Amor con butifarra y sin melancolía
La frase socorrida, casi de socorro, “ponte en mi lugar”, se suele comer sola, sin acompañamiento y con escaso éxito por parte de la persona que pide. Ponerse en el lugar del otro, de la otra, exige una infinita generosidad y una capacidad muy grande de cariño.
No son buenos tiempos para las suplencias afectivas ni para las sustituciones compasivas. Casi nadie se compadece de ni tiene ánimo de entregarse. Sucede algo así entre los países de la Unión Europea después de los sucesos de Ceuta y sus derivadas ideológicas. Nadie quiere verse en una de esas, por eso muchos apelan al espanto y a la exageración interesada, esta última casi siempre. La iglesia católica actual, su jerarquía máxima, se mantiene en la excepcionalidad respecto a los poderes de la Tierra. Surca los mares y los aires como alma que no lleva el diablo y parece entregarse a los más débiles. Se dice que nació para eso.
Otras instituciones europeas, no se sabe ni para qué nacieron ni en qué lugar están ahora. Si se trataba de demonizar y desautorizar a España, más bien a su gobierno, la jugada ha sido nefasta para sus actores principales. ¿Quién se responsabiliza de los muertos en el asalto? Son los muertos más anónimos y con más titulares periodísticos concebibles.
Una vez (Aznar) López se fotografió delante de un mapa en el que el territorio de Marruecos, y del Sahara exespañol, tenía el mismo color que Ceuta, Melilla y el Archipiélago canario, o viceversa. Casi nadie dijo nada, quizás porque la foto fue tomada en Marruecos y con el rey. Tampoco ha aparecido estos días.
Por lo que llevamos de verano, este agosto parece que va a ser un mes cargado de inmundicias e historias para no dormir. El pesado eclipse es una de ellas, hasta en la sopa. Solo falta algún negacionista del hecho para inundar el panorama. El tal Bosé debe estar de vacaciones paracientíficas.
Como siempre, hay buenas noticias: el otro día me tocaron cinco libros, por sorteo en la librería Alberti de Madrid, de las editoriales del grupo Contexto: ¡qué ilusión! Entre ellos, uno de Evelyn Waugh. Muchas gracias a mi librería de guardia y cariño.
Y las mejores butifarras, que para ello me he convocado, son las del norte de Catalunya, cerca de Palamós y de Palafrugell. Acompañadas de fesolets, de monchetas o de alguna seta de temporada, excelente placer gastronómica sin un ápice de nostalgia.
Pero es inevitable que mi paladar vuele a Can Punyetes, en Barcelona, o a Can Torrades, en Begur. Amb vi de la terra, si us plau.