comedia última lo que ha hecho es apuñalarte por la espalda. Bendita puñalada. Sí hay ruptura, hay un distanciamiento casi invisible, una melancólica distancia sobre aquello que acontece en escena. Cuánta tristeza distante hay en esta pieza para contar una de las grandes tragedias de hoy, ese puto cáncer que se lleva a tantos, y el drama de los que quedamos aquí, en esta vida donde la prisa se come el recuerdo y lo inmediato arrasa con lo esencial.

Etiquetas
stats