Loli, superviviente de la institución franquista que maltrató a miles de niñas y mujeres: ''Dudé de lo que viví porque nadie hablaba de ello''
“Mi nombre como superviviente del Patronato es Loli Benito. Por razones que luego vas a entender, no utilizo el apellido de mi padre”. Loli acaba de cumplir 60 años, está estudiando, y acaba de terminar un curso de grabación de datos. Vive donde siempre soñó, en la casa de Cantabria donde vivía su madre. Acaba de aterrizar en Lanzarote, donde junto a las investigadoras Belén López Cillero y Rocío Saiz y en el marco de las actividades del festival ‘Arrecife en vivo’ podrá poner rostro y luz a una de las etapas más oscuras de la historia reciente de las mujeres en España. Ahora, dice con alivio, hace lo que le da la gana, pero no siempre fue así.
Entre 1982 y 1984 -cuando gobernaba en España Felipe González- estuvo tutelada por el Patronato de Protección a la Mujer, una institución franquista que, lejos de proteger a las miles de niñas y mujeres que pasaron por sus centros, las sometía a abusos con el propósito de “enderezar” a las que no encajaran en el rol impuesto de “buena mujer”.
Con 16 años, Loli ingresó en la Maternidad de Peña Grande de Madrid embarazada como consecuencia de las violaciones que sufría por parte de su padre. En este centro del Patronato permanecieron encerradas niñas y adolescentes embarazadas de todo el país. “Yo me escapaba mucho de casa cuando era pequeña. Me escapaba porque mi padre abusaba de mí. Mi madre estaba enferma y pasaba mucho tiempo fuera de casa, en un hospital. Entonces, cuando ella no estaba, yo me escapaba, porque sabía lo que me esperaba”, cuenta.
A los 12 años, “después de muchas fugas”, Loli pasó a estar tutelada por el Tribunal Tutelar de Menores. “Querían saber qué estaba pasando y me hicieron un análisis psiquiátrico. En una de las charlas que yo tengo con mi psiquiatra le confieso que mi padre me violaba. Confiaba en él, pero envió un informe al Tribunal Tutelar de Menores y decidieron llevarme a un reformatorio”, recuerda. A su padre no le hicieron nada.
“El Patronato era para proteger a la mujer, ¿de quién?, ¿de mi padre? Si al que tenían que haber puesto las manos encima era a él, no a mí”, añade Loli. En Peña Grande Loli fue sometida a trabajos forzados, castigos, insultos y agresiones sexuales. Otras de las mujeres que pasaron por ese encierro también sufrieron el robo de sus bebés. Esta rutina se repetía en todo el entramado de centros del Patronato, dependientes del Ministerio de Justicia y gestionados por congregaciones religiosas.
No había protección alguna. Eran ellos los que nos ponían a los pies de los caballos
Sobre los trabajos a los que eran sometidas, Loli recuerda especialmente la visita del papa Juan Pablo II a España en 1982. “Hubo un merchandising, que era una bolsa con un montón de cosas dentro. Esas bolsas las hicimos nosotras, pero no te hablo de 5.000 ni de 10.000, hicimos 50.000 bolsas. Todo eso embarazadas y recién paridas”, incide. También recuerda haber hecho cajas para una conocida marca deportiva.
La investigadora Belén López Cillero, autora del libro Nacionalcatolicismo y Patriarcado. El Patronato de Protección a la mujer y su junta provincial coruñesa, añade que muchas niñas y jóvenes tenían las rodillas destrozadas por fregar de rodillas y que algunas ni siquiera pueden oler hoy un tipo concreto de pastillas de jabón, porque les recuerda a cuando los empaquetaban de manera masiva en los centros del patronato.
Castigos y malos tratos
Loli pasó un mes entero encerrada en una habitación de castigo. Cuando salió, las monjas la mandaron a limpiar la piscina. “A mí me hizo mucha ilusión, porque me daba el aire”, recuerda. Sin embargo, allí fue agredida sexualmente por el jardinero del centro. “Estoy segura de que las monjas lo sabían, pero, ¿sabes lo que pasa? Que para mí los abusos sexuales eran algo normal. A mí lo peor ya me lo había hecho mi padre, que se supone que es tu pilar”, cuenta.
Dio a luz a su hija en junio de 1982. Seis meses más tarde, la madre de Loli falleció. La Semana Santa de 1983, autorizaron al padre de Loli para que la sacara junto a la bebé durante cuatro días. “Me llevó a un hostal, volvió a violarme y volvió a dejarme embarazada”, recuerda. El niño nació en diciembre. “No había protección alguna. Eran ellos los que nos ponían a los pies de los caballos”, sostiene. Pasar por el Patronato hizo que muchas mujeres, una vez fuera de los centros, terminaran en relaciones donde eran víctimas de violencia machista. “Llevábamos el maltrato escrito en la frente. Yo me casé con un maltratador”, cuenta.
Yo le decía al médico que me faltaban mis hijos y él me decía “los tienes aquí”. Le conté que tenía dos más y me dio medicación para las alucinaciones
Dudar de una misma
Cuando Peña Grande cerró sus puertas en 1984, la “idea” era que cada una regresara a su lugar de origen con su familia de origen. En su caso era inviable. Por lo que le dieron dos opciones: quedarse en la calle con sus hijos o sin ellos. La decisión tuvo que tomarla en menos de media hora. “Desde que tú entras en Peña Grande, la idea es quedarse con tus hijos. Si no lo hacen de primeras, lo hacen después”, cuenta Loli. “Lo primero que pensé es que yo no había traído hijos al mundo para hacerlos sufrir. Yo ya había estado en la calle, yo iba a sobrevivir”, recuerda.
Así fue. Ella se quedó en la calle y sus hijos fueron adoptados por una familia de Barcelona. Loli trató de rehacer su vida. Tuvo dos hijos más y volvió a recibir tratamiento psiquiátrico. “Yo le decía al médico que me faltaban mis hijos y él me decía ”los tienes aquí“. Le conté que tenía dos más y me dio medicación para las alucinaciones”, comparte.
“Yo sabía que había parido, pero llega un momento en que la cabeza te juega una mala pasada”, reconoce. Pasó el tiempo y el destino puso en su camino a la investigadora que sacó a la luz la realidad del Patronato, Consuelo García del Cid. Entonces, Loli Benito incluso dudaba de haber pasado por Peña Grande porque “nadie hablaba de ello”. “Buscaba por Internet y no había nada”, denuncia. Pero Consuelo apareció y le mostró que no estaba sola. También le confirmó que tenía dos hijos con los que Loli pudo reencontrarse años después.
“Para mí lo más sanador ha sido encontrar a mis hijos después de tanto tiempo y poder contarle al mundo lo que yo he pasado”, sostiene. Loli mantiene contacto con muchas de sus compañeras a través de un grupo de WhatsApp, y asegura que aunque no ha sido “un camino de rosas”, gracias a ellas sobrevivió al Patronato. “Estabas sola, solo nos teníamos las unas a las otras. La sororidad la inventamos nosotras hace mucho”, sostiene.
Investigar el Patronato “por los márgenes”
Muchas de las más de 40.000 mujeres que pasaron por el Patronato siguen con vida, y gracias a su testimonio se han podido recuperar los retazos de una historia de la que apenas han pasado 40 años. Aunque de forma oficial esta institución “murió” en 1985, las investigadoras han encontrado testimonios incluso de 1997.
Acceder a los expedientes no ha sido sencillo. La investigadora Belén López Cillero, que ha dedicado buena parte de su trayectoria a reunir pruebas de las vulneraciones de derechos de las mujeres que cometió esta institución franquista, cuenta cómo tuvo que “buscar por los márgenes” porque las autoridades responsables le respondieron en un principio que por incendios e inundaciones se habían perdido miles de cajas con documentación sobre el Patronato.
Lo mismo le sucede a la cineasta y activista por los derechos del colectivo LGTBIQ+ Rocío Saiz, que, según sus palabras, se obsesionó con buscar a las mujeres lesbianas del Patronato. “No aparecían por ningún lado y había un hueco muy grande”, explica. Las investigaciones de López y Sáiz evidencian que la orientación sexual era uno de los motivos por los que las mujeres podían ser encerradas en los centros del Patronato.
En el libro de Belén López Cillero se recoge que las jóvenes lesbianas estaban consideradas pacientes psiquiátricas y en su expediente se las calificaba como mujeres con “profundas inclinaciones anormales sexuales”. Ellas eran sometidas a terapias de reconversión, a sesiones de electroshock y estaban sobremedicadas. “Si has estado ahí, que sepas que no estás sola”, insiste Rocío Sáiz, que no ceja en su empeño de encontrar a las mujeres del colectivo que sufrieron las violencias del Patronato.
En esta línea, las tres piden reparación y acompañamiento para las supervivientes. “Algunas a día de hoy no quieren hablar porque sienten que son culpables”, lamentan. Sobre el momento político que atraviesa España, Loli valora que ''como superviviente del Patronato y también como mujer, un gobierno de derechas sería retroceder 40 años en el tiempo“. ”Sería volver a desaparecer y que todo el respeto que nos tienen ahora y todo el apoyo que tenemos, lo perderíamos'', señala.
''Mientras los hombres estaban construyendo carreteras, las mujeres estaban encerradas“. El Patronato no distinguía entre mujeres de izquierdas o de derechas, porque a las de derechas también las metían para reeducarlas. Esta cosa que hablamos entre vencedores y vencidos, en el caso del Patronato, eran todas mujeres. El fascismo va contra las mujeres'', concluyen.