<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Escritores]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/temas/escritores/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Escritores]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/tag/1004152/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere con 103 años el escritor Josep Vallverdú, padre del clásico de la literatura infantil 'Rovelló']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/muere-103-anos-escritor-josep-vallverdu-padre-clasico-literatura-infantil-rovello_1_13397412.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/27df54f8-c947-4965-93cc-dc2224d2854d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x838y264.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere con 103 años el escritor Josep Vallverdú, padre del clásico de la literatura infantil &#039;Rovelló&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El año pasado entregó en la editorial La Galera 'El retorno de Rovelló', la secuela del clásico</p></div><p class="article-text">
        El escritor Josep Vallverd&uacute;, padre de 'Rovell&oacute;', el cl&aacute;sico de la literatura infantil que ha acompa&ntilde;ado a generaciones de lectores catalanes desde finales de los a&ntilde;os sesenta, ha muerto este martes con 103 a&ntilde;os, seg&uacute;n ha podido confirmar la agencia ACN. Referente de la literatura infantil y juvenil en catal&aacute;n, Vallverd&uacute; deja una ingente obra literaria &ndash;m&aacute;s de 300 t&iacute;tulos publicados&ndash; entre novelas, memorias, viajes, cuentos, traducciones, poes&iacute;a e incluso teatro. En 2023 se celebr&oacute; el centenario de su nacimiento, con numerosos actos y actividades por todo el pa&iacute;s. Hace un a&ntilde;o entreg&oacute; a la editorial La Galera 'El retorn de Rovell&oacute;', la secuela del cl&aacute;sico que le ha hecho un icono de la literatura catalana.
    </p><h2 class="article-text">Infancia y formaci&oacute;n: entre Lleida y Barcelona</h2><p class="article-text">
        Josep Vallverd&uacute; i Aixal&agrave; naci&oacute; en la ciudad de Lleida, el 9 de julio de 1923. La Guerra Civil oblig&oacute; a la familia Vallverd&uacute; a buscar refugio una temporada fuera de la ciudad y trunca su etapa de estudiante. En 1939 regresan y un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se trasladan a Barcelona, donde su padre ten&iacute;a una tienda de ropa, y donde &eacute;l contin&uacute;a sus estudios de bachillerato.
    </p><p class="article-text">
        El joven Vallverd&uacute; se matricul&oacute; en la Universidad de Barcelona para cursar la carrera de Filosof&iacute;a y Letras, en la especialidad de Filolog&iacute;a cl&aacute;sica. Entabla amistad con personas del catalanismo cultural como Frederic Roda, Antoni Badia i Margarit, Pere de Palol, Joan Triad&uacute;, Josep Palau i Fabre e Isabel Arqu&eacute;, que a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a su mujer. En 1947 le llaman para trabajar en la Universidad, como becario del doctor Josep Rubi&oacute; i Balaguer, colaborando en su labor de investigador en el Archivo de la Corona de Arag&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Sant Feliu de Gu&iacute;xols</h2><p class="article-text">
        En 1949 le ofrecen trabajar en una academia en Sant Feliu de Gu&iacute;xols (Baix Empord&agrave;). Despu&eacute;s de dirigir dos a&ntilde;os la academia, trabaja en una empresa de tapones de corcho, y tambi&eacute;n comienza a dar clases y a intervenir en las actividades culturales de la villa e imparte conferencias.
    </p><p class="article-text">
        Form&oacute; parte de la primera redacci&oacute;n de la revista '&Agrave;ncora', donde entabla amistad con Agust&iacute; Calvet i Pascual, 'Gaziel'. En Sant Feliu permanece hasta 1956, &ldquo;siete a&ntilde;os pr&oacute;digos en acontecimientos vitales, en maduraci&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n el escritor. En 2023 el Ayuntamiento le otorga el t&iacute;tulo de Hijo Adoptivo de Sant Feliu de Gu&iacute;xols.
    </p><p class="article-text">
        Por motivos familiares y laborales Vallverd&uacute; volver&aacute; a Lleida, donde vivir&aacute;n diez a&ntilde;os, entre 1959 y 1969. Durante esos a&ntilde;os, emprende una trayectoria literaria que ir&aacute; a m&aacute;s.
    </p><h2 class="article-text">Resurgir de la literatura infantil y juvenil en catal&aacute;n</h2><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os sesenta, la literatura juvenil en catal&aacute;n resurge progresivamente. Vallverd&uacute; publica en aquellos a&ntilde;os tres novelas juveniles: 'El vendedor de peces' (1960), supone el regreso de la novela de aventuras en unos momentos de una gran sequ&iacute;a en este g&eacute;nero. Es una obra que marca un antes y un despu&eacute;s en su carrera. 'Trampa bajo las aguas', novela que gana el premio Joaquim Ruyra, 1963 y 'La caravana invisible' (1968) son las otras dos. Durante aquellos a&ntilde;os el escritor leridano a&ntilde;os tambi&eacute;n colabora con la revista Cavall Fort, desde su creaci&oacute;n, en 1961.
    </p><h2 class="article-text">Traductor</h2><p class="article-text">
        De forma paralela, empez&oacute; a traducir sobre todo novelas policiacas para Edicions 62, editorial reci&eacute;n creada. Entre 1962 y 1975 traduce al catal&aacute;n una larga lista de t&iacute;tulos, de autores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Martin Luther King, Jack London, Piaget, Edgard A. Poe, Gianni Rodari, Walter Scott, James Stevenson, G.K. Chesterton u Oscar Wilde.
    </p><p class="article-text">
        En 1966, por encargo de la editorial Vicens, tradujo 'The revolt of the catalans', del historiador brit&aacute;nico John H. Elliot. Un meritorio trabajo que no sali&oacute; publicado bajo el t&iacute;tulo que el autor hab&iacute;a puesto. Y es que el censor franquista decret&oacute; que no pod&iacute;a ser la revuelta 'de los catalanes' e impuso el t&iacute;tulo 'La revolta catalana'.
    </p><h2 class="article-text">Rovell&oacute;</h2><p class="article-text">
        1968 es un a&ntilde;o clave en su larga trayectoria literaria. El verano de ese a&ntilde;o, en una choza de ca&ntilde;as en el jard&iacute;n de su casa de Puiggr&ograve;s, escribe casi a chorro la historia de un perro r&uacute;stico llamado Rovell&oacute;. La obra gana el premio Josep Maria Folch i Torres (1968) y comienza as&iacute; una historia de &eacute;xito editorial que ser&aacute; imparable. Desde 1968, Edicions de la Galera han publicado 30 ediciones y vendido m&aacute;s de 75.000 ejemplares. 'Rovell&oacute;' ha sido traducido al castellano, vasco, franc&eacute;s, italiano y ruso y se ha adaptado en 26 episodios de dibujos animados para la televisi&oacute;n. En febrero del 2026, 56 a&ntilde;os despu&eacute;s de la primera aparici&oacute;n de este m&iacute;tico personaje, Vallverd&uacute;, con 102 a&ntilde;os, present&oacute; la segunda parte de Rovell&oacute;, donde el popular perro vive nuevas aventuras en las que aparecen referencias a otras obras del autor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[ACN]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/muere-103-anos-escritor-josep-vallverdu-padre-clasico-literatura-infantil-rovello_1_13397412.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 21 Jul 2026 20:33:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/27df54f8-c947-4965-93cc-dc2224d2854d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x838y264.jpg" length="167965" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/27df54f8-c947-4965-93cc-dc2224d2854d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x838y264.jpg" type="image/jpeg" fileSize="167965" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Muere con 103 años el escritor Josep Vallverdú, padre del clásico de la literatura infantil 'Rovelló']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/27df54f8-c947-4965-93cc-dc2224d2854d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x838y264.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Obituarios,Escritores,Catalán,Literatura infantil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura también cruza la verja: los escritores de Gibraltar celebran el fin de la frontera para "sentirnos más nosotros"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/literatura-cruza-verja-escritores-gibraltar-celebran-frontera-sentirnos_1_13389974.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a8b22880-b0c8-4d4f-9202-1afd56096891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La literatura también cruza la verja: los escritores de Gibraltar celebran el fin de la frontera para &quot;sentirnos más nosotros&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Autores como Trino Cruz, Gabriel Moreno o Rebecca Calderón celebran el acuerdo de los gobiernos español y británico, un sueño largamente acariciado por los habitantes de la Roca: "Esto nos hace pensar que habrá mucha más conexión, contacto y colaboración con el mundo cultural de Andalucía y de España"</p><p class="subtitle">Gibraltar, sin Verja: el día que la frontera se convirtió en calle
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Illo, illo, illo! &iexcl;Que se implementa hoy el <em>treaty</em>, que va a caer el <em>final frontier</em>!&rdquo;. As&iacute; comienza el <em>Di&aacute;logo fronterizo</em> que el escritor gibraltare&ntilde;o Jonathan Teuma escrib&iacute;a con motivo de <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/cadiz/verja-gibraltar-cae-cinco-anos-intensas-negociaciones_1_13380394.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la ca&iacute;da de la verja de Gibraltar</a> esta semana. Una noticia que afecta fundamentalmente a los trabajadores que durante d&eacute;cadas se han visto obligados a hacer cola y sacar sus pasaportes cada vez que entraban y sal&iacute;an de la Roca, pero tambi&eacute;n a los poetas y narradores que, por naturaleza, han venido cruzando tambi&eacute;n las fronteras idiom&aacute;ticas de manera cotidiana.  
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Trino Cruz, un poeta que ha hecho su carrera entre Gibraltar, Espa&ntilde;a y Marruecos, &ldquo;da gran placer y cierto v&eacute;rtigo cruzar la frontera (nosotros nunca la hemos llamado &lsquo;la verja&rsquo;) en ambos sentidos sin ning&uacute;n tipo de control, sin presencia policial, sin necesidad de identificarnos&rdquo;, celebra. &ldquo;Humanizar un territorio de nadie es de gran valor, un gesto contracorriente y generoso en un mundo ruidoso y distra&iacute;do, un gesto que demuestra confianza en el otro, y en la necesidad de fomentar el bien com&uacute;n. &iexcl;Territorio de todos!&rdquo;, aplaude el poeta.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cada uno de nosotros es un v&iacute;nculo entre mil vidas, vaso comunicante entre espacios y memorias, cada uno tiene la responsabilidad de seguir tejiendo a su manera, ejerciendo su libertad, con respeto, con amor&rdquo;, prosigue el autor de <em>Rhila</em> o <em>Mediod&iacute;a del cantor</em>. &ldquo;Todos tendremos algo que decir al respecto, nuestras historias seguir&aacute;n creciendo, nutri&eacute;ndose de complejidad y honradez, transform&aacute;ndonos y enriqueci&eacute;ndonos. Pienso tambi&eacute;n en los que s&oacute;lo conozcan esta no-frontera, tendr&aacute;n otras referencias, ser&aacute; un nuevo punto de partida para ellos. Las futuras generaciones fomentar&aacute;n el respeto, y cultivar&aacute;n y mimar&aacute;n este regalo que hoy se nos brinda&rdquo;, a&ntilde;ade Trino Cruz.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x631y307.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x631y307.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x631y307.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x631y307.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x631y307.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x631y307.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/97130994-cf99-4d31-bb0c-a102cdf6cce5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x631y307.jpg"
                    alt="Trino Cruz, poeta a caballo entre Gibraltar, España y Marruecos"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Trino Cruz, poeta a caballo entre Gibraltar, España y Marruecos                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><h2 class="article-text">Identidad sin barreras</h2><p class="article-text">
        Gabriel Moreno es un poeta y cantautor que escribe en llanito, la peculiar mezcla de espa&ntilde;ol e ingl&eacute;s que se da en la Roca. Su &uacute;ltimo poemario, titulado precisamente Gibraltar, contiene versos como &ldquo;<em>The night is black como un whiski con cola,/ en el belly del estresho no se ve n&aacute;,/ y t&oacute; lo que escusho son el mot&oacute; y la ola/ and a voice that says, &lsquo;al pe&ntilde;&oacute;n volver&aacute;&rsquo;&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para m&iacute;, como escritor gibraltare&ntilde;o, supone un hito hist&oacute;rico, porque toda la vida hab&iacute;amos sentido una divisi&oacute;n, sobre todo psicol&oacute;gica, con la cultura y el mundo literario del Campo de Gibraltar, de Andaluc&iacute;a y de Espa&ntilde;a&rdquo;, explica Moreno. &ldquo;Esto, m&aacute;s que simb&oacute;licamente, nos hace pensar que podr&aacute; haber mucha m&aacute;s conexi&oacute;n, contacto y colaboraci&oacute;n con el mundo cultural de Andaluc&iacute;a y de Espa&ntilde;a&rdquo;, augura el autor.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tambi&eacute;n, a nivel filos&oacute;fico, siempre hemos pensado que un lugar puede construir una identidad cultural fuerte y potente sin necesidad de murallas, barreras o fronteras. Ese ha sido siempre nuestro sue&ntilde;o: poder afinar y hacer brillar nuestra identidad sin necesidad de separarnos f&iacute;sicamente de Espa&ntilde;a ni de ning&uacute;n otro pa&iacute;s&rdquo;, agrega. &ldquo;Sentimos que ahora tendremos m&aacute;s oportunidades para fundir las dos culturas que nos conforman y nos hacen ser quienes somos: la inglesa y la andaluza. Esperamos que esta apertura tambi&eacute;n suponga una nueva manera de concebir el mundo, de concebirnos a nosotros mismos y de entender la literatura y la poes&iacute;a&rdquo;, apunta.
    </p><h2 class="article-text">Un acontecimiento</h2><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, Gabriel Moreno se&ntilde;ala que &ldquo;naturalmente, hay tambi&eacute;n cierta inquietud, porque toda la vida hemos sido un lugar fronterizo, donde las fronteras han formado parte de nuestra identidad&rdquo;. &ldquo;Est&aacute; la frontera entre el Atl&aacute;ntico y el Mediterr&aacute;neo, las fronteras culturales con Espa&ntilde;a y con Inglaterra, pero creemos que esa inquietud no es m&aacute;s que el miedo natural al cambio y que este ser&aacute; un momento de transformaci&oacute;n positiva, de colaboraci&oacute;n y de sentirnos m&aacute;s nosotros mismos, sin necesidad de expulsar a nadie de nuestro territorio psicol&oacute;gico y literario, as&iacute; que vivimos este momento hist&oacute;rico con ilusi&oacute;n y con esperanza&rdquo;, manifiesta. 
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, Rebecca Calder&oacute;n, autora de t&iacute;tulos como <em>Ten thousand words</em> o<em> The Civil Garrison</em>, afirma: &ldquo;Me apasionan los grandes momentos de la historia, y ahora mismo estamos viviendo uno. La apertura de la frontera es un acontecimiento enorme. Hay quienes solo han conocido la hostilidad entre Espa&ntilde;a y Gibraltar, pero antes de la dictadura de Franco toda la zona del Campo era una regi&oacute;n social y econ&oacute;micamente interconectada. Tengo muchas ganas de ser testigo de este cambio tan emocionante y de escribir sobre &eacute;l&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que nos ha hecho pensar en el pasado y en todas las peque&ntilde;as historias asociadas al cierre de la frontera. Ha despertado recuerdos que han inspirado poes&iacute;a durante estos &uacute;ltimos d&iacute;as&rdquo;, agrega. &ldquo;Yo todav&iacute;a estoy en estado de shock; todo resulta bastante surrealista. Es un paso muy positivo y estoy observando atentamente c&oacute;mo evoluciona todo. Soy una optimista incorregible, pero hay mucha gente que se muestra esc&eacute;ptica&rdquo;, comenta la escritora. 
    </p><h2 class="article-text">Ellos y nosotros</h2><p class="article-text">
        Pero las sensaciones predominantes son de optimismo, incluso de euforia. Para Trino Cruz, &ldquo;se cierra as&iacute; un cap&iacute;tulo de nuestra historia fronteriza y se abre otro mejor para la gran comunidad que habita esta regi&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Es la primera vez en muchas generaciones que podemos cruzar este espacio libremente: recuperemos la costumbre de fluir, nuestro ir y venir construir&aacute; y nos unir&aacute;, calar&aacute; profundamente en nosotros, y nos sorprenderemos pensando y actuando de nuevas maneras. Es necesario quitarle le&ntilde;a al fuego, tener confianza en los que nos rodean, reconocer que el discurso divisivo del &lsquo;ellos y nosotros&rsquo; no tiene ning&uacute;n sentido entre nosotros&rdquo;, opina.
    </p><p class="article-text">
        Los d&iacute;as siguientes a la ca&iacute;da de la verja el poeta se siente, m&aacute;s que nunca, ciudadano del mundo. &ldquo;Que cada uno viva a su manera, pero la memoria colectiva insiste en que soy africano y europeo, mediterr&aacute;neo y atl&aacute;ntico, todos a la vez, y que no tengo que elegir. Es as&iacute; como contemplo las gaviotas y las golondrinas que nos sobrevuelan. Con su vuelo y su griter&iacute;o danzan y celebran el atardecer de este segundo d&iacute;a, donde nada ha cambiado para ellas&hellip;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/literatura-cruza-verja-escritores-gibraltar-celebran-frontera-sentirnos_1_13389974.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 19:33:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a8b22880-b0c8-4d4f-9202-1afd56096891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5947793" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a8b22880-b0c8-4d4f-9202-1afd56096891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5947793" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La literatura también cruza la verja: los escritores de Gibraltar celebran el fin de la frontera para "sentirnos más nosotros"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a8b22880-b0c8-4d4f-9202-1afd56096891_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Gibraltar,Cádiz,Campo de Gibraltar,Escritores,Cultura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un mitin de masas y el misterio de una calle: el libro que ilumina la huella de Galdós en la Mancha toledana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/mitin-masas-misterio-calle-libro-ilumina-huella-galdos-mancha-toledana_1_13381491.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/30257c26-197c-428b-8a47-6b2d3d640c69_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147550.jpg" width="420" height="236" alt="Un mitin de masas y el misterio de una calle: el libro que ilumina la huella de Galdós en la Mancha toledana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Marciano Ortega, que fue alcalde de El Toboso, cuenta en su obra el vínculo que unió al gran cronista y escritor con esta localidad y con Quintanar de la Orden. Sigue el rastro que va desde su amigo Antonio Nuño de la Rosa, posible trasunto de Alejandro Miquis en 'El doctor Centeno', hasta el pionero profesor 'krausista' Julián Sanz del Río, cuyas enseñanzas ambos compartieron</p><p class="subtitle">“¡Esas barbas, fuera!”: el pueblo que celebra por todo lo alto el rodaje hace 40 años de la mítica ‘El viaje a ninguna parte’</p></div><p class="article-text">
        Un d&iacute;a, en la localidad toledana de El Toboso, conocida por ser el origen de Dulcinea, la imaginaria amada de Don Quijote, un hombre le pregunt&oacute; al que era entonces su alcalde, Marciano Ortega Molina, qui&eacute;n era el se&ntilde;or que daba nombre a una calle: Juli&aacute;n Sanz del R&iacute;o. Pese a que sus padres hab&iacute;an vivido en esa v&iacute;a y ten&iacute;a muchos recuerdos de ella, el entonces alcalde no supo darle con detalle una explicaci&oacute;n sobre el v&iacute;nculo de ese nombre con el municipio. 
    </p><p class="article-text">
        Tiempo despu&eacute;s, tras dejar la Alcald&iacute;a, ese &ldquo;runr&uacute;n&rdquo; se qued&oacute; grabado en su memoria y decidi&oacute; ponerse a investigar. El exalcalde ya contaba con un dato de partida: en sus novelas &lsquo;El doctor Centeno&rsquo;, &lsquo;La desheredada&rsquo; y &lsquo;Lo prohibido&rsquo;, el gran Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s hace menci&oacute;n a diferentes miembros de la familia Miquis. 
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en la primera de ellas uno de los protagonistas es Alejandro Miquis, un joven so&ntilde;ador con una gran forturna. Y en el Toboso, todav&iacute;a queda alguna estela de una expresi&oacute;n local en la que se grita &ldquo;&iexcl;Paga Nu&ntilde;o! o &iexcl;Paga Miquis!&rdquo;, que los vecinos m&aacute;s mayores recuerdan como un chascarrillo, ya casi en desuso, para decidir qui&eacute;n paga alguna cena o festejo copioso.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Hab&iacute;a alguna relaci&oacute;n entre esta expresi&oacute;n, la ficticia familia Miquis y el nombre de la calle? La hab&iacute;a. Marciano Ortega reley&oacute; con detalle &lsquo;El doctor Centeno&rsquo; (1883) y descubri&oacute; que entre los personajes de la historia, ambientada en el convulso 'Sexenio Democr&aacute;tico' o 'Sexenio Revolucionario' espa&ntilde;ol (1868-1874), aparecen nombres que hab&iacute;an dado denominaci&oacute;n a calles de El Toboso. Pero, sobre todo, se detuvo en el personaje de Alejandro Miquis. &ldquo;Ah&iacute; ya aparece la expresi&oacute;n &lsquo;&iexcl;Paga Miquis!&rsquo;, porque era el que ten&iacute;a el dinero que hab&iacute;a heredado&rdquo;, cuenta el exalcalde a este peri&oacute;dico. 
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Paga Nu&ntilde;o o paga Miquis? Una expresi&oacute;n para la historia   </h2><p class="article-text">
        Faltaba por descubrir el segundo nombre de la expresi&oacute;n: &ldquo;&iexcl;Paga Nu&ntilde;o!&rdquo;. Ortega sab&iacute;a que Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa era conocido por haber compartido estudios universitarios con Gald&oacute;s en la Universidad Central de Madrid, la instituci&oacute;n acad&eacute;mica que luego ser&iacute;a la Complutense, y decidi&oacute; recopilar informaci&oacute;n al respecto en la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a (BNE). 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estuvieron matriculados en los mismos cursos y ped&iacute; toda la documentaci&oacute;n al respecto. Mi sorpresa lleg&oacute; cuando vi las asignaturas comunes que ambos hab&iacute;an tenido y descubro que uno de los profesores que les dio clases a ambos fue Juli&aacute;n Sanz del R&iacute;o, el nombre de calle de El Toboso. Ah&iacute; estaba el v&iacute;nculo&rdquo;, cuenta emocionado.
    </p><p class="article-text">
        Sanz del R&iacute;o fue un fil&oacute;sofo, jurista y pedagogo espa&ntilde;ol, introductor del &lsquo;krausismo&rsquo; en Espa&ntilde;a, una doctrina idealista y racionalista fundada por el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), que defiende la autonom&iacute;a moral, la tolerancia, la educaci&oacute;n y la reforma social. Fue conocido adem&aacute;s por haber sido maestro del gran pedagogo y ensayista Francisco Giner de los R&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Su nombre, adem&aacute;s de en El Toboso, aparece tan solo en otros tres callejeros: el de Madrid, el de Torrear&eacute;velo (Soria), donde naci&oacute;, y el de Illescas, tambi&eacute;n en la provincia de Toledo, donde est&aacute; enterrado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_50p_1147551.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_50p_1147551.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_75p_1147551.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_75p_1147551.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_default_1147551.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_default_1147551.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cc8dc054-7206-473a-baf3-4b503d7751df_16-9-aspect-ratio_default_1147551.jpg"
                    alt="Julián Sanz del Río"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Julián Sanz del Río                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
         &ldquo;Su peso en la educaci&oacute;n espa&ntilde;ola fue muy importante. Yo lo llamo el primer &lsquo;Erasmus&rsquo; espa&ntilde;ol porque se form&oacute; en Alemania. De all&iacute; trajo las ideas de Krausse. Desde el reinado de Felipe II, los espa&ntilde;oles solo pod&iacute;an ir a universidades cat&oacute;licas, pero &eacute;l no lo hizo, se empapa del &lsquo;krausismo&rsquo; y al venir a Espa&ntilde;a, lo difunde&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        Una vez desvelado ese v&iacute;nculo como profesor de Gald&oacute;s, Marciano Ortega se zambull&oacute; en la figura de Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa, amigo de P&eacute;rez Gald&oacute;s y con quien compart&iacute;a las ense&ntilde;anzas de este profesor. Nu&ntilde;o naci&oacute; en Quintanar de la Orden, pero vivi&oacute; en El Toboso, y cree que por ello algunas calles de la localidad tienen los nombres de personajes hist&oacute;ricos de ese Sexenio Democr&aacute;tico el que se contextualiza &lsquo;El doctor Centeno&rsquo;. &ldquo;No hay ning&uacute;n documento que lo acredite, pero yo creo que fue un homenaje que Nu&ntilde;o quiso hacer a su profesor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; lo detalla, tirando de ese hilo, Marciano Ortega Molina en el libro que sigue todo el rastro de este estudiante: &lsquo;La huella de El Toboso y Quintanar en Gald&oacute;s. &iexcl;Paga Miquis! o &iexcl;Paga Nu&ntilde;o!&rsquo;, donde desentra&ntilde;a todas las pistas que alumbran la estela de la Mancha toledana en la obra galdosiana, como sus referencias a gastronom&iacute;a t&iacute;pica como las gachas, tanto al hablar de su elaboraci&oacute;n como de la forma de comerlas &ldquo;al centro&rdquo;.   
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f72052f1-e8d9-48af-ad28-d11ae6b23a8c_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Portada del libro ‘La huella de El Toboso y Quintanar en Galdós. ¡Paga Miquis! o ¡Paga Nuño!’, de Marciano Ortega Molina. La ilustración es de José Manuel Exojo"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Portada del libro ‘La huella de El Toboso y Quintanar en Galdós. ¡Paga Miquis! o ¡Paga Nuño!’, de Marciano Ortega Molina. La ilustración es de José Manuel Exojo                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero el exalcalde va mucho m&aacute;s all&aacute;. &ldquo;Una de mis conclusiones es que &lsquo;El doctor Centeno&rsquo; es una biograf&iacute;a de Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa. &Eacute;l es Alejandro Miquis. hay una similitud enorme entre los dos personajes y tienen pr&aacute;cticamente la misma vida&rdquo;, resalta el exalcalde y escritor.
    </p><p class="article-text">
        Otras coincidencias o &ldquo;conexiones&rdquo; que se&ntilde;ala es que, con motivo de la famosa desamortizaci&oacute;n de Mendiz&aacute;bal, echaron a la orden de los agustinos de El Toboso, y al abandonar el pueblo lanzaron &ldquo;unas maldiciones&rdquo; que Gald&oacute;s recoge en la mencionada novela.
    </p><p class="article-text">
        Y todav&iacute;a hay m&aacute;s. &lsquo;El doctor Centeno&rsquo; est&aacute; dividido en dos partes, como &lsquo;Don Quijote de la Mancha&rsquo;. En la primera, Alejandro Miquis dispone de su propio dinero, el heredado, lo que le da la posibilidad de disponer incluso de su propio escudero, su criado Felipe,  que llega a ser &ldquo;como Sancho Panza&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la segunda parte del libro, Gald&oacute;s se refiere a este escudero como la voz de la conciencia del protagonista, es decir, hace una &lsquo;sanchificaci&oacute;n&rsquo; del mismo e incluso se va dulcificando como en la novela de Cervantes&rdquo;, interpreta Marciano Ortega.
    </p><h2 class="article-text">Gald&oacute;s y Nu&ntilde;o, de una amistad a un mitin</h2><p class="article-text">
        En su obra, el profesor y exalcalde entiende que Gald&oacute;s conoc&iacute;a sobradamente la Mancha para reflejar todo eso en su libro, y por supuesto, toda la vida de Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa. &ldquo;Creo que incluso tuvo que estar con &eacute;l aqu&iacute; en su &eacute;poca de estudiantes, pero no hay documentaci&oacute;n que lo referencie&rdquo;, aclara.
    </p><p class="article-text">
        De lo que s&iacute; hay constancia es del hist&oacute;rico hito de Gald&oacute;s en la Mancha toledana: el gran mitin pol&iacute;tico que el ya c&eacute;lebre escritor canario dio en la Plaza de Toros de Quintanar de la Orden el 5 de junio de 1909, como candidato de la conjunci&oacute;n republicano-socialista y ante m&aacute;s de 5.000 personas. 
    </p><p class="article-text">
        En la actualidad, Quintanar recuerda este acontecimiento hist&oacute;rico con una placa conmemorativa situada en la calle Grande, instalada en el a&ntilde;o 2021. En su libro, Ortega cuenta tambi&eacute;n la visita que realiz&oacute; a El Toboso, donde presumiblemente, se aloj&oacute; en casa de Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2bf56f6a-bf4c-41f2-90d9-0714d2ce9eed_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Placa conmemorativa a Benito Pérez Galdós en Quintanar de la Orden"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Placa conmemorativa a Benito Pérez Galdós en Quintanar de la Orden                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Ese mitin fue multitudinario. Acudi&oacute; gente de todos los pueblos de la comarca&rdquo;. De hecho, en su libro, el exalcalde recoge hasta el men&uacute; de lo que comieron ese d&iacute;a &eacute;l y sus acompa&ntilde;antes, as&iacute; como su discurso, en el que hace referencia a Dulcinea:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Compa&ntilde;eros y amigos, caballeros de la Mancha, que luch&aacute;is por el bien y la justicia, no descans&eacute;is hasta desencantar a la Se&ntilde;ora de nuestros altos pensamientos, Dulcinea del Toboso; no descans&eacute;is hasta implantar en Espa&ntilde;a la Rep&uacute;blica&rdquo;.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/248abe72-628a-4d3d-95bc-c6dbfd11cbf3_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Semanario &#039;Nuevo Mundo&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Semanario &#039;Nuevo Mundo&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/123a97e3-4f62-43ea-9571-ba4898555454_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8d3c7e0f-d3ef-42a8-a674-363b4361cea7_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s tambi&eacute;n hizo referencias a El Toboso en dos n&uacute;meros de la revista &lsquo;La Esfera&rsquo;, que se public&oacute; entre 1914 y 1931, y en la que escribi&oacute; durante una temporada sobre diferentes pueblos de la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola. En sus textos, bajo el t&iacute;tulo <em>Ciudades Viejas</em>, Gald&oacute;s immortaliza sus recorridos por esas tierras. &ldquo;Desde Quintanar de la Orden fui a El Toboso en c&oacute;moda tartana... Dulcinea es eterna, y aqu&iacute; la ten&eacute;is en sus alc&aacute;zares del Toboso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es innegable que hubo una huella de Quintanar y El Toboso en Gald&oacute;s. No solo por el mitin, sus recorridos y la revista, sino tambi&eacute;n por la correspondencia con Antonio Nu&ntilde;o de la Rosa, que pervivi&oacute; durante muchos a&ntilde;os. Este &uacute;ltimo hasta le mandaba quesos de la zona&rdquo;, refiere entre risas Marciano Ortega.
    </p><p class="article-text">
        El excalde hace menci&oacute;n igualmente al libro &lsquo;Gald&oacute;s y la Mancha&rsquo;, del alcarre&ntilde;o Jos&eacute; Esteban, donde aparecen otras relaciones de la obra de Gald&oacute;s con esta comarca. Contiene un censo de los m&aacute;s de cien personajes manchegos que habitan la literatura galdosiana.
    </p><p class="article-text">
        Destaca por &uacute;ltimo otro dato de inter&eacute;s. En la Biblioteca Cervantina de El Toboso hay ejemplares de colecciones de Gald&oacute;s que envi&oacute; su hija, Mar&iacute;a Gald&oacute;s Cobi&aacute;n, despu&eacute;s del fallecimiento del escritor. &ldquo;Hasta despu&eacute;s de muerto, sigui&oacute; manteniendo su v&iacute;nculo con el municipio&rdquo;, concluye el autor de la obra que ha seguido este rastro.
    </p><p class="article-text">
        Marciano Ortega Molina naci&oacute; en El Toboso, 1957. Diplomado en Magisterio, es investigador del patrimonio y la etnograf&iacute;a tobose&ntilde;a y de la comarca. Otro de sus libros es 'Molinos de El Toboso, &iexcl;Realidad o ficci&oacute;n!'. Fue alcalde por el PP en esta localidad de 2007-2015 y tambi&eacute;n presidente de la asociaci&oacute;n cultural 'Santiago Ap&oacute;stol' de Quintanar de la Orden.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alicia Avilés Pozo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/mitin-masas-misterio-calle-libro-ilumina-huella-galdos-mancha-toledana_1_13381491.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jul 2026 18:15:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/30257c26-197c-428b-8a47-6b2d3d640c69_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147550.jpg" length="31030" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/30257c26-197c-428b-8a47-6b2d3d640c69_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147550.jpg" type="image/jpeg" fileSize="31030" width="420" height="236"/>
      <media:title><![CDATA[Un mitin de masas y el misterio de una calle: el libro que ilumina la huella de Galdós en la Mancha toledana]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/30257c26-197c-428b-8a47-6b2d3d640c69_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147550.jpg" width="420" height="236"/>
      <media:keywords><![CDATA[Benito Pérez Galdós,Literatura,Libros,Historia,Pueblos,Alcaldes,Don Quijote de la Mancha,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muere Tomás Bárbulo, el periodista que nos contó la historia prohibida del Sáhara español]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-tomas-barbulo-periodista-conto-historia-prohibida-sahara-espanol_129_13382340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f69096fa-75f2-4861-a810-08b44fae83c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Muere Tomás Bárbulo, el periodista que nos contó la historia prohibida del Sáhara español"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y escritor fallece a los 68 años</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Ha muerto Tom&aacute;s, esta noche pasada&rdquo;. Este ha sido el mensaje escueto y demoledor que he recibido hace apenas un rato. Me siento a escribir estas l&iacute;neas para recordarle, y pienso qu&eacute; le gustar&iacute;a a &eacute;l leer en esta nota. Seguramente muy poco, porque era una persona reservada, con mucho afecto y muchas emociones, pero guardadas para un c&iacute;rculo muy reducido.
    </p><p class="article-text">
        Tom&aacute;s B&aacute;rbulo naci&oacute; en La Coru&ntilde;a en 1958, hijo de un militar muy a la antigua usanza, que fue destinado a Sidi Ifni. All&iacute; pas&oacute; su primera infancia, hasta que en 1969 la ciudad fue entregada por Espa&ntilde;a a Marruecos, y pasaron entonces a El Aaiun, donde vivir&iacute;an hasta la Marcha Verde, la invasi&oacute;n por Marruecos de la antigua colonia espa&ntilde;ola durante la agon&iacute;a de Franco, a principios de noviembre de 1975, que se convertir&iacute;a despu&eacute;s en la ocupaci&oacute;n militar de ese &uacute;ltimo vestigio de colonia espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Tom&aacute;s se licenci&oacute; despu&eacute;s en Periodismo y comenz&oacute; una carrera exitosa en varias cabeceras &ndash; Expansi&oacute;n, La Gaceta de los Negocios, El Sol, Claro, entre otras- hasta acabar en El Pa&iacute;s, donde estuvo cerca de treinta a&ntilde;os, dejando una gran colecci&oacute;n de reportajes sobre muchos temas.
    </p><p class="article-text">
        Pero Tom&aacute;s estaba marcado sobre todo por su experiencia en &Aacute;frica. Su libro <em>La historia prohibida del S&aacute;hara espa&ntilde;ol, </em>editado primero en Destino y despu&eacute;s en Pen&iacute;nsula, se considera el principal texto de referencia sobre este conflicto. Y &eacute;l lo segu&iacute;a viviendo en su propia carne. Espa&ntilde;a estuvo apoyando la autodeterminaci&oacute;n del S&aacute;hara hasta 2022. Pero ese a&ntilde;o, el gobierno de Pedro S&aacute;nchez dio un volantazo, sin discusi&oacute;n ni debate en el Parlamento, y pas&oacute; a apoyar la tesis de Marruecos que reclama como suyo este territorio.&ldquo;Espa&ntilde;a abandon&oacute; el territorio &mdash;y sus obligaciones como potencia administradora&mdash; y dej&oacute; a los saharauis a los pies de los blindados marroqu&iacute;es, bajo una lluvia de napalm y f&oacute;sforo blanco&rdquo;, escribi&oacute; en<a href="https://elpais.com/internacional/2025-11-07/en-el-sahara-sigue-soplando-el-siroco.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"> El Pa&iacute;s</a>, en un art&iacute;culo publicado en el 50 aniversario de la Marcha Verde, refiri&eacute;ndose a lo sucedido a&ntilde;os atr&aacute;s. Pero ese era adem&aacute;s su diagn&oacute;stico de lo que &eacute;l calificaba como una traici&oacute;n de Pedro S&aacute;nchez hacia nuestra antigua colonia.
    </p><p class="article-text">
        El S&aacute;hara fue tambi&eacute;n el escenario de sus novelas <em>La asamblea de los muertos,</em> que gan&oacute; el premio a la mejor primera novela de la Semana Negra de Gij&oacute;n, y ha sido traducida a varios idiomas y <em>V&iacute;rgenes y Verdugos</em>, que llev&oacute; Gerardo Herrero al cine con el t&iacute;tulo <em>Raqa</em>. Su &uacute;ltima obra, <em>Aaiun</em> acaba de ser publicada por Archiletras libros.
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo oficial, lo que a Tom&aacute;s seguramente no le incomodar&iacute;a leer en esta nota. Pero &eacute;l era mucho m&aacute;s que un periodista brillante, culto y, en ocasiones inc&oacute;modo.
    </p><p class="article-text">
        Era un tipo con un humor socarr&oacute;n y gallego que deslizaba en sus novelas -en la &uacute;ltima, Aaiun el protagonista es el capit&aacute;n B&aacute;rbulo: jugar con la confusi&oacute;n y con las zonas de sombra era uno de sus pasatiempos.
    </p><p class="article-text">
        Era un personaje cascarrabias a veces -no era capaz de morderse la lengua- pero enormemente tierno: adoraba a Alex y a Diego, sus hijos de los que se proclamaba tan orgulloso, y estaba siempre pendiente de lo que le pudiera suceder a su pu&ntilde;ado de amigos cercanos, Manolo, Arsenio, Juan, Carlos.
    </p><p class="article-text">
        Pero desgraciadamente Tom&aacute;s era sobre todo una persona marcada por el dolor. Una jodida conformaci&oacute;n de espalda le tortur&oacute; desde su adolescencia. Esta condici&oacute;n que fue agrav&aacute;ndose, tanto por el paso del tiempo, como por algunas operaciones que lejos de mejorarle le dejaron m&aacute;s postrado. Iba a nadar cada d&iacute;a, lo &uacute;nico que le aliviaba un poco, pero el dolor ya no le permit&iacute;a m&aacute;s que peque&ntilde;os paseos antes de tener que volver a su casa, ni pensar en un viaje y ya casi no pod&iacute;a ni sentarse frente al ordenador para escribir, su gran pasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, los que le hemos querido, tenemos hoy un sabor agridulce, el vac&iacute;o inmenso que nos dejan los amigos que se van y el tambi&eacute;n enorme alivio de saber que, liberado de cors&eacute;s y sufrimientos es, por fin, un esp&iacute;ritu libre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ayala]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/muere-tomas-barbulo-periodista-conto-historia-prohibida-sahara-espanol_129_13382340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 12:06:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f69096fa-75f2-4861-a810-08b44fae83c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="226801" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f69096fa-75f2-4861-a810-08b44fae83c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="226801" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Muere Tomás Bárbulo, el periodista que nos contó la historia prohibida del Sáhara español]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f69096fa-75f2-4861-a810-08b44fae83c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Obituario,Periodistas,Escritores,Periodismo,Sáhara,Conflicto saharaui,Sáhara Occidental]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pino Aprile, autor de 'Elogio del error': “Si el cristianismo nos convirtiera a todos en santos, la Iglesia dejaría de existir”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pino-aprile-autor-elogio-error-si-cristianismo-convirtiera-santos-iglesia-dejaria-existir_1_13378407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c48efe8-f4ce-4bb0-b820-999ad4ee334d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147389.jpg" width="1200" height="675" alt="Pino Aprile, autor de &#039;Elogio del error&#039;: “Si el cristianismo nos convirtiera a todos en santos, la Iglesia dejaría de existir”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y ensayista publica una obra en la que recurre a la ironía para reflexionar sobre por qué meter la pata es algo inherente al ser humano </p><p class="subtitle">'Lemóniz', la historia de una tragedia convertida en ficción: “Las víctimas de ETA han cargado con la vergüenza durante años”</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntas veces puede equivocarse una persona a lo largo de su vida? M&aacute;s all&aacute; de la sensatez que posea cada individuo, meter la pata es <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/humano-despreciable-naturaleza-ideologia_1_4289875.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inherente al ser humano</a>. Y gracias a esa incapacidad para no caer en el fallo (en ocasiones m&aacute;s de una vez), el ser humano ha llegado hasta donde ha llegado. Esta es, a grandes rasgos, la tesis que el periodista <a href="https://www.eldiario.es/cultura/vez-hay-imbeciles-teoria-demostrar-si-cat_1_12295771.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pino Aprile</a> expone en su &uacute;ltimo libro <a href="https://www.eldiario.es/cultura/vez-hay-imbeciles-teoria-demostrar-si-cat_1_12295771.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Elogio del error</em></a>, que la editorial Gatopardo publica en Espa&ntilde;a con traducci&oacute;n de Atalaire. Un t&iacute;tulo esperado por sus lectores despu&eacute;s del &eacute;xito de <em>Nuevo elogio del imb&eacute;cil</em> (Gatopardo, 2025), al que precedi&oacute; <em>Elogio del imb&eacute;cil</em> (Temas de hoy, 2004). 
    </p><p class="article-text">
        Al periodista italiano le gusta meterse en jardines con una sonrisa de medio lado. Su texto intenta mantener un tono ligero para diseccionar algunos planteamientos que pueden resultar un tanto pesados. Para ello, recurre a la iron&iacute;a y tambi&eacute;n a la ruptura de la cuarta pared al dirigirse directamente a su madre con expresiones entre par&eacute;ntesis como &lsquo;(no te preocupes, mam&aacute;)&rsquo;. El propio Aprile explica a elDiario.es v&iacute;a correo electr&oacute;nico que se trata de una t&eacute;cnica de divulgaci&oacute;n. &ldquo;Mi padre era un gigante moral y de sabidur&iacute;a. Aunque apenas pudo ir a la escuela unos pocos a&ntilde;os, nunca dej&oacute; de educarse a s&iacute; mismo para mejorar y siempre nos regal&oacute; libros. &Eacute;l dialogaba para comprender&rdquo;, afirma. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, su progenitora &ldquo;tend&iacute;a m&aacute;s a la s&iacute;ntesis basada en el prejuicio&rdquo;, sostiene, as&iacute; que cuando busca explicar un concepto complejo para que cualquiera pueda entenderlo, primero lo expone en &ldquo;t&eacute;rminos que no hagan enfurecer a los especialistas y a los puristas&rdquo;. Y, despu&eacute;s, pasa a dirigirse a su madre &ldquo;para contar exactamente lo mismo de una manera extremadamente popular. De ese modo, nadie queda excluido y nadie se enfada&rdquo;, indica.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/10d95b7e-fb44-4fed-b4ef-14d33f449589_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        El escritor decidi&oacute; que quer&iacute;a escribir este libro cuando se dio cuenta de que el ser humano puede experimentar un impulso que le lleva a hacer cosas equivocadas sin que la raz&oacute;n consiga pararle. Pero esas acciones, aunque err&oacute;neas a primera vista, pueden derivar en un adelanto para la sociedad. &ldquo;El ejemplo que m&aacute;s me divert&iacute;a era el de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/filosofia-necesaria-historia-imprescindible-bachillerato_128_1865246.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las religiones</a>: si el mensaje evang&eacute;lico del cristianismo fuera realmente capaz de convertirnos a todos en santos, la Iglesia dejar&iacute;a de existir, porque ya no habr&iacute;a pecados que absolver ni pecadores que salvar&rdquo;, se&ntilde;ala. Por si las dudas, es un ateo declarado al que le interesa m&aacute;s el pecado &ldquo;siguiendo aquella vieja, pero perfecta sentencia seg&uacute;n la cual las chicas buenas van al cielo; las dem&aacute;s, adonde quieren&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que no cree en Dios, la religi&oacute;n est&aacute; muy presente en las p&aacute;ginas del libro. Con el actual <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/rosalia-hakuna-imagineria-cristiana-vuelto-musica_1_12692371.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repunte de la espiritualidad</a> que se detecta sin demasiado esfuerzo en la sociedad, &iquest;cabe pensar que el ser humano no va a ser capaz de vivir sin la idea de un ser superior nunca? Aprile tiene claro que eso no va a suceder. &ldquo;No creo que podamos prescindir nunca de la idea de Dios, que despu&eacute;s las religiones traducen y reducen a una dimensi&oacute;n humana. Sin &aacute;nimo de blasfemar, dir&iacute;a que la convierten en una herramienta; y una herramienta es, seg&uacute;n la definici&oacute;n cient&iacute;fica, aquello &lsquo;que puede ser utilizado incluso por un idiota&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y hace una comparativa que baja al plano terrenal: &ldquo;Las religiones son &uacute;tiles, del mismo modo que los tribunales son el instrumento para convertir la Justicia en una herramienta. Pero en los tribunales no est&aacute; la justicia: solo est&aacute; la ley, hecha al servicio de los poderes aceptados y administrada por hombres corruptibles. Exactamente igual que ocurre con las religiones&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_50p_1147395.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_50p_1147395.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_75p_1147395.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_75p_1147395.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_default_1147395.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_default_1147395.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/228ad11e-2b49-459e-929e-d46ef48201bc_16-9-aspect-ratio_default_1147395.jpg"
                    alt="El escritor Pino Aprile"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El escritor Pino Aprile                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Escribir un libro centrado en el error humano implica el riesgo de incurrir precisamente en aquello que analiza. Pero al autor no le importa equivocarse y, de hecho, confiesa que en todos sus libros introduce al menos uno de forma deliberada para comprobar si los cr&iacute;ticos lo descubren. Dice que &ldquo;nunca ha ocurrido&rdquo;. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que hay uno muy grande, pero que no es suyo aunque tuvo que dejarlo como estaba, porque un cient&iacute;fico al que pidi&oacute; consejo le dijo: &ldquo;No puedes corregir a un premio Nobel&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Otro de los riesgos de indagar en un tema como este es el de rememorar los propios errores cometidos en el pasado. Un ejercicio que puede ser desagradable seg&uacute;n la vida que se haya llevado o el umbral de culpa de cada cual. Aprile se remonta a la infancia para contar un fallo &ndash;si se puede considerar como tal, porque m&aacute;s bien parece una evocaci&oacute;n literaria&ndash; que tuvo cuando se encontraba en la orilla izquierda del r&iacute;o Galaso, que desemboca en el golfo de Tarento.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/fe6d8f28-35d2-4d61-8b9d-4d21053113c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El escritor Pino Aprile"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El escritor Pino Aprile                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        &ldquo;Ten&iacute;a menos de cinco a&ntilde;os y estaba convencido de que todo lo que hab&iacute;a al otro lado del r&iacute;o estaba hecho de aire, y que las personas que ve&iacute;a all&iacute; se materializaban al cruzarlo&rdquo;, explica. El escritor nunca reuni&oacute; el valor suficiente para cruzarlo, aunque no era especialmente peligroso. Estaba convencido de que &ldquo;ser&iacute;a una profanaci&oacute;n capaz de romper un equilibrio y cambiar el mundo&rdquo;. Poco despu&eacute;s se mudaron y, aunque pensaba en esas &lsquo;personas de aire&rsquo;, termin&oacute; por olvidarlas porque no ten&iacute;a al Galaso para se&ntilde;alar qui&eacute;nes eran. &ldquo;El recuerdo regres&oacute; de forma violenta, casi convulsiva, como una crisis epil&eacute;ptica, cuando cumpl&iacute; 35 a&ntilde;os y volv&iacute; al Galaso&rdquo;, manifiesta. &ldquo;El error del gesto que nunca llegu&eacute; a hacer sigue gobernando mi vida, para bien y para mal&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Liarla en colectividad</h2><p class="article-text">
        En las p&aacute;ginas de <em>Elogio del error</em>, el autor menciona mucho al presidente de EEUU. Aunque no da ning&uacute;n nombre en concreto, en el momento en el que lo ha escrito es Donald Trump quien ostenta ese cargo y no cabe duda de que cuando hace referencia a &eacute;l no es para se&ntilde;alar sus virtudes, si las tuviese. &iquest;Ha sido la elecci&oacute;n de ese hombre como presidente uno de los mayores errores de los votantes de ese pa&iacute;s? &ldquo;A la luz del funcionamiento de nuestras sociedades y de los valores sobre los que se fundamentan, sin duda fue un error. Un error colosal&rdquo;, responde el periodista.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que es un indicador de c&oacute;mo se siente la sociedad porque el votante escoge a quien se le parece. &ldquo;Trump representa los sentimientos y los deseos m&aacute;s profundos del mundo actual. Quiz&aacute;, de vez en cuando, necesitamos comprobar hasta qu&eacute; punto podemos llegar a ser despreciables para volver a desear no serlo y reconocer otra vez el valor de los dem&aacute;s&rdquo;, reflexiona.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_50p_1147396.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_50p_1147396.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_75p_1147396.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_75p_1147396.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_default_1147396.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_default_1147396.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/69366b99-da42-4bf2-82f8-d8fed442171e_16-9-aspect-ratio_default_1147396.jpg"
                    alt="Pino Aprile publica la obra &#039;Elogio del error&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Pino Aprile publica la obra &#039;Elogio del error&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando este libro se lea dentro de una d&eacute;cada, por ejemplo, ser&aacute; otra persona quien dirija el pa&iacute;s norteamericano. Parece improbable que llegue a los niveles de capacidad de destrucci&oacute;n de todo lo que le rodea y m&aacute;s all&aacute; que tiene el presidente rubio, pero si se echa la vista atr&aacute;s en la historia se comprueba que, en cuestiones de maldad, cualquier cosa es posible. Aprile expone que escogi&oacute; el ejemplo de EEUU por ser el m&aacute;s conocido universalmente, porque ejemplos de errores garrafales en materia de pol&iacute;tica los hay a patadas en cualquier continente.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El poder siempre es una s&iacute;ntesis. Y las s&iacute;ntesis aplastan las diferencias &mdash;a veces incluso quemando a los &lsquo;diferentes&rsquo;&mdash; para simplificar el sistema que se pretende gobernar. La s&iacute;ntesis m&aacute;xima es la paranoia: nosotros somos el bien y &lsquo;ellos' el mal. Hasta llegar al extremo: yo soy el bien y todos los dem&aacute;s son el mal&rdquo;, concreta. &ldquo;El grado de esa simplificaci&oacute;n del poder depende de nuestras acciones, del valor que concedemos a los dem&aacute;s y de la forma en que lo demostramos. Y eso, precisamente, es pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Los errores tambi&eacute;n tienen clases</h2><p class="article-text">
        El discurso de aprender del fracaso para mejorar es un cl&aacute;sico entre los grandes empresarios, sobre todo los tecnol&oacute;gicos como Steve Jobs, por poner un ejemplo. Pero ellos pertenecen a una &eacute;lite que se puede permitir cometer grandes errores porque su posici&oacute;n econ&oacute;mica o social les permitir&aacute; levantarse. &iquest;Tambi&eacute;n hay clases sociales en el error? Aprile es rotundo en su respuesta: &ldquo;Sin duda&rdquo;. Al desarrollar esta afirmaci&oacute;n indica que el error es una herramienta y, como cabe esperar, las consecuencias son directamente proporcionales a la importancia del fallo y del poder de quien lo haya cometido. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el italiano matiza que el error tiene una caracter&iacute;stica que se podr&iacute;a calificar de &lsquo;democr&aacute;tica&rsquo;, puesto que &ldquo;cualquiera est&aacute; en condiciones de realizar acciones desproporcionadamente importantes respecto al poder o al valor de quien las ejecuta. Un imb&eacute;cil que pulsara el bot&oacute;n de un misil nuclear dirigido contra el Kremlin o contra la Casa Blanca podr&iacute;a acabar con la especie humana&rdquo;. Y concluye con una sentencia: &ldquo;El error concede el poder de Dios al m&aacute;s est&uacute;pido&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carmen López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/pino-aprile-autor-elogio-error-si-cristianismo-convirtiera-santos-iglesia-dejaria-existir_1_13378407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2026 20:02:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2c48efe8-f4ce-4bb0-b820-999ad4ee334d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147389.jpg" length="45171" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2c48efe8-f4ce-4bb0-b820-999ad4ee334d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147389.jpg" type="image/jpeg" fileSize="45171" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Pino Aprile, autor de 'Elogio del error': “Si el cristianismo nos convirtiera a todos en santos, la Iglesia dejaría de existir”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2c48efe8-f4ce-4bb0-b820-999ad4ee334d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147389.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hasta 6.000 euros por libro: así son las nuevas ayudas de Castilla-La Mancha para publicar a autoras de la región]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/6-000-euros-libro-son-nuevas-ayudas-castilla-mancha-publicar-autoras-region_1_13378900.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d48049f0-ed0f-4157-8b5d-c907b977b5b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hasta 6.000 euros por libro: así son las nuevas ayudas de Castilla-La Mancha para publicar a autoras de la región"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las obras deberán ser inéditas, escritas en castellano y firmadas por autoras residentes en Castilla-La Mancha</p><p class="subtitle">Ana Torroja, el renacer musical de una artista que dudó continuar: “Llegué a sentir que hacía las cosas 'por hacer'”</p></div><p class="article-text">
        Castilla-La Mancha subvencionar&aacute; con hasta 6.000 euros la edici&oacute;n y publicaci&oacute;n de obras que sean escritas por mujeres con la creaci&oacute;n de los nuevos premios &lsquo;Notburga Haro&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con el objetivo es fomentar la producci&oacute;n cultural desde una perspectiva feminista e interseccional y corregir las desigualdades estructurales que persisten en el sector literario y editorial, se ayudar&aacute; a la edici&oacute;n de obras de cualquier g&eacute;nero literario (novela, poes&iacute;a, teatro o ensayo) firmadas por una sola autora, as&iacute; como para ensayos elaborados por varias mujeres, siempre que su tem&aacute;tica central sea el feminismo, la igualdad de g&eacute;nero, la violencia machista, los derechos de las mujeres o el an&aacute;lisis cr&iacute;tico del sistema patriarcal desde una perspectiva interseccional.
    </p><p class="article-text">
        Podr&aacute;n optar a estas ayudas las autoras mayores de edad, de nacionalidad espa&ntilde;ola y residentes en Castilla-La Mancha, as&iacute; como aquellas que tengan la condici&oacute;n de solicitantes de asilo en Espa&ntilde;a. Las obras deber&aacute;n ser in&eacute;ditas y originales, y podr&aacute;n presentarse hasta un m&aacute;ximo de dos por autora o grupo de autoras, siempre en castellano.
    </p><p class="article-text">
        La subvenci&oacute;n ser&aacute; de un l&iacute;mite m&aacute;ximo de 6.000 euros por texto, y podr&aacute; destinarse a correcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica con enfoque inclusivo, maquetaci&oacute;n y dise&ntilde;o gr&aacute;fico, ilustraci&oacute;n y traducci&oacute;n, impresi&oacute;n, encuadernaci&oacute;n y edici&oacute;n digital, as&iacute; como a acciones de distribuci&oacute;n y difusi&oacute;n de las obras.
    </p><p class="article-text">
        La consejera de Igualdad, Sara Sim&oacute;n, ha subrayado que estas ayudas &ldquo;responden al compromiso del Gobierno regional con la igualdad efectiva entre mujeres y hombres y con el reconocimiento del valor cultural y social del pensamiento feminista&rdquo;. Sim&oacute;n ha a&ntilde;adido que esta nueva l&iacute;nea de subvenciones busca &ldquo;apoyar la creaci&oacute;n intelectual de las autoras de Castilla-La Mancha, garantizar la calidad editorial y favorecer que sus obras lleguen a un mayor p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Las obras premiadas se publicar&aacute;n en papel y la Biblioteca y Centro de Documentaci&oacute;n Luisa Siguea a&ntilde;adir&aacute; a su colecci&oacute;n cinco ejemplares de cada edici&oacute;n. Esta l&iacute;nea de ayudas se enmarca en el Plan Estrat&eacute;gico del Instituto de la Mujer 2024-2026.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Culturas de Castilla-La Mancha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/cultura/6-000-euros-libro-son-nuevas-ayudas-castilla-mancha-publicar-autoras-region_1_13378900.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2026 10:44:25 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d48049f0-ed0f-4157-8b5d-c907b977b5b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="88110" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d48049f0-ed0f-4157-8b5d-c907b977b5b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="88110" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Hasta 6.000 euros por libro: así son las nuevas ayudas de Castilla-La Mancha para publicar a autoras de la región]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d48049f0-ed0f-4157-8b5d-c907b977b5b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Feminismo,Igualdad,Escritores,mujeres,Literatura,Subvenciones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Gobierno de Cantabria renuncia a comprar la casa de Concha Espina: herencia hipotecada, conflicto familiar y un contrato de arras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/gobierno-cantabria-renuncia-comprar-casa-concha-espina-herencia-hipotecada-conflicto-familiar-contrato-arras_1_13328368.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8f06c90-2948-404f-b3a4-d608d641c9d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Gobierno de Cantabria renuncia a comprar la casa de Concha Espina: herencia hipotecada, conflicto familiar y un contrato de arras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cultura no adquirirá la propiedad a precio de mercado, pero no descarta hacer una oferta con tasación oficial el año que viene si sigue en venta y hay dinero presupuestado para ello</p><p class="subtitle">Reportaje - Desaparece la cápsula del tiempo con una carta secreta que la escritora Concha Espina ordenó no abrir en cien años</p></div><p class="article-text">
        La glicinia que plant&oacute; la propia Concha Espina el d&iacute;a de su boda serpentea d&eacute;cadas despu&eacute;s por la pared de su casa y estalla cada primavera en una explosi&oacute;n de color. Es ya una se&ntilde;a de identidad. En el interior, fotos, correspondencia, dedicatorias, mobiliario de la escritora y la biblioteca de Ram&oacute;n de la Serna perfectamente conservados. La propiedad -construida en 1890- son en realidad dos casas adosadas, una antigua cuadra y una parada de postas que arregl&oacute; y uni&oacute; la escritora cuando empez&oacute; a ganar dinero, narra su bisnieta. 300 metros cuadrados distribuidos en tres plantas y un jard&iacute;n &ldquo;silencioso y generoso&rdquo; de m&aacute;s ochocientos metros. All&iacute; vivi&oacute; la escritora y ahora vive una de sus dos bisnietas. 
    </p><p class="article-text">
        En la casa hay recuerdos de todos los que la habitaron. Los papeles de la escritora, de su hija Josefina, casada con el guitarrista&nbsp;Regino Sainz de la Maza, y de su hija Paloma, la &uacute;ltima propietaria. Tambi&eacute;n hay una huella importante de Federico Garc&iacute;a Lorca, de las primas pol&iacute;ticas de Concha Espina, Mar&iacute;a Blanchard, Matilde de la Torre y Consuelo Berges con quienes, en un momento de su vida, comparti&oacute; lecturas y teji&oacute; afectos que en alg&uacute;n momento se quebraron.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, la casa de la escritora Concha Espina (1869-1955) en Mazcuerras, su Luzmela literario, podr&iacute;a pasar definitivamente a manos privadas. No ser&aacute; el museo p&uacute;blico que ambicionaba su bisnieta Concha Muguerza. Al menos en el corto plazo. El Gobierno de Cantabria ha trasladado a sus herederas que renuncia a comprar la propiedad a precio de mercado, aunque no descarta hacer una oferta con una tasaci&oacute;n oficial en el futuro si dentro de un a&ntilde;o la casa sigue en venta y hay dinero para ello en los presupuestos.
    </p><p class="article-text">
        La nieta de la escritora, Paloma Sainz de la Maza -recientemente fallecida el pasado 14 de junio- hab&iacute;a puesto en venta la Casona, sobre la que pesa un pr&eacute;stamo hipotecario. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el fallecimiento de la nieta de la escritora, la propiedad corresponde ahora a sus hijas, las hermanas Concha e Iciar Muguerza, &uacute;nicas herederas tras el fallecimiento en 2023 de su hermano &Iacute;&ntilde;igo, el escultor responsable entre otras piezas del monumento a los mineros en las cuevas El Soplao y la estatua de Concha Espina que hay en Mazcuerras. 
    </p><p class="article-text">
        Las herederas han intentado sin &eacute;xito negociar con Cultura la venta de la casa. Tras una dilatada negociaci&oacute;n con la directora general de Cultura, Eva Guillermina Fern&aacute;ndez, el acuerdo econ&oacute;mico no se sustanci&oacute; porque una parte exig&iacute;a m&aacute;s dinero. &ldquo;Yo prefiero vender m&aacute;s barato pero que se haga un museo&rdquo;, explica Concha, una de las hermanas herederas, que ha dedicado grandes esfuerzos a reivindicar la figura de su bisabuela y a preservar su memoria. 
    </p><p class="article-text">
        La tensa relaci&oacute;n familiar entre las bisnietas tampoco contribuy&oacute; a facilitar la operaci&oacute;n p&uacute;blica puesto que no se permiti&oacute; acceder al interior de la propiedad para hacer la tasaci&oacute;n. El Gobierno de Cantabria quer&iacute;a inventariar el mobiliario y los objetos y documentos que se incluir&iacute;an en la compra. 
    </p><p class="article-text">
        La vivienda sali&oacute; al mercado inmobiliario a trav&eacute;s de una agencia madrile&ntilde;a por 895.000 euros y al no llegarse a un acuerdo con el Gobierno se formaliz&oacute; un contrato de arras con un particular interesado en adquirir la propiedad. Pero la venta que sigue pendiente de formalizarse porque, en paralelo, la Direcci&oacute;n General de Cultura y Patrimonio tom&oacute; la decisi&oacute;n de declarar Bien de Inter&eacute;s Cultural (BIC) la casa de la escritora -a petici&oacute;n del Ayuntamiento de Mazcuerras- para preservar un patrimonio que podr&iacute;a acabar por pasar a manos privadas y que obligar&aacute; a sus futuros propietarios a cumplir unos requisitos de conservaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esta operaci&oacute;n permit&iacute;a a Cultura ejercer un derecho de tanteo -tener prioridad- para quedarse con la casa en un plazo de tiempo que ya ha vencido. Una opci&oacute;n que Cultura ya ha descartado en el corto plazo. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco el comprador particular parece ya tan interesado. Seg&uacute;n fuentes cercanas a la familia podr&iacute;a estar intentando negociar la recuperaci&oacute;n del dinero adelantado con el argumento de que, cuando se comprometi&oacute; la compraventa, la casa no ten&iacute;a ning&uacute;n tipo de protecci&oacute;n patrimonial. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de ahora, el particular interesado tendr&iacute;a que formalizar la compra o perder el dinero que dej&oacute; en dep&oacute;sito para hacerse con la casa que conserva, adem&aacute;s, un interior decorado con los muebles de la escritora y la biblioteca de Ram&oacute;n de la Serna. Ello incrementa el valor de la propiedad de cara a un futuro museo p&uacute;blico en un pueblo, Mazcuerras, que tiene a pocos metros otra casa relevante: Las Magnolias, donde residi&oacute; hasta su fallecimiento en 2011 la tambi&eacute;n escritora leonesa Josefina Aldecoa. Hoy reconvertida en un centro de actividad art&iacute;stica, Aselart. 
    </p><p class="article-text">
        En estos momentos, la casa est&aacute; habitada por una de las bisnietas que quedaron hu&eacute;rfanas de madre recientemente. Las herederas de Concha Espina necesitan vender cu&aacute;nto antes la propiedad para evitar un embargo del banco. 
    </p><h2 class="article-text">Casa de Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda en Polanco</h2><p class="article-text">
        Cantabria conserva un escaso patrimonio de propiedades p&uacute;blicas vinculadas a los referentes literarios. Con las &uacute;nicas excepciones de la Casona de Jos&eacute; Mar&iacute;a de Cossio en Tundanca, y la casa y la Biblioteca de Men&eacute;ndez Pelayo en Santander, que permanece <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/marcelino-menendez-pelayo-no-lea-libros-almacen-biblioteca-obras-seis-anos_1_12259403.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">vac&iacute;a y cerrada desde hace siete a&ntilde;os</a>. 'San Quint&iacute;n', la casa de Gald&oacute;s en la Avenida Reina Victoria, ya ni siquiera existe. No se conservan las de Lope de Vega, Calder&oacute;n de la Barca o Francisco de Quevedo, como apuntaban recientemente desde el Grupo Alceda dedicado a la protecci&oacute;n del patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        Otro municipio c&aacute;ntabro, Polanco, que ya perdi&oacute; la casa del poeta Jes&uacute;s Cancio, sufre un proceso parecido a Mazcuerras con la casa natal del escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda que tambi&eacute;n sali&oacute; a la venta, el Ayuntamiento descart&oacute; comprarla por su elevado precio pero pidi&oacute; a la Consejer&iacute;a que la declarase Bien de Inter&eacute;s Cultural (BIC).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Agüero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/gobierno-cantabria-renuncia-comprar-casa-concha-espina-herencia-hipotecada-conflicto-familiar-contrato-arras_1_13328368.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Jul 2026 04:00:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f8f06c90-2948-404f-b3a4-d608d641c9d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243628" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f8f06c90-2948-404f-b3a4-d608d641c9d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243628" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Gobierno de Cantabria renuncia a comprar la casa de Concha Espina: herencia hipotecada, conflicto familiar y un contrato de arras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f8f06c90-2948-404f-b3a4-d608d641c9d3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Gobierno de Cantabria,Patrimonio,Literatura,Escritores,Concha Espina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cien-anos-entrar-castillo-kafka-sueno-frustrado-inmigrante_1_13371090.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" width="1200" height="675" alt="Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un siglo después de su publicación, esta novela póstuma puede leerse como una alegoría de un inmigrante en su intento de instalarse en un país extranjero
</p><p class="subtitle">Librerías y editoriales apoyan a Eva Orúe tras su destitución como directora de la Feria del Libro y piden una explicación
</p></div><p class="article-text">
        Solo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/nacio-k-castillo-kafka-le-carre-tardo-cuatro-meses-escribir-arranque-topo_1_10968931.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se le conoce por K.</a>, como si fuera un individuo tan insignificante que no merece siguiera una identidad, un nombre propio. Es uno m&aacute;s, uno de tantos que chocan contra un muro: el hombre, agrimensor de oficio, intenta acceder al castillo de una localidad, adonde ha llegado con el prop&oacute;sito de encontrar trabajo. Pero no logra siquiera que le abran las puertas de la muralla, de modo que no puede ni pedir ese empleo. De entrada, no se resigna: intenta entrar una y otra vez, mantiene su buena predisposici&oacute;n, conf&iacute;a en la humanidad de quien est&aacute; al otro lado. Solo que la fortaleza, inexpugnable, permanece indiferente a su llamada. La suya, y la de los dem&aacute;s: porque no es el &uacute;nico que no puede entrar. En realidad, lo raro, lo excepcional, ser&iacute;a poder hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        El protagonista de <em>El castillo</em> (1926), una de las obras p&oacute;stumas de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/raices-kafka-praga-tirania-padre_1_1592842.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Franz Kafka </a>(Praga, 1883-Klosterneuburg, Austria, 1924) y que ahora cumple cien a&ntilde;os desde su publicaci&oacute;n, no ha nacido para ser esa excepci&oacute;n: la naturaleza impersonal de esa letra que lo identifica ya advierte su condici&oacute;n de otro individuo m&aacute;s entre la masa. Para qu&eacute; personificarlo, si total, no va a quedarse, si no se le permitir&aacute; ni pasar. Para qu&eacute; ponerle un nombre, unos atributos, un c&iacute;rculo de allegados, un car&aacute;cter, unas emociones; todo aquello que cualquiera tiene, pero que a la vez lo distinguir&iacute;a del resto, le hace dejar de ser un bulto borroso entre la multitud. Es m&aacute;s seguro no saberlo: as&iacute; no le tomaremos cari&ntilde;o. Es peligroso, el afecto: puede abrir puertas. Y aqu&iacute;, desde el principio, queda claro que quien dirige el castillo no tiene intenci&oacute;n de recibir a nadie.
    </p><p class="article-text">
        <em>El castillo</em>, como el libro que lo antecede en el orden de publicaci&oacute;n, <em>El proceso</em> (1925) &ndash;como gran parte de la obra de Kafka, de hecho&ndash;, se lee como una met&aacute;fora atemporal del individuo ante la Administraci&oacute;n: los arduos pero vanos empe&ntilde;os por acceder a ella se leen como una representaci&oacute;n del tedio, la frustraci&oacute;n y a la postre la resignaci&oacute;n de quien batalla con la burocracia. El sujeto que, frente a una ventanilla (o, m&aacute;s com&uacute;n en estos d&iacute;as, frente a una pantalla) trata de hacerse entender, trata de encontrar ayuda para resolver alg&uacute;n asunto. Solo que quien est&aacute; al otro lado no lo comprende. Le responde en piloto autom&aacute;tico (tal vez sea, en efecto, una m&aacute;quina, como las que atienden a menudo por tel&eacute;fono) que su reclamaci&oacute;n no encaja en los tr&aacute;mites, que es como decirle que se expresa en un idioma distinto al oficial, el de los papeles; un idioma incomprensible.
    </p><p class="article-text">
        El individuo sabe que no conoce la lengua, pero conf&iacute;a en la bondad humana, en aquel atributo llamado empat&iacute;a que le ense&ntilde;aron de peque&ntilde;o; que nos ense&ntilde;aron a todos de peque&ntilde;os, vaya, porque los cuentos est&aacute;n m&aacute;s cargados de moralejas que la vida real. Ese hombre conf&iacute;a en que quien le escucha, quien est&aacute; al otro lado, tendr&aacute; la paciencia, de ense&ntilde;arle, ya que quien le atiende s&iacute; domina esa jerga. Pero se equivoca al creer que lo escuchan: como mucho, lo <em>oyen</em>. Es un ruido de fondo, apenas un cacareo. Nada que genere la suficiente incomodidad como para prestarle atenci&oacute;n. Hay muchos como &eacute;l, que cacarean ante el muro administrativo; pero est&aacute;n tan solos que no logran enarbolar un grito estridente que rompa el cristal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_50p_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_50p_1147172.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_75p_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_75p_1147172.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/efde31d3-5de2-4dee-af8d-7e86d32fb126_16-9-aspect-ratio_default_1147172.jpg"
                    alt="Retrato de Franz Kafka en 1923."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retrato de Franz Kafka en 1923.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Si en <em>El proceso</em> el protagonista (tambi&eacute;n con una K., aunque algo m&aacute;s completo: Josef K.) era perseguido por la ley, lo que lo abocaba a un espiral de angustia sin soluci&oacute;n a la vista, en <em>El castillo</em> sucede lo opuesto: es el individuo quien intenta penetrar el Estado, y su malestar procede de no conseguirlo. Son las dos caras de la misma moneda: la &uacute;ltima palabra siempre la tiene el lado del poder, de las instituciones, del tr&aacute;mite indescifrable, del silencio como respuesta. Kafka supo leer con astucia la vulnerabilidad del individuo frente a estructuras creadas por &eacute;l mismo, que en teor&iacute;a representan un progreso, que (se supone) surgieron para ponerlo todo m&aacute;s f&aacute;cil, para hacer la vida, las vidas de todos los K., m&aacute;s c&oacute;moda y apacible. No fue as&iacute;: la ara&ntilde;a cae atrapada en su red.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; del viaje del protagonista como alegor&iacute;a de la burocracia, de la imposibilidad de franquear las paredes de quien posee la llave, puede leerse tambi&eacute;n como el periplo de un inmigrante en su esfuerzo por establecerse en un lugar, algo que, en fin, lleva ya impl&iacute;cita esa confrontaci&oacute;n con el idioma de la legalidad, aunque se le a&ntilde;aden matices. Por ejemplo, unas circunstancias: el reci&eacute;n llegado dej&oacute; a una familia atr&aacute;s, seg&uacute;n se va contando. Y un prop&oacute;sito: mejorar sus condiciones, las de s&iacute; mismo y las de los suyos, mediante ese trabajo que aspira a desempe&ntilde;ar. Llega dispuesto a ponerse manos a la obra, no pretende que le regalen nada. Quiere ser uno m&aacute;s, pero del pueblo: hablar su lengua, conocer sus costumbres. Y que ellos lo conozcan a &eacute;l, que le pongan nombre.
    </p><p class="article-text">
        Esa poblaci&oacute;n es otro elemento clave de <em>El castillo</em>, por cuanto la comunidad queda representada al margen de la fortaleza. Entre ellos se entretiene el forastero, que poco a poco descubre sus historias, es decir: les va poniendo nombre. El nombre lleva pasado, lleva familia, lleva sue&ntilde;os. Vida. Todo lo que no cabe en la fortificaci&oacute;n; que no quieren que quepa, vaya, porque espacio hay, y cosas que mejorar &ndash;tareas que requieren manos&ndash; le sobran. Cuando est&aacute;n entre el grupo, tienen un nombre, una voz, se entienden; no son una inicial sola frente a un muro. Sin embargo, cuando uno de ellos se marcha, solo, al castillo, pierde esa condici&oacute;n, se vuelve ese cacareo que nadie atiende. Despreciable.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;As&iacute; que como resultado &mdash;dijo K&mdash; solo queda que todo es muy confuso e insoluble, salvo mi expulsi&oacute;n&rdquo;. Porque, cuando quiere, la Administraci&oacute;n se hace entender. Sus mensajes con como las llamadas a plena noche: no traen buenas noticias. K. no solo se siente rechazado, sino que su frustraci&oacute;n aumenta por no haber tenido la oportunidad. Como el inmigrante de quien se tramita la &ldquo;devoluci&oacute;n&rdquo;. Como el que recibe azotes de la polic&iacute;a en la frontera. Como el que naufraga en su lucha por alcanzar la costa. De &eacute;l dir&aacute;n algunos que es un delincuente, que viene a imponer sus tradiciones, que pretende robar trabajos y novias y subvenciones, que incluso huele mal. Y &eacute;l les responder&aacute; que no pueden saber nada de eso, porque no le han dado la oportunidad de conocerlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero nadie lo escuchar&aacute;. Y esa es la paradoja del sistema (in)humano llamado sociedad, vigente hoy como en los a&ntilde;os en los que el autor dio forma a estas p&aacute;ginas, que llegaron inconclusas a su amigo Max Brod, que, incumpliendo la petici&oacute;n del escritor de quemar todos sus manuscritos tras su muerte, hizo un servicio para la humanidad al ponernos al alcance libros tan inteligentes e imperecederos como <em>El castillo</em>. Tiene algo de imp&uacute;dico leer un texto que su creador no dio por terminado ni quiso que viera la luz, aunque lo que de verdad deber&iacute;a avergonzarnos es que, un siglo despu&eacute;s, no hayamos hecho nada. Bueno, hacer, hacemos mucho: viajar a la Luna, inventar artilugios, optimizar nuestro cuerpo; hacemos, hacemos cosas todo el rato, pero seguimos igual. O peor.
    </p><p class="article-text">
        Kafka, al menos, sigue ah&iacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cien-anos-entrar-castillo-kafka-sueno-frustrado-inmigrante_1_13371090.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 20:07:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" length="161441" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" type="image/jpeg" fileSize="161441" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cien años sin entrar en ‘El castillo’ de Kafka: el sueño frustrado del inmigrante]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/5afafa96-a7e5-47b1-a9a7-ac83ae3405fc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x664y337.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Kafka,Escritores,Migrantes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fue enterrada sin nombre y no tuvo inscripción hasta un siglo después: la mente que forjó a Oscar Wilde entre letras, revolución y feminismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/enterrada-nombre-no-tuvo-inscripcion-siglo-despues-mente-forjo-oscar-wilde-letras-revolucion-feminismo-pm_1_13374651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a5de845d-7b49-449e-9472-0897fee5e6a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147295.jpg" width="660" height="371" alt="Fue enterrada sin nombre y no tuvo inscripción hasta un siglo después: la mente que forjó a Oscar Wilde entre letras, revolución y feminismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sus poemas influyeron en la obra de Oscar Wilde, siendo uno de los ejemplos más mencionados ‘Balada de la cárcel de Reading’</p><p class="subtitle">Es considerada una de las “mejores escritoras” de Irlanda y dio voz a las mujeres silenciadas en época del conflicto</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Oscar Wilde </strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">es uno de los poetas y dramaturgos m&aacute;s c&eacute;lebres de Irlanda y la </span><a href="https://www.eldiario.es/temas/literatura/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:white;">literatura</span></a><span class="highlight" style="--color:white;"> en general, con obras como &lsquo;El retrato de Dorian Gray&rsquo;. Lo que pocos conocen, como suele suceder, es que su carrera se debe a su madre, que fue la que le inculc&oacute; las letras y le hizo crecer en un entorno que desarroll&oacute; sus actitudes.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A pesar de todo ello, </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jane Wilde</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, poeta y escritora, fue tambi&eacute;n una mujer del siglo XIX que escrib&iacute;a bajo seud&oacute;nimo, que tuvo que vivir penurias econ&oacute;micas en su matrimonio y que incluso se la enterr&oacute; sin nombre, y que tuvo que esperar un siglo hasta que se incluy&oacute; en la placa en la tumba de su marido. En 1996 fue cuando se incluy&oacute; una inscripci&oacute;n que dec&iacute;a: &ldquo;Speranza de la Naci&oacute;n, escritora, traductora, poeta y nacionalista, autora de obras sobre el folclore irland&eacute;s, defensora temprana de la igualdad de las mujeres y fundadora de un importante sal&oacute;n literario&rdquo;.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;">Autodidacta, revolucionaria y feminista</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Jane Wilde naci&oacute; hace 205 a&ntilde;os, un 27 de diciembre de 1821 en Wexford, al sureste de Irlanda, como </span><span class="highlight" style="--color:white;"><strong>Jane Francesca Agnes Elgee</strong></span><span class="highlight" style="--color:white;">, hija de un abogado que fallecer&iacute;a cuando ten&iacute;a tan solo tres a&ntilde;os. Esto, sin embargo, propici&oacute; que su educaci&oacute;n fuera autodidacta, pero se dec&iacute;a que a los 18 a&ntilde;os dominaba 10 idiomas, siendo uno de ellos el italiano, origen de su bisabuelo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">La joven creci&oacute; involucr&aacute;ndose de forma temprana en asuntos nacionalistas y form&oacute; parte del llamado movimiento &ldquo;Joven Irlanda&rdquo;, que luchaba en todo el pa&iacute;s por su independencia, pero tambi&eacute;n por su reforma democr&aacute;tica. De hecho, en la d&eacute;cada de 1840 comenz&oacute; a escribir art&iacute;culos y poemas de esta tem&aacute;tica que se publicaban en un peri&oacute;dico semanal de Dubl&iacute;n, &lsquo;The Nation&rsquo;, bajo el seud&oacute;nimo de Speranza. Sin embargo, en un art&iacute;culo de opini&oacute;n hizo un llamamiento a la revoluci&oacute;n armada y esto propici&oacute; el cierre del peri&oacute;dico por parte de las autoridades y llev&oacute; a juicio a su editor, Charles Duffy, que se neg&oacute; a revelar qui&eacute;n estaba detr&aacute;s de ello. A pesar de ello, ella confes&oacute;, pero fue ignorada y no pudo evitar la clausura del diario.</span>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f465bbec-7920-4c25-b7de-ac09ebd34b69_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El memorial de William Wilde, en el que se lee inscripción de Jane Wilde, en su memoria."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El memorial de William Wilde, en el que se lee inscripción de Jane Wilde, en su memoria.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Adem&aacute;s de todo ello, Jane Wilde fue defensora durante toda su vida tambi&eacute;n de los derechos de la mujer. Elogi&oacute; la aprobaci&oacute;n de la Ley de Propiedad de las Mujeres Casadas de 1883, que imped&iacute;a que una mujer tuviera que contraer matrimonio &ldquo;como esclava, privada de todo derecho sobre su fortuna&rdquo;, adem&aacute;s de que en su casa invit&oacute; a la sufragista Millicent Fawcett para hablar de libertad feminista.</span>
    </p><h2 class="article-text"><span class="highlight" style="--color:white;">Inculc&oacute; en su hijo la literatura, pero muri&oacute; en la pobreza</span></h2><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En noviembre de 1851 se cas&oacute; con William Wilde, cirujano y oftalm&oacute;logo con quien tuvo tres hijos: William (1852), Oscar (1854) e Isola (1857). Durante su matrimonio, la tragedia y el esc&aacute;ndalo protagonizaron su vida, especialmente desde que una joven interpuso una demanda a su marido por haberla sucedido, aunque finalmente termin&oacute; en una indemnizaci&oacute;n por da&ntilde;os y perjuicios contra la familia Wilde.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">A todo esto, su hija falleci&oacute; por una fiebre y tambi&eacute;n murieron las dos hijas ileg&iacute;timas de su marido poco despu&eacute;s. Sir William Wilde, ya como caballero, muri&oacute; en 1876 y fue cuando la familia descubri&oacute; que estaban en bancarrota, lo que propici&oacute; que Jane se mudara a Londres con sus hijos en 1879.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">En Londres consigui&oacute; labrarse una reputaci&oacute;n en c&iacute;rculos literarios, lo en los que ya se hab&iacute;a movido tambi&eacute;n en Irlanda y hab&iacute;a propiciado que su hijo Oscar creciera en un ambiente de letras, de hecho, se dice que sus poemas y su actividad literaria influyeron en su obra, siendo uno de los ejemplos m&aacute;s mencionados &lsquo;Balada de la c&aacute;rcel de Reading&rsquo; que se compara con &lsquo;Los hermanos&rsquo;, que Speranza hab&iacute;a escrito bas&aacute;ndose en un juicio y ejecuci&oacute;n durante la rebeli&oacute;n de 1798.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Durante su &eacute;poca como viuda complementaba sus ingresos escribiendo para revistas de moda y publicando libros sobre folclore irland&eacute;s. Escribi&oacute; varios libros, uno de ellos &ldquo;Leyendas antiguas, amuletos m&iacute;sticos y supersticiones de Irlanda&rdquo; en 1887. Casi una d&eacute;cada despu&eacute;s, sin embargo, su salud comenz&oacute; a resentirse y una bronquitis que no lleg&oacute; a curarse provoc&oacute; su fallecimiento a los 74 a&ntilde;os el 3 de febrero de 1896, hace 130 a&ntilde;os.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:white;">Entonces su hijo Oscar estaba en la c&aacute;rcel y ella pidi&oacute; verlo, pero se le deneg&oacute; el permiso y no pudieron reunirse antes de que ella muriera. Fue enterrada en una tumba sin nombre porque ninguno de sus hijos pudo costear una l&aacute;pida, y tuvo que esperar hasta cien a&ntilde;os despu&eacute;s para que se le diera una inscripci&oacute;n en la de su marido. Posteriormente, gracias a los fondos recaudados por la Sociedad Oscar Wilde alrededor del a&ntilde;o 1999, se erigi&oacute; un monumento con una cruz celta en su memoria.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Andrea Blez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/spin/enterrada-nombre-no-tuvo-inscripcion-siglo-despues-mente-forjo-oscar-wilde-letras-revolucion-feminismo-pm_1_13374651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 11:46:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a5de845d-7b49-449e-9472-0897fee5e6a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147295.jpg" length="86695" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a5de845d-7b49-449e-9472-0897fee5e6a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147295.jpg" type="image/jpeg" fileSize="86695" width="660" height="371"/>
      <media:title><![CDATA[Fue enterrada sin nombre y no tuvo inscripción hasta un siglo después: la mente que forjó a Oscar Wilde entre letras, revolución y feminismo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a5de845d-7b49-449e-9472-0897fee5e6a3_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147295.jpg" width="660" height="371"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Escritores,mujeres,Feminismo,Irlanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alejandro Gándara, escritor: "La educación se ha ido degradando, es el resultado de una forma de vida enajenada y estúpida"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/alejandro-gandara-escritor-educacion-ido-degradando-resultado-forma-vida-enajenada-estupida_1_13344162.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8e744f38-fc47-463a-bebb-18a17a75e438_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y257.jpg" width="1200" height="675" alt="Alejandro Gándara, escritor: &quot;La educación se ha ido degradando, es el resultado de una forma de vida enajenada y estúpida&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor santanderino revisa textos clásicos y bíblicos que destilan enseñanzas para la felicidad en su último y premiado ensayo 'Los textos robados a la felicidad. 22 historias para vivir sin miedo'</p><p class="subtitle">Entrevistas FELISA - Juan Gabriel Vásquez, escritor: “El pasado solo existe mientras lo contamos y por eso puede ser víctima de muchas manipulaciones”</p></div><p class="article-text">
        El escritor c&aacute;ntabro Alejandro G&aacute;ndara<strong>&nbsp;</strong>(Santander, 1957) ha ganado tres relevantes premios literarios: el Nadal, el Herralde de novela y el Anagrama de ensayo. Despu&eacute;s de una trayectoria narrativa avalada por quince  novelas y cinco ensayos regresa a su ciudad para presentar en la Feria del Libro de Santander, FELISA, <em>Los textos robados a la felicidad. 22 historias para vivir sin miedo,</em>  que a&ntilde;ade un nuevo galard&oacute;n a su biograf&iacute;a, el Premio Eugenio Tr&iacute;as de Ensayo. Un texto que revisa algunos episodios cl&aacute;sicos y b&iacute;blicos que alumbran ense&ntilde;anzas para la felicidad desde su profundo conocimiento de la antig&uuml;edad, y que destila una mirada cr&iacute;tica a una sociedad actual que se alimenta de miedo e incapaz de plantear un debate publico sobre las cosas que importan. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tras una dilatada y reconocida trayectoria como escritor -quince novelas y cinco ensayos- regresa a Cantabria para presentar su &uacute;ltimo libro, &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n mantiene con Santander, la ciudad en la que naci&oacute;? &iquest;se siente reconocido en ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tanto mi familia como la de mi mujer son de Santander, de modo que el v&iacute;nculo con la tierra es el que cabr&iacute;a esperar. Por lo dem&aacute;s trato de pasar tres o cuatro semanas seguidas todos los a&ntilde;os. Y en cuanto al reconocimiento, aqu&iacute; est&aacute; mi pasado y la memoria de mi familia. Es todo lo que puedo decir porque no vivo en Santander y no conozco en profundidad su vida diaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>En 'Los textos robados a la felicidad' revisa algunos cl&aacute;sicos y b&iacute;blicos, analiza con ojo cr&iacute;tico y recupera la verdad en par&aacute;bolas y relatos sobre los que en ocasiones ha trascendido una imagen adulterada. Atesora un profundo conocimiento de la antig&uuml;edad y ha criticado la ausencia del griego y el lat&iacute;n en la educaci&oacute;n de las nuevas generaciones, &iquest;por qu&eacute; es necesario que se siga estudiando?&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es necesario&nbsp;seguir estudiando esas lenguas porque son la fuente de nuestra cultura y de nuestra forma de pensar, y nos permite valorar lo que tenemos y discutirlo. El lat&iacute;n y el griego abren ventanas al pensamiento por su construcci&oacute;n y por su universo simb&oacute;lico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un manual de vida en estos tiempos &iquest;es usted consciente de que ahora los consejos los predican los influencers?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Bueno, yo no escribo manuales ni doy consejos. Solo hablo de lo que est&aacute; escrito desde el origen de nuestro tiempo que, por cierto, tampoco son manuales ni consejos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;De qu&eacute; est&aacute; hecha la felicidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        De lo que uno va buscando por el camino m&aacute;s que de lo que uno encuentra. Lo que te construye es lo que buscas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Se podr&iacute;a interpretar este ensayo como una obra de madurez que cierra un ciclo vital como escritor y que condensa toda una experiencia de vida?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a&nbsp;considerarse as&iacute;. De hecho, no creo que vuelva a escribir nada semejante ni con semejantes intenciones. Es un ciclo cerrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Ha habido un tr&aacute;nsito desde la ficci&oacute;n a la realidad en su obra narrativa o volveremos a disfrutar de otra novela suya?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ahora estoy escribiendo novela. Soy ciclot&iacute;mico: necesito el ensayo para desintoxicarme&nbsp;de la novela y viceversa. Aunque el estilo y el mundo de referencia son similares, los textos de una y otra clase exigen esfuerzos distintos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Usted ha sido profesor de Historia de las Ideas &iquest;sigue habiendo espacio para pensar o estamos en un nivel de ocurrencia m&aacute;s que de reflexiones profundas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        No hay instituciones ni espacios p&uacute;blicos suficientes para proponer un debate p&uacute;blico sobre las cosas que importan. Eso significa que tampoco hay nadie que vea la necesidad. La educaci&oacute;n se ha ido degradando, al igual que la vida pol&iacute;tica y social, reducida a conversaciones de trabajo y dinero. No solo sucede en Espa&ntilde;a. Es el resultado de una forma de vida enajenada y est&uacute;pida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El ensayo narra '22 historias para vivir sin miedo', muy oportuno en estos tiempos politicos tan convulsos &iquest;c&oacute;mo influye el miedo en la sociedad actual?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La sociedad actual se alimenta de miedo y los canales de comunicaci&oacute;n, los mass media y la conversaci&oacute;n social no hablan de otra cosa. &iquest;A qu&eacute; hay que tenerle miedo? Ese es el &uacute;nico debate al que todos tenemos acceso. La comunicaci&oacute;n&nbsp;social es una trampa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En su libro apela a historias antiguas, Edipo o los griegos. &iquest;Las referencias se han quedado viejas o la humanidad sigue movi&eacute;ndose por las mismas emociones?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Los sentimientos en nuestra cultura no han variado mucho desde la &eacute;poca cl&aacute;sica. En realidad esa &eacute;poca es la que construye o empieza a construir lo que somos. Pero la actitud ante la vida es lo que m&aacute;s transformaciones ha experimentado. Todos nos ponemos tristes o tenemos miedo, pero lo que hacemos con eso es lo que ha cambiado radicalmente. De una cultura de la aceptaci&oacute;n en el Mundo Antiguo hemos pasado a una cultura hist&eacute;rica y ensimismada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Fundador de la Escuela de Letras, ha tenido muchos alumnos. &iquest;Se puede aprender a ser escritor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Claro que se aprende. Otra cosa es que pueda ense&ntilde;arse. Lo que debe hacer un centro que se dedique a la creaci&oacute;n literaria es dar lo necesario para&nbsp;que se aprenda, sin recetas ni posturas est&eacute;ticas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Olga Agüero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/alejandro-gandara-escritor-educacion-ido-degradando-resultado-forma-vida-enajenada-estupida_1_13344162.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 21:20:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8e744f38-fc47-463a-bebb-18a17a75e438_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y257.jpg" length="307557" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8e744f38-fc47-463a-bebb-18a17a75e438_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y257.jpg" type="image/jpeg" fileSize="307557" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Alejandro Gándara, escritor: "La educación se ha ido degradando, es el resultado de una forma de vida enajenada y estúpida"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8e744f38-fc47-463a-bebb-18a17a75e438_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x521y257.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Feria del Libro,Literatura,Escritores,Libros]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['Te hice dios', el próximo fenómeno de la literatura española que habla de cómo "el deseo y la autodestrucción se entrelazan”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hice-dios-proximo-fenomeno-literatura-espanola-habla-deseo-autodestruccion-entrelazan_1_13372132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/392b2346-79f0-4586-8efa-7e0fd03c6d59_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147201.jpg" width="979" height="551" alt="&#039;Te hice dios&#039;, el próximo fenómeno de la literatura española que habla de cómo &quot;el deseo y la autodestrucción se entrelazan”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Marcos Augusto se estrena en la narrativa explorando los límites de la pasión y la culpa en una historia moralmente ambigua que empieza a sonar como una de las revelaciones del año
</p><p class="subtitle">Cecilia F. Santomé, la escritora que con 'As despedidas' ha descrito el duelo por los abuelos</p></div><p class="article-text">
        Dos hombres se conocen en un chat en busca de sexo. Uno quiere infectarse <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/espana-punto-hablar-sida-memoria-artistica-vih-pregunta-si-momento-ahora_1_13210890.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de VIH, </a>el otro le promete que as&iacute; ser&aacute;, que le dar&aacute; &lsquo;el bicho&rsquo;. As&iacute; comienza <em>Te hice dios </em>(Random House, 2026), el debut literario del poeta Marcos Augusto. Una novela que explora una relaci&oacute;n marcada por los impulsos autodestructivos de cierto tipo de deseo, las mentiras y la necesidad de ser amados y comprendidos a pesar todo o, precisamente, por eso mismo. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Te hice dios, </em>que ya empieza a recomendarse en los c&iacute;rculos culturales y tiene papeletas para ser el pr&oacute;ximo fen&oacute;meno de la literatura en espa&ntilde;ol,<em> </em>se adentra en la posibilidad de amar a partir de Grindr y en la subcultura de los<em> bug chasing </em>(castellanizado como &lsquo;cazadores de bicho&rsquo;), de los que buscan contagiarse de VIH, que quieren ser inoculados a toda costa, y de aquellos que, a prop&oacute;sito, se lo dan. Aunque a veces, sin querer, las cosas se puedan ir de las manos y lo que empieza como un juego acabe con un cad&aacute;ver en una cama de hospital.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El morbo era tuyo, pero no se lo comentaste al desconocido que era yo. Grindr era para ti un campo de bichos y la polla un surtidor necesario, pero no suficiente&rdquo;, escribe Augusto desde la voz de un narrador que le escribe una carta a su amante muerto. Un narrador que se pregunta qu&eacute; pas&oacute;, que se culpa y se perdona al mismo tiempo y, tambi&eacute;n, se enga&ntilde;a un poco a s&iacute; mismo porque, cuenta Augusto en una conversaci&oacute;n con este peri&oacute;dico, todas las relaciones se sostienen sobre una parte de ficci&oacute;n. &ldquo;Todos nos erigimos sobre una narrativa propia&rdquo;, insiste el autor para se&ntilde;alar las redes sociales de todo tipo (Instagram, Tinder o Grindr) como principal ejemplo. &ldquo;Nosotros seleccionamos unas im&aacute;genes, nos construimos de determinada manera frente a la mirada del otro y ofrecemos una cara que, quiz&aacute; no es la mejor, pero s&iacute; la que deseamos ser&rdquo;, argumenta para se&ntilde;alar que es muy f&aacute;cil perpetrar la mentira, o determinado tipo de mentiras, desde nuestra propia imagen.
    </p><p class="article-text">
        <em>Te hice dios </em>es un poco eso, una novela de muchas caras que contiene muchos temas en el que sobresale, sobre todo, uno: el del duelo. Es una historia que habla de qui&eacute;n se va, pero fundamentalmente de qui&eacute;n se queda. Sobre c&oacute;mo la vida sigue para el narrador, porque la vida siempre contin&uacute;a para el que todav&iacute;a est&aacute; ah&iacute;. &ldquo;El narrador busca entenderse y justificarse una vez que ha pasado todo y a m&iacute; me interesaba mucho que fuera alguien que estuviera dentro de la historia, dentro de la vor&aacute;gine y que el lector no se pudiera fiar del todo de &eacute;l, porque al final es una versi&oacute;n de lo que ocurri&oacute;, est&aacute; pegado a los hechos&rdquo;, explica el autor, quien se&ntilde;ala que su novela podr&iacute;a encuadrarse dentro de las literaturas sobre el VIH. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando Herv&eacute; Guibert escribi&oacute; <em>El amigo que no me salv&oacute; la vida</em> (Gallimard, Francia,1990) habla de un momento muy espec&iacute;fico en el que todav&iacute;a no hab&iacute;a medicaci&oacute;n, yo hoy estoy hablando de otra cosa&rdquo;, contin&uacute;a para decir que las historias escritas en torno a esta enfermedad suelen ser en su mayor&iacute;a, hijas de un tiempo concreto. &ldquo;Hay 40.000 historias sobre el tema, pero yo quer&iacute;a hablar sobre el tema de hoy; que es el de la PrEP&rdquo;, especifica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_50p_1147213.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_50p_1147213.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_75p_1147213.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_75p_1147213.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_default_1147213.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_default_1147213.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6b43842e-c663-4bd2-aec3-c635e617bf94_16-9-aspect-ratio_default_1147213.jpg"
                    alt="El escritor de &#039;Te hice dios&#039;, Marcos Augusto"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El escritor de &#039;Te hice dios&#039;, Marcos Augusto                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La PrEP, acr&oacute;nimo de Profilaxis Preexposici&oacute;n, es un medicamento preventivo altamente efectivo (m&aacute;s del 90%) que toman las personas sin VIH para evitar contraer el virus antes de una posible exposici&oacute;n. Es muy com&uacute;n, adem&aacute;s, aducir toma de PrEP en encuentros sexuales espor&aacute;dicos entre hombres para mantener relaciones sexuales sin cond&oacute;n. &ldquo;Ahora mismo&rdquo;, contin&uacute;a Augusto, &ldquo;tenemos la certeza de que alguien que est&aacute; siendo medicado y tiene buena adherencia al tratamiento es indetectable y no puede transmitir el virus, pero mi novela se pregunta todo el rato que pasa con toda esa gente que no responde al tratamiento, qu&eacute; pasa con los que quedan, los que est&aacute;n en esa frontera en el mundo de la enfermedad&rdquo;, se&ntilde;ala. 
    </p><h2 class="article-text">La enfermedad como personaje </h2><p class="article-text">
        El libro abre con una cita de uno de los ensayos m&aacute;s conocidos sobre el estar enfermo de occidente, <em>La enfermedad y sus met&aacute;foras</em> de Susan Sontag, que public&oacute; ya enferma del c&aacute;ncer que la mat&oacute; en 2004 y dice as&iacute;: &ldquo;A todos, al nacer nos otorgan una doble ciudadan&iacute;a, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque prefiramos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quería hacer un libro incómodo, hablar de realidades incómodas que todos sabemos que están ahí, pero que muchas veces no decimos en voz alta</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Marcos Augusto</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ldquo;Creo que es una de las cosas m&aacute;s brillantes que se han escrito a ese respecto, leerla te cambia la mirada sobre el hecho de estar enfermo. A m&iacute; me la cambi&oacute;&rdquo;, confiesa Augusto, quien convierte al &ldquo;bicho&rdquo; casi tambi&eacute;n en un personaje de la trama. &ldquo;Es interesante ver c&oacute;mo entendemos las implicaciones sociales del estar enfermo, las connotaciones m&aacute;s all&aacute; del informe m&eacute;dico&rdquo;, se&ntilde;ala Augusto sin llegar a pronunciar la palabra estigma. Aunque no hace falta. La enfermedad, cierta enfermedad, lo lleva escrito en su propio nombre.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n, se&ntilde;ala el autor, est&aacute; directamente relacionada con ese deseo animal que posee a los protagonistas y los mete en una espiral de la que ninguno de ellos es capaz de salir. &ldquo;Quer&iacute;a hacer un libro inc&oacute;modo, hablar de realidades inc&oacute;modas que todos sabemos que est&aacute;n ah&iacute;, pero que muchas veces no decimos en voz alta&rdquo;, contin&uacute;a el entrevistado que entiende que, en ocasiones, la lectura de su libro se pueda antojar un tanto dura aunque &eacute;l est&aacute; seguro de que lo que realmente puede incomodar es la verdad que se oculta ante el andamiaje de mentiras en el que se enredan sus protagonistas y es, a sus ojos, la violencia que comporta cualquier deseo. &ldquo;El deseo siempre implica una fricci&oacute;n, porque muy pocas veces coincide plenamente con el deseo del otro y, eso, muchas veces es tambi&eacute;n lo que nos atrae&rdquo;, contin&uacute;a para se&ntilde;alar que el suyo es un caso llevado, quiz&aacute;, al extremo, pero que no por eso deja de ser menos real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Nuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/hice-dios-proximo-fenomeno-literatura-espanola-habla-deseo-autodestruccion-entrelazan_1_13372132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jul 2026 19:52:23 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/392b2346-79f0-4586-8efa-7e0fd03c6d59_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147201.jpg" length="543952" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/392b2346-79f0-4586-8efa-7e0fd03c6d59_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147201.jpg" type="image/jpeg" fileSize="543952" width="979" height="551"/>
      <media:title><![CDATA['Te hice dios', el próximo fenómeno de la literatura española que habla de cómo "el deseo y la autodestrucción se entrelazan”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/392b2346-79f0-4586-8efa-7e0fd03c6d59_16-9-discover-aspect-ratio_default_1147201.jpg" width="979" height="551"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Narrativa,LGTBI,VIH]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guillermo Zapata: "La novela no tiene que dar soluciones, en cambio, la política tiene que proponer herramientas concretas"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/guillermo-zapata-novela-no-dar-soluciones-cambio-politica-proponer-herramientas-concretas_1_13358578.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d574021-9bdc-4801-a4cf-4bb5983fbb1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x735y354.jpg" width="1200" height="675" alt="Guillermo Zapata: &quot;La novela no tiene que dar soluciones, en cambio, la política tiene que proponer herramientas concretas&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El escritor, que fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, publica 'Animales de costumbres', una novela de misterio y terror sobre una urbanización aislada donde el clasismo y la falta de empatía lo contaminan todo</p><p class="subtitle">Entrevista - Pablo Und Destruktion: “Hay identidad en la casita de Bad Bunny, pero ninguna conciencia de clase”
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Un cruce de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/stephen-king-maurice-sendak-union-inesperada-coherente-revisar-cuento-hansel-gretel_1_12814863.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen King</a> y Annie Ernaux, pero a lo bestia&rdquo;, as&iacute; presenta <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/rivas/bob-pop-muestra-presente-cuerpo-rivas-escribir-unica-forma-pensar_1_13339140.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bob Pop</a> la novela <em>Animales de costumbres </em>(Editorial Plasson e Bartleboom, 2026), la &uacute;ltima novela del escritor y guionista Guillermo Zapata. Primero fue <em>Perfil bajo </em>(Lengua de Trapo, 2018), un ensayo en primera persona sobre la libertad de expresi&oacute;n, redes sociales y espacio p&uacute;blico; luego vino <em>No a todo</em> (Lengua de Trapo, 2023), <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/guillermo-zapata-guion-votacion-reforma-laboral-pareceria-succession_1_10349570.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un ensayo a partir de su investigaci&oacute;n sobre el Tamayazo</a>. Ahora Zapata se estrena en el g&eacute;nero de misterio y terror con esta historia de ficci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Animales de costumbres</em>, las ciudades y los pueblos han cambiado radicalmente porque un gas t&oacute;xico naranja recorre todo el territorio. La vida transcurre ahora bajo c&uacute;pulas de filtrado de aire y trajes de protecci&oacute;n. En una sociedad que recuerda mucho a la espa&ntilde;ola y en las ruinas a&uacute;n respirables de una crisis econ&oacute;mica y urban&iacute;stica que nunca termin&oacute; de irse, la historia se ubica en un cruce improbable entre <em>Twin Peaks</em> y <em>La que se avecina, </em>desarroll&aacute;ndose casi enteramente en la urbanizaci&oacute;n de Valleluz. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Las urbanizaciones pueden llegar a dar mucho miedo? </strong>
    </p><p class="article-text">
        Las urbanizaciones son algo que conozco y he vivido desde peque&ntilde;o. Mir&aacute;ndolas desde la perspectiva del miedo hay elementos que me interesan especialmente. La idea de comunidad cerrada, con reglas propias que tienden a ser homog&eacute;neas y que generan un cierto aislamiento. Eso ofrec&iacute;a para m&iacute;, por un lado, la posibilidad de vivir aventuras en una especie de castillo imaginario ajeno a la realidad del resto de las personas y, por otro lado, lo perverso de vivir en un estado de control donde todo el mundo se vigila y proyecta sus temores. Sobre todo despu&eacute;s de que haya habido un asesinato. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>El asesinato de un perro. </strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso es. Me parec&iacute;a interesante la idea de considerar que el asesinato de un perro se le&iacute;a igual que la muerte de cualquier persona de esa comunidad. Para m&iacute; las novelas de misterio tienen unas reglas y una de las m&aacute;s importantes era que conoci&eacute;ramos al cad&aacute;ver desde el principio. Porque a lo que asistimos a partir de ese momento es a la investigaci&oacute;n en torno a por qu&eacute; ha muerto ese perro y qui&eacute;n lo ha matado. Y a partir de ah&iacute; construir una estructura de sospechas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2667y762.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0_x2667y762.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2667y762.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0_x2667y762.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2667y762.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2667y762.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/b87c4c7a-7d24-4d18-abb1-562476959c10_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2667y762.jpg"
                    alt="Guillermo Zapata en 2023"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Guillermo Zapata en 2023                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Una de las sospechosas es Evelyn, una trabajadora dom&eacute;stica que ha desarrollado alergia al perro, &iquest;qu&eacute; era lo que encontrabas interesante de esa situaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        El punto de partida es una an&eacute;cdota real que me contaron de una familia en la que hab&iacute;a un perro que le daba alergia a la mujer que limpiaba la casa y cuidaba a los hijos y se enfrentaba a la duda de qu&eacute; hacer, si despedir a esa mujer o deshacerse del perro. Me parece un dilema muy interesante para la ficci&oacute;n porque articula toda una serie de cuestiones relacionadas con la clase y con la incapacidad de encontrar soluciones que no pasaran por el clasismo o la exclusi&oacute;n. Evelyn representa una figura exterior que se relaciona con esa comunidad y que no est&aacute; atravesada por las violencias que esta produce. Ella es un faro de dignidad en un contexto donde muchos personajes la han perdido.
    </p><p class="article-text">
        <strong>De hecho, la historia est&aacute; plagada de esos personajes y constantemente tienen comportamientos cuestionables. Luego conocemos un poco mejor su historia y llegamos a empatizar con ellos&hellip; pero no del todo. &iquest;Era esa la intenci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que hay una diferencia entre comprender por qu&eacute; alguien act&uacute;a de una determinada manera y empatizar del todo. Las actitudes cuestionables pueden venir de sus deseos, de cuestiones de clase, de g&eacute;nero, de sus diferentes maneras de dominio. Pero cuando ya te has acercado lo suficiente quieres exigirles un poco m&aacute;s y se genera la expectativa de que cambien o elijan otros caminos. Y cuando eso no sucede, nuestra empat&iacute;a se detiene. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dejando un momento de lado la novela y considerando su experiencia pol&iacute;tica, &iquest;esa 'empat&iacute;a que se detiene' es algo que nos impide entender mejor el giro ultraconservador?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me interesa esa tensi&oacute;n entre la experiencia pol&iacute;tica y la novela porque creo que responde a maneras distintas de enfocar los problemas. La novela, para empezar, no tiene por qu&eacute; dar soluciones, mientras que la pol&iacute;tica tiene que proponer todo el rato herramientas concretas. Estamos en un momento que necesita una enorme empat&iacute;a. La extrema derecha quiere producir una imagen homog&eacute;nea del mundo, muy estrecha. En esa imagen quiere atrapar incluso a sus propios votantes, porque as&iacute; es m&aacute;s f&aacute;cil mantenerlos juntos. Yo creo que hay que resistirse a esa imagen homog&eacute;nea, asumiendo la complejidad, por un lado, e identificando problemas comunes, por otro. Necesitamos unir lo que est&aacute; separado y separar lo que se presenta como homog&eacute;neo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Escribir o producir cultura nos compromete y genera vínculos, queramos o no. Y obviar eso me parece problemático</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Guillermo Zapata</span>
                                        <span>—</span> Escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>En la novela hay al menos dos personajes (Emilio y Marcos) que representan muy bien cierta idea de clase media cuyos principios morales no siempre parecen respetar los derechos m&aacute;s b&aacute;sicos&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Emilio y Marcos son dos personas atrapadas en una ficci&oacute;n aspiracional. A uno se le ha derrumbado, pero sigue como el Coyote andando por el precipicio y persiguiendo al Correcaminos como si no pasara nada. El otro est&aacute; atrapado en las trampas que &eacute;l mismo se ha contado sobre lo que es el &eacute;xito. Es un hombre endeudado que dice ser un triunfador. Lo que los une es que los dos est&aacute;n dispuestos a hacer da&ntilde;o a otras personas por mantener su mentira. A m&iacute; eso es lo que me da miedo. El esfuerzo por mantener una normalidad irreal puede llegar a hacer da&ntilde;o a otras personas. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tambi&eacute;n aparece un escritor aparentemente desconectado de la comunidad&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Creo que quiz&aacute;s ahora es diferente, pero durante un tiempo la producci&oacute;n cultural ha tenido una especie de prestigio as&eacute;ptico y poco problem&aacute;tico. Introducir la figura de una persona que escribe en la novela es una llamada de atenci&oacute;n en relaci&oacute;n a que no por el hecho de escribir o de producir una historia tienes que estar separado del mundo de las responsabilidades. O incluso al rev&eacute;s, escribir o producir cultura nos compromete y genera v&iacute;nculos, queramos o no. Y obviar eso me parece problem&aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Los adolescentes de la novela parecen estar solos y salen retratados como incomprendidos, &iquest;hay una cr&iacute;tica al adultocentrismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo no he querido hacer una especie de teor&iacute;a sobre la sociedad pero entiendo que la historia genere ciertas resonancias. S&iacute; he querido hablar de gente joven que est&aacute; desamparada y desorientada. Y a la que le resulta muy hostil el mundo de los adultos sin haber hecho nada especialmente raro o nada especialmente conflictivo para con ese mundo. Es como si su mera existencia, sus meros c&oacute;digos, distintos a los de los adultos, los volvieran sospechosos. Y es una cosa que a m&iacute; me preocupa y me interesa. Al final es una historia que habla sobre lo que pasa cuando la empat&iacute;a desaparece. Y eso s&iacute; es algo que nos sucede a los adultos a menudo con gente joven y adolescentes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Por &uacute;ltimo, para una persona que siempre ha defendido escribir desde la esperanza, &iquest;pasar al g&eacute;nero de terror tiene algo que ver con el actual pesimismo colectivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Es una pregunta que yo me hago tambi&eacute;n bastante. Creo que el desaf&iacute;o es resultar esperanzador dentro de un formato que est&aacute; entregado a lo oscuro, a lo que falla, a las cosas que salen mal, a la violencia y en definitiva, a lo que nos angustia. Me parece m&aacute;s desafiante intentar escarbar esperanza a partir de ese formato que pensar que el contexto me ha llevado a escribir una historia m&aacute;s desesperanzada. Yo creo que hay elementos en la historia que hacen llamadas constantes al presente y es una historia dura, pero no creo que sea una historia en la que no haya esperanza o salidas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Felipe G. Gil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/guillermo-zapata-novela-no-dar-soluciones-cambio-politica-proponer-herramientas-concretas_1_13358578.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Jul 2026 19:57:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1d574021-9bdc-4801-a4cf-4bb5983fbb1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x735y354.jpg" length="3887104" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1d574021-9bdc-4801-a4cf-4bb5983fbb1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x735y354.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3887104" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Guillermo Zapata: "La novela no tiene que dar soluciones, en cambio, la política tiene que proponer herramientas concretas"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1d574021-9bdc-4801-a4cf-4bb5983fbb1a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x735y354.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Novela,Escritores,Guillermo Zapata,Literatura de terror]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cecilia Böhl Larrea, la contradictoria pionera que tuvo que refugiarse en un seudónimo masculino, Fernán Caballero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cecilia-bohl-larrea-contradictoria-pionera-tuvo-refugiarse-seudonimo-masculino-fernan-caballero_1_13353200.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cd5c5c24-2cdc-455d-9c17-739763af6c42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146628.jpg" width="786" height="442" alt="Cecilia Böhl Larrea, la contradictoria pionera que tuvo que refugiarse en un seudónimo masculino, Fernán Caballero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una biografía de la profesora Marieta Cantos reivindica a una escritora llena de aristas, que avanzó el realismo del siglo XIX y cuya literatura ha perdido vigencia
</p><p class="subtitle">Secuestrar un barco para derrocar a Franco y Salazar: José Ignacio Carnero recuerda el fallido intento del Santa María
</p></div><p class="article-text">
        Una multitud de lectores y de lectoras estudi&oacute; en su bachillerato a Fern&aacute;n Caballero, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/yasmina-khadra-seudonimo-mujer-muerte_1_8452970.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">seud&oacute;nimo</a> de Cecilia B&ouml;hl Larrea, una de las m&aacute;s destacadas escritoras del siglo XIX espa&ntilde;ol. Pionera como una mujer de letras, burguesa ilustrada, muy conservadora y cat&oacute;lica, avanz&oacute; la corriente del realismo y triunf&oacute; en su &eacute;poca. Pero hoy Cecilia B&ouml;hl y Fern&aacute;n Caballero (Morges, Suiza, 1796-Sevilla, 1877) han ca&iacute;do en el olvido y ya no cuentan ni con seguidores ni con reconocimiento. A contracorriente de ese silencio, Marieta Cantos reivindica en una reciente biograf&iacute;a a una intelectual que &ldquo;fue muy conservadora en lo ideol&oacute;gico, pero muy innovadora y moderna en lo literario, una ilustrada famosa en su &eacute;poca y cuya influencia lleg&oacute; hasta Gald&oacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras admitir el indudable declive de la figura de Fern&aacute;n Caballero, esta catedr&aacute;tica de Literatura Espa&ntilde;ola de la Universidad de C&aacute;diz intenta explicar las razones del ostracismo de una sobresaliente mujer. &ldquo;En primer lugar&rdquo;, se&ntilde;ala Cantos, &ldquo;Fern&aacute;n Caballero fue muy le&iacute;da y exaltada durante la dictadura franquista y ese hecho la ha estigmatizado en parte&rdquo;. &ldquo;Adem&aacute;s, creo que a pesar de los numerosos estudios y biograf&iacute;as sobre ella no se ha sabido situar a esta autora en su contexto. Por &uacute;ltimo, por si fuera poco, se ha reducido su obra literaria a un costumbrismo andaluz que ha pesado en su contra&rdquo;, opina. Por ello, la reciente biograf&iacute;a de Marieta Cantos, <em>Cecilia B&ouml;hl Larrea, Fern&aacute;n Caballero. En cuadros vivos</em> (C&aacute;tedra) trata de analizar su vida y su obra en el marco de un convulso siglo XIX y desde una perspectiva de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Al comentar este documentado y exhaustivo libro sobre la autora de <em>La gaviota</em> y <em>La familia de Alvareda</em>, la bi&oacute;grafa, especialista en el siglo XIX, destaca que &ldquo;Fern&aacute;n Caballero fue muy contradictoria porque fue una cosmopolita y avanzada a su tiempo en su faceta cultural, pero conservadora y cat&oacute;lica a ultranza en lo pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico&rdquo;. A&ntilde;ade Cantos que Cecilia B&ouml;hl Larrea, hija de padre alem&aacute;n y madre andaluza, ambos gente culta, hablaba y le&iacute;a tres idiomas (espa&ntilde;ol, franc&eacute;s y alem&aacute;n), estuvo al tanto de las novedades literarias en Europa y de la eclosi&oacute;n del realismo a mediados del XIX y cultiv&oacute; varios g&eacute;neros, desde el periodismo y los cuentos a la novela. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/6a41a4a3-097f-4a68-bcd3-c2ee1b845dc2_source-aspect-ratio_default_1146630.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La escritora mostr&oacute; adoraci&oacute;n por su padre, Juan B&ouml;hl de Faber, un erudito reputado en su &eacute;poca, mientras con su madre mantuvo una relaci&oacute;n de amor-odio en su juventud, si bien luego se reconcili&oacute; con Frasquita Larrea, tambi&eacute;n escritora y editora de su hija en ocasiones. &ldquo;Hay que tener en cuenta&rdquo;, afirma Cantos, &ldquo;que Cecilia fue una mujer rica, procedente de una familia de bodegueros y comerciantes, que enviud&oacute; tres veces y no tuvo hijos. As&iacute; pues, estas circunstancias personales hicieron de Cecilia una persona libre e independiente, algo muy poco habitual para una mujer en el XIX&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque siempre se mostr&oacute; interesada por la literatura, Cecilia no public&oacute; sus primeras obras hasta su madurez, cuando ya contaba m&aacute;s de 50 a&ntilde;os, y lo hizo con un seud&oacute;nimo masculino: Fern&aacute;n Caballero. &iquest;Por qu&eacute;? &ldquo;Ella era t&iacute;mida y celosa de su intimidad&rdquo;, contesta la bi&oacute;grafa y agrega: &ldquo;Tem&iacute;a mucho la exposici&oacute;n p&uacute;blica hasta el punto de que se indign&oacute; cuando algunos editores o colegas insinuaron que tras Fern&aacute;n Caballero se escond&iacute;a una escritora. Por otra parte, no deseaba que se leyeran sus novelas como un producto femenino, porque ello equival&iacute;a a que fueran consideradas como una obra menor&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De hecho, Cecilia siempre despleg&oacute; una intenci&oacute;n moralizante en su obra y cre&iacute;a que ese mensaje iba a llegar mejor si el p&uacute;blico cre&iacute;a que proced&iacute;a de un hombre. Se trata, pues, de una actitud com&uacute;n en algunas mujeres intelectuales del siglo XIX e incluso del XX&rdquo;, a&ntilde;ade. En cualquier caso, la bi&oacute;grafa no se atreve a pronunciarse sobre si sus lectores sab&iacute;an que la autora era una mujer. &ldquo;Es dif&iacute;cil saberlo, aunque lo que podemos afirmar es que suscit&oacute; la envidia de escritores de su &eacute;poca, entre ellos de Juan Valera, entre otros&rdquo;, asegura.
    </p><h2 class="article-text">Una literatura costumbrista y moralizante</h2><p class="article-text">
        Sea como fuere, la vida de Cecilia B&ouml;hl Larrea resulta novelesca y atraviesa un siglo muy agitado y salpicado de conflictos, de golpes militares y revueltas sociales, desde la guerra de la Independencia, que ella vivi&oacute; de joven, hasta la revoluci&oacute;n gloriosa de 1868, el destronamiento de Isabel II y la proclamaci&oacute;n de la ef&iacute;mera Primera Rep&uacute;blica en 1873. Entretanto, su literatura atrap&oacute; a la sociedad de su &eacute;poca con una mezcla de temas realistas sobre las virtudes y defectos de los espa&ntilde;oles, unas descripciones coloristas y po&eacute;ticas de Andaluc&iacute;a y un estilo claro y natural. Todo ello, por supuesto, con una moralina conservadora. 
    </p><p class="article-text">
        Puede sostenerse que Fern&aacute;n Caballero alcanz&oacute; una notable fama, si bien a Cecilia B&ouml;hl le horrorizaba exponerse en cuadros vivos, esas representaciones teatrales en p&uacute;blico para comentar un suceso. De ah&iacute; el t&iacute;tulo de la biograf&iacute;a de Marieta Cantos. Su aversi&oacute;n a la proyecci&oacute;n social la llev&oacute; incluso a barajar el ingreso en un convento, un paso que finalmente no dio.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, y a pesar de esa ideolog&iacute;a tradicional, Cecilia B&ouml;hl no se implic&oacute; activamente en la pol&iacute;tica de su tiempo y se mantuvo siempre en una esfera privada. Traducida en vida a varios idiomas, se code&oacute; con intelectuales y pol&iacute;ticos de primera fila, incluido con Washington Irving al que conoci&oacute; en una visita del autor de <em>Los cuentos de la Alhambra</em> a Andaluc&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, su bi&oacute;grafa opina que la amistad con personajes perversos y conspiradores, como el duque de Montpensier &mdash;cu&ntilde;ado de Isabel II y financiador de su destronamiento, as&iacute; como sospechoso del asesinato del general Juan Prim en 1870&mdash;, la perjudic&oacute; mucho en algunos periodos de su vida. &ldquo;Cecilia fue carlista en su juventud&rdquo;, explica Marieta Cantos, &ldquo;y partidaria de los Montpensier m&aacute;s tarde. Pero ella se volc&oacute; en las obras ben&eacute;ficas y en reuniones de mujeres cat&oacute;licas, al tiempo que presum&iacute;a de que en sus tertulias no se hablaba de pol&iacute;tica&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cecilia-bohl-larrea-contradictoria-pionera-tuvo-refugiarse-seudonimo-masculino-fernan-caballero_1_13353200.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 20:10:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/cd5c5c24-2cdc-455d-9c17-739763af6c42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146628.jpg" length="116732" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/cd5c5c24-2cdc-455d-9c17-739763af6c42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146628.jpg" type="image/jpeg" fileSize="116732" width="786" height="442"/>
      <media:title><![CDATA[Cecilia Böhl Larrea, la contradictoria pionera que tuvo que refugiarse en un seudónimo masculino, Fernán Caballero]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/cd5c5c24-2cdc-455d-9c17-739763af6c42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146628.jpg" width="786" height="442"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libros,Escritores,Biografías,Machismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Domingo López Torres y Lola Suárez, propuestos para el Día de las Letras Canarias y el Día de las Escritoras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/domingo-lopez-dia-letras-lola-suarez-escritoras_1_13354131.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4e2b07db-ede9-4a5c-b0f4-5e37571ed69d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x981y412.jpg" width="1200" height="675" alt="Domingo López Torres y Lola Suárez, propuestos para el Día de las Letras Canarias y el Día de las Escritoras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sus nombres, elegidos a través de una comisión de expertos, se elevarán al Consejo de Gobierno para su aprobación definitiva

</p></div><p class="article-text">
        La Consejer&iacute;a de Universidades, Ciencia e Innovaci&oacute;n y Cultura del Gobierno de Canarias elevar&aacute; a Consejo de Gobierno la propuesta de Domingo L&oacute;pez Torres (1907&ndash;1937) como figura protagonista del <strong>D&iacute;a de las Letras Canarias 2027</strong> y de <strong>Lola Su&aacute;rez para el D&iacute;a de las Escritoras</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Sus nombres han sido seleccionados por una comisi&oacute;n de expertos formada por V&iacute;ctor &Aacute;lamo de la Rosa, Isabel Garc&iacute;a Bolta, Eduardo Garc&iacute;a Rojas, Humberto Hern&aacute;ndez, Marcos Hormiga Santana, Alicia Llarena Gonz&aacute;lez, Beatriz Morales Fern&aacute;ndez, Jos&eacute; Antonio Ramos Arteaga, Katya V&aacute;zquez Schr&ouml;der. Durante la reuni&oacute;n, auspiciada por la Consejera de Universidades, Ciencia e Innovaci&oacute;n y Cultura del Gobierno de Canarias, Migdalia Mach&iacute;n, y por el Viceconsejero de Cultura y Patrimonio Cultural, Horacio Umpi&eacute;rrez, se han analizado y debatido las diferentes propuestas enviadas por instituciones culturales y cient&iacute;ficas durante los &uacute;ltimos meses. 
    </p><p class="article-text">
        Tras el encuentro, la consejera Migdalia Mach&iacute;n ha puesto en valor el trabajo del comit&eacute; evaluador destacando que &ldquo;la designaci&oacute;n de Domingo L&oacute;pez Torres y Lola Su&aacute;rez responde al criterio de una comisi&oacute;n de expertos, una forma de proceder impulsada durante esta legislatura para que estos reconocimientos descansen en el conocimiento, el estudio y una valoraci&oacute;n rigurosa de las trayectorias literarias&rdquo;. En este sentido, tambi&eacute;n ha a&ntilde;adido que &ldquo;el D&iacute;a de las Letras Canarias y el D&iacute;a de las Escritoras refuerzan el prestigio de unos homenajes que distinguen a quienes han contribuido de manera decisiva al patrimonio cultural de las islas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre las figuras elegidas, la consejera ha subrayado que &ldquo;Domingo L&oacute;pez Torres abri&oacute; nuevos caminos para la poes&iacute;a canaria desde la vanguardia y el surrealismo; mientras que Lola Su&aacute;rez ha dedicado buena parte de su trayectoria a la literatura infantil y juvenil, acercando la lectura a generaciones de j&oacute;venes desde una obra de gran calidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el viceconsejero <strong>Horacio Umpi&eacute;rrez</strong>, presente tambi&eacute;n durante la deliberaci&oacute;n, ha se&ntilde;alado que ambas efem&eacute;rides tienen como objetivo &ldquo;la reivindicaci&oacute;n del papel de las escritoras dentro de la literatura canaria y la necesidad de promover y difundir a autores que han sido b&aacute;sicos en ciertos movimientos&rdquo;. Adem&aacute;s, ha valorado positivamente la elecci&oacute;n del poeta tinerfe&ntilde;o, destacando que &ldquo;a lo largo de los m&aacute;s de quinientos a&ntilde;os de literatura canaria, se trata de un acierto haber apostado por un autor como Domingo L&oacute;pez Torres&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Domingo L&oacute;pez Torres, la apuesta para el D&iacute;a de las Letras Canarias</strong></h2><p class="article-text">
        Natural de Santa Cruz de Tenerife, <strong>Domingo L&oacute;pez Torres</strong> (1907-1937) fue un destacado poeta y ensayista, adem&aacute;s de figura clave del surrealismo y de las vanguardias literarias de Canarias. Su trayectoria estuvo estrechamente ligada a la m&iacute;tica revista Gaceta de Arte, con la que destac&oacute; por su capacidad para entrelazar la creaci&oacute;n literaria con un profundo compromiso pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Entre sus obras m&aacute;s destacadas se encuentra &lsquo;Diario de un sol de verano&rsquo; (1929) o el poemario ilustrado &lsquo;Lo imprevisto&rsquo; (1936), que cobra especial significado porque lo elabor&oacute; mientras se encontraba encarcelado Fyfess a causa de su convicci&oacute;n pol&iacute;tica, justo cuando estall&oacute; la Guerra Civil. Su vida fue tr&aacute;gicamente truncada en 1937 cuando, v&iacute;ctima de la represi&oacute;n, fue arrojado al mar en 1937. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lola Su&aacute;rez, opci&oacute;n para el D&iacute;a de las Escritoras</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>Lola Su&aacute;rez</strong>, la autora propuesta para esta conmemoraci&oacute;n, es una de las voces m&aacute;s representativas y consolidadas de la literatura infantil y juvenil en el Archipi&eacute;lago. Nacida en Arrecife (Lanzarote) en 1956, ha dedicado gran parte de su vida profesional al fomento de la lectura desde su excelente labor como maestra. 
    </p><p class="article-text">
        En su obra, las islas, su historia y su cultura cobran especial protagonismo, fundamentalmente en t&iacute;tulos de &eacute;xito como &lsquo;Cleta y Domitila&rsquo;, &lsquo;Mares&iacute;a&rsquo; o &lsquo;El misterio del collar&rsquo;. Con sus libros ha sabido conectar con generaciones de j&oacute;venes lectores, de modo que su elecci&oacute;n supone un merecido reconocimiento a su indudable calidad literaria y a su papel como transmisora de la identidad canaria. 
    </p><h2 class="article-text"><strong>Dos jornadas claves para las Letras Canarias</strong></h2><p class="article-text">
        Cada a&ntilde;o, el Gobierno de Canarias rinde homenaje a dos figuras destacadas de la literatura del Archipi&eacute;lago a trav&eacute;s del <strong>D&iacute;a de las Letras Canarias</strong> y el <strong>D&iacute;a de las Escritoras</strong>. 
    </p><p class="article-text">
        En el primer caso, la celebraci&oacute;n institucional arranca habitualmente cada 21 de febrero, en conmemoraci&oacute;n del fallecimiento del ilustrado canario Jos&eacute; de Viera y Clavijo en 1813. Durante doce meses, se dedica un amplio programa de actividades culturales que ayuda a difundir la obra del autor seleccionado y poner en valor su legado, tomando L&oacute;pez Torres el relevo de figuras recientes como &Aacute;ngel Guerra, Alonso Quesada o Alfonso Garc&iacute;a-Ramos.
    </p><p class="article-text">
        El D&iacute;a de las Escritoras, por otro lado, tiene como meta visibilizar y poner en valor la obra literaria de autoras canarias, coincidiendo con la efem&eacute;rides nacional que se celebra siempre el lunes m&aacute;s cercano al 15 de octubre. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Canarias Ahora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/cultura/domingo-lopez-dia-letras-lola-suarez-escritoras_1_13354131.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 11:22:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4e2b07db-ede9-4a5c-b0f4-5e37571ed69d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x981y412.jpg" length="507620" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4e2b07db-ede9-4a5c-b0f4-5e37571ed69d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x981y412.jpg" type="image/jpeg" fileSize="507620" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Domingo López Torres y Lola Suárez, propuestos para el Día de las Letras Canarias y el Día de las Escritoras]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4e2b07db-ede9-4a5c-b0f4-5e37571ed69d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x981y412.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Canarias,Gobierno de Canarias,Literatura,Cultura,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cecilia F. Santomé, la escritora que con 'As despedidas' ha descrito el duelo por los abuelos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cecilia-f-santome-escritora-as-despedidas-descrito-duelo-abuelos_1_13335944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6a67b63b-6a25-4eb9-9627-45b75031e2c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146195.jpg" width="6000" height="3375" alt="Cecilia F. Santomé, la escritora que con &#039;As despedidas&#039; ha descrito el duelo por los abuelos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora gallega presenta en español su tercera novela, originalmente en su idioma, que se adentra en las horas en las que comienza el duelo por un familiar</p><p class="subtitle">La escritora favorita de Almodóvar que ocupa espacios de la derecha y renuncia al caché de llamarse novelista</p></div><p class="article-text">
        Todo empieza por el final, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cultura/tristeza-nombre-muerte-ejemplar-planes-culturales-descubrir-emociones-ocultas_132_12948978.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">por la muerte</a>. La muerte del viejo, del abuelo, que, aunque esperada, detiene el tiempo. Ese es el comienzo y el hilo conductor de la trama de <em>As despedidas</em> (Consonni, 2024), la tercera novela de Cecilia F. Santom&eacute; (San Sim&oacute;n, 1984), que sigue las 72 horas posteriores al deceso. &iquest;Qu&eacute; pasa cuando se nos muere alguien? &iquest;C&oacute;mo sigue la vida cuando desaparece de golpe uno de los pilares que la sosten&iacute;an hasta ese momento? &iquest;C&oacute;mo te despides y piensas en alguien que est&aacute; delante de ti aunque ya no est&aacute;? Estas son algunas de las preguntas que se hace la narradora ante el cuerpo <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/descubrir-abuelo-pederasta-contarlo-documental-sanar-heridas-familia_1_11700226.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de su abuelo</a>. Una narradora que es testigo y parte de lo que ocurre en una casa del rural gallego. Una casa en la que al muerto no se le despide con el asepticismo de un tanatorio con olor a desinfectante, sino en casa, en comunidad, como un evento social de los de antes, de los que ya no quedan.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo primero que surgi&oacute; fue el final&rdquo;, confiesa F. Santom&eacute; en conversaci&oacute;n con elDiario.es. &ldquo;Llevaba tiempo cavilando sobre c&oacute;mo la literatura te puede ayudar a gestionar ciertos sentimientos que te vienen desbordando&rdquo;, contin&uacute;a para se&ntilde;alar que <em>As despedidas</em> es una novela que viene de lejos, que estuvo habitando un rinc&oacute;n de su cabeza durante seis a&ntilde;os antes de, por fin, comenzar a escribirla. Los sentimientos que la atraparon fueron aquellos que condensan el duelo, el dolor, la p&eacute;rdida, el final de las familias y la zozobra a la que conducen la desaparici&oacute;n de los ritos que se van con el difunto.
    </p><p class="article-text">
        La suya es una novela de vida y de muerte. Algo que abunda en la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/ramona-heroina-obrera-gallega-conquistar-berlin_1_9963383.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">literatura gallega</a>; las cosas que rodean al morir. &ldquo;En Galicia todav&iacute;a existe una gran cultura de la muerte, aunque hoy quiz&aacute; est&eacute; desdibujada por la modernidad&rdquo;, explica la autora a este respecto. Y esa cultura de la muerte es lo que ella plasma en su novela con una suerte de mirada antropol&oacute;gica, de testimonio de lo que es y lo que ha sido y de lo que no se sabe si seguir&aacute; siendo. &ldquo;Aunque todav&iacute;a se recuerdan muchas cosas, ya no se ejecutan de ese modo y yo quer&iacute;a dejar parte de ello, de lo que es morirse en el rural&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/f9c35ea0-cc8f-4777-b362-9fcdb474a744_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Una de las escenas que marca ese estado de cambio se encuentra al principio del libro, cuando la familia no encuentra al cura porque no hay, porque hay uno para varios pueblos y en ese momento no est&aacute; de servicio y genera una crisis organizativa. Imagen habitual y de actualidad en otros oficios, como el de los m&eacute;dicos rurales. &ldquo;Supongo que es un fragmento involuntariamente cr&iacute;tico. Mi principal ambici&oacute;n era simplemente recoger algo que est&aacute; a la orden del d&iacute;a en ese ambiente y &aacute;mbito&rdquo;, explica la escritora, a&ntilde;adiendo que el avance de la despoblaci&oacute;n acelera la falta de servicios de todo tipo. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y, en ese marco, puede faltar un sacerdote. Algo impensable hace dos d&eacute;cadas&rdquo;, afirma, para se&ntilde;alar que este es un elemento que complementa al trasfondo de la novela que es, en definitiva, de decadencia. &ldquo;Aunque en primer plano tenemos una imagen de resistencia, porque la muerte, como la vida, en comunidades peque&ntilde;as tiene mucho de social, en el fondo podemos intuir c&oacute;mo todo va degrad&aacute;ndose&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        F. Santom&eacute; cuenta que este trabajo, que se public&oacute; primero en gallego en 2024, ha sido muy enriquecedor, sobre todo al incorporarse como traductora de s&iacute; misma. &ldquo;Es una novela que est&aacute; tan pr&oacute;xima a una sociedad en la que yo he crecido a ratos y sobre la que, a veces, cuando se me pregunta por determinadas escenas, no puedo evitar emocionarme&rdquo;, confiesa. &ldquo;Hay mucho de lo que mi gente es y es bonito que quede encapsulado ah&iacute;, aunque sea literariamente. Es un peque&ntilde;o gui&ntilde;o a mi comunidad&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_50p_1146198.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_50p_1146198.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_75p_1146198.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_75p_1146198.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_default_1146198.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_default_1146198.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d310b519-3491-40fe-8b5d-94d5f73f8298_16-9-aspect-ratio_default_1146198.jpg"
                    alt="La autora Cecilia Fernández Santomé."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La autora Cecilia Fernández Santomé.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El pensar c&oacute;mo crecer&aacute;n las nuevas generaciones que ya no podr&aacute;n morder ni oler las rosquillas de los abuelos o que no conocer&aacute;n los ritos que han rodeado el crecimiento de la protagonista es tambi&eacute;n donde reside parte de la fuerza del relato. &ldquo;Es una historia en la que yo quer&iacute;a ser muy sensorial, sensual, con los olores y los sabores y, en definitiva, esas cosas tan peque&ntilde;as que son las que, al final, forman nuestros universos&rdquo;, argumenta la autora para se&ntilde;alar que, para ella, estos detalles a los que no les damos la importancia que tienen, hablan mucho de las relaciones paternofiliales. 
    </p><h2 class="article-text">Figuras literarias</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Luego est&aacute;n los abuelos en s&iacute;, que, al menos para m&iacute;, pertenecen a una categor&iacute;a muy propia, muy especial, pero ni siquiera tenemos una palabra para describir su ausencia con respecto a los nietos&rdquo;, argumenta la escritora, quien asegura que esas ausencias desnombradas generan un sentimiento de orfandad muy profundo. &ldquo;Y algo de eso hay en esta novela, la necesidad de ya no ponerle un nombre, pero demostrar que hay un agujerito en la foto familiar a partir de su muerte&rdquo;, contin&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        F. Santom&eacute; no es la primera en tomar la figura de los abuelos como elemento de construcci&oacute;n literario. Los abuelos, en general, son una constante en la literatura como s&iacute;mbolos de memoria o de mundos que desaparecen. &ldquo;Narrativamente, nos fascinan tanto porque son el cord&oacute;n umbilical de las historias propias&rdquo;, opina la escritora, que agrega que, tambi&eacute;n, las relaciones entre abuelos y nietos suelen estar desprovistas de la tensi&oacute;n de la crianza y se forman desde un lugar m&aacute;s relajado, dando posibilidades a un v&iacute;nculo &ldquo;luminoso&rdquo;. &ldquo;Adem&aacute;s, su funci&oacute;n como comunicadores de las tradiciones que nos preceden tambi&eacute;n los convierten en figuras fascinantes con mucho potencial narrativo&rdquo;, alega.
    </p><p class="article-text">
        La muerte, claro, es tambi&eacute;n otra de las figuras literarias por excelencia. Quiz&aacute; la que m&aacute;s, aunque parad&oacute;jicamente la protagonista de esta historia sea, en el fondo, una vida reci&eacute;n apagada. Sin embargo, quiz&aacute; lo m&aacute;s peculiar es que hay varias muertes agazapadas en esta novela, tal y como se intuye en su polis&eacute;mico t&iacute;tulo. Y la del ser humano propiamente dicha, aunque literal, engloba mucho m&aacute;s que el deceso de un hombre mayor en su casa del pueblo. &ldquo;Lo m&aacute;s doloroso ha sido, quiz&aacute;, no escribir la muerte del abuelo, que no tiene una especial carga dram&aacute;tica m&aacute;s que la simb&oacute;lica para la familia, sino el construir esta especie de r&eacute;quiem para una sociedad moribunda. No todav&iacute;a muerta, pero s&iacute; moribunda&rdquo;, devela F. Santom&eacute;, finalizando con que escribir el obituario de algo querido cuando todav&iacute;a tiene un poquito de pulso es algo muy dif&iacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Clara Nuño]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/cecilia-f-santome-escritora-as-despedidas-descrito-duelo-abuelos_1_13335944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:28:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6a67b63b-6a25-4eb9-9627-45b75031e2c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146195.jpg" length="13341713" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6a67b63b-6a25-4eb9-9627-45b75031e2c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146195.jpg" type="image/jpeg" fileSize="13341713" width="6000" height="3375"/>
      <media:title><![CDATA[Cecilia F. Santomé, la escritora que con 'As despedidas' ha descrito el duelo por los abuelos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6a67b63b-6a25-4eb9-9627-45b75031e2c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146195.jpg" width="6000" height="3375"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Literatura,Libros,Escritores,Duelo,Abuelos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lucía Solla Sobral, en el FIC: “La precariedad te lleva a no poder dejar una relación por no tener a donde ir”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lucia-solla-sobral-fic-precariedad-lleva-no-relacion-no_1_13338982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0e7ebd4-8a0a-4d98-b13e-478618a82548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lucía Solla Sobral, en el FIC: “La precariedad te lleva a no poder dejar una relación por no tener a donde ir”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La autora de 'Comerás flores' ha aprovechado su conversación en el Festival de las Ideas y la Cultura para acercar al público la experiencia de mujeres que sufren violencia machista</p><p class="subtitle">‘Un Tema al Día’ sube el monstruo de la vivienda al escenario del Festival de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil identificar la violencia cuando viene acompa&ntilde;ada de gritos, portazos o amenazas expl&iacute;citas, pero reconocerla se complica cuando llega disfrazada de atenciones constantes o una buena relaci&oacute;n con el entorno de la v&iacute;ctima. Dispuesta a desarmar los mecanismos invisibles de la sumisi&oacute;n y a reivindicar la importancia de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/jaula-oro-podcast-muestra-violencia-genero-llega-altas-esferas_1_7387670.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dar voz a quienes sufren maltrato</a>, la escritora Luc&iacute;a Solla Sobral ha puesto el foco en los l&iacute;mites del dolor y la supervivencia emocional sobre el escenario del Festival de las Ideas y la Cultura en Rivas. &ldquo;Siempre nos hacen creer que somos las responsables como si no hubiese un agresor, y eso genera mucha culpa y verg&uuml;enza. Lo silencia&rdquo;, ha declarado.
    </p><p class="article-text">
        La autora de<em> Comer&aacute;s flores</em> (2025) ha aprovechado la conversaci&oacute;n con Laura Garc&iacute;a Higueras, redactora de Cultura, para acercar al p&uacute;blico la experiencia de mujeres que han sufrido <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/violencia-machista-espectro-aterroriza-mujeres-llanto_1_11763594.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">violencia machista</a>. Es algo que hace en su novela a trav&eacute;s del personaje de Marina, pero para ello tuvo que documentarse previamente con personas que han pasado por ello. &ldquo;Creen que son las &uacute;nicas que est&aacute;n pasando por eso y se sienten tontas al creer que est&aacute;n solas, pero, en cuanto empec&eacute; a observar comportamientos, me di cuenta de que los de ellos se repiten much&iacute;simo. Parece que hay un manual no escrito para ser un maltratador&rdquo;, ha detallado la escritora. 
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, Solla Sobral ha se&ntilde;alado que el sentimiento que se repite en las mujeres es el de &ldquo;culpa&rdquo;, lo que la impuls&oacute; a escribir la obra &ldquo;con mucha rabia&rdquo;. Durante el proceso, la autora se dio cuenta de que sobre la v&iacute;ctima no solo afecta la violencia del abusador, ya que la clase social tambi&eacute;n tiene un papel importante. &ldquo;La precariedad influye en el hecho de que cuando quieras irte de una relaci&oacute;n, no puedas hacerlo porque no tener a donde ir, no solo porque el agresor fue capaz de romper tu red, sino porque quiz&aacute; no tienes dinero para alquilar un piso&rdquo;, ha apuntado, a&ntilde;adiendo que, &ldquo;cuantas m&aacute;s herramientas tengas, va a ser m&aacute;s f&aacute;cil detectarlo a tiempo o salir, pero no es igual salir de una relaci&oacute;n si no llegas a fin de mes que si tienes mucho dinero&rdquo;.  
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-XgLj5rHfS-o-5253', 'youtube', 'XgLj5rHfS-o', document.getElementById('yt-XgLj5rHfS-o-5253'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-XgLj5rHfS-o-5253 src="https://www.youtube.com/embed/XgLj5rHfS-o?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Por otro lado, la escritora ha explicado c&oacute;mo las series y las pel&iacute;culas, independientemente de su &eacute;poca, pueden repercutir en la normalizaci&oacute;n del machismo. &ldquo;Hay mucho contenido que todav&iacute;a perpet&uacute;a ese amor rom&aacute;ntico que te da a entender que es la soluci&oacute;n a todos los problemas, haci&eacute;ndote ser de una forma que no eres&rdquo;, ha contado la autora de <em>Comer&aacute;s flores</em>. Su novela propone un discurso diferente: &ldquo;Siempre se dice que la escritura es terap&eacute;utica. Me divert&iacute; mucho escribiendo porque me lo paso genial con la escritura, pero lo que s&iacute; est&aacute; siendo terap&eacute;utico es la lectura. Que las mujeres lo lean y se sientan refugiadas o comprendidas hace que todo esto sea bienvenido&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Las consecuencias de la bulimia</h2><p class="article-text">
        Entre las consecuencias de quienes sufren violencia de g&eacute;nero est&aacute; la bulimia, uno de los temas esenciales de la obra. &ldquo;En una relaci&oacute;n de maltrato las mujeres son m&aacute;s propensas a sufrir un TCA. Es terrible la cantidad de tutoriales que consiguen saltarse las normas de las redes y que te dan trucos para vomitar. Tenemos la imagen social de que quienes sufren TCA son adolescentes y v&iacute;ctimas de las redes sociales, pero hay personas con 40 o 50 a&ntilde;os que estamos a un paso del TCA. Si piensas en la comida como un premio o una compensaci&oacute;n, algo est&aacute; mal, pero es tan sutil que no pensamos en ello&rdquo;, ha argumentado Solla Sobral. Esto se suma &ldquo;que te dejen sin energ&iacute;a como superviviente&rdquo;. &ldquo;Nos movilizamos menos porque llegamos a casa derrotadas&rdquo;, ha indicado.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de la bulimia, la escritora ha puesto &eacute;nfasis en la gente que se queda a un lado porque no sabe gestionar que un ser querido est&eacute; pasando por esto. Esas personas son la familia y las amigas, y no siempre conocen que una situaci&oacute;n de violencia machista est&aacute; ocurriendo. &ldquo;Quer&iacute;a mostrar c&oacute;mo un maltratador no es tan evidente aunque desde fuera lo parezca, puesto que no sabes nada de esa persona, no lleva un letrero ni es un maltratador las 24 horas del d&iacute;a. Y no solo conquista a la pareja, tambi&eacute;n al entorno, por lo que la gente no tiene por qu&eacute; sospechar&rdquo;, ha dicho. &ldquo;La &uacute;nica forma de entender que algo va mal es ver cu&aacute;nto est&aacute; adelgazando la v&iacute;ctima, pero como socialmente est&aacute; bien vista la delgadez, nadie lo ve raro&rdquo;, ha agregado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0b3214cd-30ad-42b2-a387-a91dca49be6c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Lucía Solla Sobral conversa en el FIC sobre la violencia machista"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Lucía Solla Sobral conversa en el FIC sobre la violencia machista                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En un momento del encuentro, Estefan&iacute;a, una espectadora, ha intervenido para preguntar a Luc&iacute;a Solla Sobral sobre por qu&eacute; la amiga de Marina desaparece. Ella mont&oacute; un club de lectura en 2024 y, algo que hicieron para ellas mismas, acab&oacute; siendo para una veintena de personas. &ldquo;Ten&iacute;a ganas de saltarme la realidad y que hubiese esa hero&iacute;na que te prepara para el final de la pel&iacute;cula, pero es que no funciona as&iacute;&rdquo;, ha contado la autora. &ldquo;Contrat&eacute; un psic&oacute;logo para trabajar en el personaje de Marina. A &eacute;l le llegu&eacute; a preguntar qu&eacute; podemos hacer como amigas la soluci&oacute;n es esperar. Pasarte 12 a&ntilde;os a que tu amiga logre dar una se&ntilde;al para que puedas decirle que est&aacute;s ah&iacute; y que no las vas a juzgar... Para ellas es m&aacute;s f&aacute;cil huir de ti que afrontar esa realidad&rdquo;, ha a&ntilde;adido.
    </p><p class="article-text">
        Una de las experiencias m&aacute;s bonitas de Solla Sobral ha sido la de llevar<em> Comer&aacute;s flores </em>a la prisi&oacute;n, por lo que la artista ha animado a sus compa&ntilde;eros a ir a prisiones porque lo considera &ldquo;fundamental&rdquo;. &ldquo;[Los reclusas] est&aacute;n muy solos, abandonados. Te vas de all&iacute; sintiendo que no haces lo suficiente, pero fue muy especial. En un club de lectura con 20 hombres, ver c&oacute;mo entend&iacute;an la lectura y c&oacute;mo empatizaban o no juzgaban a la v&iacute;ctima fue incre&iacute;ble&rdquo;, ha comentado la escritora. &ldquo;En el caso del grupo con las mujeres tambi&eacute;n fue maravilloso, pero me fui con bastante tristeza. Cuentan sus historias, lo que vivieron, y te vas con el coraz&oacute;n encogido&rdquo;, ha declarado, destacando que &ldquo;e importante que no nos olvidemos de que tambi&eacute;n existen y de que tienen voz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tras el &eacute;xito de la obra, la autora ha confesado que no piensa mucho en el buen recibimiento que ha tenido. &ldquo;Lo escucho, pero lo olvido&rdquo;, reconoce. &ldquo;No me paro a pensar en todo lo que est&aacute; pasando porque entonces no lo disfrutar&iacute;a y me volver&iacute;a loca&rdquo;, ha alegado, pero piensa aprovechar la &ldquo;suerte&rdquo; que ha tenido en su incursi&oacute;n en el mundo editorial. &ldquo;Por supuesto que hay una parte de esfuerzo y de saber escribir, pero hay una parte de suerte: que el editor abra ese correo, que decida leer ese manuscrito... Hay muchos componentes que van m&aacute;s all&aacute; del trabajo&rdquo;, ha explicado. &ldquo;Lo m&aacute;s dif&iacute;cil, que es ese primer paso, ya est&aacute; dado, pero lo m&aacute;s dif&iacute;cil es hacer una carrera de esto. Lo voy a intentar&rdquo;, ha sentenciado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Gámiz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/lucia-solla-sobral-fic-precariedad-lleva-no-relacion-no_1_13338982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:07:33 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d0e7ebd4-8a0a-4d98-b13e-478618a82548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2241316" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d0e7ebd4-8a0a-4d98-b13e-478618a82548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2241316" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lucía Solla Sobral, en el FIC: “La precariedad te lleva a no poder dejar una relación por no tener a donde ir”]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d0e7ebd4-8a0a-4d98-b13e-478618a82548_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cultura,Libros,Literatura,Escritores,Novela,Violencia machista]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ingeborg-bachmann-busqueda-nuevo-lenguaje-escribir-despues-auschwitz_1_13335253.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nórdica recupera ‘Malina’ en el centenario del nacimiento de su autora, una novela en la que explora los límites del lenguaje para hablar de las relaciones con los hombres y el trauma del nazismo</p><p class="subtitle">La escritora favorita de Almodóvar que ocupa espacios de la derecha y renuncia al caché de llamarse novelista
</p></div><p class="article-text">
        Tan breve fue su vida como fulgurante su proyecto de renovar el lenguaje literario de la literatura en alem&aacute;n de posguerra. Nacida el 25 de junio de 1926, en la ciudad austr&iacute;aca de Klagenfurt, Ingeborg Bachmann se consagr&oacute; desde bien joven a la creaci&oacute;n literaria, hasta convertirse en una de las escritoras centroeuropeas m&aacute;s importantes de la segunda mitad del siglo XX. Con formaci&oacute;n en filosof&iacute;a, conoc&iacute;a bien a Ludwig Wittgenstein y otros pensadores del lenguaje, una influencia decisiva para entender su obra literaria.
    </p><p class="article-text">
        Bachmann ha tenido una presencia un tanto err&aacute;tica en el circuito espa&ntilde;ol: sus obras, de por s&iacute; escasas, han pasado por diferentes editoriales a lo largo del tiempo, sin alcanzar un gran inter&eacute;s por parte del p&uacute;blico. En parte, esta dificultad para llegar a los lectores puede entenderse por la naturaleza de su obra, nada sencilla; tampoco el idioma alem&aacute;n ha contado con una tradici&oacute;n tan asentada en nuestra cultura como el franc&eacute;s o el ingl&eacute;s, salvo excepciones como Franz Kafka, con el que, por cierto, Bachmann guarda afinidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se cumple un siglo de su nacimiento, N&oacute;rdica recupera, dentro de su colecci&oacute;n Otras latitudes, el que se considera su t&iacute;tulo m&aacute;s significativo, el &uacute;ltimo que public&oacute; en vida: <em>Malina</em> (1971), con una nueva traducci&oacute;n a cargo de Isabel Hern&aacute;ndez Gonz&aacute;lez. Es la primera parte de un ciclo de novelas inconcluso, que la autora emprendi&oacute; tras una primera etapa dedicada a la poes&iacute;a. Tambi&eacute;n escribi&oacute; obras radiof&oacute;nicas, que se emit&iacute;an en la emisora donde trabajaba, y cuentos como los de <em>A los treinta a&ntilde;os</em> (1961). Tanto sus poemas completos como este volumen de relatos se pueden encontrar en castellano en Tresmolins, con edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Cecilia Dreym&uuml;ller.
    </p><p class="article-text">
        <em>Malina</em> supuso una ruptura en diferentes aspectos. Para entender lo que implicaba esa transgresi&oacute;n, hay que conocer el contexto: en un principio, Bachmann formaba parte del Grupo 47, un c&iacute;rculo de autores que promovi&oacute; la experimentaci&oacute;n formal en busca de una lengua que no estuviera contaminada por el nazismo. Para ellos, el medio con el que lograr ese objetivo era la poes&iacute;a, m&aacute;s proclive a los juegos de la forma. Este colectivo, en el que hab&iacute;a escritores como Heinrich B&ouml;ll, G&uuml;nter Grass o Ilse Aichinger, impuls&oacute; a muchos j&oacute;venes, como la propia Bachmann, que buscaban diferenciarse de los literatos precedentes con una propuesta radical, a la manera de los vanguardistas franceses.
    </p><p class="article-text">
        Pasar del poema o el texto breve a la novela supon&iacute;a un cambio, se distanciaba de los principios iniciales, aunque Bachmann no fue la &uacute;nica en vivir esa transici&oacute;n. Lo que marc&oacute; su diferencia con algunos de sus colegas fue la incorporaci&oacute;n progresiva de otras preocupaciones; en particular, de una perspectiva de g&eacute;nero. Bachmann ya no solo buscaba un lenguaje que rompiera con el Holocausto, sino un lenguaje que a su vez fuera propio de las mujeres, y no una r&eacute;plica de las palabras que hab&iacute;an usado los hombres para escribir sobre ellas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Bachmann ya no solo buscaba un lenguaje que rompiera con el Holocausto, sino un lenguaje que a su vez fuera propio de las mujeres, y no una réplica de las palabras que habían usado los hombres para escribir sobre ellas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Como Virginia Woolf, Bachmann era consciente de que muchas grandes escritoras hab&iacute;an cultivado una literatura &ldquo;masculina&rdquo;, en el sentido de tomar como referencia a los escritores can&oacute;nicos, que eran todos hombres. Cuando la segunda ola feminista irrumpi&oacute; en los a&ntilde;os sesenta, ella y otras autoras tomaron conciencia de que no deb&iacute;an resignarse a repetir viejas f&oacute;rmulas, que pod&iacute;an buscar un lenguaje propio para hablar, con sus singularidades, de aquello que las ata&ntilde;e, de su mundo &iacute;ntimo.
    </p><p class="article-text">
        Esto, que la emparenta con coet&aacute;neas como <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/ahora-vas-tuiteas-clarice-lispector-maestra-frase-breve-conecta-nuevas-generaciones_1_13210758.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Clarice Lispector </a>o <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/eterno-retorno-marguerite-duras-escritora-rompio-reglas-no-renuncio-placer-siguio-instinto_1_12767829.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marguerite Duras </a>y hoy nos parece un gran paso adelante para dignificar la literatura escrita por mujeres, en su momento no fue bien entendido por todos sus colegas, aunque hubo m&aacute;s mujeres que, de manera consciente o inconsciente, tomaron ese mismo rumbo, como Unica Z&uuml;rn o Marlen Haushofer. En sus p&aacute;ginas, como en las de Bachmann, la experiencia de las mujeres se convierte en el centro y examina cuestiones como las relaciones afectivas, los trastornos mentales o la misma expresi&oacute;n del yo a trav&eacute;s de la literatura.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/1cee12c8-86bd-44e7-befb-52387f435b70_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Y de todo eso va, nada m&aacute;s y nada menos, <em>Malina</em>. Est&aacute; planteada como un tri&aacute;ngulo amoroso entre una mujer y dos hombres. La narradora, sin nombre, puede entenderse como un <em>alter ego</em> de la autora: a lo largo de tres partes revisa, con un registro entre la meditaci&oacute;n existencial y el di&aacute;logo teatral, con una voz muy introspectiva, su relaci&oacute;n con cada hombre, con su pasado y, a la postre, con la escritura.
    </p><p class="article-text">
        Todo est&aacute; relacionado, de hecho: su relaci&oacute;n insatisfactoria con ellos (Iv&aacute;n, un hombre poco emocional que trabaja en el sector financiero y no se compromete como lo hace ella; y Malina, funcionario e intelectual, m&aacute;s atento, que le hace de interlocutor, pero que tampoco termina de encajar con ella) se entreteje con las heridas del pasado, tanto &iacute;ntimas (el n&uacute;cleo familiar, el padre) como hist&oacute;rico-pol&iacute;ticas (el trauma del nazismo); todo ello, a su vez, se canaliza en la escritura, porque la identidad de la protagonista es inseparable de su identidad como narradora, su literatura es un ejercicio constante de <em>escribirse</em>, de hallar una expresi&oacute;n &uacute;nica y po&eacute;tica y precisa para contar su herida.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0f100f22-3918-4200-9897-a2751a586f1f_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Ingeborg Bachmann en 1962"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Ingeborg Bachmann en 1962                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Explorar los l&iacute;mites del lenguaje con esa motivaci&oacute;n es m&aacute;s arduo en una novela que en las distancias cortas o el poema; o, cuando menos, resulta m&aacute;s arduo para el lector, que se encuentra con una obra densa, reflexiva, l&iacute;rica y de resonancias existenciales que no es f&aacute;cil de seguir ni de interpretar; &ldquo;cr&iacute;ptica&rdquo;, podr&iacute;a decirse, aunque esto no deber&iacute;a ser un pretexto para no leerla, sino, al contrario, un est&iacute;mulo: en ocasiones (&iquest;siempre?), la dificultad puede resultar atractiva, un reto que tiene la recompensa de llevar al lector a terrenos literarios que se salen de lo habitual, que le revelan hasta qu&eacute; punto se puede jugar con el lenguaje. (S&iacute;: es un libro del que Virginia Woolf habr&iacute;a estado orgullosa).
    </p><p class="article-text">
        Bachmann muri&oacute; en Roma en 1973, en un accidente dom&eacute;stico que nunca se ha llegado a aclarar del todo: al parecer, hubo un incendio en su habitaci&oacute;n y no super&oacute; las graves quemaduras, pero un intento de suicidio previo, tras la ruptura con quien fue su pareja, Max Frisch, junto con la inestabilidad emocional que ella misma manifestaba a trav&eacute;s de su obra, dejan margen para cualquier hip&oacute;tesis.
    </p><p class="article-text">
        Solo ten&iacute;a 47 a&ntilde;os, y dej&oacute; el ciclo novel&iacute;stico que deb&iacute;a completar <em>Malina</em> sin terminar. Fue una gran p&eacute;rdida para la literatura, pero los libros que tuvo tiempo de escribir, desde los poemas a <em>Malina</em>, basaron para situarla entre lo m&aacute;s destacado de la literatura de su tiempo. Merece la pena volver a ella y, de paso, recordar la adaptaci&oacute;n que hizo Werner Schroeder en 1991, con Isabelle Huppert en el papel protagonista y la Nobel <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/venganza-premio-nobel-literatura-2004-acusada-absuelta-evasion-fiscal_1_11824042.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elfriede Jelinek</a>, admiradora confesa de Bachmann, como guionista. Literatura y cine que hacen temblar, que inquietan, que desaf&iacute;an; que son la expresi&oacute;n de un mundo propio y &uacute;nico, en definitiva, y que hacen de este un arte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Ros]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/ingeborg-bachmann-busqueda-nuevo-lenguaje-escribir-despues-auschwitz_1_13335253.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 20:01:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="182842" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="182842" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ingeborg Bachmann, la búsqueda de un nuevo lenguaje para escribir después de Auschwitz]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d5417914-be38-42c3-99b0-1f3403f95ce2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Literatura,Auschwitz,Austria,Escritores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Margarita Nelken, la diputada republicana que conocía tan bien los museos de Europa como el campo extremeño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/margarita-nelken-diputada-republicana-conocia-museos-europa-campo-extremeno_1_13318086.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7f00027f-91bb-4f50-a9a7-8b662201c04c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Margarita Nelken, la diputada republicana que conocía tan bien los museos de Europa como el campo extremeño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La publicación de sus artículos periodísticos recupera una faceta de una de las intelectuales y políticas españolas más importantes y desconocidas del siglo XX</p><p class="subtitle">Pedro Pastor, cantautor: “El fascismo ha encontrado en las redes un método de propaganda infalible y la izquierda no ha sabido reaccionar”</p></div><p class="article-text">
        En enero de 1939, diez d&iacute;as antes de la entrada de las tropas franquistas en una Barcelona hambrienta y aterrorizada, mientras miles de civiles y militares republicanos emprend&iacute;an una penosa huida hacia la frontera francesa, Margarita Nelken se aprestaba a pronunciar una conferencia en el Ateneo de la capital catalana. Mujer valiente y resuelta, intelectual antes que pol&iacute;tica, esperaba nerviosa el momento de la charla aunque todav&iacute;a ten&iacute;a &aacute;nimos para hablar de <em>Picasso, artista y ciudadano de Espa&ntilde;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        De alguna manera Margarita a&ntilde;oraba sus gloriosos tiempos como cr&iacute;tica de arte y periodista cultural en el Madrid anterior a la Guerra Civil. As&iacute; no pod&iacute;a olvidar que ella, diputada del PSOE por Badajoz en las tres legislaturas republicanas y pionera del feminismo, era por encima de todo una intelectual, una l&iacute;der que pon&iacute;a la cultura al servicio de las clases trabajadoras, de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. Ni en una ciudad a punto de caer en manos de los fascistas pod&iacute;a olvidar el papel liberador de la cultura.
    </p><p class="article-text">
        Excepcional mezcla de activista y te&oacute;rica, de mujer de acci&oacute;n y de reflexi&oacute;n, el escritor Max Aub dijo de ella que conoc&iacute;a &ldquo;tan bien los museos de Europa como el campo extreme&ntilde;o&rdquo;. La reciente edici&oacute;n de art&iacute;culos period&iacute;sticos publicados en El D&iacute;a entre 1916 y 1931, <em>Margarita Nelken. La vida y las mujeres</em> (Fundaci&oacute;n Santander) recupera una de sus m&uacute;ltiples facetas porque la diputada tambi&eacute;n fue una notable novelista, una aguda ensayista y una cr&iacute;tica de arte que colabor&oacute; en prestigiosas revistas espa&ntilde;olas y europeas desde su juventud.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/29262fa7-957d-4b9a-96ee-8dc1839b9b19_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        A pesar de su portentosa talla, sus huellas se fueron perdiendo durante su largo exilio. Pero no s&oacute;lo el insoportable manto de silencio impuesto por la dictadura borr&oacute; su nombre de la historia, sino que su car&aacute;cter rebelde e indomable la convirti&oacute; asimismo en un personaje inc&oacute;modo para la izquierda espa&ntilde;ola, tanto para los socialistas como para los comunistas. 
    </p><p class="article-text">
        La secci&oacute;n period&iacute;stica <em>La vida y las mujeres</em>, que Nelken public&oacute; entre 1916 y 1931 en El D&iacute;a, est&aacute; repleta de historias de seres humanos, que &ldquo;con su vida o con su obra, ampliaron las posibilidades de existencia de las mujeres&rdquo;, en opini&oacute;n de la editora y prologuista del libro, Alejandra Rodr&iacute;guez Parrag&uuml;es. &ldquo;Partiendo de diferentes trayectorias vitales, y tomando en consideraci&oacute;n su propia existencia, Margarita Nelken reivindic&oacute; la mejora de las condiciones laborales de las mujeres, puesto que la mayor&iacute;a de los trabajos, lejos de permitirles tener una vida digna, eran medios seguros de morirse de hambre o caminos hacia la explotaci&oacute;n sexual. Margarita Nelken mostr&oacute; por qu&eacute; la labor de las mujeres era siempre menospreciada y exigi&oacute; el mismo sueldo por el mismo trabajo&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Esta selecci&oacute;n de m&aacute;s de medio centenar de art&iacute;culos incluye perfiles dedicados a otras pioneras de su generaci&oacute;n como la actriz Margarita Xirgu, la escritora Zenobia Camprub&iacute;, la poeta y actriz <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/trayectoria-insolita-josefina-torre-mala-cine-posguerra-guionista-dobladora-empresaria_1_12179717.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Josefina de la Torre</a>, la abogada y pol&iacute;tica Victoria Kent o la pedagoga Mar&iacute;a de Maeztu, entre otras. 
    </p><h2 class="article-text">Una burguesa ilustrada</h2><p class="article-text">
        Margarita Nelken Mansberger (Madrid, 1894 - Ciudad de M&eacute;xico, 1968) naci&oacute; en una familia de la burgues&iacute;a ilustrada y era hija de un joyero alem&aacute;n afincado en Madrid y de una madre francesa. Recibi&oacute; una educaci&oacute;n de &eacute;lite, algo infrecuente en aquella &eacute;poca para una mujer, y mostr&oacute; desde ni&ntilde;a una inclinaci&oacute;n muy grande por el arte y la literatura. Formada en Par&iacute;s, donde fue enviada a estudiar por sus padres, baraj&oacute; en un principio dedicarse a la pintura. No obstante, una grave miop&iacute;a se lo impidi&oacute; y deriv&oacute; su pasi&oacute;n art&iacute;stica hacia la cr&iacute;tica y el estudio.
    </p><p class="article-text">
        Siendo apenas una adolescente, a su regreso a Madrid trab&oacute; amistad con importantes personalidades como los escritores Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s y Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez o el m&eacute;dico Santiago Ram&oacute;n y Cajal. Pol&iacute;glota en cuatro idiomas (espa&ntilde;ol, alem&aacute;n, franc&eacute;s e ingl&eacute;s), asidua del Ateneo y de las tertulias literarias, Margarita encamin&oacute; pronto su camino hacia el periodismo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1e1bfdbb-8201-42cc-a2cf-5660110c7c30_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Retrato de Margarita Nelken en torno a 1927"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Retrato de Margarita Nelken en torno a 1927                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Convertida en una <em>rara avis</em> en la profesi&oacute;n, Nelken no respond&iacute;a al perfil medio de las espa&ntilde;olas de su &eacute;poca no s&oacute;lo por su esmerada formaci&oacute;n sino porque su aspecto f&iacute;sico y su car&aacute;cter (rubia, de ojos azules, simp&aacute;tica y con aspecto de extranjera) la convert&iacute;an en una l&iacute;der feminista en un mundo gobernado por los hombres. Por ello tuvo que soportar el terrible machismo de aquella &eacute;poca en la que algunos de sus compa&ntilde;eros periodistas llegaron a calificarla de &ldquo;colch&oacute;n de las redacciones&rdquo; por sus proclamas a favor de la libertad sexual de las mujeres. 
    </p><p class="article-text">
        De &aacute;gil y combativa pluma, algo que revela el libro de sus art&iacute;culos period&iacute;sticos; y con un gran sentido did&aacute;ctico, Nelken escribir&aacute; en 1919, con apenas 25 a&ntilde;os, su primera obra larga y un libro fundacional del feminismo espa&ntilde;ol, <em>La condici&oacute;n social de la mujer en Espa&ntilde;a</em>. En sus p&aacute;ginas ya defiende la escritora de forma n&iacute;tida su opci&oacute;n ideol&oacute;gica por un feminismo que parta de un an&aacute;lisis marxista de la realidad y, de hecho, Nelken siempre elegir&aacute; una opci&oacute;n de clase social antes que de g&eacute;nero a lo largo de su carrera pol&iacute;tica y literaria.
    </p><p class="article-text">
        De criterio independiente, suave en las formas pero muy dura en los fondos (mano de hierro en guante de seda), comprensiva con el pueblo pero implacable contra los capitalistas, en aquel ensayo pionero incluy&oacute; afirmaciones rotundas como &ldquo;si Espa&ntilde;a no se compusiese m&aacute;s que de mujeres ricas, no tendr&iacute;amos seguramente feminismo&rdquo; o &ldquo;el feminismo es, pues, en Espa&ntilde;a cosa de las trabajadoras, de la clase media y de la clase obrera&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A partir de esa visi&oacute;n obrerista, inspirada en parte en el te&oacute;rico alem&aacute;n August Bebel, no result&oacute; extra&ntilde;o que una mujer tan radical como ella se opusiera en 1931, en cambio, a incluir el derecho al voto de las mujeres en la Constituci&oacute;n republicana. En aquel trascendental debate Nelken (que a&uacute;n no hab&iacute;a recogido su acta parlamentaria) se aline&oacute; con Victoria Kent al pedir que se aplazara el reconocimiento del sufragio universal frente a la posici&oacute;n de Clara Campoamor, decidida defensora de conceder el voto a las mujeres. Kent y Nelken pensaban que las espa&ntilde;olas a&uacute;n no estaban preparadas para votar y que ser&iacute;an manipuladas por los curas, los maridos o los padres. Fueron las contradicciones de una Nelken que ya hab&iacute;a manifestado esas opiniones en su ensayo <em>La condici&oacute;n social de la mujer en Espa&ntilde;a</em> 12 a&ntilde;os antes.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/bc6ae85c-f332-4ccd-823d-5fa3068470bd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Si bien una mayor&iacute;a de l&iacute;deres republicanas y de pioneras de las corrientes feministas en los a&ntilde;os veinte y treinta del siglo pasado proced&iacute;an de la burgues&iacute;a (<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carmen-burgos-biografia-diccionario_129_8551669.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen de Burgos</a>, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/teatro/maria-lejarraga-autora-escribia-firmaba_1_1587051.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga</a>, Matilde de la Torre, Isabel de Oy&aacute;rzabal&hellip;) y experimentaron un claro desclasamiento, el caso de Margarita Nelken quiz&aacute; fuera el m&aacute;s paradigm&aacute;tico. En esa l&iacute;nea, la joven reportera no se siente del todo satisfecha con la intervenci&oacute;n p&uacute;blica en el terreno de la teor&iacute;a, sino que su compromiso con la clase trabajadora la lleva a pisar el barro.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, pide trabajo en un gran comercio de ropa blanca de Madrid para comprobar por ella misma la brutal explotaci&oacute;n de las empleadas sometidas a salarios de miseria y a jornadas laborales de 12 o 14 horas. La publicaci&oacute;n de su reportaje desvelar&aacute; el esc&aacute;ndalo del trato a las mujeres en las empresas. Por ello su ensayo de 1919 as&iacute; como sus art&iacute;culos en diversos medios (El D&iacute;a, El Figaro, La Libertad&hellip;) se alzaron como una clamorosa apelaci&oacute;n a que las mujeres se organizaran en los sindicatos y en las asociaciones feministas. 
    </p><h2 class="article-text">Una radical en su vida p&uacute;blica y privada</h2><p class="article-text">
        Su odio hacia la burgues&iacute;a se acentuar&aacute; m&aacute;s cuando abra en 1918, a las afueras de Madrid, el primer orfanato-guarder&iacute;a laico que funcion&oacute; en la capital. All&iacute;, en el barrio de Ventas, eran acogidos tanto ni&ntilde;os y ni&ntilde;as ileg&iacute;timos como hijos de madres trabajadoras. Pero la hostilidad de la Iglesia cat&oacute;lica que ve&iacute;a una competencia para sus actos caritativos, junto a las cr&iacute;ticas hacia Nelken por su feminismo radical, llevaron a muchos donantes privados a retirar su apoyo al centro que, tras dos a&ntilde;os de actividad, tuvo que cerrar.
    </p><p class="article-text">
        Ella no tuvo empacho, franca y directa, en definir de esta manera la labor de la beneficencia cristiana: &ldquo;Las obras ben&eacute;ficas en Espa&ntilde;a no solo carecen de cuanto requiere el sentido social moderno, sino que le son contrarias en absoluto&rdquo;. En paralelo a su ideolog&iacute;a p&uacute;blica, Margarita mostr&oacute; en su vida privada la conducta de una mujer que aspiraba a ser libre. Despu&eacute;s de haber sido una madre soltera cuando alumbr&oacute; a su hija Magda en 1915, con 21 a&ntilde;os, fruto de su relaci&oacute;n con el escultor catal&aacute;n Julio Antonio, inici&oacute; una relaci&oacute;n con un empresario andaluz casado, Mart&iacute;n de Pa&uacute;l.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1b1966bc-10ac-450d-83a9-0579083e12fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Margarita Nelken"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Margarita Nelken                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Ambos convivieron en Madrid desde comienzos de los a&ntilde;os veinte y Margarita tuvo un hijo con Mart&iacute;n, de nombre Santiago, en 1921. Este esc&aacute;ndalo amoroso de la ya famosa periodista y escritora acab&oacute; de consolidar una etiqueta de libertina que fue m&aacute;s aparente que real, m&aacute;s tema de la prensa conservadora que fiel a los hechos objetivos. M&aacute;s tarde, en los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica, De Pa&uacute;l pudo divorciarse y casarse con Margarita e incluso reconocer como propia a la otra hija de su esposa.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a la buena posici&oacute;n econ&oacute;mica de su marido, unida a la fortuna familiar de los Nelken y a su &eacute;xito profesional como periodista, la pareja mantuvo un alto nivel de vida y en los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica vivieron, por ejemplo, en un palacete del paseo de la Castellana con servicio dom&eacute;stico y ch&oacute;fer. Considerada traidora a su clase por la derecha y demasiado burguesa para la izquierda, Margarita siempre se movi&oacute; en un terreno donde ni unos ni otros se acababan de fiar de sus convicciones o de su estilo de vida.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, su evoluci&oacute;n posterior durante la Guerra Civil y despu&eacute;s en el exilio demostr&oacute; que Margarita Nelken fue una l&iacute;der que se mantuvo, contra viento y marea, fiel a sus principios y a sus compromisos. Nunca se dobleg&oacute; frente a la tiran&iacute;a o frente a las imposiciones de los partidos. Y pag&oacute; un alto precio por ello en una vida novelesca donde lleg&oacute; a ser acusada de esp&iacute;a sovi&eacute;tica o de una mujer fatal devoradora de hombres o de haber instigado el asesinato del l&iacute;der fascista Calvo Sotelo en v&iacute;speras de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Su activismo intelectual, as&iacute; como su compromiso social abocaban a Margarita Nelken a la militancia pol&iacute;tica y poco antes de la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica ingres&oacute; en el PSOE. No fue la &uacute;nica l&iacute;der feminista en llegar a la conclusi&oacute;n de que los derechos de las mujeres deb&iacute;an defenderse desde los partidos pol&iacute;ticos para alcanzar sus objetivos. Otras como las diputadas Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga o Matilde de la Torre tuvieron la misma evoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El carisma y el talento de Margarita no pasaron desapercibidos para los dirigentes socialistas de tal manera que la propusieron para concurrir a las elecciones de junio de ese a&ntilde;o en la lista del partido por Badajoz, una provincia pobre, campesina y con gran arraigo de la izquierda. Nelken fue la &uacute;nica mujer que obtuvo un esca&ntilde;o en las tres legislaturas republicanas, siempre por esa provincia. Desde un comienzo ya trat&oacute; el PSOE tambi&eacute;n de aprovechar su gran brillantez como periodista y as&iacute; el director de El Socialista, Juli&aacute;n Zugazagoitia, le encomend&oacute; en 1931 las cr&oacute;nicas parlamentarias del &oacute;rgano oficial del PSOE. Esa curiosa doble condici&oacute;n de diputada y periodista tambi&eacute;n la ejerci&oacute; unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde la socialista Matilde de la Torre.
    </p><h2 class="article-text">Del frente de guerra al exilio</h2><p class="article-text">
        Luchadora incansable a favor de los campesinos extreme&ntilde;os desde su esca&ntilde;o en Badajoz, pronto se convirti&oacute; Nelken en una bestia negra para los terratenientes y en un mito para las mujeres de izquierdas. Aparte de su intensa actividad parlamentaria como buena oradora, tambi&eacute;n cobr&oacute; fama como mitinera por calles y plazas. Todo ello sin abandonar su tarea de ensayista al publicar en esos a&ntilde;os <em>Las escritoras espa&ntilde;olas</em> (1930), unas biograf&iacute;as de varias literatas; <em>Los cien mejores cuadros del Prado</em> (1934) o <em>Por qu&eacute; hicimos la revoluci&oacute;n</em> (1936).
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s escorada hacia la izquierda, el estallido de la Guerra Civil la alz&oacute; como un s&iacute;mbolo de la defensa de Madrid, donde Margarita permaneci&oacute; tras criticar la huida del Gobierno a Valencia, hasta el punto de que el general Miaja le encargaba la agitaci&oacute;n de las masas en los barrios obreros de la capital para detener el avance franquista. Ahora bien, su descontento con la tibieza y las rencillas entre los diversos sectores socialistas la convencieron de que deb&iacute;a abandonar el PSOE y afiliarse al entonces emergente PCE, donde brillaba con fuerza Dolores Ib&aacute;rruri con la que mantuvo un soterrado pulso por el liderazgo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/72d7330d-9eda-4256-9a3d-8e53779d47ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Delegación del Comité Mundial de Mujeres en Madrid. Clara Malraux, Marta Huysmans, hija del burgomaestre de Amberes y Bernadotte Cattaneo, secretaria general del Comité Mundial de Mujeres contra la guerra y el fascismo, acompañadas por Margarita Nelken, al salir del hotel donde se hospedan, en Madrid, en 1936"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Delegación del Comité Mundial de Mujeres en Madrid. Clara Malraux, Marta Huysmans, hija del burgomaestre de Amberes y Bernadotte Cattaneo, secretaria general del Comité Mundial de Mujeres contra la guerra y el fascismo, acompañadas por Margarita Nelken, al salir del hotel donde se hospedan, en Madrid, en 1936                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En cualquier caso, ambas se erigieron en referentes de la lucha del bando republicano y, como bot&oacute;n de muestra, algunas unidades militares llevaron sus nombres. Su ind&oacute;mito car&aacute;cter la llev&oacute; a dormir en una cama de campa&ntilde;a en los s&oacute;tanos del Ministerio de la Guerra durante meses de asedio, a visitar los hospitales, a lanzar arengas por la radio y a desmentir rumores falsos del enemigo o incluso a acompa&ntilde;ar a las delegaciones extranjeras que visitaban Madrid vali&eacute;ndose de su dominio de los idiomas. Margarita puso al servicio de la Rep&uacute;blica, de las clases populares, todo su bagaje intelectual y abraz&oacute; la causa republicana con la cabeza y con el coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero la Rep&uacute;blica perdi&oacute; la guerra y tras aquella conferencia sobre Picasso en la Barcelona ya vencida de enero de 1939, la diputada tuvo que partir hacia el exilio en Francia por aquellas carreteras catalanas atestada por miles de civiles y militares que escapaban en pleno invierno en camiones, coches, carros o a pie. No march&oacute; sola pues la acompa&ntilde;aban su anciana madre; su hija Magda, que sirvi&oacute; como enfermera durante el conflicto; y su peque&ntilde;a nieta Cuqui.
    </p><p class="article-text">
        Muy preocupada por la suerte de su hijo Santiago, que se hab&iacute;a alistado en el Ej&eacute;rcito republicano y estaba preso en los campos de concentraci&oacute;n del sur de Francia, Margarita logr&oacute; que las autoridades francesas liberaran al joven militar. Durante la breve temporada que las Nelken vivieron exiliadas en Francia, una de las escritoras y pol&iacute;ticas m&aacute;s c&eacute;lebres del periodo republicano supo del saqueo de su elegante casa de Madrid y m&aacute;s tarde de la condena que un tribunal franquista le hab&iacute;a impuesto en 1941 a 30 a&ntilde;os de prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A juicio del tribunal, la diputada &ldquo;hab&iacute;a manejado fondos y resortes de gran eficacia para llevar a Espa&ntilde;a al caos y una vez terminada la guerra huy&oacute; al extranjero, donde continu&oacute; con la misma campa&ntilde;a de mentiras, pero viviendo de forma espl&eacute;ndida con el producto de lo robado y con las recaudaciones que a nombre de los oprimidos rojos se proporciona. Hecho probado&rdquo;. Al conocer la sentencia Margarita, que ya se encontraba exiliada en M&eacute;xico, debi&oacute; soltar una ruidosa carcajada de indignaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Con tres mujeres a su cargo (madre, hija y nieta); separada ya de su marido Mart&iacute;n, que permaneci&oacute; en Europa con otra pareja; y malviviendo de un empleo en la Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica de M&eacute;xico y de colaboraciones en el diario Excelsior, la condena del tribunal franquista resultaba una tr&aacute;gica iron&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        A partir de su exilio en M&eacute;xico, la vida y la carrera de Margarita sufrieron un implacable y tr&aacute;gico declive. Expulsada del PCE en 1942 por criticar la pol&iacute;tica de la direcci&oacute;n, dos a&ntilde;os despu&eacute;s conoc&iacute;a la muerte de su hijo Santiago, que se hab&iacute;a alistado en el Ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico, en el campo de batalla. Cada vez m&aacute;s enferma y con una ceguera progresiva, Nelken encaj&oacute; otros duros golpes con el fallecimiento de su madre, ya anciana; y de su hija Magda por un c&aacute;ncer en los a&ntilde;os cincuenta. Pero no tuvo m&aacute;s remedio que seguir escribiendo y trabajando para mantener a su nieta y a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, no dej&oacute; de publicar una p&aacute;gina semanal sobre arte en el diario mexicano Excelsior y de participar en actividades del exilio republicano. Fallecida en 1968 en Ciudad de M&eacute;xico a los 74 a&ntilde;os, su legado se perdi&oacute; despu&eacute;s entre las nieblas del exilio y las difamaciones de la dictadura franquista. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que la portentosa figura de Margarita Nelken fuera redescubierta. Elegante, pol&eacute;mica, radical y provocadora, un esp&iacute;ritu libre, fue una intelectual en las filas del movimiento obrero que defendi&oacute; las causas de la justicia y la igualdad durante toda su vida.
    </p><p class="article-text">
        Personaje inclasificable, han transcurrido d&eacute;cadas desde la restauraci&oacute;n democr&aacute;tica y ni la izquierda ni el feminismo han reivindicado como se merece a Margarita Nelken, una de las mujeres m&aacute;s brillantes de la Espa&ntilde;a del siglo XX. &ldquo;Hab&iacute;a algo derecho en ti que te salv&oacute; siempre: amor a los humildes y a la belleza&rdquo;, dej&oacute; escrito sobre ella Max Aub en sus diarios. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Ángel Villena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/margarita-nelken-diputada-republicana-conocia-museos-europa-campo-extremeno_1_13318086.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 19:50:39 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7f00027f-91bb-4f50-a9a7-8b662201c04c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2733927" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7f00027f-91bb-4f50-a9a7-8b662201c04c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2733927" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Margarita Nelken, la diputada republicana que conocía tan bien los museos de Europa como el campo extremeño]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7f00027f-91bb-4f50-a9a7-8b662201c04c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Segunda República,Escritores,Periodismo,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jesús Carrasco, escritor: "Es un error trasladar a la vida real modelos del cine romántico"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/jesus-carrasco-escritor-error-trasladar-vida-real-modelos-cine-romantico_1_13198809.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31fc9028-fd60-45d0-89d8-8f27b572f858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jesús Carrasco, escritor: &quot;Es un error trasladar a la vida real modelos del cine romántico&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El autor de 'Intemperie' da un cambio de registro con su nueva obra, ‘El detalle’, la historia de una pareja en crisis que emprende un loco viaje al lugar donde se conocieron</p><p class="subtitle">Jesús Carrasco conquista el premio Biblioteca Breve con un canto al trabajo manual
</p></div><p class="article-text">
        Desde la salida a la luz de su debut como novelista, el superventas <em>Intemperie</em>, a Jes&uacute;s Carrasco le cay&oacute; la etiqueta de escritor serio, amigo de los argumentos m&aacute;s o menos dram&aacute;ticos. Lo confirm&oacute; en sus obras posteriores, <em>La tierra que pisamos, Ll&eacute;vame a casa </em>y <em>Elogio de las manos, </em>con la que conquist&oacute; el premio Biblioteca Breve. Sin embargo, en su &uacute;ltimo lanzamiento, <em>El detalle</em> (Seix Barral), Carrasco da un giro inesperado y se atreve a introducir un nuevo elemento en su narrativa: el humor. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No es que quisiera desmarcarme de lo que he hecho antes, pero s&iacute; ten&iacute;a ganas de practicar el humor porque, como saben quienes me conocen, para es algo fundamental, y en la distancia corta lo practico bastante&rdquo;, explica el escritor. &ldquo;Nunca lo hab&iacute;a llevado al terreno de la narrativa y me pareci&oacute; que ya era hora, porque me apetec&iacute;a mucho y tambi&eacute;n era un reto literario: escribir sobre un tema que me interesa, con peso, pero hacerlo desde una perspectiva desenfadada. No fue tanto por sacudirme una imagen de seriedad o solemnidad, sino por apetencia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El argumento de 'El detalle' se resume en un matrimonio en crisis y en la loca idea de un viaje sorpresa al lugar donde se conocieron &ndash;Liubliana&ndash; muchos a&ntilde;os atr&aacute;s. &ldquo;La novela comienza como una peripecia aeroportuaria y, poco a poco, los personajes van ganando peso y la crisis de la pareja se hace con la novela, que para m&iacute; es lo m&aacute;s interesante&rdquo;, apunta Carrasco. &ldquo;Trabajando en este texto, me he dado cuenta de que cualquier asunto puede tratarse desde la comedia si hay tiempo y distancia. En este caso, la distancia la tomo yo como autor, y el personaje la toma porque cuenta los acontecimientos una vez han pasado. Mira hacia atr&aacute;s, con cierta perspectiva, y eso le permite hacer una interpretaci&oacute;n del dolor que a veces resulta divertida e ir&oacute;nica, incluso en una situaci&oacute;n dram&aacute;tica como una crisis de pareja&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">La idealizaci&oacute;n del amor</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Cualquiera que haya vivido en pareja&rdquo;, prosigue el autor, &ldquo;sobre todo durante mucho tiempo, reconoce man&iacute;as, roces y peque&ntilde;as fricciones que, vistas con distancia, pueden resultar rid&iacute;culas o incluso bienintencionadas pero torpes. En esa intimidad es donde nos retratamos y nos desnudamos, y tambi&eacute;n donde aparecen nuestras fragilidades. Eso es lo que le pasa al personaje y como yo quer&iacute;a retratarlo: lo vemos en la intimidad de su relaci&oacute;n, completamente expuesto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es la novela, en cierto sentido, un alegato contra la concepci&oacute;n rom&aacute;ntica del amor? &ldquo;El romanticismo no enga&ntilde;a&rdquo;, subraya Carrasco. &ldquo;Ya hay una idealizaci&oacute;n en el propio t&eacute;rmino y en su concepci&oacute;n. En la novela aparece esa idea cuando el personaje intenta trasladar a la vida real modelos propios del cine rom&aacute;ntico. Intenta aplicar soluciones que funcionar&iacute;an en una pel&iacute;cula, pero que en la vida real no funcionan. Y en esa torpeza est&aacute; parte de la comedia&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En el cine rom&aacute;ntico no aparecen muchas de las condiciones reales: nadie hace la cama, nadie se ocupa de la comida, de los ni&ntilde;os o de las preocupaciones cotidianas. En la vida real, en cambio, todo eso est&aacute; presente, junto con el paso del tiempo, el tedio o la rutina. Pretender aplicar ese modelo idealizado a la realidad es imposible, y ah&iacute; nace buena parte del conflicto&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Inter&eacute;s por el estilo</h2><p class="article-text">
        No obstante, el escritor asegura que &ldquo;no pretendo dar lecciones a nadie. Es m&aacute;s bien un retrato con una mirada humor&iacute;stica de algo que sucede y que cualquiera puede reconocer. Cada lector decidir&aacute; si lo que cuento le resulta &uacute;til, si lo toma como aviso o simplemente se reconoce y sonr&iacute;e. Yo mismo me veo en muchas de las torpezas del personaje, y eso forma parte de la gracia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con 54 a&ntilde;os, natural de Olivenza (Badajoz) y afincado en Sevilla, donde ambienta en parte su ficci&oacute;n, Carrasco es consciente de que en Espa&ntilde;a pesa cierto prejuicio sobre el humor en la literatura, lo cual no le ha desalentado lo m&aacute;s m&iacute;nimo. &ldquo;Tambi&eacute;n hab&iacute;a prejuicios con tratar temas del medio rural, pero nunca lo vi como un l&iacute;mite. Siempre me he sentido un poco fuera de eso. No he pensado en si me iba a beneficiar o perjudicar: he hecho lo que me ped&iacute;a el cuerpo, lo que ten&iacute;a que hacer. Y estoy contento con esa decisi&oacute;n&rdquo;, agrega.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco ha condicionado el humor su estilo, siempre cuidado. &ldquo;Es curioso, porque asociamos el humor a la ligereza en todos los planos, no solo en el tono, sino tambi&eacute;n en el lenguaje. Parece que esa ligereza se traslada a la estructura del texto, pero yo no he renunciado a nada de eso. No he renunciado a la precisi&oacute;n, ni al intento de construir frases cuidadas, ni al trabajo con el lenguaje&rdquo;, asevera. &ldquo;Sigo siendo exigente conmigo mismo, pero doy al personaje y a la historia un enfoque diferente, m&aacute;s ir&oacute;nico o humor&iacute;stico. El trabajo con el lenguaje ha sido el mismo. Nunca voy a renunciar a eso; si lo hiciera, dejar&iacute;a de escribir novela, porque es la parte fundamental para m&iacute;. Es algo que recorre todos mis libros: el inter&eacute;s por el estilo. Hay historias y enfoques diversos, pero siempre hay una atenci&oacute;n especial a la lengua y a la palabra&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A la hora de decantarse por el humor, Carrasco comenta que acudieron a su mente m&aacute;s referencias cinematogr&aacute;ficas que literarias. Hay novelas que me han hecho re&iacute;r mucho y siguen haci&eacute;ndolo, como <em>Sin noticias de Gurb</em>. Tambi&eacute;n me hace re&iacute;r mucho Pedro Mairal, no solo por <em>La uruguaya</em>, sino por la mirada c&oacute;mica y afilada que tiene en general. Pero me han influido m&aacute;s Billy Wilder, Azcona, Berlanga, todo el cine c&oacute;mico que he visto a lo largo de mi vida&ldquo;. 
    </p><h2 class="article-text">Situaciones kafkianas</h2><p class="article-text">
        Paralelamente a todo ello, la novela posee una dimensi&oacute;n social, con una reflexi&oacute;n impl&iacute;cita sobre las condiciones de vida actuales, especialmente aspectos como los viajes low cost o el consumo. &ldquo;Esa lectura es inevitable. En ese plano me he limitado a retratar lo que sucede. Las relaciones &mdash;amorosas, laborales o de cualquier tipo&mdash; est&aacute;n atravesadas por las condiciones sociales: la prisa, la precariedad, el coste de la vida. Todo eso influye&rdquo;, dice. &ldquo;Si quer&iacute;a hablar de la pareja contempor&aacute;nea, ten&iacute;a que hablar tambi&eacute;n de las condiciones en las que existe: una vida marcada por la tecnolog&iacute;a, la urgencia y la inestabilidad. Todo eso aparece en la novela, a veces desde un enfoque c&oacute;mico, pero con una mirada cr&iacute;tica. Muchas de las situaciones que vivimos a diario tienen algo casi kafkiano&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me he re&iacute;do bastante escribiendo esta novela&rdquo;, concluye Carrasco, &ldquo;y tambi&eacute;n reley&eacute;ndola, cosa que no me hab&iacute;a pasado antes. Normalmente acabo saturado tras muchas revisiones t&eacute;cnicas, pero en este caso el texto segu&iacute;a teniendo frescura y en algunos momentos me segu&iacute;a haciendo gracia&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Volver&aacute; sobre este registro? &ldquo;Creo que s&iacute;. Es un tono en el que me siento c&oacute;modo. Tengo cierta inclinaci&oacute;n a ver la comedia en lo cotidiano y me ha gustado mucho escribir estos personajes, especialmente el narrador, con esa mirada tan particular. Adem&aacute;s, me he dado cuenta de que el tono humor&iacute;stico no est&aacute; re&ntilde;ido con la profundidad. Se pueden tratar temas serios desde una perspectiva ir&oacute;nica. La ligereza en el tono no implica ligereza en el contenido&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alejandro Luque]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/jesus-carrasco-escritor-error-trasladar-vida-real-modelos-cine-romantico_1_13198809.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 04:01:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/31fc9028-fd60-45d0-89d8-8f27b572f858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="153293" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/31fc9028-fd60-45d0-89d8-8f27b572f858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="153293" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Jesús Carrasco, escritor: "Es un error trasladar a la vida real modelos del cine romántico"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/31fc9028-fd60-45d0-89d8-8f27b572f858_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Escritores,Literatura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Álex Grijelmo, nuevo miembro de la RAE: "Si la IA la manejan fascistas como algunas redes sociales, ¿qué respuestas nos va a dar?"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/alex-grijelmo-nuevo-miembro-rae-si-ia-manejan-fascistas-redes-sociales-respuestas-dar_1_13311285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a9647967-695a-4ece-9301-d91e0540930e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x92y34.jpg" width="1200" height="675" alt="Álex Grijelmo, nuevo miembro de la RAE: &quot;Si la IA la manejan fascistas como algunas redes sociales, ¿qué respuestas nos va a dar?&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodista y escritor fue elegido para ocupar la silla 'o' y está ya preparando su discurso de ingreso en la institución, en el que avanza que hablará sobre el significado de los libros de estilo</p><p class="subtitle">Bonnie Tyler ya no está en coma, pero sigue “muy mal” y cancela sus próximos conciertos
</p></div><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de toda una vida dedicada a la defensa del lenguaje &mdash;tanto su labor divulgativa ling&uuml;&iacute;stica en libros como <em>El estilo del periodista</em> y <em>Defensa apasionada del idioma espa&ntilde;ol,</em> sus puestos en El Pa&iacute;s, Prisa Internacional y EFE, as&iacute; como la creaci&oacute;n de la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arancel-palabra-define-ano-2025-fundeurae_1_12851890.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n del Espa&ntilde;ol Urgente</a>&mdash; <a href="https://www.eldiario.es/cultura/alex-grijelmo-mentira-presente-vida-publica_1_12003310.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&Aacute;lex Grijelmo</a> ha recibido su elecci&oacute;n para ocupar <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/periodista-escritor-alex-grijelmo-elegido-ocupar-silla-academico-rae_1_13293686.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la silla 'o' de la RAE</a> como un &ldquo;espaldarazo&rdquo; y demostraci&oacute;n de que &ldquo;todo el esfuerzo ha tenido sentido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El escritor y periodista reconoce que el lenguaje ha sido su obsesi&oacute;n desde ni&ntilde;o, y que siendo adolescente, ya &ldquo;correg&iacute;a&rdquo; a sus amigos cuando &ldquo;dec&iacute;an algo mal&rdquo;: &ldquo;Siempre me lo recriminaron y todav&iacute;a me lo recuerdan, aunque ahora con m&aacute;s benevolencia que antes&rdquo;. Pese a que tiene dos a&ntilde;os para leer su discurso de ingreso en la instituci&oacute;n, avanza que ya lo est&aacute; preparando y que en &eacute;l reivindicar&aacute; el significado de los libros de estilo. &Eacute;l fue precisamente el art&iacute;fice del de El Pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; papel considera que debe cumplir la RAE hoy en d&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Desde fuera como periodista pod&iacute;a opinar, pero ahora me resulta un poco inc&oacute;modo. Siempre he cre&iacute;do que la RAE es una instituci&oacute;n muy respetada. Lo que dice el <em>Diccionario </em>va a misa. La mayor&iacute;a de las veces se utiliza en litigios y todo tipo de controversias para dirimir el valor aut&eacute;ntico de una palabra. La RAE tiene trabajos descomunales que no se suelen mencionar, como el <em>Diccionario panhisp&aacute;nico del espa&ntilde;ol jur&iacute;dico.</em>
    </p><p class="article-text">
        La Academia se ha volcado &uacute;ltimamente en la relaci&oacute;n con la IA, para que lo que producen los sistemas de IA sea buen espa&ntilde;ol. Y en efecto, t&uacute; le pides una respuesta y est&aacute; bien. Tambi&eacute;n ha tenido un papel determinante en la b&uacute;squeda de un lenguaje claro.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Cree que la IA puede ayudarnos a escribir mejor?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo soy muy cr&iacute;tico con la IA, muy esc&eacute;ptico y me da mucho miedo porque no s&eacute; en qu&eacute; manos est&aacute;. Y como todo lo que es gratis, me levanta sospechas. No s&eacute; qui&eacute;n va a manejar el algoritmo ni qui&eacute;n puede manipularlo en un momento dado, como ya hemos visto que ha sucedido con las redes sociales, entre las que algunas est&aacute;n en manos de aut&eacute;nticos fascistas. &iquest;Qui&eacute;n va a manejar la IA? Si tambi&eacute;n la manejan unos fascistas, &iquest;qu&eacute; respuestas nos va a dar a nuestras preguntas? 
    </p><p class="article-text">
        Independientemente del contenido de las respuestas, es verdad que lo que dicen los sistemas de IA est&aacute; escrito en un correcto espa&ntilde;ol. A esos efectos, es &uacute;til. A efectos de contenido, yo soy muy temeroso ante esto que nos viene porque no creo que se est&eacute; dando un control democr&aacute;tico de la IA como no se ha dado un control democr&aacute;tico de las redes sociales.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ni las redes sociales ni la IA han tenido un control democrático</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Álex Grijelmo</span>
                                        <span>—</span> Escritor y periodista
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Una de las cr&iacute;ticas habituales recibidas por la RAE es ser demasiado conservadora. &iquest;Cree que deber&iacute;a estar m&aacute;s cerca de la calle?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La RAE est&aacute; cada vez m&aacute;s cerca de la calle. Hay muchas palabras que entran en el <em>Diccionario </em>que vienen de ah&iacute;. Una de las &uacute;ltimas incorporaciones que me llam&oacute; la atenci&oacute;n fue la expresi&oacute;n finde. No estar&aacute; en la literatura ni en los peri&oacute;dicos porque ninguno titulamos &lsquo;El consejo de ministros se reunir&aacute; este finde&rsquo;, pero es una palabra que decimos todos en nuestra vida cotidiana y ah&iacute; est&aacute;. Lo que pasa es que los mitos que hay sobre la Academia se desmontan muy dif&iacute;cilmente. Por ejemplo, las definiciones machistas que hubo en el <em>Diccionario </em>y que se han ido cambiando sucesivamente. Todav&iacute;a queda ese eco de que el <em>Diccionario </em>las tiene, pero no, y no se ha publicado ning&uacute;n libro para decirlo, ni siquiera muchos art&iacute;culos, o un reportaje. Me llama la atenci&oacute;n y quiz&aacute; eso es algo en lo que yo pueda aportar, en desmontar los mitos que existen sobre la Academia.
    </p><p class="article-text">
        He visto alg&uacute;n comentario cuando se ha visto mi incorporaci&oacute;n de &ldquo;otro hombre en la Academia&rdquo;. Pues s&iacute;, eso no lo puedo cambiar. Casi siempre se hace la medida en cu&aacute;ntas mujeres hay en la Academia en relaci&oacute;n con los hombres, pero el an&aacute;lisis correcto en mi opini&oacute;n es cu&aacute;ntas mujeres han entrado en la Academia en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os en relaci&oacute;n con los hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Porque claro, el n&uacute;mero total de acad&eacute;micos no se puede manejar como el Consejo de Ministros, donde hay un presidente que quita a uno y pone a otro. En la Academia no se puede suprimir a nadie. Si est&aacute;, es para siempre. Entonces, el equilibro paulatino de mujeres es obviamente lento, pero se ve clar&iacute;simamente una voluntad de corregir eso. La Academia es hija de otro tiempo, pero hay que valorar el esfuerzo por cambiar esa situaci&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los mitos que hay sobre la Academia se desmontan muy difícilmente</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Álex Grijelmo</span>
                                        <span>—</span> Periodista y escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>Llega meses despu&eacute;s de que </strong><a href="https://www.eldiario.es/sevilla/cronica-dialogo-perdimos-ucles-perez-reverte-jornadas-guerra-civil-discutimos_1_12960790.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Arturo P&eacute;rez Reverte</strong></a><strong> </strong><a href="https://www.eldiario.es/cultura/perez-reverte-acusa-ministerio-exteriores-colonizar-rae-llama-mediocre-garcia-montero_1_12686228.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>fuera muy duro</strong></a><strong> con la RAE en una columna de opini&oacute;n, manifestando los errores que consideraba que estaban cometiendo, como doblegarse ante &ldquo;el simple uso medi&aacute;tico, pol&iacute;tico o de redes sociales&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n tiene sobre lo que dijo y la forma en que lo hizo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me falta mucha informaci&oacute;n, porque no es lo mismo estar dentro que verlo desde fuera, pero me quedo con que habiendo habido un ataque firme de Arturo, despu&eacute;s se produjo una conversaci&oacute;n que me pareci&oacute; admirable entre &eacute;l y el receptor de los ataques, Santiago Mu&ntilde;oz Machado [presidente de la RAE]. Me pareci&oacute; un ejemplo de civilidad, por poder hablar de los problemas y entenderse con la palabra despu&eacute;s de una discrepancia profunda. Me quedo con el final de la historia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Piensa que esta conversaci&oacute;n deber&iacute;a haber sido previa a la publicaci&oacute;n del art&iacute;culo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Yo desde luego lo habr&iacute;a hecho de otra manera, pero cada uno es como es. Y tambi&eacute;n en una corporaci&oacute;n como esa, con perfiles tan diferentes, debe existir una cierta tolerancia a que los dem&aacute;s son distintos. A Arturo le conocemos todos, yo desde hace cuarenta a&ntilde;os, y es as&iacute;. Tiene otros valores y quiz&aacute;s esto tambi&eacute;n lo sea, la sinceridad en la expresi&oacute;n. Yo lo habr&iacute;a hecho de otra manera, pero yo no soy Arturo, y Arturo no es Grijelmo, y as&iacute; tenemos que entendernos, con personalidades distintas.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Yo no habría hecho de otra manera lo que Pérez Reverte, pero yo no soy él y aun así tenemos que entendernos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Álex Grijelmo</span>
                                        <span>—</span> Periodista y escritor
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <strong>No fue dentro de la instituci&oacute;n, pero s&iacute; ha habido rencillas con el Instituto Cervantes, en concreto entre su director, </strong><a href="https://www.eldiario.es/cultura/garcia-montero-critica-rae-manos-experto-llevar-negocios_1_12669804.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Luis Garc&iacute;a Montero</strong></a><strong>, y el de la RAE, Santiago Antonio Mu&ntilde;oz.</strong>
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n fue un ataque del director del Instituto Cervantes a Santiago, que no respondi&oacute; en ning&uacute;n momento. Yo me identifico con los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/rae-expresa-absoluta-repulsa-agresion-garcia-montero-declaraciones-son-lamentables_1_12672750.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunicados</a> que hicieron los acad&eacute;micos en aquel momento, en ausencia de Santiago Mu&ntilde;oz Machado, que se sali&oacute; de la reuni&oacute;n, precisamente para no llevar el asunto al terreno personal. No entend&iacute; el ataque de Luis y me identifico con lo que ha hecho la Academia, estando fuera en ese momento.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;C&oacute;mo ve al lenguaje en s&iacute;? Parece que le echamos la culpa a las redes, pero tambi&eacute;n afectan la inmediatez, &iquest;siente que el lenguaje se est&aacute; empobreciendo o lo estamos banalizando?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las redes son un escaparate. Ahora hay mucha gente escribiendo. Hace treinta a&ntilde;os una persona normal y corriente jam&aacute;s escribir&iacute;a en un teclado. Y ahora todo el mundo lo hace. Tampoco conoc&iacute;amos c&oacute;mo escrib&iacute;an y pensaban las personas que ten&iacute;amos alrededor, y ahora s&iacute;. Entonces claro, afloran hechos que antes desconoc&iacute;amos, en muchos casos un lenguaje y unos argumentos pobres.
    </p><p class="article-text">
        No me suele parecer bien que hablemos de las redes como si ah&iacute; dentro estuvieran personas, porque hay millones de robots. Cuando alguien est&aacute; escribiendo, no sabemos si es una persona o un robot, que est&aacute;n adiestrados para la bronca y producir discrepancias, ruido, y alimentar la participaci&oacute;n de todos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y a nivel period&iacute;stico, siente que la lengua ha empeorado en los medios?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Soy pesimista y lo lamento mucho porque entra uno en la categor&iacute;a de personas que dicen cualquier tiempo pasado fue mejor. Y tampoco me gusta ser as&iacute; porque no responde a mi mentalidad, pero realmente lo que veo es que los peri&oacute;dicos est&aacute;n peor escritos. He estado en medios de comunicaci&oacute;n toda mi vida y veo ahora errores que hace treinta a&ntilde;os nadie comet&iacute;a. Es mi impresi&oacute;n y puede estar desenfocada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura García Higueras]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/alex-grijelmo-nuevo-miembro-rae-si-ia-manejan-fascistas-redes-sociales-respuestas-dar_1_13311285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:14:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a9647967-695a-4ece-9301-d91e0540930e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x92y34.jpg" length="1095685" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a9647967-695a-4ece-9301-d91e0540930e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x92y34.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1095685" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Álex Grijelmo, nuevo miembro de la RAE: "Si la IA la manejan fascistas como algunas redes sociales, ¿qué respuestas nos va a dar?"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a9647967-695a-4ece-9301-d91e0540930e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x92y34.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[RAE - Real Academia Española,Periodismo,Escritores,Arturo Pérez-Reverte,Instituto Cervantes,Luis García Montero]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
