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"El Gobierno ha abandonado de manera muy notoria el apoyo que debe prestar al teatro"

Entrevista con el actor catalán Josep María Pou, que este viernes, 19 de mayo (20.00), junto al director teatral tinerfeño Juan José Afonso, reflexionará sobre la escena en el foro 'El autor y sus obra', convocado por la Fundación CajaCanarias en Santa Cruz

“El teatro se ha convertido en la medicina para encontrar el alivio que necesita el público”

"En el mundo del espectáculo, cuando uno es joven tiene que elegir qué tipo de carrera quiere llevar: ser actor o estrella"

"Hace mucho tiempo que no veo al presidente del Gobierno español en una obra de teatro, tampoco a alguno de sus ministros"

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Josep María Pou, actor teatral y de cine, en una imagen de archivo

Josep María Pou, actor teatral y de cine, en una imagen de archivo

El actor catalán Josep María Pou recala este viernes en la capital tinerfeña, donde este vez no llega para exhibir las enormes bondades de su exitosa obra teatral  Sócrates. Esta vez ha sido invitado a la isla para hablar de la esencia del teatro, de la obra escénica, de este arte y del papel de los actores... Algunas horas antes de aterrizar en la isla, Pou habló con Tenerife Ahora desde Barcelona, lo que permitió realizar esta entrevista por teléfono.

Este viernes, 19 de mayo, usted formará parte, junto al director teatral tinerfeño Juan José Afonso, en un debate organizada por la Fundación CajaCanarias con el título El autor y su obra. ¿Qué visión o qué planteamiento tiene previsto trasladar en esa cita acerca de su actividad principal, la de actor, y también sobre el presente y el futuro del ámbito en que usted se mueve como profesional?

Realmente, mi presencia responde a la invitación que me hizo Juan José  Afonso para tratar el asunto al que hace referencia el título genérico del ; o sea, para hablar de la pasión que sentimos por nuestro trabajo. Aunque el título de la charla es El autor y su obra, entiendo que no solo se trata del autor en sí de la obra teatral, sino que además se incluye el caso concreto del actor, del responsable de la interpretación. En esta cita estaré con Juan José Afonso, al que conozco desde hace años. No hemos trabajado juntos, pero somos admiradores el uno del otro. Se me planteó venir a este coloquio, a esta charla abierta, para hablar de lo que me parece fundamental en el trabajo al que cualquiera se dedique: el privilegio de tener pasión por él. Cuando uno está centrado vocacionalmente, que es algo muy difícil de conseguir hoy en día, se está en el trabajo para el que uno cree que ha nacido o que ha luchado para poder ejercerlo. Esto se hace con auténtica pasión porque es aquello en lo que uno se realiza y da sentido a la vida. Entonces, deja de ser trabajo para convertirse en un camino de vida, en el camino de la realización. Supongo que saldrán muchos asuntos en ese debate. Estoy dispuesto y con muchas ganas... No hay nada que me guste más en esta vida que hablar de aquello que más me gusta rodeado de la gente a la que también le gusta. Doy por supuesto que el público que viene a estas convocatorias está interesado por el teatro.

Si me lo permite, se puede decir que el teatro es su gran pasión, aunque ha trabajado en cine y televisión, pero su mayor desarrollo artístico, tanto de actor como de director, ha sido en los escenarios. ¿Cómo ve la escena en la actualidad en España? 

Siempre soy optimista. Ya sé que, cuando se lea esto, habrá mucha gente en el oficio que lo estará pasando  mal, que no tenga trabajo, que le cueste sacar adelante sus proyectos. Y pensarán que yo soy un imbécil diciendo estas cosas. Pero no: soy optimista basándome en las estadísticas. El teatro lleva 2.500 años de existencia, y ahí está cada día en cualquier ciudad de España levantando el telón, sea un teatro grande o uno pequeño. El público está acudiendo al teatro y sigue habiendo una cantidad enorme de gente que sigue expresándose a través del teatro. Como consecuencia, soy optimista. Otra cosa es si descendemos a niveles más concretos. Efectivamente, estamos pasando una crisis, de la que dicen que ya estamos saliendo, aunque eso no lo tengo claro. Pero sí hemos pasado una crisis larga en la que nos hemos visto afectados. Por otra parte, el teatro es un campo de trabajo muy inestable. El que quiera dedicarle su vida al teatro sabe perfectamente que nunca va a ser un camino de rosas. El que busque estabilidad, que se saque unas oposiciones. Aquel que se dedica conscientemente al teatro no puede pedir una seguridad absoluta, el trabajo asegurado durante muchos años… Sigue existiendo alguna leve ceniza sobre lo que es el mundo trashumante de los actores de antaño. El actor siempre tiene que estar con la maleta preparada,  dispuesto a saltar de un proyecto a otro, a dirigirse a donde está la materia para generar un trabajo.

¿Se puede decir que la Administración pública limita las producciones teatrales?

Lamento que en España el teatro no tenga cierta protección. Da vergüenza hablar de ello. El teatro forma parte de la industria de este país y hay que protegerlo. Necesita una cierta protección, sobre todo porque el público nunca ha abandonado el teatro. Pero, para poder experimentar, para poder hacer cosas difíciles desde la empresa privada, se necesita la ayuda de la empresa pública, y esto es lo que todavía en este país no se consigue. Creo que el Gobierno ha abandonado de manera muy notoria el apoyo que debería prestar a este tipo de manifestaciones; debería tener más atención. No me refiero al dinero público, sino a que debería tener las ayudas que tiene cualquier otra industria del país. Por supuesto, yo reclamo atención, cuidado... Hace mucho tiempo que no veo al presidente del Gobierno en una obra de teatro o a alguno de sus ministros. O simplemente a ellos hablando de teatro en una entrevista. Estos pequeños gestos son los que dan ejemplo, y creo que parte de esos puestos de responsabilidad deben dar ejemplo. Esto debería trabajarse más.

¿Por qué en este país se mima tan poco, o no lo suficiente, el arte y la cultura...? Desde la política, me refiero.

Acaba de juntar política y cultura en la frase. No hay, en este país, política cultural con ganas de conseguir éxitos. Somos la hermana menor. Nos dan unos dineritos para ver qué pueden hacer esos cuatro locos. Creo que, por parte de las altas esferas, existe ese concepto. Y repito que no me refiero a los dineros: me refiero a la actitud, a la predisposición. Pero aun así el teatro lleva 2.500 años de existencia. Y yo llevo dos años representando Sócrates, y en Tenerife estuve hace un año y llené las dos funciones. Esto significa que la gente va al teatro. No se puede pedir que la gente vaya a todo los espectáculos. Habrá actores que sí demandarán que vaya más público a verlos, y entonces dirán lo contrario, pero lo importante es que en estos años de crisis la gente no ha abandonado el teatro. Es cierto que, sobre todo en los grandes centros de producción, como Madrid o Barcelona, se han realizado menos espectáculos, pero la asistencia no ha tenido un descenso notorio. El teatro se ha convertido, en estos tiempos, en algo necesario, en una medicina para encontrar el alivio que necesita el público.

Además, el teatro, por suerte, no se puede piratear…

Claro... Es una de las grandes ventajas que tiene. En estos momentos, en los que estamos viviendo una revolución informática que está cambiando la manera de consumir cultura, desde los libros electrónicos a internet, se puede piratear prácticamente todo. Hasta Pedro Almodóvar, presidente del Jurado del Festival de Cannes, ha hecho unas declaraciones pidiendo que las películas se estrenen en las salas porque ya se están produciendo para emitirlas en las plataformas de televisión, sin pasar por el estreno en las salas. No quiero ni pensar en que la gente nunca acuda al cine, nunca más. Pero vamos por ese camino. Hay ciudades españolas en la que apenas queda un cine abierto. La gran ventaja del teatro es que eso no va a pasar, salvo que tengas los millones suficientes para contratar a una compañía entera, como hacían los mecenas del Renacimiento, y esta vaya a hacer una obra de teatro en el salón de tu casa. Hagan lo que hagan, será un hecho vivo, y siempre será teatro. Es su mayor ventaja. Para disfrutar del teatro hay que formar parte de un colectivo, hay que ir a compartir el asiento y a respirar el mismo aire, y a compartir el mismo techo con otras personas que no conoces y que seguramente no volverás a ver nunca más. Además, durante esas dos horas, se han compartido emociones y sensaciones que los deja unidos. Uno sale del teatro sabiendo que ha formado parte de un colectivo y que ha compartido un montón de cosas importantes, como son las emociones, la risa, el llanto. Es una medicina para todos.

¿Cuáles son los proyectos de teatro que tiene entre manos? ¿Tiene pensado hacer algo de cine o televisión?

Siempre hay un proyecto. También es verdad que me estoy haciendo mayor y que debería tomármelo todo con más tranquilidad, pero, cuando la pasión te lleva, sigues haciendo lo que más te gusta. Como es habitual, y considero que esto es un privilegio, las obras que estreno tienen larga vida en Madrid y Barcelona, y luego en la gira por España. Sigo con la obra  Sócrates, con la que la próxima semana haremos las últimas representaciones en San Sebastián. Serán dos años enteros de vida de ese espectáculo. Si hay un espectáculo como Sócrates, que no es ni mucho menos para divertirse y que se ha llenado durante dos años, no podemos decir que el teatro esté en crisis. Esto es una muestra de la buena salud del teatro en este momento. A lo largo de estos dos años, he hecho muchas cosas compatibles con el teatro. He participado en la serie para Antena 3 La Catedral del Mar, que se presenta como el gran estreno de la próxima temporada en televisión. Después, he hecho una serie donde he tenido uno de los mejores personajes, Noche y día, pero en este caso para la televisión catalana, aunque también se puede ver a través de las plataformas. Tengo por estrenar dos películas, una de ellas con Pablo Berger, director de la inolvidable Blancanieves, y que se llama Abracadabra, y otra cinta del canario Mateo Gil, un director muy interesante. Además, he hecho Las leyes de la termodinámica. Nada más terminar la última función de Sócrates, el 29 de mayo, me marcho a Cadaqués a rodar una película con Ventura Pons sobre la vida y las aventuras de Salvador Dalí y su hermana en los años treinta. Se llama Miss Dalí. Y luego, en octubre, empezaré a ensayar una obra de teatro sobre la maravillosa obra de Herman Melville  Moby Dick. Espero estrenarla en enero y poder recorrer España con ella. También poder venir a Tenerife otra vez. La obra se centrará en el personaje del capitán Ahab, que tiene una figura casi shakesperiana. 

Pues la verdad es que no para….

Y eso que solo le he contado lo más importante… ¡Ah!, y hay otra película. La verdad es que estoy haciendo más cine que otros años. Estoy intentando que el teatro me deje tiempo para hacer otras cosas. Voy a hacer otra película con Rodrigo Sorogoyen, que rodó recientemente  Que Dios nos perdone.

¿Cree que hay buena cantera en el teatro o quizá el  boom esté en otros medios como la televisión o el cine?

Por la experiencia que tengo, creo que no es cierto. Es cierto que la gente joven se queda deslumbrada por esto que se llama la popularidad de la televisión o la proyección del cine. Parece que se gana más dinero que en el teatro y que se es más popular. Uno, cuando es joven, en el mundo del espectáculo tiene que elegir qué tipo de carrera quiere llevar. Hay dos carreras y son muy diferentes, aunque a veces se complementan, pero solo en muy pocos casos. Uno tiene que decidir si quiere ser actor o si quiere ser estrella. Son dos carreras muy diferentes, y advierto que la carrera de estrella es muy cansada, mucho más que la de actor. Hay en mis palabras cierta ironía. Si uno quiere ser actor tiene que trabajar y dedicarse a aprender para ello. Y el teatro es el que ofrece esa escuela continua y diaria, con profundidad, habiéndote puesto cada día delante de un público nuevo y habiendo aprendido algo cada día. Esto no te lo da el cine ni la tele. Hoy en día, los presupuestos son menores y se rueda en menos días, con unas jornadas larguísimas de trabajo; se rueda en tres semanas, en lugar de siete… Aquel que quiere de verdad, de verdad, profundizar en lo que es ser actor piensa directamente en el teatro. No quiero que estas palabras se interpreten como que se menosprecia los otros medios. Me parecen perfectamente lícitos, y hay actores que no se han subido a un escenario y nos han dado grandísimas interpretaciones en el cine. Pero sí puede que haya gente joven que se vea más deslumbrada por la popularidad. A estos yo les diría que se plantearan esa duda: ¿quieren ser actores o estrellas? Son carreras distintas. Puedes ser estrella sin necesidad de ser actor. La televisión nos lo está mostrando todos los días.

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