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Míseros y miserables

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A Cardona le vino muy bien que el foco cambiara su haz de luz y se fijara en un viejo y abandonado edificio próximo a Las Canteras antes que en las casas consistoriales del antiguo hotel Metropole.

Mientras los vecinos del polígono de Cruz de Piedra y otros barrios periféricos de la ciudad pedían a Cardona "trabajar y no mendigar", el alcalde estaba pensando en cómo conseguir inversores para un hotel de lujo en El Rincón.

Algunos de estos vecinos pobres que malviven en los arrabales de la capital recordaban al alcalde que ellos habían votado al PP, en esos apoyos paradójicos y abstrusos difíciles de entender y explicar.

El partido gubernamental está ahora más preocupado en hacer la vida imposible a los okupas antes que en resolver las penurias de los excluidos sociales y la gente marginal. Combatiendo así a los antisistema, los gobernantes los conducen inevitablemente al radicalismo. El cabreo se convierte en permanente y la indignación se hace sistémica.

Los vecinos de los polígonos de Cruz de Piedra, San Cristóbal o El Polvorín llevan seis meses pidiendo el pago de las ayudas de emergencia y un plan de empleo de manera infructuosa. Casualmente, los ocupas también llevaban medio año en la antigua residencia hotelera abandonada hace dos lustros.

Mientras, como no les da con los paquetes de macarrones y leche, rebuscan en los contenedores de basura a ver si encuentran un plátano comestible o un tomate pocho que alegre visualmente su ensalada.

Los mafiosos de la Gürtel financian la boda mayestática e insultante de la hija de Aznar y para colmo éste da a entender que está dispuesto a volver a la política activa, como si no tuviera con la pasta gansa que se gana inmerecidamente figurando en consejos de administración de empresas privadas. Él mismo privatizó algunas públicas cuando se creyó el rey del mambo en sus ocho años de gobierno.

Por si la actual miseria fuera poca, Aznar quiere volver a la política para arreglar los problemas de sus amigos ricos Blesa y Bárcenas, ahora en apuros. Los pobres pueden esperar porque no hay mal que dure cien años. Seguro que los entierran mucho antes.

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