Crítica Vertele (sin spoilers)

Counterpart, espionaje clásico entre universos paralelos

‘Counterpart’, espionaje clásico entre universos paralelos

Francesc Miró

Las realidades paralelas en un guion o novela de ciencia ficción son como cohetes, peligrosos si no se usan correctamente pero con la capacidad de dejar boquiabiertos si se les explota con cierta inteligencia. Series como Fringe, desde el thriller y el espionaje, o Rick & Morty desde el humor más bestia, han llevado el tema de los ‘otros yo’ hasta límites insospechados. Sin miedo a arriesgar en busca de la originalidad y con resultados radicalmente distintos pero, en el fondo, sorprendentes.

La nueva serie de Starz, cadena que lleva tiempo explorando la ficción de género gracias a series como Outlander, American Gods o Da Vinci’s Demons, especula con un mundo en el que un experimento fallido realizado durante la Guerra Fría abrió una puerta a una realidad paralela. A esta solo se puede acceder desde el lugar del accidente, un edificio burocrático de la ONU situado en Berlín y de apariencia tan aburrida como se le pretende.

En él trabaja Howard Silk, un J. K. Simmons que ofrece una interpretación radicalmente distinta al tiránico profesor de Whiplash que le valió el Oscar. Esta vez, estamos ante un hombre normal con aspiraciones corrientes. Alguien tan educado como rematadamente anodino que no sabe ni siquiera a qué se dedica la empresa en la que trabaja. Un día conocerá a Howard Silk, su homólogo en la otra realidad que le abrirá los ojos y le pedirá ayuda: alguien de una dimensión está matando a gente de la otra de forma indiscriminada.

JK Simmons viaja a una realidad paralela en el tráiler de Countpart, su nueva serie 360

Hacer de la sobriedad una virtud

Si repasásemos la materia literaria sobre la que se erige Counterpart, no sería difícil ver que la premisa de los universos alternativos es bastante dada al espectáculo. Suele pasar que el ‘otro mundo’, el que se escondía detrás del espejo de Alicia, es radicalmente distinto al nuestro: mucho peor o mucho mejor, más avanzado tecnológicamente o víctima de catástrofes naturales… y esto convierte el contraste en la vía narrativa de la acción. Es divertido porque en ese ‘otro mundo’ pueden existir dragones o naves voladoras, porque hay cosas que en el nuestro no.

Sin embargo, Counterpart apuesta por la sobriedad como respuesta a la deriva más puramente visual de la sci-fi moderna. Se muestra segura gracias a adquirir, desde su episodio piloto, un tono distinto, opresivo y desasosegante alejado del espectáculo fácil. Por eso, las diferencias entre ambos mundos son pinceladas en la puesta en escena o detalles en su narración, no derroches de croma verde. Counterpart atrae porque convierte el 'otro mundo' en un misterio cada vez más lúgubre, cuyas verdades no apetece descubrir.

Algo que, además, se traduce también a nivel narrativo: si acudimos a esta serie buscando respuestas sobre los universos alternativos, las conspiraciones del Gobierno o el espionaje político e industrial… no las encontraremos. No hay en su texto atisbo de sobrexplicación pues todo se carga de un halo enigmático que atrapa de forma natural.

Por eso funciona tan bien su desarrollo calmado, dispuesto a jugar con las expectativas del espectador que espera ver contrastes. La artimaña de utilizar distintas versiones de un mismo universo y enfrentarlas para descubrir en qué se diferencia la una de la otra es tan vieja como la ciencia ficción misma. Pero como cualquier buen truco de magia resulta estimulante si se adapta al entorno adecuado.

Dos universos, un mismo drama

Counterpart se afana, desde el primer momento, en encuadrase dentro de los cánones narrativos del thriller para presentarnos una sociedad gris y triste. En su primera imagen, de alcance premonitorio, vemos centenares de pedazos de cristal que flotan en el aire advirtiéndonos de que algo se ha roto, de que se ha abierto una ventana hacia lo desconocido. Acto seguido, asistimos a la presentación del día a día de un hombre que acata las normas por absurdas que parezcan. No entiende por qué hace lo que hace y no quiere molestar, pero se siente consumido por un sistema burocrático de aire kafkiano.

Su elegante tono apagado nos introduce en un universo de despachos y conversaciones en el que el género lo dicta el verbo de un guión cambiante y hábil. Algo en lo que su director, el noruego Morten Tyldum, es experto: convertir ejemplos de género en contenedores de exploraciones bastante más complejas y sorprendentes. Así, en Headhunters utilizaba el género de robos para realizar una sátira social al más puro estilo Jo Nesbø. En The Imitation Game, se servía de la fórmula del biopic para realizar un drama bélico con reflexión sobre la homosexualidad en el Reino Unido del los cuarenta. Incluso en Passengers se vestía de ciencia ficción para hablar del amor romántico, la manipulación y el engaño en una relación.

Con Counterpart utiliza la misma fórmula con buen resultado: bajo la piel de ciencia ficción de poco presupuesto y el músculo de un film de espionaje clásico, se encuentra el esqueleto de un drama sobre las decisiones individuales, su repercusión y su huella en la psique humana. Es decir, esto va sobre conspiraciones gubernamentales pero todo gira en torno a la personalidad de sus dos protagonistas y su pasado.

Algo que J. K. Simmons asume de forma asombrosa. Tanto el Howard Silk aburrido como el tipo duro conviven en los gestos y la voz del actor estadounidense, que ofrece una lección de contención y rabia digna de Globo de Oro. Ambos son radicalmente distintos pero está claro que son el mismo tipo. Tienen algo por lo que luchar, por lo que cambiar su forma de ser... y se pueden ayudar mutuamente. Por eso, cuando se encuentren solos por primera vez no hablarán de cómo es posible que existan universos paralelos o por qué el Gobierno lo mantiene en secreto, sino de su colesterol y sus hábitos cotidianos.

“Más allá de que las historias de ciencia ficción pueden seguir pareciendo triviales para los críticos y filósofos con anteojeras de nuestros días; su esencia, el concepto alrededor del cual giran, se ha transformado en algo crucial para nuestra salvación, si es que hemos de ser salvados”, decía irónicamente Isaac Asimov en su colección de ensayos que aquí se llamó Sobre la ciencia ficción. En esencia, Counterpart habla de nosotros, de las decisiones que tomamos y que nos hacen ser lo que somos. De si merecemos ser salvados.

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