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Entrevista

Leila Guerriero, escritora: “Trump es como los villanos de Marvel o un Lex Luthor”

La periodista y escritora Leila Guerriero

Laura García Higueras

5 de marzo de 2026 22:08 h

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Entre 1997 y 1999, el suicidio de doce jóvenes sacudió Las Heras, un pueblo argentino sobre el que, tras el suceso, se decía que pasaban cosas raras, que detrás de sus muertes había una secta, pero también que, en aquella tierra desolada, no había futuro para la juventud. La periodista Leila Guerriero decidió viajar allí para investigar sobre lo sucedido.

Fruto de sus conversaciones con madres, novios, hermanas y amigos de los fallecidos, prostitutas, peluqueros y profesores que les habían conocido, publicó en 2005 Los suicidas del fin del mundo, su libro fundacional que acaba de reeditar Anagrama. También hay nueva versión –espera que la “definitiva”–, de Frutos extraños (Alfaguara), la antología de los textos imprescindibles de la cronista argentina.

Al reencontrarse con Los suicidas del fin del mundo, ¿le resonó como actual lo que contó o siente que es una historia del pasado?

Casi todos los temas están abiertos todavía, el cómo se ha constituido el país con casi todo en la ciudad de Buenos Aires, el cómo las industrias extractivistas aterrizan en determinadas poblaciones y cambian la configuración social y cultural; no solo las petroleras, también las mineras. La falta de futuro para los jóvenes, de perspectiva, todo eso sigue ahí y no veo ninguna voluntad de que se esté trabajando en ello. Lo veo como un libro bastante actual, no como una historia pasada que ya quedó subsanada, para nada.

Viajó durante años para poder escribir el libro. Ahora que todo parece ir tan deprisa, ¿siente que ya no hay espacio para ese reposo?

En la naturaleza de la crónica están la lentitud y el tiempo. El oficio periodístico ha cambiado mucho, la necesidad de publicar todo el tiempo y llegar el primero. Todo eso pertenece al universo de las noticias, que en algunos casos se hacen muy bien y en otros muy mal, precisamente porque el objetivo es llegar más rápido y no llegar mejor. La crónica es lo contrario de las noticias, no es fácil conseguir ese tiempo, pero no conozco a ningún buen cronista que no se tome el tiempo de ir, de hablar una y otra vez con la gente.

Durante su trayectoria ha abordado temas muy dispares, ¿qué le ha llevado a ir eligiendo qué historias contar?

No lo sé. Hay un interés por cuestiones culturales en los perfiles, pero en las crónicas no hay un hilo conductor tan claro. Tengo mucho interés por las historias del interior de mi país, una voluntad de visitar un poco la periferia. Lo marginal también me interesa, pero acá hablo más del margen, de lo que no es tan evidente. También las cuestiones relacionadas con los años de la dictadura de Argentina, pero siempre pensé que no es interesante especializarse en algo.

En España también sufrimos una dictadura, diferente a Argentina, también en su “resolución”. Hay quien dice que ya se ha hablado mucho sobre ella, y quienes no, ¿qué opina usted?

Se ha escrito mucho y en ocasiones muy bien, en ambos países, sobre esos años oscuros. A pesar de que las cosas han estado muy contadas en muchos casos, lo que a veces se puede aportar es un cambio de punto de vista. Contar una historia relacionada con aquellos años pero más compleja, que intervenga de alguna manera en esa conversación, aportando algo distinto. Miradas nuevas, más incómodas.

La primera persona se cuela inevitablemente en las crónicas, ¿cómo mide el protagonismo que ha de tener?

Seguramente me he equivocado. No tengo la varita de la justicia para medirlo. El punto es que uno tiene que tener la prudencia y la mesura de no ponerse siempre por delante de la historia. Entender que la historia es siempre la de los otros. Podés ser muy torpe usando la primera persona, pero también la tercera. Lo que me parece es que veces algunas personas creen que escribiendo en primera persona el texto se transforma en algo como bueno, más atractivo, más sensacional; y no es así.

Milei llega gobernando en Argentina desde 2023. No es el primer líder de extrema derecha que hay en el mundo, pero sí que cada vez van ganando más terreno. Como periodista y ciudadana, ¿cómo lo lleva?

Su llegada a la presidencia me sorprendió mucho. La Argentina no parecía un país en el que Milei con estas ideas pudiera ganar. Cuando en los actos de campaña preguntabas sobre el tipo de propuestas que hacía, que para mí eran muy alarmantes, me resultaba muy curioso que la gente que le iba a votar decía: “Eso no lo va a hacer”. Es un poco raro votar a alguien pensando que no iba a hacer lo que decía que iba a hacer. Hubo algo un poco negacionista en el que le miraron como si fuera una especie de cosa pasajera. La misma que hubo con las dos presidencias de Trump en Estados Unidos. En las primeras, todos los medios de comunicación serios desestimaban la posibilidad de que ganara. En ese sentido, hubo una parte de muchas cosas que no se miraron. Iban a ganar igual, pero me parece que ahí falló una mirada del periodismo.

Lo vivo con dificultad como ciudadana y periodista, porque hay un nivel de crispación y de ataque hacia todos lados desde el poder, que tiende a despertar una especie de ira social que me parece muy peligrosa. La Argentina está muy lejos de ser un país que ha salido de todos sus problemas. Hay mucha desigualdad, pobreza, gente que no recibe un aumento de salario desde hace años, las fábricas cierran, es complicado.

Por otra parte, es un país que fue muy pionero en muchas cosas, que creí que ya eran consensos que no tenían vuelta atrás, y de pronto empiezan a cuestionarse. Me preocupa mucho cuál es la mirada que van a tener los temas de género y de derechos humanos. Y me preocupa que no solo desde el poder se esté proponiendo, sino que parece haber un apoyo social. Es desconcertante, porque uno dice, ¿en qué país estaba viviendo? Creía que estábamos todos de acuerdo en que la dictadura no fue una guerra de bandos, fue terrorismo de Estado, y ahora todo eso parece estar en discusión.

En este contexto de polarización, ¿siente que el periodismo puede hacer algo?

Sí. Me gustaría encontrar una manera serena e inteligente de poder intervenir en esa conversación. Sin griterío, sin manipulaciones, sin desprecio por el otro, sin burlas. Debería haber manera serena de decir cosas, de poner en la conversación otros puntos de vista, pero sin seguir el camino de la ira y la exaltación, porque si no es repetir el mismo discurso que no nos deja cómodos. Yo todavía no encontré la manera.

El periodismo debe intervenir en la conversación sin griterío, manipulaciones, desprecio ni burlas

Leila Guerriero Periodista y escritora

A veces, por saber que va a generar más visitas, caemos en reproducir la mayor burrada que se haya dicho, por ejemplo, en el Congreso.

Totalmente. No creo que genere nada interesante tomar piezas del discurso y generar toda una discusión a gritos sobre esos gritos. La voluntad última tiene que ser entender, tratar de decodificar.

Usted que ha escrito mucho perfil, pensando en líderes políticos como Milei, Trump o Ayuso, ¿siente que ahora que por lo espectacularizado que está todo, es más complicado saber cómo son más allá de su personaje?

La gente que está en el poder siempre fue bastante inaccesible. El poder es siempre difícil de leer, no soy especialista en ello, pero deberíamos de la voluntad de hacerlo.

Estamos en una semana en la que Israel y EEUU atacan a Irán, e Irán de vuelta. Usted que ha estado en tantos sitios y escrito tanto, ¿cómo se siente al respecto?

Con sorpresa y miedo. Hay conflictos por todos lados y la manera de acabar con un conflicto no parece ser generar uno más grande. Trump está haciendo cosas que parecía que no se podían hacer. Parece tener en la cabeza la idea de: ¿quién dijo que no se pueden hacer? Pues tiro una bomba, saco a todos los inmigrantes, los aranceles, ¿quién me va a parar? Es como si hubiera roto una especie de pared que estaba ahí, y era de vidrio, contra la que está yendo de manera salvaje. Veo que todos los mecanismos de control se están revelando como muy poco eficaces. Hay declaraciones, indignaciones, ONG que dicen cosas, que condenan y levantan el dedo; pero en la práctica, este mecanismo de freno no parece ser demasiado eficaz. Es como un auto lanzado a toda velocidad y nadie sabe donde va a parar.

Ha conseguido que directamente nos planteemos qué va a ser lo siguiente, dando por hecho que lo habrá.

A mí el régimen de Maduro no me gusta, pero me quedé muy sorprendida de secuestrar, la extracción que dicen ellos, ¿a quién más va a extraer? Por otra parte, tiene todo el poder del mundo y es muy consciente de eso. Es como los villanos de Marvel o como un Lex Luthor.

Va a ser jurado del nuevo premio literario organizado por Aena, dotado igual que el Planeta, con un millón de euros. ¿Tiene el objetivo de convertirse en algo tan noticioso?

El jurado tiene a muy buenos colegas, críticos, gente que respeto, leo, a la que sigo, muy seria; y eso me deja muy tranquila. La mejor manera de blindar un premio es blindar el prestigio. Todo el mundo está hablando del dinero, pero lo que de verdad importa es coger al que consideremos el mejor libro. Hablar solamente del monto deja un poco en la sombra todo lo demás, y eso es un poco penoso.

Por su parte, ¿tiene ganas de seguir escribiendo?

Quiero seguir contando. No creo que se me acabe el entusiasmo porque está sostenido en que me gusta escribir y quiero seguir haciéndolo. Me parece que siempre voy a encontrar historias que contar. No me gusta pensar en esto como carrera, porque hay algo en la palabra que implica cierta estrategia o planificación, y no la hay. Se va dando todo de una manera más impensada, más espontánea. Espero seguir escribiendo siempre.

Vídeo de la entrevista completa

Vídeo: Adrián Torrano, Lluna Bartual

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