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Entrevista

Narvay Quintero: “Con el plátano hay que tomar medidas por el bien de todos, que esta ‘pica’ no se puede sustentar”

Román Delgado

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Narvay Quintero, político de la Agrupación Herreña Independiente (AHI), ha regresado al área autonómica de Agricultura cuatro años después. Fue consejero en la novena legislatura y ahora también, en la undécima, esta vez gracias al pacto de Gobierno en Canarias entre CC, PP, ASG y AHI. 

En su segunda etapa (en la de en medio estuvo la socialista palmera Alicia Vanoostende), Quintero se enfrenta a grandes retos: sostener la caída del sector primario en Canarias, repleto de problemas, y buscar soluciones eficaces, entre otras urgencias, a los serios desajustes de comercialización del plátano, con precios por los suelos en Península, más producción de kilos en las islas y con los productores locales perdiendo dinero a mansalva en la campaña de 2023.

Quintero sabe que la coyuntura actual no es propicia para sacar pecho. Es consciente de que cuecen habas, y quizá por eso sostiene que su reto principal al frente de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias es sobre todo “mantener el sector primario; parar su caída económica”.

El consejero nacido en El Hierro afirma sobre el impacto del caso Mediador en la Consejería que este “ha tenido un efecto negativo, visualmente y anímicamente, e internamente con el personal. Hemos tenido que restaurar la confianza”, asegura.

Sobre el futuro de la empresa pública GMR, con un agujero económico de 2,2 millones de euros, el dejado por los gestores anteriores, según subraya el equipo actual, Quintero lamenta que “se esté tambaleando la empresa, porque, tal y como está su situación, puede echar el cierre. Se ha puesto en riesgo una empresa fundamental para el sector primario, que puede perfectamente entrar en causa de disolución. Yo he asumido el reto de recuperarla”, pero recalca: “No puede comprometerse una empresa clave para nuestro sector primario por llevar a cabo cuestiones que no corresponden a GMR”.

Cuatro años después de haber cerrado una primera etapa en esta misma Consejería, en la legislatura 2015-19, ¿cómo se ha encontrado esta área autonómica de gobierno y cuáles han sido sus primeras sensaciones?

Tengo que decir que me la encontré peor que en 2015. Esta vez me ha costado más; me está costando más. Y, a día de hoy, me sigue costando poner al día todos los asuntos abiertos para lograr estabilizar el entorno. No solo me refiero al entorno del sector productivo local, sino también al entorno de trabajo aquí mismo y a la organización de la propia Consejería. Es verdad que estos ya más de 100 días de gestión los he empleado en ir apagando fuegos de políticas a corto, porque esto era muy necesario. No me gusta mucho trabajar a corto, pero a veces es necesario. Luego, también es verdad que la Consejería me la he encontrado peor que la otra vez que estuve aquí como consejero, a partir de julio de 2015. Está siendo más difícil, incluso teniendo la experiencia de cuatro años de gestión en ella en 2015-19. Pero bueno…

Con esto quiero decir que, cuando asumo un compromiso, lo tomo con todas las consecuencias. Nadie me obliga a estar aquí, ni a mí ni a mi equipo, con lo cual tengo que asumirlo. Diciendo esto, reconozco que he sido muy crítico con la gestión anterior [la del PSOE en esta Consejería, con la palmera Alicia Vanoostende de consejera de 2019 a 2023]. Cuando fui diputado por El Hierro en la décima legislatura [2015-19], me mostré muy crítico en el Parlamento con algunas acciones que se desarrollaron en esta Consejería. Muy crítico. Pero ahora lo que toca es gestionar. Las cosas que se hicieron mal o entendemos que se hicieron mal hay que modificarlas y mejorarlas, y las que se hicieron bien, seguirlas apoyando. 

¿Es pues el momento de pasar página?

Efectivamente, es el momento de pasar página. Cuando uno está en un proceso electoral o en la oposición, hay que fiscalizar… y ha habido cosas en las que he sido muy crítico. Lo sigo pensando, pero ahora ya hay que asumirlo todo: lo bueno, lo malo, todo. Y con esto tienes que tirar adelante.

¿Usted ha tenido la sensación…, ha percibido en esta Consejería el daño producido por el caso Mediador, sobre todo en la imagen de esta institución y entre los empleados públicos? ¿Cómo ha visto este fenómeno tras aterrizar como consejero? 

Sí… Desgraciadamente, hay incluso una parte investigada por la justicia. En esto no me voy a meter, evidentemente. Pero sí es verdad que anímicamente y visualmente el caso Mediador ha tenido una repercusión negativa. Visualmente, porque al final se ha puesto el foco aquí, desgraciadamente, en esta Consejería, en un sector y en unas personas trabajadoras. Nosotros estamos aquí como responsables políticos. Nos presentamos a unas elecciones, nos eligen y tenemos que aceptar lo bueno y lo malo del área: las prácticas malas también debemos asumirlas. Pero lo peor es que esta casa como tal, llena de personas, de funcionarios y de personal laboral, todas dedicadas al sector primario, se haya visto afectada. Que alguna persona tenga que ir a declarar, afecta. Y afecta a las relaciones. A veces hasta se ponen en tela de juicio algunas ayudas públicas que se dan al sector. Creo que sí ha tenido un efecto negativo, visualmente y anímicamente, e internamente con el personal.

¿Es necesario recuperar la confianza?

Sin duda, sin duda. De hecho, de las primeras cosas que hice al llegar fue reunirme con todo el personal. Fui despacho por despacho y, en el caso de Ganadería, lo hice de forma más directa. Les transmití mi total apoyo, pues somos un equipo. Hay que generar equipo y hay que traer la confianza a las personas que estamos aquí, a los cargos políticos que estamos aquí, junto con el personal. Hemos tenido que restaurar la confianza, en efecto.

¿Qué retos se ha planteado usted, nada más llegar, para abordarlos a cuatro años vista?

Esto lo digo con toda la confianza: creo que la transparencia administrativa es muy positiva y, aunque parezca raro, o no sé cómo denominarlo, uno de los retos, aunque diré varios, es mantener el sector; parar su caída económica. Ya no hablamos de crecer... Hay que ser realista. Como digo, uno de los grandes retos es mantener el sector; mantenerlo y dignificarlo. Es decir, dignificarlo en su acepción más extensa. Hay que dignificarlo visualmente, económicamente y socialmente. El que esté en el sector debe generar recursos. Sí, el romanticismo está muy bien, pero hoy en día los agricultores, ganaderos y pescadores tienen que ser empresarios y empresarias: tienen que serlo. Si al final el campo no te da un beneficio económico, no vas a estar en estas actividades.

Los que no generen recursos para mantener el negocio tendrán que cerrar...

Claro... Entonces, al final, aunque nos guste mucho el campo, aunque me guste, que mi padre se dedicó a esto y mi madre también, y quieras ir al campo, si este no te da el beneficio económico que necesitas, pues vas a tener que cerrar. Por eso digo que uno de los grandes objetivos es mantener el sector; poder parar su caída, dignificarlo en todos los sentidos: el social, el económico, principalmente. Esto hay que hacerlo. A partir de ahí, de evitar la caída, hay que ser más competitivos; tenemos que modernizar las actividades productivas agropesqueras y a la vez concienciar mucho sobre las bondades de comprar el producto local. Yo he dicho una frase cuando hemos tenido este último problema con la papa de importación desde Reino Unido, la de consumo y semilla: la globalización, un escarabajo en Inglaterra, en el condado de Kent, ha puesto en jaque un producto tan nuestro como la papa [por el entonces bloqueo fitosanitario a la importación de papa de semilla desde ese país, de la que se depende en las islas].

Bueno, puede ser que las papas entonces se pagaran hasta a cinco euros por kilo debido a la manipulación de algunos operadores que utilizaron esa crisis para ganar mucho dinero. Eso fue una manipulación. Yo le he dicho a la gente que no compre papas a cinco euros por kilo. Eso no es real… Pero al tiempo hay que decir que papas de producción local a 60 céntimos por kilo tampoco es real, porque, igual que por arriba se machaca al consumidor, por debajo se abusa del productor isleño. Debemos entender que detrás de esa papa local hay hombres y mujeres que tienen que ganar dinero, que tienen que ganarse la vida para poder seguir en la actividad y vivir dignamente. Tenemos que llegar a ese punto intermedio, y este es otro de los objetivos que me propongo en esta legislatura.

Algo se ha hecho mal en Canarias para que las cosechas de papas sigan dependiendo de semilla con origen extranjero.

El problema con la papa británica este verano ha sacado a relucir la enorme dependencia que tenemos de la semilla importada para producir nuestro tubérculo con destino al consumo. Fíjate que no digo la dependencia de la papa de fuera para atender parte del consumo total que tiene Canarias, que evidentemente puede existir y así es por ahora, porque llegar a cubrir el cien por cien de la demanda isleña con tubérculo cosechado en el archipiélago es hoy complicado [Canarias atiende en torno al 60% anual]. Pero que no seamos autosuficientes en semillas, ¡esto sí que es un problema! Por eso, a todos se nos han abierto los ojos tras ese problema, y una de las cosas que ya hemos encargado, en este caso a la empresa mixta Cultesa, la primera o única empresa isleña, esta con participación pública del Cabildo de Tenerife, que podrá tener las cantidades necesarias. 

Cultesa [que ya hizo lo mismo con la papa negra, de la familia de papas antiguas o de color] estudiará dos o tres variedades de papa blanca, las más consumidas en Canarias, las que más plantamos nosotros y las más productivas por aquí. Hay que sanearlas, y esto se pude hacer porque son variedades sin royalties. Vamos a sanearlas aquí, y no voy a engañar a nadie sobre cuándo las tendremos: esto llevará tres o cuatro años. En tres o cuatro años podremos disponer de la semilla de esas tres variedades, que son las más producidas y consumidas en las islas. Esto ya no nos hará depender del exterior. Otra cosa es producir el total de lo que consumimos, que es casi imposible, pero sí la semilla aquí y para nosotros.

Por lo menos, la crisis estival de la papa en Canarias servirá para actuar en esa solución de futuro…

Vamos a dejar el problema resuelto. Creo que de todo lo ocurrido tenemos que sacar algo positivo. Todos nos hemos concienciado tras algunas cosas que hemos hecho mal. Ya hemos hablado con las organizaciones agrarias, para que se empiece a buscar terrenos con el fin de producir la papa de semilla. Ellos están dispuestos a ver fincas porque hay terrenos en Canarias donde se pueda cultivar la papa de semilla una vez la tengamos saneada.

El cultivo de la papa, a pesar de los problemas que ha tenido y sigue teniendo, es la actividad agrícola que aporta mayor autoabastecimiento en Canarias, y con mucha diferencia.

Sí, estamos en el 62% de autoabastecimiento, y en el ámbito de la pesca, solo el atún, que nos sobra. Pescamos más de lo que consumimos, pero lo hacemos mal. Pescamos el atún, lo exportamos y otros se encargan de transformarlo y enlatarlo. Luego lo compramos en los lineales, dejando todo el valor añadido fuera.

Por no hablar de la huella de carbono que genera todo ese proceso de ida y vuelta.

Efectivamente... Aumentamos la huella de carbono y desaprovechamos esa oportunidad económica en las islas. En relación con la papa, en el último año cerrado, 2022, se comercializaron en Canarias 111 millones de kilos y, de ellos, se importaron 68 millones. A estos 68 millones, debemos restar los nueve de papa de semilla, que no es de consumo. Por lo tanto, 111 millones ofertados y unos 57 o 59 millones de kilos importados. En definitiva, un 62% de autoabastecimiento.

Usted ha defendido estos días que el Presupuesto de la Consejería para 2024 es bueno, a pesar de que se reduce en 25,5 millones de euros respecto al anterior. ¿Cuáles son sus argumentos?

Es un buen Presupuesto, pero no el mejor. Evidentemente, me gustaría contar con más recursos, pero considero que es bueno, y lo digo por varias razones. Primero, porque ya contábamos con que íbamos a dejar de recibir esos 25,5 millones de euros, ya que es un dinero público que provenía del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP, del septenio presupuestario de la UE 2014-20) y se concedió en presupuestos anteriores de forma extraordinaria por el Gobierno de España, por resultar sobrante en otras comunidades autónomas. Eran 25,5 millones que fueron destinados a dos proyectos de acuicultura en la isla de Gran Canaria. Cuando llegué, por cierto, estaban completamente bloqueados. Uno lo hemos desbloqueado con Capitanía Marítima y Puertos del Estado, y el otro, de 17 millones de euros, todavía sigue bloqueado. Tendríamos que resolver el problema antes del 31 de diciembre. No soy capaz de asegurar que vayamos a conseguirlo, con lo cual podríamos perder esa cantidad. Cierto es que, en estos dos últimos meses del año, vamos a inyectar 16 millones de euros de otras consejerías en el sector primario.

O sea, que van a rebañar de donde sobra o no se gastó para invertirlo en su área de aquí al 31 de diciembre.

Claro. Reconozco que es una medida cortoplacista y que la política debe afrontar los retos a largo plazo, pero lo cierto es que hay sectores en mi área que están muy mal. Para el sector de la pesca, por ejemplo, ha sido un año malísimo. Hay barcos que están varados o atracados desde julio pasado. No pueden pescar más por haberse superado las cuotas de túnidos. Vamos a darles una ayuda directa. De hecho, cuando me he reunido con ellos, muchos me han trasladado su intención de desguazar los barcos grandes para pagar sus deudas y abandonar, asunto que me entristece porque perdemos flota pesquera artesanal. Por eso, vamos a dar una ayuda directa al sector pesquero y otra de casi 10 millones de euros al sector ganadero.

Además, debo recordar que el anterior equipo de Gobierno aumentó el 20% algunas de las líneas de apoyo directo del Posei de 2022, a pagar este año, y también incrementó el 20% casi todas las líneas del Posei de 2023, a pagar en 2024 [ambas acciones con fondos adicionales, ayudas de Estado]. Considero que fueron medidas positivas, y yo las apoyé, pero advertí en aquel momento que siempre y cuando tuviésemos respaldo financiero. Porque lo peor que podemos hacer [desde la Consejería] es anunciar medidas, que los empresarios hagan sus cálculos económicos anuales según esos anuncios y que luego, si no tenemos respaldo económico, se terminen prorrateando las ayudas. Al final no se dieron. Y tampoco se disponía de los 4,8 millones de euros que hacían falta para abonar este año al sector ganadero -que eran del Posei adicional para atender ayudas con cargo a 2022-.

Según el Gobierno central, que es el que tiene que aportar ese dinero, tampoco hay rastro de ninguna solicitud por parte del Gobierno de Canarias reclamando dicha cantidad, que debe pagarse el próximo mes de diciembre. Así que vamos a adelantar nosotros mismos ese dinero y vamos a exigir al Gobierno de España que nos lo reembolso, porque, en cumplimiento del Régimen Económico y Fiscal de Canarias (REF), tiene la obligación de abonar esos 4,8 millones, que entrarían en el Presupuesto. También los 10,2 millones correspondientes al año 2024, para los pagos Posei de 2023. A pesar de contar con un presupuesto menor, subimos un 50% la inversión en políticas de agua para regadío en 2024. 

¿Cómo es posible?

Porque se han eliminado dos partidas: la de Ucrania y la de La Palma. Las ayudas relativas a la situación provocada por la guerra en Ucrania se eliminan porque el marco temporal acaba este 31 de diciembre, con lo cual Europa ya no permitirá dar esas ayudas directas, salvo que se amplíe ese marco temporal. Por otro lado, la partida de 10 millones relativa a las ayudas destinadas a los afectados por el volcán de La Palma pasa de esta Consejería a la de Presidencia, Administraciones Públicas, Justicia y Seguridad, que contará con un presupuesto de 50 millones específico para La Palma por la erupción. Buena parte de esos fondos serán para el sector agrario en esa isla. Por eso, la suma de esas dos partidas se destinará a aumentar el 50% la inversión en obras de regadío.

Ha habido una actividad muy afectada por el incremento de los costes de producción: la ganadería de leche, en especial de bovino, que en el caso de Tenerife prácticamente ha desaparecido. Gran Canaria, en cambio, sí ha logrado mantenerse o caer menos en esta crisis. El dato de importación de novillas para reposición indica que, en Tenerife, en lo que va de año, no ha entrado ni una cabeza. Ese problema, como usted sabe, también está asociado a dificultades que tienen la industria y las cooperativas para pagar la leche como hay que remunerarla y en tiempo razonable. Al final, todo suma para conseguir la destrucción del sector. Además de esa partida para ayudas directas en este 2023, ¿hay algún planteamiento a medio o largo plazo para ver cómo se puede ir saliendo de la debacle?

Las ayudas directas son algo puntual, porque no son la solución. Si tenemos que dar ayudas directas todos los años, esto significa que algo no funciona. Creo que es más importante trabajar a largo plazo. En esta línea, el sobrecoste de la alimentación ganadera es uno de los factores que más ha perjudicado al sector. El consumo alimentario de una vaca es muy grande y hay que alimentarla todos los días. Una vaca no es un tornillo. Una ferretería, si hay una crisis como la de la covid, puede parar y el tornillo, dentro de un año, se puede volver a vender, pero la ganadería tenía que seguir produciendo. Las vacas había que seguir alimentándolas y ordeñándolas todos los días. Eso supuso que la crisis en el sector agrario no estuviese asociada a un parón del gasto, como en otras industrias. El sector ganadero ha sufrido mucho: primero con la COVID y ahora con la guerra de Ucrania, por el mayor precio de los insumos de alimentación.

Tenemos una industria transformadora que está dispuesta a consumir más. El problema ahora mismo es que no hay leche. Y, por ello, tampoco quesos ni carne en Canarias. Porque la carne está vinculada a la producción de leche. Me hacía mucha gracia cuando, hace unos años, desde algún Cabildo [en referencia al de Tenerife] se alegraban de que la ganadería fuera tan bien porque se estaban batiendo récords en el matadero. Esos récords que se batían en el matadero eran precisamente porque se estaban cerrando explotaciones al no poder mantener los animales, que se sacrificaban para pagar deudas. Pero no era por que fuese bien la ganadería. Todo lo contrario. ¿Qué estamos haciendo? Estamos hablando con la industria para que suban los precios. Y están dispuestos a subirlos, lo cual es positivo. De hecho, hemos conseguido que tengan el precio más alto de la historia.

¿Puede estar rondando los 0,60 euros por litro?

Diría que a 0,62 euros el litro de leche de vaca. Es un precio bastante importante. El de cabra puede estar llegando a un euro el litro, y el de oveja, sobrepasa el euro.

¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta el sector ahora mismo?

El reto ahora mismo es volver a generar actividad económica. Hacer que esa granja que cerró, vuelva a abrir. Esto es muy complicado porque el territorio tiene una legislación y una burocracia excesiva. El otro día leí una frase de un ganadero que decía: “No somos delincuentes, somos productores de alimentos”. Y es verdad, la burocracia para abrir una explotación ganadera puede durar hasta tres años. Y esto aburre a la gente. En tres años, el ganadero ya no tiene ilusión. En primer lugar, los ayuntamientos nunca han creído en la ganadería, con lo cual en sus planes generales nunca han contemplado suelo exclusivo para la ganadería. En segundo lugar, la actividad ganadera genera malestar entre los vecinos. Y claro, ¿al final qué acaban quitando? Pues la ganadería. Y tercero, los requisitos de la Agenda 2030 para la ganadería son muy exigentes con las producciones europeas y muy laxos con las extranjeras. Es la doble vara de medir que tiene Europa: permite que por nuestros puertos entre carne de Brasil que se alimenta con piensos de engorde que aquí están prohibidos.

Ocurre algo similar con el pollo, ¿no?

Efectivamente. El pollo, que llega sin aranceles a nuestros puertos [por exención arancelaria del REA]. ¿Cómo un ganadero puede competir cuando la Ley de Bienestar Animal, que me parece bien, lo obliga a vender sus jaulas para comprar unas más grandes y reducir el número de gallinas? Luego, esas jaulas se venden a Marruecos, que las utiliza para albergar las gallinas cuyos huevos se importan a España y se venden junto a los nuestros, producidos en unas condiciones mucho más exigentes. Es decir, esa hipocresía de Europa nos está castigando. Tenemos que tener en cuenta que son muchos los aspectos en los que las regulaciones para los productores europeos son más exigentes que las que tienen que cumplir los productores extranjeros: medidas de seguridad alimentaria, derechos laborales que no tienen esos países, regulaciones ambientales, pesticidas que ellos usan y nosotros no podemos empelar, gestión el agua… Por no hablar de la gestión de los residuos.

Por lo tanto, cuando se impulsa una política ambiental hay que ver cómo afecta al sector primario y cómo se puede aplicar con correcciones. Por ejemplo, si se impone una tasa al plástico, que se dé también una alternativa. Es que todos los cultivos herbáceos que utilizan plásticos para conservar la humedad, ahorrar agua y aumentar la eficiencia de los recursos se ven gravados por el impuesto al plástico. De este modo, lo que se consigue es que paguen mucho más, pero no se ofrece alternativa alguna al plástico. La parte positiva es que ya hay un informe de julio de este año en el que la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural del Parlamento Europeo se ha plantado un poco ante la Comisión Ambiental y ha dicho que tiene que valorar esas políticas y el impacto que tienen en el desarrollo endógeno. Y exigir a las importaciones las mismas medidas que cumplen los productores europeos, para que así estos puedan ser competitivos.

En Canarias está en una situación muy complicada el sector de la ganadería y este año también se ha sumado el sector platanero. Podríamos decir que se va escapando con los cultivos agrícolas de mercado interior, que más o menos tienen un comportamiento razonable, pero la exportación no termina de consolidarse y está muy sujeta a la globalización, a lo que viene de fuera… ¿Cómo está viendo la dinámica del plátano en este 2023, con tanta pica, con más de 22 millones de kilos solicitados a la Consejería? ¿Y qué sensaciones tienes respecto a lo que puede ocurrir en adelante?

La sensación respecto al sector del plátano en 2023 es que ha habido mucha producción, pero no es buena porque lo que se está pagando al productor es muy poco.

Como usted sabe, algunos no están cubriendo costes ni sumando la ayuda del Posei.

Ni sumando la ayuda de 33 céntimos por kilo se cubren los costes de producción. Al final, muchos pequeños agricultores no pueden y tienen que abandonar al no soportarlo. Es el momento de sentarse a analizar el plátano. De hecho, lo estamos haciendo junto con Asprocan, las OPP y todo el sector, y ya hemos hecho planteamientos que hasta ahora no se habían puesto encima de la mesa. Van a ser positivos para todos. El plátano es fundamental, genera mucha economía y tiene que seguir generándola. También genera paisaje.

Hay comarcas que no serían las mismas sin el plátano: la Isla Baja, en Tenerife, La Palma, partes de La Gomera… 

Exacto. Y además genera economía directa e indirecta. El plátano es un sector positivo que hay que apoyar. Pero es verdad que hay que tomar medidas y reflexionar, por el bien de todos. Porque lo de la pica no se puede sustentar [sostener algo para evitar que se caiga o se tuerza]. Tenemos que buscar una solución. Es verdad que es una reducción del mercado, que está autorizada y que es legal. Pero hoy en día creo que tenemos que buscar otra solución. Llevo escuchando lo del mercado exterior desde siempre. Al final, eso no se consolida. Así que, si queremos mantener el plátano en el futuro, tenemos que tomar medidas por el bien de todos. Son medidas que ya le hemos planteado al conjunto del sector. Porque la fuerza del plátano en Europa radica en sus 7.500 productores en Canarias.

¿Y los operadores son conscientes de que es el momento de adoptar medidas para que eso no siga ocurriendo?

En los dos últimos años, se ha aumentado demasiado la superficie cultivada.

A pesar del volcán, que ha destruido un montón de hectáreas.

Sí. La producción de este año puede ser récord histórico, teniendo en cuenta que tenemos debajo de la lava doscientas y pico hectáreas.

Aun así, se ha crecido en 50 hectáreas y algo de 2021 a 2022.

Para dignificar y no dejar caer el sector, tenemos que preguntarnos cuántos cabemos aquí para que esto funcione bien. A lo mejor, si seguimos metiendo gente, el barco igual se hunde.

Quizá la pregunta que haya que hacerse es cómo debe consolidarse. ¿No cree?

Efectivamente. Por eso digo que hay que tomar medidas. Tenemos que hacer que todos vivan, desde el pequeño productor hasta el grande, porque dejar caer al pequeño productor sería un error imperdonable, porque los 7.500 productores han sido la fuerza negociadora ante Europa, junto con las hectáreas que teníamos, no las que tenemos, el paisaje y la economía que generan esas 7.500 familias.

¿Cree que la caída del tomate de exportación ha metido presión al cultivo del plátano? 

No lo sé. No soy capaz de valorarlo. Creo que, aun pudiendo, no se han tomado medidas desde la Consejería para evitar lo que ocurre. No se ha sido valiente a la hora de tomar medidas. También hay que decirlo todo. Nosotros no podemos intervenir el mercado, no podemos comercializar, pero sí hay medidas que podemos tomar viendo lo que está pasando. Y nosotros queremos tomar medidas contando con el sector, no a sus espaldas. Y hoy en día la mayoría de los actores son conscientes de que hay que tomar medidas. Y yo creo que van a ser buenas para todos.

En relación con el tomate de exportación, se conoce su situación: ha desaparecido prácticamente. Quedan algunas toneladas en Gran Canaria, pero muy poco. En este caso, ha habido un proceso alentado desde el programa Posei para cambiar a otros cultivos. Quizá un ejemplo de proyecto alternativo sea el de la Cooperativa Agrícola del Norte de Gran Canaria, con un plan para producir frutas subtropicales. ¿Cómo valora esta iniciativa?

La Cooperativa Agrícola del Norte de Gran Canaria tiene, en primer lugar, una filosofía muy positiva, que a mí me gusta mucho, he de decirlo. Y ese proyecto es muy interesante. No obstante, para nosotros poder dar las ayudas, aunque sea con fondos propios, tenemos que contar con el visto bueno de la Unión Europa. Ya nos han hecho un primer requerimiento, al cual ya hemos respondido, y ahora estamos atendiendo el segundo.

Nos han pedido información sobre la cuestión del agua. Europa está muy preocupada por el hecho de que incentivemos la producción agrícola sin tener garantizada el agua, porque ello genera un efecto perverso: invertimos para perder recursos. Donde esta cooperativa pretende llevar a cabo el proyecto, que además es precioso y colaborativo, está garantizado el recurso hídrico. Ya le hemos solicitado la documentación al Cabildo de Gran Canaria y al Consejo Insular de Aguas, los organismos competentes en la isla. Así que estamos cerca de dar respuesta al segundo requerimiento que nos ha hecho Europa.

¿Es usted optimista?

Ahora mucho más que cuando llegué. Porque en los primeros informes que nos enviaron no lo ponían fácil. Pero soy optimista. No puedo garantizar nada. La cooperativa lo sabe. Estoy en contacto con ellos y la idea es que salga, porque es un proyecto bonito y replicable, que puede servir como proyecto piloto.

En este tiempo, usted ha tenido la oportunidad de analizar varios proyectos que estaban en marcha, políticas desarrolladas desde el área de Agricultura que ha criticado duramente, como el Plan Forrajero. ¿Qué ha fallado?

Soy muy crítico con los demás, pero también conmigo. Porque ese plan estaba desde antes de llegar yo, hace dos legislaturas. Se aprobó en abril de 2015 y yo entré en julio de ese año [en su primer paso por Agricultura]. El Plan Forrajero ha sido una gestión errónea de la administración, del Gobierno de Canarias y de los cabildos. No supimos desarrollar el plan. La filosofía y el plan estaban muy bien. Contó con la participación de las universidades, de las agencias agrarias, del propio sector, los cabildos y el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA), pero falló la aplicación real del plan. Y si tengo que criticar a alguien, es a mí mismo. Estuve cuatro años en los que no supe ejecutar el Plan Forrajero. Y en estos últimos cuatro años, tampoco se ha ejecutado. En total casi nueve años sin ejecutarse.

¿Y ahora qué?

Lo que hemos hecho ha sido pedirle a Europa, porque el Plan Forrajero tiene parte de financiación europea y parte autonómica, permiso para cambiarlo. Y nos han dicho que sí. Ahora vamos a ir a lo más cercano: a la unidad de explotación. Lo que vamos a hacer es ir ganadería por ganadería, agricultor por agricultor; es decir, al autoabastecimiento.

Como el Régimen Específico de Abastecimiento (REA) paga una parte de lo que importamos, y tendremos que seguir pagándola porque el 100% de la alimentación no la podemos obtener aquí, vamos a igualar la ayuda a lo que se trae de fuera con la del Plan Forrajero. Vamos a sumarle a la ayuda Posei, que era poco, entre 300 y 600 euros, otra cantidad más para llegar a los mil y pico euros, que aproximadamente es lo que se puede generar en una hectárea.

¿Con gestión dentro del Posei?

Con gestión dentro del Posei y otra ayuda directa. Una al ganadero, que, en función del forraje que plante, le pagaremos, y otra al agricultor. Al ganadero le pagamos la hectárea de forraje, siempre con un rendimiento mínimo, y al agricultor por las toneladas comercializadas. Es un incentivo para que en los terrenos baldíos se plante forraje.

La papa, dentro de los problemas que tiene, es un cultivo que está apoyado desde lo público con cierta relevancia a través del Posei. También es uno de los alimentos frescos con mayor cuota de autoabastecimiento en las islas. ¿Pero qué ha pasado con el proyecto de saneamiento de la papa de color para poder exportarla, sobre todo por la polilla guatemalteca? ¿Por qué no ha terminado de funcionar?

Las instalaciones para esa función son de Gestión del Medio Rural de Canarias (GMR) y están en Mercatenerife. Es un proyecto de investigadores canarios, tanto del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias como de la universidad. Cuando me fui en 2019 [en su primera etapa en la Consejería], Europa tenía que aprobar el proyecto. Yo he llegado ahora, cuatro años después, y la cámara de saneamiento con atmósfera modificada (CO2) continúa cerrada. La están utilizando como almacén. Pero vamos a retomarlo. 

De hecho, el día 27 [de noviembre] voy a Bruselas y el 28 me reúno con funcionarios del Posei para tratar la recuperación de La Palma; con la Dirección General de Asuntos Marítimos y de Pesca de la Comisión Europea, para abordar el futuro Fondo Europeo Marítimo de Pesca y Acuicultura (FEMPA), y con Sanidad Vegetal Europea, para precisamente aclarar este asunto y recuperar el citado proyecto. Quiero ver en qué punto se paró. Cuando me fui, teníamos casi el 90% del proyecto de investigación aceptado y de las publicaciones [de respaldo]. Nos habían dicho entonces que faltaban algunas publicaciones para tener el 99% garantizado. [Una nota de Agricultura servida este 30 de noviembre de 2023 señala que el archipiélago elaborará nuevos informes para validar -cinco años después de presentado el proyecto, en 2019- el protocolo de poscosecha con CO2 destinado a erradicar la polilla guatemalteca en la papa de color, para que pueda ser exportada. Esta noticia fue difundida tras la reunión sobre esta misma cuestión en Bruselas, con el Reper].

En esa reunión con Sanidad Vegetal, aclararemos qué es lo que falta para retomarlo por medio del ICIA y terminarlo, para que nos puedan dar el visto bueno. Porque ahora no podemos exportar papa. Tienen que autorizarnos. Y nos interesa, porque la papa de color es un producto único en Europa, cuenta con denominación de origen y podríamos exportarla con esa calidad diferenciada, lo cual es un valor añadido fundamental para este producto tan singular.

Recientemente, en el Parlamento han hecho un balance de la situación de GMR, que tiene un agujero proyectado, pues depende aún de dos sentencias, de 2,2 millones de euros. ¿Cómo ha visto la gestión de esta empresa pública, clave en la comercialización del producto local? ¿Cómo se explica lo de contratar servicios sin recursos para hacerlo?

Es inexplicable. Para mí, es una mala gestión. GMR es una empresa pública que funciona con dinero de todos. Por lo tanto, lo que no es de recibo es comprometer recursos que no se tienen. Porque ahora estos tendrán que salir de algún lado, para poder atender esa deuda de 2,2 millones de euros. GMR es una empresa pública clave para la promoción y para los pequeños productores, porque tiene la capacidad de pagar al productor y, además, con el músculo que tenía, poder encargarse de pelear con el hotelero y las grandes cadenas para que paguen al productor local más rápido, que no puede esperar los 90 días para cobrar. Y eso ahora se ha tambaleado, porque, tal y como está la situación, GMR puede echar el cierre.

Se ha puesto en riesgo una empresa fundamental para el sector primario, pues puede perfectamente entrar en causa de disolución. Yo he asumido el reto de recuperarla, pero no es justo, porque durante mi mandato, el año que la empresa tuvo pérdidas, solo fueron de 1.500 euros, pero el año que ganó, solo lo hizo en 2.100 euros. Una empresa pública no debe generar mucho beneficio, porque eso significa que no está haciendo bien su función. No puede comprometerse una empresa clave para nuestro sector primario por llevar a cabo cuestiones que no corresponden a GMR.