eldiario.es

Menú

Mar de sargazos

- PUBLICIDAD -

Sin embargo, yo puedo mirar hacia la luna o hacia el suelo, según me parezca. Puedo mirar incluso dentro de la maleta que portaba el empresario Santana Cazorla la mañana en que fue detenido por la policía, y toparme allí con unos cuantos papeles de todo tipo, unos más atractivos que otros y, tal vez, percatarme de que lo encontrado no iba para nada con las actuaciones de Domingo Berriel –partidario de encoger la petición de camas de Anfi Tauro de 3.600 a 1.700- o del presidente del Ejecutivo, Adán Martín, el cual responde a las sucesivas llamadas de Santana Cazorla por sugerencia del director general del Gabinete, Salvador Iglesias. Exactamente el verbo que utiliza Varona para explicar el papel de Iglesias es “insta” de “técnicos de la Administración, del consejero de Medio Ambiente, y del propio presidente de esta comunidad autónoma que se tomen interés en las propuestas que le han sido transmitidas por un empresario de esta isla”; y ese “insta” en traducción de la Real Academia Española de la Lengua significa “pedir con apremio a alguien que haga algo”. De modo que mientras algunos sectores disfrutan con los palos de la magistrada a la policía y al juez Alexis Reyes, a los que acusa descaradamente de ser cualquiera de los dos los autores de haber conculcado el secreto de sumario y dar la información relativa a las escuchas a la prensa, yo escruto el comunicado de las asociaciones de jueces donde se recuerda a los políticos patasnegra que “todos los ciudadanos son iguales ante la ley”, y que la “obligación” de los responsables políticos es “auxiliar a los Tribunales de Justicia”. ¿Estamos ante una contradicción? ¿Piensan distinto los jueces de calle que los pertenecientes al TSJC?... Intento averiguarlo. Por eso me entretengo en la particular redacción del auto de Varona cuando desacredita al juez Alexis Reyes remarcándole que sus “conclusiones” no pueden ser consideradas ni siquiera “indicios”. O sea, que se precipitó, o se asustó, o fue mal aconsejado. La verdad es que Varona no perdona. También habla de “defectos procesales” y toma a Reyes como un pollito recién salido de la facultad que carece de experiencia y no sé yo si opina que su cabeza es algo ligera. Es curioso, pero cuando el juez Miguel Ángel Parramón detectó en las escuchas del caso Eólico la perversa relación entre el presidente de la Audiencia Provincial, José Antonio Martín, y el narcotraficante Rafael Bornia, entonces desde distintas capas de la judicatura se le criticó por haber tenido bajo su control demasiado tiempo el sumario, y que, desde el primer momento, desde que en el pinchazo a Wilebaldo Luis Yanes salió el nombre de Martín, tenía que haber elevado la investigación al TSJC. Es curioso, digo, porque ahora Varona carga contra el juez Reyes por hacer lo que se demandó a Parramón: debía de haber persistido en la investigación hasta cerciorarse de que existían o no pruebas razonables, con la única excepción de la toma de declaración de los dos aforados. Es curioso, vuelvo a insistir, porque ha pasado un año y ninguno de los dos procedimientos abiertos a Martín se han cerrado y, desde luego, no se puede afirmar que haya demasiados casos a investigar en el TSJC. En fin, que la policía queda a la altura del betún, como unos Sherlock Holmes baratos deseosos de matar moscas a cañonazos, y con el juez Reyes estigmatizado con el fatalismo de un gran divo. Ya sólo falta escuchar a la división azul de la derecha que falsificar el censo electoral de Mogán es pecado venial, y perseguir a una inspectora de policía con el ánimo de extorsionarla, son pompas jabonosas que resbalan en este entramado tropical de corrupción a la carta. De ahí que haya que otorgar un valor extraordinario al comunicado de las asociaciones de jueces, porque corta de raíz las tentaciones del pacto PP/ATI de generar una monumental cortina de humo tras la que tapar su responsabilidad directa con un laberinto de financiaciones ilegales que se revela pernicioso para el sistema democrático. Como doy por sabido que tanto el juez Reyes como la policía saben perfectamente lo que hay en el caso Góndola y sus abundantes ramificaciones, pues me temo que esta danza de las dignidades ofendidas, con su baile de máscaras y las siluetas brumosas de las ventanillas oficiales por la que muchos empresarios deben de pasar imperativamente para que sus proyectos sean aprobados, todavía no ha finalizado. Me gusta la prosa de la magistrada Varona porque es dúctil, cargada de signos ocultos, e incluso cuando conmina al juez Reyes da la impresión de que lo hace para protegerlo de su propio pavor. Es como si le dijera: “Si andas detrás de un objetivo concreto, desviarse del camino correcto es una imprudencia; haz lo que tengas que hacer pero no nos eches tu muerto hasta que estés seguro de que realmente hay un cadáver en el armario”.

Francisco J. Chavanel

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha