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Casa África (I)

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Vamos a verlo. Casa África es un ente público con la presencia destacada del Ministerio de Exteriores, el Gobierno canario, algunos cabildos y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Por lo tanto, lejos de constituir un instrumento cultural neutro para el encuentro amistoso de civilizaciones, se trata de un mecanismo de la política exterior española. Su creación y objetivos se enmarcan, según informa Cira Morote, “en las líneas de actuación del Plan de Acción para África Subsahariana, o Plan África 2006-2008, elaborado por el Gobierno nacional”, cuyo fruto más conocido hasta ahora es la colaboración a golpe de cheque con gobiernos africanos para impermeabilizar las fronteras e impedir la llegada de inmigrantes a nuestras costas. Durante los últimos meses, el Gobierno canario desplegó parte de sus esfuerzos sobre política exterior para animar a las Cámaras de Comercio locales y a la norteamericana a invertir en nuestro entorno, realizando gestiones directas en esa dirección. Y ofreciendo nuestras islas como plataforma de lanzamiento a todo tipo de operaciones neoliberales. Obtuvo el apoyo incondicional de medios de comunicación, incorporados con mucho gusto a los cabildeos, viajes y reportajes que también estimulan a los inversores, pero jamás informaron con un mínimo de rigor sobre los problemas políticos reales de cada uno de esos países. Será porque espantarían al dinero. Asegura Ortiz que “los empresarios se ayudan solos”. Los Estatutos de Casa África dicen en su artículo 15 lo siguiente: “Como órgano de carácter consultivo, se crea además un Consejo Económico, compuesto por representantes de instituciones y entidades económicas y empresariales y personalidades de reconocido prestigio y experiencia en el ámbito de las relaciones económicas y empresariales con África”. Los empresarios, convertidos por arte de magia en sujetos de la cooperación al desarrollo, no sólo reciben ayuda del Estado, facilidades para la inversión, nuevas embajadas y oficinas comerciales o cobertura de expresiones culturales para alcanzar el apoyo de la sociedad. Ellos forman parte de Casa África. Existen otros órganos de carácter consultivo, un Consejo Diplomático, compuesto por los embajadores africanos acreditados en España, y un Consejo Asesor, formado “por personalidades de reconocido prestigio en el ámbito de las relaciones con África”. ¿Quien los elegirá? El Consejo Rector a propuesta de las entidades que forman parte del ente público. Quizá la voluntad de Ortiz consista en crear un foro abierto a la sociedad civil española, canaria y africana, pero esa intención carece de lugar alguno en la estructura de Casa África. La patronal sí tiene puesto asegurado. Dispone, pues, de un escaparate financiado con dinero público y un motor auxiliar para sus aventuras en África. Así que, por favor, no nos cuenten más cuentos. Mañana, más.

Rafael Morales

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