Los alienígenas y yo, sin ir más lejos

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Vuelven los alienígenas, como en cada época de crisis, si es que hay alguna que no lo sea, vuelven en todo su esplendor y en todas sus formas. Está el alienígena alto, proceloso, de blancas vestiduras, y larga cabellera blanca y ojos glaucos, no sé por qué es el que se les suele aparecer a las mujeres, o al menos eso es lo que me cuentan. Luego están los clásicos seres verdes, mezcla de humanos y pulpos, inteligentes y huidizos. También abundan los delgados y escuálidos, casi trasparentes, pero cabezones como algunos de los líderes políticos palmeros, a mí mismo quisieron captarme por el tamaño de mi cabeza. Están los que parecen robots que suelen lanzar rayos por los ojos, agüita con ellos. Y luego las teorías conspiranoicas, cada vez más frikis y demenciales. Me encanta la de que están entre nosotros adoptando forma humana y explicaría lo errático de algunas conductas, como la de algunos políticos que todos conocemos y no voy a nombrar pues podría saltarme alguno y no es cuestión.La última que he escuchado es que Trump murió después de su primera legislatura y fue sustituido por un argentino de origen extraterrestre, por eso se lleva tan bien con Leo Messi y se dicen tantas boludeces. Se comenta que es original de la helada Patagonia lo cual explicaría el afán de Trump por Groenlandia. Yo lo tengo claro, el otro día llegué a un lugar de la isla donde acampan un montón de caravanas. Saludé a un trabajador del Ayuntamiento y me contó que no había visto a nadie en las caravanas, que por la noche brillaban dentro unas lucecitas verdes y nada más. Pensé que se estaba quedando conmigo, pero por si acaso, cogí mi nave, accedí al hiperespacio y regresé al planeta Santa Cruz. Así está la cosa.