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Nuevo diseño de la arquitectura institucional del plátano de Canarias

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El sector platanero canario necesita con urgencia cambios viables en sus estructuras productivas, organizativas y comerciales. Estos cambios deben darle una posición más competitiva frente a la banana y más poder de negociación ante una distribución cada vez más concentrada. Si no los hace, corre un alto riesgo de desaparecer.

En el sector se habla mucho de subvenciones y poco del mercado y de su estructura institucional. Los acuerdos para consolidar o aumentar las ayudas públicas se toman con facilidad. Las iniciativas de integración y concentración, en cambio, son casi inexistentes.

No hay consenso para responder con eficiencia a la liberalización del mercado y a la concentración de la demanda en la gran distribución. Seguimos igual que hace cuarenta años, cuando el mercado peninsular era exclusivo del plátano. Las organizaciones de productores de plátanos (OPP) funcionan de hecho solo como vehículos administrativos para canalizar la ayuda del programa comunitario Posei. Algunas organizaciones profesionales agrarias reclaman reformas. Otras están más preocupadas por seguir recibiendo subvenciones para su funcionamiento y con ello rompen la unidad que necesita el sindicalismo agrario.

En 2022, Asprocan publicó el listado oficial de marcas comerciales de producto en verde amparadas por la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Plátano de Canarias: 114 marcas activas. Hoy se estima que todavía superan las 60. No hay mejor ejemplo de la dispersión del sistema comercial platanero.

Los intentos de fusión entre cooperativas y organizaciones de productores fracasan por los intereses particulares de algunas personas: gerentes, empleados, presidentes, miembros de consejos rectores y, a veces, socios que anteponen lo propio a lo común. El miedo a perder estatus, influencia o el puesto de trabajo, los intereses inconfesables en la distribución y las viejas rencillas forman parte del ecosistema platanero. A ello se suma la apatía crónica de muchos productores ante la falta de participación democrática real. Hay que reconocerlo.

La concentración de la oferta abarata costes, facilita la programación de la producción y homogeneiza la calidad que llega al mercado. En definitiva, mejora la competitividad frente a la banana, nuestro verdadero competidor. Pero no se avanza. Cada organización mantiene su propia estructura: almacenes de empaquetado, equipos de ventas, departamentos de calidad, gestión del transporte marítimo y terrestre. Son funciones que se duplican sin necesidad y nos hacen menos eficientes en costes que la banana. Es un suicidio.

Producto ganador con productor perdedor

El plátano de Canarias tiene una IGP reconocida por el consumidor peninsular y una identidad visual consolidada. Gana las pruebas de sabor frente a la banana. Además, tiene una notoriedad de marca que ya quisieran productos con presupuestos publicitarios muy superiores.

Eso le permite un precio de venta al público más alto que el de la banana. Pero ese margen superior lo capturan agentes distintos del productor, como confirma el Informe Especial 03/2026 del Tribunal de Cuentas Europeo, publicado el 26 de enero de 2026. Es la prueba de su débil posición en la cadena de valor. Se da así la paradoja del “margen comercial no razonable”. En momentos de sobreoferta, la distribución mantiene precios altos en el lineal y aumenta su margen. Al mismo tiempo, paga al productor precios tan bajos que, incluso sumando la ayuda del Posei, no cubre costes. El resultado es la expulsión del mercado, producción a pérdidas y retiradas (la pica) que no sirven para nada.

Las crisis de precios son cada vez más largas y frecuentes, y la cuota de mercado no deja de caer. La campaña 2023 fue ruinosa. La de 2024 tuvo solo cuatro meses de precios interesantes. La 2025-2026 se ha cerrado con el peor cuadro de la última década. Según el Informe Semanal de Coyuntura del MAPA, el precio en origen cayó a 0,76 euros por kilo en la semana 27, el 17% menos en una sola semana. Siguió bajando todo el verano hasta situarse entre 0,33 y 0,37 euros en las semanas de la 31 a la 33. Producir en finca cuesta entre 0,70 y 0,80 euros por kilo, una horquilla que está pendiente de ser actualizada al alza.

La cuota de mercado del plátano osciló el año pasado entre el 47%, según el panel de hogares de Kantar encargado por Asprocan, y el 36%, según los datos de Aduanas. Lo peor es la tendencia, claramente descendente.

Quien paga tiene derecho a ordenar

Nadie discute que la intervención pública es necesaria para que el sector sobreviva. Los 141 millones anuales del Posei ayudan a competir, sostienen 9.000 empleos directos, conservan el paisaje, evitan el abandono y fijan población rural. Precisamente esa intervención da a la Administración pública el derecho a regular el sector a favor de todos los productores y del interés general, no solo de los grandes.

El Decreto 48/2018 fija en su artículo 3 que las OPP y sus asociaciones deben planificar la producción y ajustarla a la demanda en calidad y cantidad. En la práctica, no hay planificación real ni control de su cumplimiento.

Conviene ser preciso porque del diagnóstico depende el remedio. No falta una norma que obligue a planificar: la norma existe. Lo que pasa es que nadie la aplica y nadie tiene incentivos para aplicarla. La Administración autonómica no ha desarrollado un régimen de control con consecuencias efectivas, como la retirada del reconocimiento. Y la entidad que debería autorregularse, Asprocan, está gobernada por las mismas OPP a las que habría que disciplinar.

El artículo 152 del Reglamento (UE) 1308/2013 permite a una OPP reconocida concentrar la oferta y comercializar la producción de sus miembros, incluida la negociación de contratos. Una OPP que comercializa de verdad por cuenta de sus socios negocia precio legalmente. Las OPP canarias ya pueden hacerlo. Si no lo hacen, es un fallo en la aplicación del Decreto 48/2018, no un vacío legal.

Si no es posible una comercialización integrada, ayudaría mucho limitar a dos las OPP autorizadas en Canarias. Madeira la tiene con el operador público GESBA y las Antillas francesas con la federación privada UGPBAN. Una OPP agruparía a todas las cooperativas y la otra a todas las comercializadoras privadas.

La pieza que falta: una interprofesional

En España es posible convertir la disciplina en norma. Su incumplimiento sería entonces una infracción administrativa perseguible por el Estado, incluso ante los tribunales. Esta es la clave del nuevo diseño que propongo: crear una Organización Interprofesional del Plátano de Canarias. Gestionaría la marca y la IGP y completaría a una Asprocan renovada, más democrática y reforzada.

Una interprofesional no puede fijar precios, ni mínimos al productor ni máximos al consumidor. Es una prohibición tajante del derecho europeo y el español. Pero los objetivos de “precio por encima de costes” y “margen comercial razonable” son alcanzables por otra vía.

La primera es integrar plenamente el plátano en la Ley de la Cadena Alimentaria y acabar con su excepcionalidad. La Ley 16/2021 prohíbe que un comprador pague por debajo del coste efectivo de producción. La interprofesional puede elaborar y publicar, con metodología auditada, un índice trimestral del coste efectivo de producción del plátano de Canarias. No es un precio ni una recomendación de precio: es un dato de coste. Publicado por la entidad sectorial reconocida, sería la referencia que necesita la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) para abrir expedientes por destrucción de valor y el ancla de los contratos tipo.

La segunda son las cláusulas de reparto de valor del artículo 172 bis del Reglamento (UE) 1308/2013. Permiten pactar que el precio al productor evolucione según indicadores objetivos, incluido el precio final. Incorporadas al contrato tipo, trasladarían al agricultor parte de la subida cuando el mercado mejora. Hoy no se tiene ese mecanismo para garantizar márgenes razonables en toda la cadena.

Asprocan es una asociación de organizaciones de productores (AOP). Las organizaciones de productores y sus asociaciones son las únicas que pueden concentrar oferta y negociar precio en nombre de sus socios. Lo que Asprocan no es, ni puede ser por su naturaleza, es un órgano de cadena. En su asamblea solo hay productores. No hay maduradores, plataformas, distribución ni consumidores. Toda la negociación con quien fija el precio final ocurre fuera, de forma bilateral y opaca, entre cada OPP y sus clientes. Esa es la carencia estructural. No es un problema de personas ni de voluntad: la figura jurídica elegida en su día deja fuera a la otra mitad de la cadena.

El problema no está en Canarias, está en la Península

En torno al 90% de la fruta se vende fuera del archipiélago. Fuera también se madura, se reparten los márgenes y se fija el precio final. Allí se hacen las promociones que banalizan el producto y se sustituye el plátano en el lineal por la banana de dólar. Ninguno de esos operadores está sujeto a la norma canaria.

Una interprofesional reconocida por el Ministerio de Agricultura puede solicitar la extensión de norma. Se aprueba por orden ministerial y obliga en todo el territorio nacional a todos los operadores del producto, sean o no miembros, incluida la aportación económica. Obliga al madurador de Madrid, a la plataforma de Zaragoza y a la central de compras de Valencia. Es el único instrumento que alcanza a quien hoy se queda con el margen.

La Ley 38/1994 permite además reconocer una interprofesional para un producto con figura de calidad diferenciada, aunque exista otra en el sector general. La IGP Plátano de Canarias encaja casi literalmente. Debería ser de ámbito estatal, con sede en Canarias y limitada al producto amparado por la IGP.

Canarias no pierde poder. Conserva el reconocimiento de las OPP y de Asprocan, el control de la IGP a través del ICCA, la aprobación del pliego de condiciones y la gestión del Posei. Y gana un instrumento que llega a la parte de la cadena que hoy se le escapa.

La nueva arquitectura, en dos piezas

Una nueva Asprocan. Conservaría su condición de AOP: concentración de oferta, programación de embarques, gestión de crisis y negociación comercial por cuenta de sus miembros. Es la única pieza que puede tocar precio y volumen. La reforma pendiente consiste en exigirle comercialización efectiva, no meramente administrativa, mediante la modificación del Decreto 48/2018.

La Organización Interprofesional del Plátano de Canarias. Estaría reconocida por el MAPA y sería paritaria entre producción y comercialización y distribución. Se ocuparía de:

-La promoción, financiada con aportación obligatoria extendida.

-El observatorio de costes, precios y márgenes.

-Los contratos tipo y las cláusulas de reparto de valor.

-Las normas de calidad, categorías, trazabilidad y presentación.

-La investigación y la transferencia.

-Los acuerdos de sostenibilidad.

-La representación de toda la cadena.

-La gestión de la IGP, traspasada desde Asprocan previa tramitación ante el ICCA conforme a la Ley canaria 4/2015.

¿Y qué gana la distribución? Nada de esto es filantropía. Gana previsibilidad de suministro y calidad, sin picas improvisadas ni roturas de lineal. Gana una categoría premium creíble que sostiene su propio margen frente a una guerra de precios. Gana un interlocutor único en lugar de seis OPP y decenas de maduradores. Gana cobertura reputacional con compromisos ambientales conjuntos que no puede lograr sola. Y gana gestión compartida con datos, estándares y promoción común.

La experiencia de las 27 interprofesionales reconocidas en España, de Interporc a Ailimpo o HortiEspaña, deja lecciones claras. Las que funcionan tienen un objeto acotado y logran pronto la extensión de norma. Son estrictamente neutrales en precios y tienen una dirección técnica profesional. Se vuelven indispensables porque producen los datos que todos usan, y mantienen un equilibrio real entre sus ramas. Las que fracasan permiten vetos individuales y confunden la interprofesional con la organización de productores. Dependen de aportaciones voluntarias o nacen para resolver conflictos internos. Este último es el riesgo específico del caso canario. Si la interprofesional nace como arma de un bando de OPP contra otro, nunca llegará a la extensión de norma.

Dejar de cavar

Hay salida. Es posible recuperar la rentabilidad y garantizar la viabilidad de todas las explotaciones, grandes y pequeñas. Es posible que el agricultor vuelva a trabajar con la certidumbre de que su plátano le da para vivir. Y eso se puede hacer desde la política: diseñando y aplicando, por fin, una buena política agraria, algo de lo que Canarias ha carecido hasta ahora.

Pero hacen falta tres cosas. Compromiso del sector. Voluntad y valentía política. Y, sobre todo, reconocer de una vez la crisis estructural que atraviesa el plátano. Mientras sigamos llamando coyuntura a lo que es estructura, seguiremos pidiendo más ayudas para sostener exactamente lo mismo.

Dice un viejo proverbio que, para salir del hoyo, lo primero que hay que hacer es dejar de cavar. Es hora de soltar la guataca y exigir cordura.