El Tenerife mantiene la distancia con su único rival
El Tenerife salió de Balaídos como llegó. Diez puntos de renta —once virtuales por el coeficiente particular ganado— sobre el Celta Fortuna y un partido menos para defender una ventaja que le deja expedita la vía hacia el ascenso directo. Sigue perdido entre la falta de letalidad y la de contundencia guardando su puerta —otra vez un gol en el primer remate limpio del rival—, pero le merita la fe en su capacidad. Ve una luz al final del túnel y allá que va.
Y así lo del gol de De Miguel consumidos cuatro minutos de alargue, un viático que puso un punto de justicia a un partido que solo se explicaba con estas tablas salvadas del tedio por los aciertos: antes una definición soberbia de Anxo para el 1-0 y de epílogo el tanto a la épica del madrileño, yendo con todo a la pelota desesperada de último recurso que le puso el reaparecido Cris Montes.
Puede que este empate obre como punto de inflexión en la grisura que distingue al equipo de Cervera en el último mes. Sumando a poquitos, ausente la efectividad con la que se le caían del bolsillo los goles y las victorias, andaba el Tenerife como esperando a la resolución de la cita de este viernes para sacudirse los miedos. Si temió por una derrota que acercara al Celta Fortuna a siete puntos, ya puede respirar tranquilo. Respirando tranquillo y ajustando el once, debería de acabar la tarea más pronto que tarde y con la autoridad con la que se manejó hasta enero.
Lo del once a partir de algunas certezas respecto de la primera unidad —las bajas de Aitor Sanz y Nacho Gil o la comprobación repetida de que Alassan o Noel López necesitan una reprogramación—, como la constatación de que la distancia entre los titularísimos y los suplentes se reduce cuando compruebas que nadie ha perdido el interés por ser protagonista cuando le llega el momento, así lo de esta noche de Baldé o Cris Montes, lateral izquierdo circunstancial cuando relevó a un David oscuro y proyectado como asistente de oro en la jugada definitiva.
Para cuando Montes tomó el protagonismo, el Tenerife ya había tocado los palos camino de una derrota por sus propias culpas, las iniciales reveladas en la falta de pegada que le retrata de febrero para acá, la displicencia suicida con la que se manejó en la vuelta de la caseta y la ausencia de criterio con la que atendió —mientras se consumía la segunda parte— el empate obligado para evitarse esa tragedia que el entorno no dudaría en magnificar.
Cervera sorprendió con un once en el que prescindió del segundo delantero para colocar a Nacho Gil, lejos del acierto que le hizo imprescindible, por detrás de Enric Gallego, con Noel López tirado a su sitio y Alasssan devenido otra vez titular. La consecuencia, en lo que el Celta renunciaba al balón y se guarecía con los carrileros más en línea con los centrales, fueron veinte minutos repitiendo caídas del mismo Gil y Noel por la siniestra.
Y por más frecuencia con la que se presentó el Tenerife por ese lado —visto que el Celta solo acertaba a tapar el flanco de César y Alassan— no le nació un remate liberado, nada que se parecería a eso ni con sendas finalizaciones de Noel (min. 6) o Gallego (14), ni con el cabezazo manso de Fabricio (17) apareciendo a la larga, directo al blocaje de Koke. Consumido un cuarto de partido, los celestes dieron un paso adelante, tanto talento para asociarse como fragilidad en el pase definitivo que nunca encontraron.
Firmadas unas tablas insípidas a juego con las precauciones de unos y las dudas de otro, al Tenerife le bastó un ratito contemplativo para desabrocharse y meterse en un lío innecesario vista la solvencia con la que había protegida a Dani hasta el descanso. Se apareció Anxo por la calle del diez, fue Fabricio blando al corte, igual que Juanjo, llegó tarde Landázuri para corregir y fue que el muchacho se amó un tiro roscado soberbio, imposible para el portero salvo milagro.
El 1-0 metió al Tenerife en un lío de dudas y prisas crecientes que los cambios de Cervera no aplacaron. Llegado el cuarto de hora, Baldé entró por Alassan enchufado, tan vertical como imprevisible, al menos concernido con la búsqueda del empate. El siguiente turno —adentro Dani y Gastón Vallés— añadió otro punto de desesperación. Al chico se lo comió el escenario y al uruguayo la precipitación: la ubicación precipitada, la falta precipitada, el gesto precipitado… todo a destiempo.
Más lógica que casualidad en el efecto del 1-1 final, la última ventana trajo al campo a De Miguel y sacó del anonimato a Cris Montes, obligado lateral izquierdo para mantener el plan de cuatro zagueros. A lo uno no le hizo ascos, seguro de que a las bravas caería un desdoble que le acercara su zona natural. Fue un pase filtrado de Juanjo lo que hizo el resto. Montes la colocó envenenada entre el portero y la marca y De Miguel resolvió estando donde debía.
(1) Celta Fortuna: Koke; Gavián, Quique Ribes (Angelito, min. 46), Anxo Rodríguez, Pablo Meixús, Oliveras (Miller, min. 46); Hugo González (Jorge Pérez, min. 82), Adriá Capdevila, Antañón, Óscar Marcos (Luis Bilbao, min. 89); y Somuah (Joel López, min. 64).
7(1) CD Tenerife: Dani; César, Landázuri, León, David (Cris Montes, min. 84); Alassan (Baldé, min. 57), Juanjo, Fabricio, Noel López (De Miguel, min. 84); Nacho Gil (Gastón Valles, min. 70)y Enric Gallego (Dani Fernández, min. 70).
Goles: 1-1, min. 48: Anxo. 1-1, min. 90+4: De Miguel.
Árbitro: Aimar Velasco Arbaiza (comité vasco). Amonestó a Óscar Marcos (min. 72), Koke (83), Antañón (90+3) y a los visitantes David (23), Landázuri (83) y Nacho Gil (88, desde el banquillo).
Incidencias: Partido de la vigésimo octava jornada del Grupo I de la Primera Federación 25-26. Estadio de Balaídos, ante 1.714 espectadores, de los que unos 400 eran seguidores del CD Tenerife.