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Óscar Freire se luce en su tierra y se la devuelve a Paolo Bettini

EL CÁNTABRO SE IMPUSO AL ESPRINT EN LA QUINTA ETAPA DE LA VUELTA A ESPAÑA

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Óscar Freire se lució en su tierra con un triunfo poderoso e indiscutible al esprint por delante de los italianos Daniele Bennati y Paolo Bettini en la quinta etapa disputada entre Cangas de Onís y Reinosa, con un perfil de media montaña y 157 kilómetros que no respondió a las expectativas de batalla en los cuatro puertos del recorrido y no alteró la general, con el ruso Efinkim al frente.

Freire regaló a los cántabros una victoria que le sirvió de desquite ante Bettini, que le privó del triunfo en Luarca con una maniobra discutible. Un triunfo enorme, con una espectacular remontada por la derecha que le otorgó el premio con la autoridad de un ciclista en forma que sueña con el próximo Mundial de Stutgart.

El triple campeón del mundo firmó su quinta victoria en la Vuelta, dos en la presente edición, con un tiempo de 4h.07.51, en una jornada rápida que se completó a un promedio de 38,1 kms/hora. Una conquista especial, delante de Laura y Marcos, su mujer y su hijo, sus principales incondicionales. El pequeño incluso le acompañó en el podio vestido con el uniforme del Rabobank.

"Ganar aquí es doblemente importante. Di más de lo que podía. Cogí la posición buena y al final ha sido muy duro, se me ha hecho muy largo y sabía donde tenía que apretar para ganar a Bettini", señaló Freire, minutos después de haber sido levantado en brazos por el presidente de la Comunidad de Cantabria, Miguel Angel Revilla, emocionado con su paisano, y muy expresivo el hombre.

Vladimir Efinkin (Caisse D'Epargne) no tuvo problemas para conservar el maillot oro y los favoritos pasaron otra página en espera de otros momentos y otros escenarios. El ruso mantuvo la ventaja de 1.06 minutos respecto a su compatriota Denis Menchov (Rabobank) y el español Carlos Sastre.

No hubo llegada con escapada, ni lucha sin cuartel en los puertos. Fue una jornada que no respondió a las espectativas creadas, de reserva de fuerzas después de la paliza en los Lagos. Las escapadas fueron innumerables, pero siempre controladas por los equipos de los favoritos.

El Collado de Carmona (2a) fue el escenario de la primera y única escapada seria de la jornada, porque no hubo manera de despegarse del pelotón a pesar de que los intentos desde Cangas de Onís no cesaron en ningún momento. En este puerto fue el holandés Karsten Kroon quien se despegó de un grupo donde viajaban, entre otros, David de la Fuente y Litu Gómez, dos cántabros que trataban de buscar un día de gloria en su tierra.

Kroon, compañero de Sastre en el CSC, se midió a Litu Gómez en la Palombera (1a), un puerto largo, 16 kms, pero muy tendido. El corredor del Saunier no pudo soportar el ritmo de su compañero de fuga y decidió descolgarse. Estrategia de los hombres de Matxín, que volvieron a buscar protagonismo con Gómez Marchante, herido en su orgullo tras no dar la talla deseada en los Lagos.

El madrileño demarró del pelotón en busca de Kroon, se unió a Litu, dejó su compañía y coronó el puerto a 45 segundos de Kroon y con 36 segundos sobre el pelotón, comandado por el Rabobank de Freire, que soñaba con el esprint y de Menchov, jefe indiscutible del equipo.

Los velocistas, con 21 kilómetros de bajada y llano, se frotaban las manos ante la posibilidad de discutir al esprint una etapa de media montaña que en principio no era para ellos. Marchante cesó en el empeño y se perdió en el bosque del pelotón y Kroon tiró la toalla a 3 kms de Reinosa.

Llegó la locura, el descontrol a toda velocidad. Rabobank, Lampre y Quick Step no dejaban respirar a nadie. Habría esprint, después de cuatro puertos, quien lo iba a pensar.

En la recta de meta Bennati lanzó el esprint, Bettini saltó detrás y Freire, motivado en casa y conocedor del terreno donde se jugaba "una victoria especial" no se fue contra la valla. Adelantó al "grillo" y le impidió que cantara de nuevo. Dos a uno para el español. Cuenta saldada.

Este jueves se disputa la sexta etapa entre Reinosa y Logroño, de 184 kilómetros. Ninguna dificultad orográfica, luego fiesta para los aventureros o esprinters.

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