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La mentira política

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Si alguien debe tener el privilegio de mentir, ese alguien debería ser los gobernadores del Estado y ellos, (...) estarían habilitados para mentir por el bien público.

Platón, La República.

Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.

Evangelio de Juan 8:32.

Los partidarios de gobiernos autoritarios, dictatoriales o aristocráticos suelen justificar la mentira política como algo necesario para la estabilidad del gobierno. No, no me pongas esa cara, que es verdad, gente como Platón, Pascal y muchos ilustrados fueron partidarios de aquella famosa frase “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. Es lo que piensan aquellos se tienen por gente de superior estirpe que el común de los mortales, y que eso les permite gobernar. El mismísimo Rajoy piensa así, y lo dejó escrito en un artículo. No un exaltado escrito de juventud, ya tenía sus añitos. Por esta misma lógica, consideran la mentira política plenamente justificada.

Además de justificada, funciona. Rajoy no es el único que jamás pensó en cumplir su programa. Aznar tampoco cumplió absolutamente nada de lo que dijo que pensaba hacer. En aquella época, sin embargo, la burbuja inmobiliaria nos impedía, al parecer, pensar con claridad y nos dio una higa que se pasara el programa electoral, un tocho de medio kg de papel, por salva sea la parte.

La mentira política, funciona, repito y los partidos políticos la seguirán usando por eso, porque tragamos ruedas de molino con una facilidad que pasma, oiga usted.

¿Y la verdad política? ¿Dónde está? En realidad así como la mentira es útil, decir la verdad en política tiene siempre un alto coste y muy negativo. Veamos el ejemplo de Izquierda Unida cuando lanzó una campaña contra el Tratado de Maastricht hace casi veinte años. Ahora es fácil ver que tenía razón, que la Europa de los Mercaderes que vaticinaban es la que tenemos hoy. Vemos cómo todo lo que dijeron es cierto, ya nadie puede dudarlo. Sin embargo, aunque hoy todos lo reconocen, el tiempo transcurrido impide que Izquierda Unida obtenga beneficios netos de decir la verdad, cuando todos la callaban.

Sin embargo decir la verdad, porque suele estar en contra de la verdad establecida por los periódicos, televisiones y radios propiedad de bancos y grandes empresas, le costó en aquella época perder muchos apoyos y muchos votos. Europa era una idea enormemente popular, y asociada al progreso. Criticar a Europa era algo que nadie aceptaba por inverosímil. A pesar de que Julio Anguita era el político más valorado, Izquierda Unida no obtuvo los resultados que esperaban.

Otro ejemplo es el de la cadena perpetua. IU está en contra, y sus votantes son los únicos que también están en contra. ¿Debe IU por cálculo electoral amoldarse a la opinión general cuando esta no puede ser aceptada moralmente o hacer un esfuerzo pedagógico? Menos mal que eso está muy claro y el partido y sus votantes eso lo tienen muy claro, aunque sea el único partido que pone por encima de los resultados electorales, la coherencia y la honestidad, con lo que está bien.

En resumen, mentir funciona, decir la verdad no. ¿Cómo acabar con esto? ¿Cómo evitar que la mentira política sea rentable y la verdad política peligrosa de defender? La única manera es un profundo cambio cultural en la sociedad, pues los partidos no solo actúan respecto a las elecciones, también cambian su manera de pensar y su comportamiento con los datos de las encuestas. Hoy en día a un ciudadano le preguntan en una encuesta: “¿Cree que el partido al que usted votó le mintió?” Y la respuesta independientemente de si el partido es PP, CC o PSOE, es “sí”, pero si luego le preguntan “¿le volverá a votar?”, la respuesta sigue siendo “sí”.

Eso no es común, no ocurre en todos los países, por eso en el extranjero un ministro que no paga una multa o plagia su doctorado tiene que dimitir, porque los ciudadanos lo castigan. Por eso dimitir en España es algo extraño y raro, porque mentir e, incluso, robar o corromperse no supone que los votantes dejen de votar inmediatamente a esa opción. El día en que los ciudadanos dejen votar a un partido que les miente y voten a uno que les dice la verdad, entonces tendremos una democracia, y no un gobierno de los hijos de familia de buena estirpe, un gobierno aristocrático, a cuyo mando esta siempre un príncipe electo, no el presidente de una democracia. Porque la verdad nos hará libres.

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