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Cansancio acumulado

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(Bostezo)

La carretera se vuelve monótona y constante. El traqueteo del viejo motor mece al pasajero, que, sin remedio, se duerme al otro lado. Yo miro al frente manteniendo la compostura que exige manejar el volante. Intento ocupar mi mente para que las inconstantes líneas blancas no me distraigan y acabe por sucumbir. Pienso en los últimos recuerdos de un pasado que ya no es. No podías haber sido más estúpido. Sacudo la cabeza y vuelvo a clavar la vista en la carretera. Es el último viaje de hoy.

(Miro a la estantería, escojo un libro)

Clamo al cielo desposeído del verbo y vuelvo a pedir consejo a un poema. Rebusco entre las rimas y ritmos de palabras vertiginosas, tratando en vano de encontrar alivio a esta mente corroída. Me asomo al abismo que produce la pausa versal y no consigo encontrar paz en mi interior. Me dejo llevar por el cosquilleo que produce mi lengua en el cielo de mi boca al recitar. Sonrío y lloro. Nada termina de completar lo que vengo buscando.

(…)

Tengo que seguir y no me queda más remedio que apechugar. Preparo un café bien cargado con la esperanza de que la cafeína estimule lo que la motivación ya no es capaz de hacer. Ningún efecto. Los párpados vuelven a pesar y parece que tengo arena en los ojos. He de seguir escribiendo, tengo que entregar. Es tarde y ya voy con dos horas de retraso. Aporreo el teclado con desgana recurriendo a los clichés de siempre. He perdido el romanticismo. En cada frase me doy pena.

CESAR

(Descubro una melodía, canta José Alfredo Jiménez)

Lloro de la impotencia. No puedo más. Una y otra vez el bucle eterno, constante. Acabo por desplomarme y me rindo. He soportado todas las embestidas y los varapalos, pero ya no soy capaz de aguantar la presión. La cuerda está demasiado tensa, joder… ¿No ves que no resisto? El cansancio es enorme. La pesadumbre contamina mi corazón y no me deja ejercer. Dame un respiro. Si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida.

(Desnudo en la habitación)

Exhausto regreso a casa después de darlo todo por un sueño. Aposté y vuelvo con la misma emoción que comencé. Nunca sabe uno si logra alcanzar lo que pretende; son tantas las variables… La huella del vacío golpea por debajo del estómago provocando una sensación de ahogo constante. Es duro poner toda la carne en el asador y tener que enfrentarse a la realidad intransigente. Acuesto mi cuerpo en la cama. Adopto posición fetal y me acurruco con el deseo de volver al origen.

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