Jeep Compass e-Hybrid Plug-In: sin límites
Desde hace ya mucho, Jeep ha sabido hacer compatibles los vehículos rudos y eficaces que le dieron fama mundial, en una secuencia que va del Willys al Wrangler, con otra gama de vehículos refinados y lujosos que inauguró el Wagoneer en 1963 y afianzaron luego los Cherokee y Grand Cherokee. En tiempos recientes, la firma estadounidense de Stellantis ha encontrado un filón comercial en el Avenger, el coche más pequeño que haya fabricado exceptuando el Willys y su versión civil -el CJ-2A-, y ahora busca reeditar ese éxito con el Compass de tercera generación.
- Valoración Jeep Compass e-Hybrid Plug-In: diseño, 8,6; interior, 8,3; motor, 8,5; conducción, 8,6; global, 8,5
Más que el Avenger, el Compass consigue conjugar esas dos almas diferenciadas de Jeep. Por un lado, mantiene buena parte de las aptitudes off road que se esperan de cualquier modelo de la marca, y por otro luce una factura y un nivel de acabados notable, que se encuentra entre los mejores que se pueden encontrar hoy en día en un vehículo del grupo Stellantis. Además, el combo luce un aspecto vistoso y atractivo -más si uno se presenta al volante de la unidad verde Hawaii con techo negro de las fotografías- y se ofrece a un precio que no cabe considerar desmesurado a la vista del encarecimiento general de los coches en los últimos años.
La versión más asequible de las existentes, la mild hybrid de 145 CV en acabado Altitude, cuesta 32.40 euros, y la híbrida enchufable objeto de esta prueba, de 225 CV y 94 kilómetros de autonomía eléctrica, parte de 39.230 euros antes de ayudas, y de 42.170 en la terminación Summit. Hay también variantes eléctricas de 213, 231 y 375 CV, esta última equipada con tracción total, que están comprendidas entre 42.740 y 60.350 euros.
El Compass ha ganado presencia con respecto a generaciones previas, entre otras cosas porque crece hasta los 4,55 metros de largo y dispone de una batalla de 2,79 m que da lugar a unas espaciosas plazas traseras. También el maletero resulta más generoso que antes, pues con 550 litros aventaja en 45 litros al Compass que se vendía hasta que se ha comercializado el actual.
Para quien prefiera la tecnología híbrida enchufable a la eléctrica pura, la versión e-Hybrid Plug-In tiene a su favor que le corresponde el mismo distintivo ambiental de la DGT, el 0 emisiones, y que cuenta con una autonomía eléctrica que no se halla entre las mejores de su categoría pero ya no es en absoluto despreciable: 94 kilómetros (92 en la versión Summit, más equipada). Con este alcance, que en ciclo solo urbano sube teóricamente a 113 km (cosa que nos parece muy complicada de lograr), se debería poder realizar la mayoría de los trayectos diarios sin utilizar el motor de combustión, siempre que se recargue previamente la batería, como siempre subrayamos en estos casos.
El sistema de impulsión se compone aquí de un motor de gasolina de cuatro cilindros y 1,6 litros que entrega por sí solo 150 CV y de otro eléctrico de 92 kW, de cuyo empuje conjunto se extraen los referidos 225 caballos. La batería, de 17,9 kWh netos, se recarga en corriente alterna a un máximo de 7,4 kW y en el plazo de tres horas.
Para viajes largos, la autonomía total del Compass enchufable se acerca a los 1.000 kilómetros -según información de Stellantis-, favorecida por un consumo medio razonable para un coche de dos toneladas y silueta no especialmente aerodinámica. El valor homologado es de 2 litros/100 km, pero lo importante es que se sitúa entre los 7 y los 8 litros/100 km en conducción real cuando la energía de la batería llega a su fin.
Mejor tracción
El seguidor de Jeep le gustará saber que, con independencia de la motorización que se elija para el Compass, la marca de Ohio ha mejorado el sistema de tracción Selec-Terrain, diseñado ahora para poder accionarse más fácilmente. Al conductor se le facilita así adaptar el comportamiento del vehículo a distintos tipos de superficie mediante cinco programas: Automático, Deportivo, Nieve, Arena/Barro y Eléctrico, este último reservado a la versión híbrida enchufable.
Además de cambios visuales en la instrumentación, los diferentes modos introducen ajustes específicos en la respuesta mecánica y en los dispositivos de control. Incluso en el estándar, al que el coche -que arranca siempre en eléctrico- pasa de forma automática cuando la batería se agota, el comportamiento nos ha parecido neutro y estable, carente del balanceo que tal vez cabría esperar de un vehículo relativamente voluminoso y pesado.
Para estar al día en cuestión de tecnología se han incorporado en la nueva generación del Compass un panel de instrumentos digital de 10,25 pulgadas, una pantalla central de 16“ para el sistema de infoentretenimiento y un head-up display de gran tamaño que proyecta la información esencial en el campo de visión de quien se pone al volante.
Como adelantábamos al inicio, el habitáculo se caracteriza no por el lujo, pero sí por una sobriedad de producto bien rematado, que agasaja con materiales de buena apariencia y muy bien ajustados al menos en las partes que se encuentran más visibles. También el diseño interior nos parece sumamente afortunado, al combinar refinamiento con toques camperos de los que gustan a los adeptos a la marca, comenzando por el mando del Selec-Terrain acabado en goma y circundado de rojo que ocupa un lugar central en la consola del vehículo.
Por supuesto, cada cual puede personalizar su Compass y protegerlo de eventuales daños, especialmente si es de los que lo utilizan por campo, recurriendo al extenso catálogo de accesorios que suministra la firma Mopar, propiedad también del grupo Stellantis.