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¿Y ahora qué?

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Hace cuatro años, cuando, tras los resultados electorales fui elegida diputada por el Partido Socialista, cambié mi bata de médico de urgencias por la maleta y la intención de contribuir, dentro de mis posibilidades a conseguir una España mejor (como recordarán que decía es eslogan), y les aseguro que desde entonces lo hemos intentado. Prueba de ello son la Ley de Promoción de la Autonomía Persona l-o Ley de dependencia, como se conoce habitualmente-, con la cual hemos cerrado el circulo en torno al lo que los socialistas nos gusta denominar,"estado de bienestar". Antes fueron las pensiones (que por cierto, han subido una media de entre un 20% y un 30%, según de la que se trate), la sanidad universal y la educación. En fin, se ha cerrado el círculo de atención a los ciudadanos. También hemos aumentado los derechos de los ciudadanos, porque a pesar de lo que algunos creen, las mujeres y los homosexuales son seres con plenos derechos.

Creo que me estoy desviando del tema que quería tratar en este artículo; no era mi intención, hablarles de política, sino de sentimientos. Pues bien, como les decía, llegué a Madrid, en un mes de abril de hace ahora casi cuatro años con muchas ilusiones, pero también con muchos sentimientos encontrados. Iban desde el miedo al rencor, a la compasión y al dolor por todo lo que había acontecido entre el 11M y ese momento.

Lo primero que hice nada más llegar fue acercarme a la Estación de Atocha. Se podía mascar todavía en el ambiente lo que había ocurrido allí no hacía nada.

En el Congreso, al entrar y encontrarme con un mundo tan nuevo, me sorprendió el desparpajo con el que se movían ciertos sectores del PP; he decir en aras a la verdad que no todos. Después vino la manipulación mediática, y yo diría que hasta política. Piensen que desde determinadas emisoras se han llegado a decir cosas, e incluso a darlas por ciertas, que no me voy a molestar en enumerar porque todos somos conocedores de las mismas.

Se formó una Comisión de Investigación, cómo si en un Estado de Derecho no fuera suficiente, la justicia para poder dilucidar lo que había acontecido en este país, durante esos días fatídicos. Cómo si no hubiera separación en un Estado Democrático, entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial.

A estas alturas se han gastado unas cantidades ingentes de saliva, tinta, y sobre todo de energías, en inventar, difamar, mentir, tergiversar, y por otro lado callar (el que calla otorga?), en torno al hecho mas doloroso, desgarrador e inhumano que a ocurrido en nuestro país.

Pues bien, para bien o para mal, el juicio ha llegado a su fin. Ya hay sentencia. Podremos estar o no de acuerdo en su resultado, pero lo absolutamente cierto es que se ha trabajado con tesón, con minuciosidad, con empeño, y con mucho dolor en el proceso judicial que más expectación ha despertado en muchos años.

Mi felicitación a todos los que han participado en el mismo, jueces, fiscales, abogados, familiares de las víctimas; a todos y a todas los que día tras día, se acercaban al juzgado para seguir la vista. Mi sentimiento, y me imagino que el de todos los españoles y españolas de bien, está con las victimas y con sus familias.

Nada ni nadie, les va a devolver al día 10 de marzo, como sería nuestro deseo. Sin embargo, se ha hecho justicia. Y con el sabor agridulce que te queda después de pasar por todo esto, y aún sabiendo que nunca jamás podremos ser los mismos (ni los familiares, ni los que lo sentimos con el corazón).

Por otro lado también cabe preguntarse si alguien en este, nuestro país, va a rectificar, va a levantar la voz, para si tan siquiera decir que se les fue la mano, que tal vez se extralimitaron.

Miren que no les hablo de reconocer que han mentido, tergiversado, utilizado torticeramente, en fin, que es una pena que la mala conciencia no sea también un delito.

(*) Diputada del PSC-PSOE por Santa Cruz de Tenerife.

Mercedes Coello Fernández-Trujillo (*)

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