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Tatuado en la frente

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Rivero pierde una oportunidad histórica. La de ser, por vez primera, en un instante distinto a éste, un presidente tinerfeño con auténtica visión regional. Él, en compañía de otros, es uno de los principales responsables de la liquidación de que llaman enfáticamente “nacionalismo”, cuando la finca que poseen -y ahora se contempla de modo más transparente- es una simple manada de insularistas voraces reclamando lo suyo. Ya nunca será lo que quiso ser. Tras cerrar el “pacto de tocata y fuga” con Soria, impone la misma visión archipielágica que tuvieron Hermoso y Adán Martín: primero Tenerife, y después todo lo demás. Bastó que Santa Cruz estuviera en peligro, para que se le notara de la clase de reo que es de las clases pudientes tinerfeñas y del miedo que tiene a volver al barrizal de los desheredados de donde salió. Ahí donde los ven, presidente y vicepresidente futuros de esta autonomía, son dos ombligos con patas, personas que por circunstancias diferentes no supieron resolver sus problemas de autoestima, y cuyos complejos los equilibran los ciudadanos pagándoles peanas, coches oficiales, tarjetas visa, y boletín oficial. Rivero no es tonto precisamente, y sabe que Gran Canaria no está representada en el próximo gabinete. A Soria le pone Hacienda y Política Territorial, tradúzcase por caja registradora y camas redondas para los amigos. Y es que ya no da más de sí: el gestor, aquel que se vendía como un ejemplo del rigor con los dineros públicos, es un derrochador de tomo y lomo, no controla los mangantes de su partido que meten la mano en las comisiones, no controla ni siquiera a miembros de su familia cuando éstos se encharcan en negocios tortuosos. La patria de los dos es el oportunismo, y mientras el segundo está completamente enfangado en la irregularidad permanente, el primero, a la espera de que le llegue una oferta que no rechazará, asciende de forma imparable por la liana del triunfo aupándose sobre las espaldas de aquellos a los que divide, materia en la que es un experto. 2.- Una propuesta indigna de un gobernante Lo llevan tatuado en la frente: nacidos para el botín. Ni disimulos ni contemplaciones, Ayer, el futuro presidente de la autonomía inició su colección de disparates, que probablemente le conducirán al abismo, demandándole al candidato socialista que le pidiera perdón a Tenerife por el “affaire” Los Teresitas. Según el entendimiento de Rivero, López Aguilar influyó sobre los miembros del Tribunal Supremo que declararon la venta del famoso acantilado como un mero chanchullo entre empresarios particulares y el alcalde de Santa Cruz, aceptando éste el precio que le propusieron los propietarios del suelo a un precio tres veces más caro del mercado por razones que bien merecen una buena investigación judicial. Una petición de estas características proclama a las claras en qué escenario estamos, lo que nos espera, y cuál es el papel de Soria en la opereta. Los ciudadanos, aún cuando reclamaron mayoritariamente un cambio, seguramente habrían aceptado un pacto de derechas si éste no se hubiera alardeado frívolamente por sus protagonistas con todo lujo de publicidad, sin ni siquiera aguardar de manera educada por el primer encuentro oficial. Dicho encuentro –el de ayer- llegó viciado y condenado de antemano al desasosiego, por cuanto una de las partes ya había decidido su partenaire, el único que le daba la Presidencia del Ejecutivo y el control político del Archipiélago. Su desesperación les delata, pues los contribuyentes, en un sepelio lento de las negociaciones, habrían entendido las dificultades de una cohabitación con un candidato que se pasó la campaña hablando de catarsis, y de denuncia obsesiva de la corrupción, y tal vez hubieran aguardado porque el transcurrir de los acontecimientos hiciera su trabajo. Pero lo cierto es que Rivero no posee maniobrabilidad para nada. Ni ante su partido, que a la hora de la verdad cierra filas en torno a Zerolo como si éste fuera el guardián de los secretos más recónditos de ATI; ni ante Rajoy, con el que tiene un pacto de colaboración para después de las elecciones generales. Los comandantes tinerfeños están convencidos de que un tipo tan mal valorado como Rajoy vencerá al blandito Zapatero, y ahí se iniciará otra década de lontananza. 3.- La hora del pleitismo irresponsable Vamos a vivir la legislatura más dura que se recuerde. Los socialistas, exigidos por el desaire que sufrirá el ex ministro favorito del presidente del Gobierno estatal, cerrarán el grifo de las subvenciones. De momento Tenerife tendrá tranvía pero no tren. Y lo de Granadilla se paralizará. Y los 200 millones de euros para obras locales se frenarán. Y lo del anillo insular se retrasará. Y, en fin, que contemplaremos a ATI y al PP juntos en su viaje a la montaña, llevándose en buenas migas la mochila del victimismo y que, al final del combate, o la Región salta por los aires o lo que salta es Coalición Canaria y el actual líder del PP. O todo junto, ya que el tornado del pleitismo irresponsable se hace carne entre quienes jamás tuvieron otra brújula que su propia supervivencia política. Y eso limita, embarra y empobrece cualquier proyecto. Lo bueno que tiene este derroche de entrepiernismo es que pocas dudas quedarán sobre los que realmente están por la labor de construir Canarias, y los que pervierten las Islas con actuaciones refrendadas por leyes que en su momento fueron diseñadas para ocasiones como ésta No hay alma inteligente en estas islas que pueda estar a la altura de una irrealidad como la que nos sugieren.

Francisco J. Chavanel

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