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De la transición al 'delirium tremens'

Pedro Sánchez en la segunda votación de su investidura.

HEMBRA
Hembra que entre mis muslos callabas
de todos los favores que pude prometerte
te debo la locura.
(Leopoldo María Panero)

Desconozco el color de la orina de los dos reyes de España. Sin embargo, la lectura me ha permitido vislumbrar, mirando hacia atrás en los siglos, los matices excretores de un monarca de cuyo nombre debo y tengo que acordarme porque es también el mío. Fue el primer rey del Reino Unido que nació en Gran Bretaña – en 1783 – y fue asimismo el primero que se expresó en inglés, puesto que era esa su lengua materna. Su vida se construyó, no matando grandes animales salvajes ni a base de cópulas extramaritales, Ferraris de los golfos del Golfo, negocios tenebristas, soporíferos y anodinos mensajes de Navidad y cómicas caídas, sino salpicada por el extravío mental, las alucinaciones, la agresividad, las náuseas y los vómitos. De tal modo ocurrieron las cosas que, en un día aciago, el color de su orina devino tan peculiar y oscuro que su médico personal pronunció la descarnada y fatídica frase: “El rey está loco”. A partir de entonces, a su nombre que es el mío, se unió para la Historia el apelativo de El loco.

Pasaba un día cualquiera de cualquier estación y un ser totalmente desnudo corría por los jardines del Castillo de Windsor detrás de las más grandes y bellas mariposas. De vez en cuando, paraba su arrebatada carrera para charlar con los patos y las ocas que compartían su hábitat. Según cuentan las leyendas, obligaba a esos ánades a seguirle en sus correrías y los ahogaba o pretendía ahogarlos si no secundaban sus órdenes. Era Jorge III El loco, con 73 años de edad allá por 1811, quién también mantenía largas conversaciones con toda clase de árboles, en medio de histéricas risas y carreras sin sentido. Cuentan que en 1819 su miccionar era ya alquitranado de bermellón y su locura el paradigma de la existencia más demenciada. De modo que, una mañana comenzó un discurso que ininterrumpidamente duró alrededor de 58 horas, superando ampliamente a los comunistas que en el planeta han sido. No he podido averiguar quienes formaron parte de su público, pero todo aquel que no prestara atención estaba amenazado de pasar directamente al cadalso. Muchas horas debieron ser aquellas, incluso para la más loca locura, de tal forma que Jorge, derrotado por su propio verbo, ensartado por sus palabras, asfixiado por sus razonamientos, entró en un profundo coma y murió. Feneció de Porfiria Jorge, aquel que derrotó en la mar a Napoleón y conquistó Canadá. Aquel que conoció a Carlota el mismo día en que la desposó y – la verdad es que estoy loco pero loco por ti – a pesar de ser una dama poco agraciada y menos atractiva, construyó con ella nada menos que 15 príncipes de una Gran Bretaña que logró situar como potencia mundial. El corazón es locura y la locura y el corazón tienen razones que la razón no comprende, dijo en una ocasión un tal Pascal.

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El imperio del analfabetismo relacional

Las relaciones sociales se destruyen a pasos agigantados, a golpe de SMS, emoticonos y redes sociales.

A esa hora de cualquier viernes, una peculiar ebullición toma cuerpo, lenta pero apreciablemente, en determinadas zonas de la ciudad. El fin de semana, el weekend, el finde, ha llegado para cambiar la existencia de una sociedad que ha dedicado en teoría su tiempo a los patrones clásicos: trabajo, estudio o lunes al sol. Según muere la tarde, los neones y el alumbrado público toman el relevo del incandescente astro que, al oeste, deja precipitar sus rayos bajo el horizonte. Las gentes han cambiado de aspecto y caminan las aceras, según planes previamente establecidos. En el asfalto, los intermitentes y luces de freno de los coches tocan una compulsiva sinfonía de naranjas y rojos. La marcha, como si se tratara de la marabunta, ha comenzado, pero nadie sabe hacia donde conduce ese camino. Aunque todos conocen cómo se realiza.

Un hueco libre para aparcar y el utilitario queda estacionado. Al bajar del vehículo, tanto él como ella consultan de inmediato sus teléfonos móviles por si hubiera alguna comunicación de última hora. O para retomar una ‘conversación’ interrumpida. Sms. Whatsapp. E-mail. Y el sonido de la chapa al soldarse da pie a los pocos pasos que hay que recorrer para llegar a destino. Franqueada la puerta del restaurante, allí está la mesa. De nuevo, mientras se sientan, vuelven a consultar sus celulares. Han llegado algunos emoticonos. La carta es la de siempre y el pedido, el mismo. Como el viernes anterior. Y el anterior. Y el anterior … El camarero habla pero casi no le prestan atención. Recita “lo que tenemos fuera de carta”. Los ojos, los de ellos, están presos de las pantallas. Los dedos corren sobre los teclados táctiles e ininterrumpidamente se producen vibraciones que alertan de que nuevas noticias han llegado. Él y ella. Frente a frente. Apenas han cruzado cuatro palabras y una sonrisa. Y esas palabras han sido para decirse lo que dicen unos que no están allí. Y la sonrisa acaece para reír la broma de alguien que tampoco está sentado a la mesa. A los postres, cruzan informaciones acerca de las prestaciones de sus aparatos. “Pronto va a salir uno nuevo. Tiene una aplicación para saber las veces que vas al baño. Me gustaría comprármelo”. “Yo voy a seguir unos meses con el mío, pero seguro que sacan otro modelo. Entonces, me lo pensaré …”. “¿Dejamos algo de propina?”.

Se levantan y abandonan el local. La puerta es la misma por la que entraron. En la calle continúa la melé de peatones y coches. “Por aquí, por el paso de cebra … ¡ahora!, ahora que está verde”. ¿Acaso no es el mismo coche? Sí. Entran. Él coloca su móvil entre las piernas. ¡Cuidado con la Policía! Ella lo mantiene en la mano. “Ponte el cinturón”. “Ya está. Voy a mandarle un whatsapp a Marta para decirle que quedamos en la carpa …”

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La halitosis de la oratoria

La halitosis de la oratoria

No podía ser de otra manera. Ocurrió tal y como tenía que ocurrir. Ni de kilómetro cero ni de segunda mano, la partitocracia española ha sido capaz de encontrar un presidente para esta España que camina Dios sabe hacia dónde. Aunque todos sabemos lo que sabe Dios. Una vez más - esta vez más que otras veces, es verdad – la denominada con algarabía y entusiasmo 'Fiesta de la Democracia' no ha sido más que un nuevo ejercicio de trileros con la complacencia y expectación de los timados. La relación mimética entre la clase política y la sociedad civil ha vuelto a demostrar que no es equivocada aquella sentencia que advierte que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen. Así que Franco sigue entubado y conectado al respirador del 'regimen del 78'. Todavía nadie ha visto el remake de las lágrimas de Arias Navarro abanicadas por sus desproporcionados pabellones auditivos que tanto envidiaba Dumbo. Tertulianos y 'creadores de opinión' habían señalado que las Elecciones del pasado 20 de diciembre daban forma, como del barro y la costilla de algún primo, a un grandioso escenario donde se abrazarían las libertades con los euros en una danza bella y sensual ad eternum. El lago del estado del bienestar con buitres coreografiados. Se había acabado por fin el bipartidismo, origen de todos los males, y el cambio ya había contratado a Gil Stauffer para la gran mudanza al cielo de la recuperación y la Piedra Filosofal. Es penoso que uno tenga que decir “lo dije”, pero no me queda otro remedio que – ahí están las hemerotecas – confirmar que lo que ahora digo que dije no es sólo exactamente lo dicho sino la evidencia del acierto en el análisis realizado. El bipartidismo ha mutado en un bipluripartidismo que, lejos de dar voz a más voces, lo que ha hecho es radicalizar el enfrentamiento derechas / izquierdas – aquí ya entramos en el eufemismo – a niveles bastantes cercanos a lo que se conoce como guerracivilismo o aquí te pillo, aquí te mato y exhumo a mi bisabuelo. 40 años de dictadura golpista más 40 años de dictadura de partidos suman 80 años en los cuales la democracia ha brillado por su ausencia. Lógico, ya que la monarcocleptocracia oligárquica – a Rato le acaban de meter un nuevo puro hoy, y no presisamente un Cohibas de esos que fuman Fidel Castro y  Dios – la monarcocleptocracia oligárquica, decía, considera exquisita la alienación de las libertades políticas colectivas, la separación de poderes, el proceso constituyente, las modificaciones en la Ley Electoral, los meneos en la reforma laboral y muchas otras cuestiones que de repetirlas ya me aburren. Y no puedo permitirme eso, porque mi padre decía con bastante asiduidad que “sólo se aburren los tontos”. Si se detienen a pensar unos segundos - izquierda, izquierda, derecha, derecha, delate, detrás, un, dos, tres – todo este panem et  circenses, cada vez más carente de hidratos de carbono y pleno de festivas llagas y heridas punzantes, se podría haber solventado de una manera extremadamente sencilla sin tener que realizar el clásico paripé televisivo. Me explico: si existe el mandato imperativo y sus gansas señorías no pueden romper la disciplina de voto aunque se lo imponga como penitencia a sus pecados carnales un párroco pederasta, no es necesario convocarlos continuamente al Congreso donde no reside ninguna soberanía popular – eso es un cuento chino, rollito de primavera o chop suey literario – sino, simplemente, llegar al canje de cromos a niveles de secretaría general de partido y listo. Y luego, eso sí, se les llama para pulsar el botón. Como se hizo con la Constitución y con la Transición reformista devenida a posteriori en transición al despropósito, la confusión y el desastre. Café para todos y chocolate para el loro, guacamayo o cacatúa. Yo te doy ésto, tú me das aquello, ellos tragan, apoyan y se llevan unas migajas. Y la sociedad civil, feliz y contenta. Un momento, que están peinando a Garzón, líder de 'la izquierda' con dos diputados. 

Mientras en el extranjero, todos los que no tienen otra cosa que hacer se ahorran un pastón en dietilamida del ácido lisérgico gozando de fantásticas alucinaciones – hasta la Inteligencia norteamericana llama a Pablo Iglesias 'pasoka' en vez de pasota – en nuestro país no hay esquina sin disquisición, estupidez o ignorancia, salvo que la autoridad diga otra cosa. Hablaba antes de mímesis y podría aventurarme asimismo con ósmosis, a la hora de elegir vocablos para definir una coyuntura basada en la coprofagia intelectual o simplemente mental. Dentro del bipluripartidismo, líbrenos Dios de los idus de marzo, se ha hecho fuerte una colitis que alimenta a los rebaños e incluso genera excedentes perfectamente exportables a otros países en vías de desarrollo. El mismísimo Maduro, macho alfa donde los haya, ha advertido que, cómo venga para acá, gana las Elecciones Generales de calle. ¿Se dejará coleta Maduro o madurará Iglesias cortándosela, brindándosela a los Alba y retirándose al burladero? No lo sé. Admito que no lo sé. Estoy como Urda y Cris. Ni sé nada ni nunca estuve allí. Y el Fiscal es amigo mío.

Escatológico venía porque no engraso los ejes y presumiendo que, dado que la Cámara Baja – nunca lo fue tanto – ha sido escenario no sólo de mamandurrias y mamadas sino también de amamantamientos, me temo que lo que hemos deglutido los españoles estos últimos días no ha sido otra cosa que meconio en cantidades industriales. El meconio no lo quieren ni Irán ni Corea del Norte porque no es radiactivo. Así que se queda en casa para combinarlo con un buen cava con denominación de origen 'Brut Secesionista' que, por cierto, ha bajado escandalosamente sus ventas desde que Mas y Puigdemont comenzaron a decir paridas. La mare que els va parir.

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Yo no sé qué te diera por un beso y los PILFS

Beso de Pablo Iglesias y Xavier Domènech

Aunque en algunas culturas, la árabe por ejemplo, los hombres se dieran besos e incluso caminaran de la mano por la calle; aunque los comunistas de la antigua Unión Soviética se besaran tres veces en la mejilla tras estrecharse los cinco dedos, es bien cierto que el beso en la boca – el french kiss – estaba reservado a las parejas heterosexuales. Tras los avances sociales y la admisión de la homosexualidad, hombres con hombres, mujeres con mujeres, pechito con pechito, culito con culito, también accedieron al conocido vulgarmente como morreo, generalmente juntando entreabiertos los labios con la determinación de proyectar la lengua hasta la campanilla del oponente. Salvo en regímenes fuertemente dictatoriales – a Putin tampoco le gusta esa historia – nada objetó la ciudadanía cuando las relaciones entre personas del mismo sexo llegaron a nivel de orgullo. Por lo tanto, apareció la reivindicación, el proselitismo, el exhibicionismo y las actitudes escandalosas.

No hace demasiado que, como muestra de cariño – las mujeres siempre lo habían hecho – el hombre decidió también usar el beso en la mejilla. Muy pocos se rasgaron las vestiduras porque, ¿qué es un beso en la mejilla frente al abuso de menores instalado en la Iglesia y hasta en el mismísimo Vaticano? Pues, nada. Ahora, la cuestión del besuqueo ha dado un nuevo paso adelante y ya no es sólo el amor el que conduce al beso sino también la coincidencia ideológica, la estrategia política común, el triunfo sobre los adversarios y Piratas del Caribe. El beso ha llegado al Congreso. Y perdonen el pareado.

En lo que a comportamientos sexuales en la cámara de los horrores, yo establecería una línea: lo primero en acontecer fue el acojono o subida de las gónadas a la nuez. Ello ocurrió cuando el teniente coronel Tejero entró en el hemiciclo, dijo “¡Se sienten coño!” y anunció que pronto llegaría “una autoridad, militar naturalmente” para poner orden en aquel desaguisado. Sus señorías se sentían fusiladas de inmediato – los 'rojos' sobre todo – y se les pusieron los güevos de corbata. Por otro lado, al igual que, en baños de múltiples aeropuertos, políticos de distintas nacionalidades han protagonizado sendos coitos tras el check in o el check out, y en el despacho oral de la Casa Blanca Clinton dio de mamar a Mónica sin que los japoneses volvieran a bombardear Pearl Harbour, no hay por qué admitir que en el Congreso de los leones el polvo se haya mantenido en suspensión. Es más que posible que algunos hayan conejado – así se dice en los campos canarios – fundamentalmente cuando la tribuna la ocupaba Rosa Díez y la asamblea quedaba más desierta que el Gobi o el Tenérè. Dicen los reyes y las reinas de la noche – ni les cuento, las reinonas – que allá donde hay cocaína hay sexo. Sí o sí. Por tanto, cuando leí que una investigación policial detectó restos de esa droga en prácticamente todas las cisternas de los inodoros del Parlamento Europeo, no pude dejar de preguntarme qué coyundas debían haberse producido en aquellos lares donde orinó en otra época el capitán Alatriste. Coyundas con sus especificidades, desde luego. Porque no sería lo misma la acción compulsiva de López de Aguilar que la más serena de Borrell.

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¿Nos gobiernan dementes?

El síndrome de Hubris se propaga entre los gobernantes.

Calle León y Castillo, 270. Excelentísimo Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Las 17.00 horas de un día, un mes y un año que no recuerdo ni voy hacer esfuerzo alguno por recordar. Han pasado bastantes estaciones. Sexta planta. Salón de reuniones de la Comisión de Gobierno. Silencio matizado por susurros. El alcalde, José Manuel Soria, en la presidencia. A su derecha, el primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo, Juan José Cardona; a la izquierda, quien escribe, Director del Gabinete de Comunicación. En la mesa, los ediles del PP. Y entre ellos, Julio Aldaz de Arce (arquitecto), Pascual Mota (joyero), Tino Montenegro (diseñador) y Rafael Viñez (historiador), forúnculos rebeldes que se atrevían a replicar al magister y que Soria soportaba con tal de no perder la mayoría absoluta. El Ayuntamiento estaba en aquella época poblando la ciudad de parques infantiles para que las familias pudieran llevar a sus hijos en los ratos de ocio. Así, en esa ocasión, se trataba de elegir el pavimento que tendrían los parques, suelo especial de goma para evitar que los pequeños se hicieran daño al caerse, cosa muy habitual como sabemos todos los que niños hemos sido. Algunos, parece que jamás lo fueron.

En determinado momento, mientras se analizaban los catálogos y muestras de los ladrillos – creo que se fabricaban en Barcelona – el concejal Pascual Mota hizo un comentario que no gustó al alcalde. De inmediato, los munícipes se deslizaron sillón abajo como si acabará de entrar el teniente coronel Tejero en la sala. Todos con las barbillas a ras de la gran mesa, mientras los contestatarios esbozaron una sonrisa que claramente quería decir: “¡jódete!”. No recuerdo qué fue lo que dijo Mota. Ni falta que hace. Se había atrevido a cuestionar la léxi del omnipotente regidor. José Manuel Soria giró la cabeza hacia el insolente, sin que esta vez la voz cantante la llevara motu proprio su compulsivo esternocleidomastoideo. Los ojos se le inyectaron en sangre y no tardó en llegar la agresiva filípica. Que aquí mando yo y se hace lo que yo digo. Se calentó el ambiente e intervine para quitar hierro al asunto. Al fin y al cabo, yo no era afiliado al PP – ni a ningún partido o sindicato – y no debía sumisión al mandato imperativo ni seguía sendas relacionadas con la voce del padrone. Unas tensas sonrisas y pelillos de bosquimano a la mar hicieron que el mercurio se deslizara termómetro abajo. Y volvieron las córneas que cornearon a ser blancas y continuó la reunión. “Este negro está muy bien”. “Sí, pero es más blando que el verde”. “Yo prefiero el gris … es más rugoso y agarra más”. “¡No! Pondremos el rojo!”. Y fue entonces cuando el ingeniero municipal, de pie junto a un caballete con carteles, señaló: “Señor alcalde, si me permite, yo pienso que el mejor es éste de aquí …”. No pudo terminar su argumentación. La voz de don José Manuel surcó firme la estancia: “¡Se acabó! ¡Pondremos el rojo … ya estoy hasta los cojones de los artistas!”. Los niños, si llegaron a caerse alguna vez, se cayeron en la baldosa roja. No podía ser de otra manera. “Y como sé que te gusta el arroz con leche, por debajo de la puerta te meto un ladrillo”, decía siempre un tío mío.

Suelo acolchado rojo, generador de “grandes” disputas entre artistas y El Padrone.

Suelo acolchado rojo, generador de “grandes” disputas entre artistas y El Padrone.

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Política de letrina

Letrinas.

La política y el crimen son lo mismo”. (Michael Corleone).

Las finanzas son un arma. La política es saber cuando apretar el gatillo”. (Don Luchelli).

“Ser honesto es muy peligroso”. (Michael Corleone).

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Si esto es lo que se ve, qué será lo que se divisa

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin / EFE

Por primera vez en la historia, una Infanta se sienta ante la Justicia. No sabe, no contesta. Firmó pero no sabía. No le consta. Esas cosas las llevaba mi marido. Entre el desprecio de Felipe VI y la necesidad de salvar a la Monarquía se juega la partida. Juan Carlos I abdicó dejando a la institución hecha unos zorros. La estrategia de la Casa Real se vio entonces muy clara: discreción del monarca II (pese a la abdicación, hay dos reyes) e invasión de todos los medios de comunicación con el glamour de Letizia. Y pronto se vieron los resultados. Felipe VI recupera puntos ante los españoles y, ahora, a la vista de la melé política que hay organizada para formar Gobierno, trata de jugar un papel moderador. Pero no desde la campechanía sino desde una aparente firmeza. Así, hay observadores que señalan que el rey se decanta por el continuismo, pero la reina no lo tiene muy claro.

Leo un titular: “El Estado se moviliza para que Cristina no sea juzgada”. El Estado, amigos, son los partidos políticos que han dejado a su suerte a la sociedad civil. Ni hay Estado en el sentido de los tres poderes independientes, ni hay democracia alguna. Y surgen paradojas muy curiosas: el Fiscal pasa de acusador a defensor y se coloca en el bando de quien se sienta en el banquillo. Por otro lado, se negocia para rebajar las penas a Iñaki y sus secuaces. Mirémoslo así: se enriquecen a través del tráfico de influencias y el dinero público. Y luego, con el dinero de los ciudadanos en el bolsillo pagan la rebaja de la penas. Fantástico.

Cada paso que se da en la investigación pone de manifiesto la coordinación de toda una familia para defraudar a la Hacienda Pública y llevar capital español a sus bolsillos instalados en paraísos fiscales. Comienzan ya las contradicciones y una reciente afirmación del honorable admitiendo una actuación irregular ha colocado a sus hijos en complicada coyuntura. Presuntamente, estamos ante una banda familiar organizada de carácter mafioso. Y Mas ahora se llama Puigdemont.

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Metástasis Ibérica ... o 'pata negra'

Ejemplar de cochino negro canario. / EFE

H ay dos palabras que en Canarias se usan mucho para definir, bien a los torpes y mal amañados, bien a los que no destacan precisamente por su capacidad intelectual:  tronco  y tolete . Aunque la aplicación de esos vocablos dentro del lenguaje canario – en vías de extinción gracias a un nacionalismo replicante sui géneris – pese a que la aplicación, digo y escribo, se extiende a múltiples esferas del vivir y el hacer, con lo dicho podemos entendernos. No tiene nada que ver el ¡tronco! canario, esa cuasi interjección, con el “¿qué pasa tronco?” o “¿qué pasa tron?”, más peninsulares en su origen, más sabinianos, ramoncines y carabanchelados, aunque también importados en pequeña escala al Archipiélago gracias a los descuentos para residentes en las tarifas de viaje y los paquetes turísticos all inclusive . En un mundo globalizado y wasapeado sin piedad, es prácticamente imposible concretar al límite las ósmosis que se producen entre las distintas hablas del país. Así que tronco y tronco pueden tener diferentes interpretaciones pese a la común morfología. Por lo que respecta a “¡tolete!”, también es un largar a modo de interjección, pero absolutamente desconocido en la España peninsular. Allí, aunque el territorio está plagado de toletes – y así nos va – el único tolete conocido queda relegado al contemplado en el lenguaje propio de marinos y marineros. El tolete es ese palito en erección que situado sobre la regala sirve para enganchar los remos en un bote, barca, chinchorro, dinghi, y poder remar. Aquí se diría bogar.

Un tercer tronco sería aquel, ya arborícola como orangutanes o macacos, que se utiliza para colocar como eje principal y fundamental en variadas situaciones y contextos. Podemos encontrarnos con una asignatura troncal, con un árbol genealógico con su correspondiente tronco y con el tronco de la cuestión en alguna averiguación, problema o estudio, por ejemplo. Abandonando la tierra y viajando hasta el mar dentro de Gaia y, consecuentemente, dentro de cualquier súper o hipermercado, hallaremos sin problema alguno el tronco de atún y el tronco o lomo de bacalao. En la carretera, no sería difícil cruzarse con el troncomóvil de los Picapiedra. Finalmente, llevado el asunto a la excelencia, podríamos extendernos al tronco u órgano hipertrofiado del mandinga, recogido fundamentalmente en el celulóide porno, de características ya conocidas por todos y todas. Por acción u omisión. Sobre el particular, les diré que estaba un día el escritor Truman Capote discutiendo con unos amigos acerca del espectacular éxito con las mujeres del playboy dominicano Porfirio Rubirosa (Doris Duke, Dolores del Río, Eva Perón, Kim Novak, Ava Gardner, Verónica Lake,Zsa Zsa Gabor, Jayne Mansfield, Rita Hayworth, Marilyn Monroe, Odile Rodín, Barbara Hutton, Doris Duke, Danielle Darrieux …) y en la charla se abordaron diferentes perspectivas hasta que Capote zanjó la cuestión, señalando: “Lo que pasa de verdad es que Porfirio tiene una macana (tronco) tan gruesa como la muñeca de un hombre”. Así quedó el asunto de cara a la eternidad.

Iberia o Hispania

En España, a pesar de los intentos secesionistas, todavía tenemos, o teníamos, el denominado tronco ibérico o hispánico, lugar desde donde todos salimos, o salíamos, como ramas. No obstante, con la llegada de la Carta Otorgada de 1978, la estructuración del Estado en autonomías y la puesta en marcha de los nacionalismos por encargo, el tronco único está fuertemente cuestionado (no así el pensamiento único). Se ha obrado la multiplicación y son varios troncos los que al parecer existen sobre nuestra geografía. No es lo mismo el tronco Mas o Puigdemont, el tronco Otegui o Txapote o el tronco Paulino. Estudiando el tema, personalmente he llegado a la conclusión de que, en estos momentos, el único tronco ibérico incuestionado e incuestionable es el que se refiere al ganado porcino del mismo nombre, vulgo cerdo o cochino pata negra, bicho eumétrico entre mesomorfo y subdolicomorfo, jeroglíficos que no quieren decir otra cosa que en el elemento en cuestión la eslora iguala o supera al puntal.

No están las cosas para que la cartera atienda como debiera este mundo sabroso y sofisticado, pero, según iba estudiando, me encuentro con que hay dos variedades esenciales de cerdo ibérico: la negra y la roja. No, la azul y la roja, no, pese al bipluripartidismo político. Insisto: la negra y la roja. El negro puede ser de la Puebla o de Campanario y, dentro del colorado, tenemos la variedad retinta, rubia o cana y manchada. Asimismo, hay una raza corsa y otra china, aunque, según dicen, nada que ver. En Canarias -no mucha gente lo sabe- existe el denominado Cerdo Negro Canario, de origen desconocido y sexualmente muy precoz. La carne y la grasa son de excelente calidad.

El Congreso cobra los "gin-tonics" a precio de calle

Congreso de los Diputados EFE

Ante los leones

Profundizaba aún más en el puerco grasa de luxe, cuando me encuentro con que tiene cuello corto y gran papada, vientre bastante abultado en general, escasa musculatura y degradación del color y muchos son lampiños. Calvos. De repente, me vi ante los leones de una España que, pasadas las etapas de inducción, in situ e invasión local, ha llegado a la fase terminal y sufre una tremenda metástasis. Metástasis pata negra apreciada por todo el contexto mundial y a la que se refieren con estupor los medios de comunicación de todos los países desarrollados, mientras el Gobierno en funciones del PP habla del triunfo de la Marca España en todo el planeta, salvo en Venezuela y Argentina. La verdad es que estamos camino de Grecia, ya con medicina paliativa. Los casos de corrupción son erupciones volcánicas, el desgobierno es evidente al igual que la división cada vez más radical del país, mientras barones y quintacolumnistas conspiran dentro de los partidos. Hay malestar en el Ejército, la Justicia, el Banco de España … y no se controla ni el endeudamiento ni el desempleo. A todo ésto, troncos y toletes, manejando datos macroeconómicos que no tienen traslado alguno a la sociedad civil, llaman recuperación a un formidable desastre estructural, cuando la posibilidad de encontrar Presidente y Gobierno se complica por momentos y ya hay quien apuesta claramente por nuevas Elecciones Generales en las que, según los sondeos realizados, subirían PP y Podemos.

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La España posible quizá sea imposible

Los tres expresidentes del Gobierno: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero / EFE

Hace mucho tiempo que, consecuencia de mi profesión y tendencia a meterme en camisa de once varas, he venido siguiendo a España por vericuetos y senderos. Ello ha provocado que, desde la muerte del golpista y dictador Francisco Franco Bahamonde hasta hoy – tiempo de mi tiempo – me haya dado cuenta de que España es una gran mentira. Como en la prestidigitación, nada es lo que parece. Asimismo, el asombro y la decepción en lo que respecta a la vida pública me han acompañado en este largo y tortuoso camino de negro sobre blanco en un mundo tradicionalmente ausente de luz y taquígrafos. The long and winding road. No he sido persona alucinada ni de alucinaciones y, aunque he tenido la sensación de haber hecho algún viaje astral no confirmado, mi última experiencia psicodélica me la ha proporcionado el patético Felipe González al defender al PP para que se coloque al frente del país. Los barones más retrógrados de una ideología cadáver han llamado al gran hipócrita para que orqueste el guillotinamiento de Pedro Sánchez y así, mantener intacto el régimen del 78, ejercicio trilero madre de todos los cambios que se internó en las hediondas cloacas de la corrupción después de que Dios, ayudado por mamporreros como Juan Luis Cebrián, mutara la celebérrima ilusión de 1982 en una gran caverna de Alí Babá. González y Aznar son una maldición bíblica, una plaga del tiempo de los faraones que, permaneciendo en las sombras de manera latente, aparece intermitentemente diciendo “España nos necesita”. Y no hablo de pactos ahora sino de iniquidad y desvergüenza. De falta de hombría y honestidad. De ausencia de ética y escrúpulos.

Los senderos y vericuetos de los que les hablaba antes me han llevado al pensamiento porque lenguaje y pensamiento son la misma cosa. De modo que, mientras en España en general se practica el periodismo de declaraciones, la mayoría de las veces amplificando la voz de los más estúpidos, me he ido internando en prácticas periodísticas habituales en los países más avanzados, no sólo económicamente sino culturalmente. Ninguna medalla merezco por ello porque la voluntad ha estado ausente. Es el manejo del lenguaje, el trabajo diario, el idioma como vía crucis – Flaubert podría hablarnos mucho de eso – quienes te llevan al análisis y al periodismo literario, muy minoritarios en nuestro país tanto en lo que a emisores como a receptores se refiere.En otros lugares, es cosa habitual desde hace muchos años. Vuelvan la vista por ejemplo a Truman Capote, a Tom Wolfe, a Kapuscinski, a García Márquez o a Oriana Fallaci, por poner ejemplos, aunque hay muchos más.Llega un momento en que, de manera prácticamente inconsciente, se coge la perspectiva necesaria para ver el bosque sin que los árboles actúen como paneles opacos. Y es entonces cuando uno advierte que las caras casi nunca son importantes frente a los sistemas o regímenes y que, con total seguridad, esas caras sí son casi siempre marionetas movidas por hilos que llegan de lejos. A este respecto, no puede ser más acertada la reciente primera página de la revista El Jueves en la que puede leerse algo así: “¡Exclusiva! Ya sabemos quién gobernará España”. Y debajo del titular aparecen muy buenas caricaturas de Cristine Lagarde (presidenta del Fondo Monetario Internacional), Mario Draghi (presidente del Banco Central Europeo) y la canciller alemana, Ángela Merkel.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde / EFE

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde / EFE

Las baronías – qué curioso que partidos que se dicen democráticos tengan más barones que indios – las baronías del PP y PSOE andan en ebullición no sólo por su ambición de poder y dinero sino porque el Nuevo Orden Mundial ya ha establecido el papel que España debe jugar.Y Podemos es una piedra en el camino me enseñó que mi destino era llorar y llorar. Aunque personalmente creo que el posible pacto de izquierdas que hay planteado (Pedro intentaría reconducir un PSOE desquiciado; Pablo, comérselo, y los secesionistas darse la baja, lo que abocaría a un escenario dionisíaco difícil de conducir), aunque ahora no tengo ganas de pronunciarme ni creo que ello importe mucho, advierto que los tres personajes retratados en la portada de El Jueves, también movidos por otros gruesos cabos, junto al Tratado Internacional de Comercio entre EEUU y casi 100 países del globo (TTIP), los movimientos geoestratégicos y geopolíticos fundamentados en múltiples y heterogéneos vectores y, seguramente, claves que no manejamos (Aldous Huxley: “Hay otros mundos pero están en éste”), inciden sobre las cabezas de quienes vemos – mejor diría ven muchos, yo no – todos los días en las TV’s. Más que en un mareo de digos y Diegos, en una marejada de perdices absolutamente atolondradas a las que Miguel Delibes le hubiera gustado encontrar en pleno dominio de sus facultades físicas y mentales. Las de ellas. Mientras, la ciudadanía permanece hablando en los bares de lo mal que están las cosas, volviendo la vista con temor a la guerra civil, temiendo o no temiendo la fragmentación de España y consumiendo basura. Vía oral, vía auditiva, vía mental. Desconocen que con total seguridad vamos a sufrir – estamos sufriendo ya – una importante pérdida de soberanía. Basta con mirar la Historia o leer a Heráclito de Éfeso para inferir que todo fluye y todo tiene su final. Extrapolar las figuras de Nerón y Calígula a Felipe o José María no es ningún disparate. Incluso contamos para ello con estudios clínicos que señalan que los políticos profesionales se mueven entre la esquizofrenia y las psicopatías.

Periodismo, filosofía y casanova 

Y vuelvo a los vericuetos y senderos caminados, dejando no sólo estelas machadianas sino también raídas suelas de sandalias troyanas, para advertir, advertirme, decirme a mi mismo que, aparte del análisis y la literatura, el periodismo llega también a la tangencia con la filosofía. Plantea la existencia de lo posible y lo imposible. El dramaturgo de la Generación del 27 Alejandro Casanova mantenía que “no hay nada que un hombre no sea capaz de hacer cuando una mujer lo mira”. El gran Giacomo hubiera estado de acuerdo, seguro. Así, manifestó en una ocasión lo siguiente: “Como consideraba que había nacido para el bello sexo, lo he amado siempre y me he hecho amar por él cuanto he podido”. Podríamos aquí aceptar seductoras encrucijadas y referirnos a las películas El Cartero siempre llama dos veces, Memorias de África, Los Puentes de Madison, El Sueño Eterno, Lo que el viento se llevó, sumergirnos con Shakespeare en el mundo de Romeo y Julieta bajo las armonías de Knopfler o adentrarnos en las infidelidades corinneas, bárbaras, palomeras, mozarowskis … de aquel rey que, jurando por dos veces los principios que inspiraban el Movimiento Nacional franquista del 18 de Julio de 1936, convirtió a España en una democracia (?), en una monarquía parlamentaria sin libertad política colectiva ni separación de poderes (?), saltándose “sin honor” (D.Juan dixit) la secuencia dinástica de los borbones. Hoy me ha mirado una mujer muy elegante cuando salía de casa.Decidí pues atreverme a afrontar, con la ayuda de algunos amigos ya fallecidos, el reto de desfacer, consciente de la imposibilidad de éxito, esa duda que da título al texto: La España posible quizá sea imposible.

Imagen de la familia Pujol-Ferrusola al completo durante los años 80./EFE

Imagen de la familia Pujol-Ferrusola al completo durante los años 80./EFE

Desconozco si una cabeza puede considerarse bien amueblada si del salón en el ángulo oscuro está sentado Bismarck con su casco pinchoso, pero recuerdo que el orondo canciller dijo una vez que “España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”. Por otra parte, es obligado tener en cuenta, al adentrarse en el terreno filosófico que, al menos hasta Newton, la presencia de Dios en el acontecer aparece en los escritos de todos los estudiosos. Eso, no obstante, no debería originar problemas de comprensión ni rasgado de vestiduras en un país extremadamente contradictorio: es láico y católico a la vez. Al igual que Izquierda Unida es monárquica y republicana a la vez o Cristina es Infanta real y, presuntamente, delincuente alienada en Suiza a costa del dinero público y del de La Caixa. De la familia Pujol/Ferrusola & Sons y otros no les digo nada. Seguro que Mario Puzzo o Francis Ford Coppola les hablarían con mayor propiedad. También Raymond Chandler, James Ellroy o Ross McDonald. La incoherencia y el cinismo son indisociables de la vida política española en su acepción más amplia.

“La gente no quiere escuchar la verdad"

Para no ir muy lejos, llevamos 40 años de dictadura franquista y 38 de dictadura de partidos (contando desde la Carta Otorgada de 1978) período que los incautos han aceptado como democracia por el mero hecho de votar – que no elegir – cada cuatro años. Del mismo modo, desde 1982 hemos asistido a una corrupción in crescendo ligada a la financiación de los partidos, el tráfico de influencias, el nepotismo, el descontrol absoluto de las finanzas del Estado, la pérdida de derechos de la clase trabajadora a golpe de decreto-ley con la despreciable connivencia de los sindicatos, el distanciamiento criminal entre ricos y pobres a través de una degradante distribución de la riqueza, el aumento desorbitado del desempleo, el endeudamiento salvaje de la nación y las autonomías, que pagarán las generaciones por venir, la perdida de prestigio, peso y credibilidad en el contexto mundial y la manipulación de la información, las estadísticas sobre los índices socioeconómicos y macroeconómicos, además de la de los sondeos en los periodos electorales.En estos 38 años, la España posible, asociada siempre a vocablos como cambio, regeneración, refundación, bienestar, justicia, convergencia con Europa … esa España siempre ha sido imposible. En estos momentos, las intenciones secesionistas de algunas autonomías y la amenaza del terrorismo islámico, complican aún más una situación que jamás denominaría “crisis” sino “desastre estructural” dificilmente superable. La España posible quizá sea definitivamente imposible. Friedrich Nietzche se hizo una vez dos preguntas: ¿Es el hombre un mero error de Dios?¿O Dios un mero error del hombre? Y otra fundamental para, desde el pensamiento y el análisis, hacer un ejercicio de prospectiva acerca del futuro de nuestro país: “A veces, la gente no quiere escuchar la verdad porque no quiere que se destruyan sus ilusiones”. Por ello, a mi juicio, la creencia en la tan cacareada recuperación es un error terrible. Ni siquiera depende de nosotros. Menos, cuando pronto experimentaremos sensibles pérdidas de soberanía y capacidad de decidir. Ya nada va a volver a ser como antes. La deuda es cárcel, cadena y condena. Sin un cambio de régimen no habrá cambio en el país.

Lo terrible es que son muchos los de dentro que no quieren que nada cambie y muchos aún más fuertes los que desde el exterior no quieren ni pueden permitir que se frustren sus proyectos y designios. Así, los grandes dinosaurios conspiran y apuñalan para obedecer las órdenes que les llegan y que establecen como premisa que la convergencia con Europa es imposible y que la asfixia del ciudadano debe crecer para que el psiquiátrico funcione. España es Sur y al Sur ha sido condenada. Los economistas que me merecen mayor credibilidad y sobre los que no dudo de su independencia lo advierten: “Pronto estaremos como Grecia”. Por otra parte, ya hace bastantes años que un profundo estudio sobre la evolución de las naciones del planeta, realizado en EEUU por un prestigioso gabinete de análisis y prospectiva, destacó que en 10 o 15 años “España estará a la altura de Filipinas”. Ya queda menos.

Las voces de los muertos

No ha sido sólo en una ocasión cuando he pensado que el régimen del 78 y sus gobernantes han abocado a España a una situación de práctica quiebra que se convierte en terrorífica cuando se aprecia que a la tradicional indolencia ciudadana se han sumado la ausencia de ilusiones y la desesperanza. Napoleón decía que plantearse imposibles es “una cuestión de cobardes”, pero, insisto, en 38 años de pseudo democracia ya son muchos los ciudadanos que consideran imposible un cambio de calado en el país. Comenzando por quienes ven como único camino de regeneración la puesta en marcha de un proceso de libertad constituyente y apuestan por la abstención como fórmula para deslegitimar el sistema. Éstos han recibido un revés en las últimas Elecciones Generales del 20 de Diciembre. La participación ha aumentado en unos tres puntos porcentuales como consecuencia de la aparición de Podemos y Ciudadanos quienes estiman que es posible el cambio desde dentro de la dictadura de partidos, aunque arrastran importantes lastres. Las dos Españas de Machado vuelven a estar de actualidad y, como ya he señalado en otro análisis en este mismo diario, consecuencia de las votaciones hemos pasado de un bipartidismo, basado en la alternancia y el consenso, a un bipluripartidismo, es decir, el enfrentamiento de derechas e izquierdas agrupadas, si utilizamos la terminología clásica. Ya hay articulistas que han mostrado su temor a la repetición de un Frente Popular y otros que han hablado de una operación conspiranóica para que el statu quo no se modifique en absoluto. Todo ello en un contexto diario pleno de disparates y despropósitos.

Robert Francis Kennedy, Fiscal General de EEUU durante la Presidencia del país de su hermano mayor, John Fitzgerald Kennedy y Senador por Nueva York tras el asesinato de éste, murió igualmente asesinado en 1968 tras alcanzar la presidencia del Partido Demócrata. Pero, antes de desaparecer para siempre, señaló que “Cada vez que un hombre defiende un ideal, actúa para mejorar la suerte de otros o lucha contra una injusticia, transmite una onda diminuta de esperanza”. No sé si aún queda espacio en nuestra geografía para esa diminuta onda, si tenemos en cuenta que la política como vocación de servicio prácticamente ha desaparecido. Ya Aristóteles manifestó que “Un Estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes”. En España hemos tenido siempre malos elementos, bocazas, ignorantes, mentirosos, mal valorados por la ciudadanía (aunque vuelve a votarles) y con algunos ramalazos aislados de buenismo (lo peor de lo peor). Buenos, ninguno. En el contexto mundial actual, al único político que le otorgaría el adjetivo de bueno es al expresidente de Uruguay José Mugica.

No sé cuando decidí, pero sí que fue al poco tiempo de comenzar a respirar, que no dejaría jamás de perseguir sueños, que mantendría la infancia dentro de mi en la medida de lo posible y que nunca olvidaría que la utopía es el motor del avance. Y todo ello aconteció antes de que Gabriel García Márquez estimara que “No es verdad que las personas paran de perseguir sueños porque se hacen viejos, se hacen viejos porque paran de perseguir sus sueños”. Así, como cada vez disfruto más hablando con los muertos y percibo más emociones tóxicas al tratar con los vivos, con la dualidad posible/imposible a hombros, he decidido darme una vuelta por aquellos tiempos que no pude gozar o sufrir.

Aunque al abordar la relación entre pensadores y frutas todo el mundo nombraría enseguida a Newton, Aristóteles también conocía queOne apple a day keeps the doctor away. Así que un día comentó que: “La semilla de manzano, como posible árbol manzano, mantendrá su vida y movimiento hasta hacerse árbol-manzano siempre y cuando interactuando con las causas naturales se actualicen las potencialidades contenidas en su forma sustancial, como manzano. En caso contrario dicha semilla perderá su capacidad de desarrollo desapareciendo mediante la corrupción reintegrándose materialmente en la materia anterior que recibió aquella forma”. No es difícil llevar al terreno de la política la frase del filósofo. Es evidente que la democracia en España, algo que una vez fue semilla, perdió su capacidad de desarrollo y desapareció “mediante la corrupción”. Lo de la reintegración “en la materia anterior” puede leerse claramente como una vuelta a la dictadura, cosa indiscutible al contemplar que vivimos una dictadura de partidos o partitocracia. El régimen del 78, salvo el voto, no cumple ninguna condición para que pueda ser calificado de democracia. ¿Es ésta un imposible? Digamos que, de momento, no ha sido posible pese al mantra por excelencia coreado en todos los procesos electorales: cambio.

El Congreso de los Diputados aprueba la Constitución en 1978. (EFE)

El Congreso de los Diputados aprueba la Constitución en 1978. (EFE)

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Memoria del esperpento

No estaba yo todavía en las cosas de la pluma, en el buen sentido de la palabra bueno - jamás he tenido armarios sino roperos de cuatro puertas - cuando me topé con la España de Max Estrella y Don Latino sin que tampoco me hubiera internado aún en esos mundos de Valle Inclán que genialmente dibujaron lo que es nuestro país: la realidad deformada tras su exposición ante espejos cóncavos y convexos. Luego me enteré de todo y, vapuleado por esa aleatoria y caprichosa tempestad Fuerza 10 que es la memoria- recordar es una mar arbolada -, me llega de vez en cuando, como este domingo al levantarme, me asalta sin que lo quiera y sin saber por qué, la imagen de Fraga con un Meyba (yo siempre pensé que eran unos calzoncillos) bañándose en la Playa de Palomares, tierras de Almería donde Sergio Leone y Ennio Morricone unieron sus talentos para hacer posible western históricos y de culto a los que los catetos de la época llamaron spaguetti.

Esta nación que fue tan grande no es muy dada hoy al pensamiento y la imaginación, de modo que sólo puedo achacar a la ignorancia que las nuevas generaciones – desnortadas como los partidos políticos emergentes – enredadas entre ninis, ifones y wassaps, todavía no hayan acudido a nuestro gran acervo cultural para construir rap de calidad como Dios manda y bendice el Papa Francisco. En fin, estábamos con los calzoncillos de Fraga, genuino producto de la dictadura franquista quien, para mi, es el Cela de la política. Inteligente y maleducado. A Camilo le dieron el Premio Nobel y Manuel inventó Alianza Popular que es ahora Partido Popular sin haber dejado de ser lo que era. De eso, un tal Bárcenas sabe un rato. No conocerán, casi seguro, nuestros jóvenes – excepto tal vez los que han emigrado a Europa para escapar de una tasa de desempleo vergonzante y vergonzosa – que el 8 de marzo de 1966 – cómo se escurren los siglos – dos aviones de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos volaban sobre Almería. Uno de ellos era un aparato nodriza y el otro, el celebérrimo B-52, bombardero que a todas partes que fue dejó memoria amarga de sí, como decía D. Juan Tenorio. Total, que los aviones colisionaron, siete militares pasaron a mejor vida y cuatro bombas nucleares cayeron y casi revientan un toro de Osborne. Afortunadamente, no ocurrió así. Un cacharro cayó en la mar y tres de hidrógeno en tierra entre invernaderos para el cultivo de tomate. Sin comunicar nada a Juliano Bonny y Roberto Góiriz por si acaso, dejaron las tomateras bien regadas con plutonio. Menudo marrón, aunque el tomate es rojo. Por ello ha sido fusilado muchas veces.

No era yo in illo tempore ni siquiera barbilambiño, pero ya comenté que me fuí enterando de todo a posteriori. Fundamentalmente, dándole la paliza a mi padre a base de interrogatorios al estilo Pinochet, Videla o Galtieri. Por otra parte, como aún no conocía Covent Garden, ni Carnaby Street, ni a Twiggy, ni Camden Town, ni Nothing Hill, ni Harrod's, ni el Big Ben, ni sabía lo mal que lo había pasado Ana Bolena en la Torre sobre el Támesis y ni siquiera entablado amistad con Oscar Wilde, no disponía del background suficiente para abordar con humor inglés este episodio tan peculiar: lo importante no es que cayeran las bombas atómicas, no. Lo realmente relevante vino después. Estaba el asunto en aquello de la guerra fría, no resultado de glaciación alguna sino de las ganas que tenían de meterse mano norteamericanos y rusos, después de haber dado pasaporte a Adolf tiempo atrás y colocado un tremendo muro para que David Gilmour y Roger Waters compusieran un maravilloso tema. Por cierto, una nueva edición del Mein Kampf se está convirtiendo en un best seller en la Alemania merkeliana, lo que vendrá de maravilla para gestionar el asunto ese de la inmigración. Al respecto, no descarto en absoluto que Rajoy y Albert propongan reeditar en curtida piel de novillo y pergamino del mejor el Camino de Monseñor Escrivá de Balaguer. Mi camino de un nazi y el Camino del Opus Dei. Senderismo del bueno.

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