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De la masa al individuo

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Pero esto no es más que una falsificación de la realidad. Por una parte, los propios capitalistas se organizan colectivamente y hacen del Estado la maquinaria colectiva de ejecución de sus intereses.

Por otra parte, es el propio sistema capitalista el que convierte a las personas (los asalariados) en mera masa, con el único objeto de apropiarse de su trabajo. No podría existir sin la actuación de un número grande de obreros al mismo tiempo para producir la misma clase de mercancías bajo el mismo mando capitalista. Los trabajadores pueden pensar de sí mismos que son individuos muy diferentes entre sí, pero el capitalismo los iguala, tanto como productores como consumidores.

En el mismo sentido funciona la falacia del sistema capitalista como defensor de la libertad individual, frente a un socialismo que funciona sobre la base de un Estado autoritario que impone lo colectivo sobre lo individual.

En primer lugar, el Estado es siempre autoritario por naturaleza, ya que se trata de una maquinaria que ejerce el monopolio de la violencia. Por eso, el control del Estado garantiza a los capitalistas su propia libertad. Es decir, la libertad para imponer a los asalariados las condiciones de trabajo más leoninas.

"Ah", dirá alguien, "pero el capitalismo defiende también la libertad del obrero". Cierto. El capitalismo sólo puede funcionar si encuentra en el mercado obreros "libres". Pero ¿libres de qué? En primer lugar, "libres" para poder disponer de su fuerza de trabajo como mercancía, de forma que puedan vendérsela al capitalista. Y, en segundo lugar, "libres" de los medios necesarios para poder sacar fruto de su fuerza de trabajo sin tener que venderla.

Bajo el capitalismo, los individuos son pura masa de la que se extrae fuerza de trabajo al servicio de los verdaderos "individuos", los capitalistas, que son los que deciden dónde y como se invierte, cómo y a dónde se destinan los esfuerzos del trabajo humano. Los "individuos" asalariados del capitalismo son pues, a lo sumo, "individuos-masa".

Precisamente por eso, Marx explicaba que los obreros debían hacer la revolución no sólo para cambiar la sociedad, sino, sobre todo, para cambiarse ellos mismos, convirtiéndose en seres humanos plenos. El gran reto del socialismo es transformar al individuo alienado, apático y resignado, en un ser humano activo, consciente, participativo, dueño de su destino. En un individuo, en definitiva.

Pero ese individuo no vive en la selva como Tarzán, sino en una sociedad determinada. No es Conan el Bárbaro, sino un ser humano que necesita relacionarse con los demás. Por lo tanto, un individuo pleno es el que establece relaciones con su sociedad basadas en la autonomía individual y la cooperación social. Estamos hablando pues de individuos sociales, que basan su individualidad en la individualidad de los otros, y no individuos-lobo, como el arquetipo capitalista, que la fundamenta en imponerse a los demás.

Desgraciadamente, en muchos partidos de izquierda (que no son ajenos a la sociedad en que viven) se han reproducido los modelos de liderazgo capitalista (cuando no feudal) La individualidad se subordina a los intereses del partido, que son presentados como la negación de esos intereses individuales. El siguiente paso es que los intereses de la dirección del partido se presentan como los intereses de todo el partido. Y por último, los intereses de un pequeño grupo de personas se presentan como los intereses de toda la dirección del partido, para la que el conjunto de la militancia pasa a ser una "masa". Es decir, se reproducen mecánicamente los esquemas del mismo capitalismo, incluidas sus formas más extremas (fascismo).

Es el capitalismo el que uniformiza, el que "globaliza", el que anula la individualidad humana. Al menos, la de la inmensa mayoría que no tiene capital suficiente como para ser un "individuo". Es el capitalismo el que hace que todos vistamos las mismas o similares ropas, comamos las mismas comidas, bebamos las mismas bebidas, fumemos el mismo tabaco, nos desplacemos en los mismos coches, veamos las mismas películas y series televisivas...

Frente a la masificación capitalista, que nos presenta como única salida a la negación individual los "quince minutos" warhoolianos de fama televisiva, la lucha por el socialismo necesita ser, en primer lugar, la lucha por la emancipación de los seres humanos como individuos sociales, autoconscientes, plurales y diversos.

Teodoro Santana

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