AMAZIGES DE CANARIAS

El origen, la única certeza

Luis Socorro

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El origen de los primeros pobladores de las Islas Canarias es un asunto que hoy concita unanimidad en la comunidad científica. Está en el norte de África. Hubo leyendas que apuntaban a una procedencia de tierras vikingas e incluso en la actualidad hay  quien sostiene que “los guanches hablaban euskera”. Para desmontar estas teorías está la ciencia. El estudio de las inscripciones alfabéticas que nos legaron y de la toponimia actual de la sietes islas concluye que son indubitadamente de origen bereber. A ello se unen las investigaciones genéticas; los análisis moleculares del ADN han disipado cualquier tipo de duda sobre el origen, pero también han aportado información sobre los linajes de esas personas y sobre la pervivencia de los genes de aquellos amaziges isleños en los canarios del siglo XXI.  

La doctora Rosa Fregel es una autoridad en la materia. La directora del equipo Evolución, genética de poblaciones y paleogenómica de la Universidad de La Laguna afirma que “los datos de ADN obtenidos hasta la fecha, tanto de ADN mitocondrial y cromosoma Y, como a nivel de genoma completo, evidencian una conexión entre los aborígenes de Canarias y poblaciones antiguas del norte de África. Por tanto, nuestros estudios indican un claro origen norteafricano”.

El norte de África es inmenso. 3.720 kilómetros separan la península del Sinaí, en Egipto, de Ceuta. ¿Desde dónde llegaron? ¿De Libia, de Túnez…? ¿Deportados por los romanos desde el puerto argelino de la ciudad de Cherchel o llegaron antes, cuando los fenicios dominaban el Mediterráneo? ¿O viajaron por su cuenta desde el vecino Marruecos? ¿Hubo sólo una arribada o se produjeron varias episodios migratorios? A lo largo de este reportaje de once capítulos, estos interrogantes serán resueltos. Pero antes, es fundamental conocer el contexto histórico, lo que pasaba hace 2.000 años en el norte del continente africano.

La historia del poblamiento de Canarias empieza en Caesarea, actual Cherchel  (Argelia). Antigua capital de una provincia romana, desde esta ciudad portuaria Juba II financió la primera expedición de la que hay constancia documental que llegó a Canarias,  al poco de su acceso al trono de Mauretania, en el 25 antes de la era común (AEC). Los relatos de aquellos navegantes y de otras expediciones las recogió Plinio el Viejo en el año 77 de la Era, en su famosa Historia Natural, una enciclopedia de 37 libros.

“El único texto bien contrastado, bien confirmado, que da una referencia precisa de las Islas Canarias es el texto de Plinio”. Así de contundente se expresa Antonio Tejera Gaspar, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y Premio Canarias de Patrimonio Histórico. Aunque no es su especialidad, Amelia Rodríguez, catedrática de Prehistoria de la ULPCG y arqueóloga, coincide con Tejera:  “Yo diría que sí; aparentemente podría ser la primera mención a Canarias en documentos escritos”.

José Juan Jiménez, conservador del Museo de Arqueología de Tenerife durante treinta años, ha investigado los textos clásicos. “La referencia de Plinio a Canarias es la primera y más antigua de la que se tiene constancia, pero él se basó en informaciones de otros autores a los que menciona, como Juba II o Estacio Seboso, pero sólo se conservan fragmentos de esos documentos”.

Gracias esos viajes, Juba II sacó al Archipiélago canario del terreno de lo mítico a lo real. Por ello, la doctora Alicia García –Diario de Avisos, febrero de 2018-, considera a Juba II como el primer rey de Canarias. “Lo que sí podríamos afirmar”, sostiene la doctora María Antonia Perera, actual directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno autónomo, “es que Juba es quien pone en el mapa a las islas, con él entran en la historia escrita y salen de la leyenda, y de esta manera se convierten en espacio físico, geográfico y dejan de ser un mito”.

¿Quién fue Juba II (52 a.e.c. - 23 d.e.c.)? Fue un nativo norteafricano que nació en Hippo Regius –costa de Argelia, cerca de Túnez- y murió en Tipasa, donde se conserva su mausoleo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su padre fue derrotado por Roma. Juba II fue trasladado a la capital del imperio de niño, fue romanizado y nombrado rey de  Numidia y luego de la antigua Mauritania –no confundir con la Mauritania actual-. Según los investigadores, era una persona muy culta, un erudito. Para conocer el vasto territorio de las provincias del norte de África, financió expediciones para saber qué había tras las mitológicas Columnas de Hércules –Estrecho de Gibraltar-. En uno de esos viajes, sus navegantes llegaron a Canarias. Los relatos de estos expedicionarios fueron una de las fuentes de Plinio para su Historia Natural.

 ¿Pero hay referencias a Canarias anteriores a las de Plinio? Sí. El propio Tejera Gaspar lo corrobora: “Antes de Juba II, ya se habían descubierto las islas. Estacio Seboso, hacia el año 30 antes de Cristo, las menciona y probablemente otros autores, pero se han perdido los documentos”. El doctor Jiménez afirma que hay “una fuente central y que también la menciona Plinio”. Se trata de Marco Vipsanio Agripa, “el general en jefe más importante del emperador, al que se le encargó  el mapa primigenio Orbis Terrarum”. En este documento “se conserva una relación de sitios y luego se grafió. Ahí se menciona a Canarias”. Este mapa es anterior al 12 AEC (antes de la era común), porque en ese año falleció Agripa.

Una autoridad académica en textos clásicos es Trinidad Arcos Pereira, catedrática de Filología Clásica de la ULPGC. “Con la descripción exacta y la posición, es en la obra de Plinio donde aparece por primera vez el nombre de Canaria (en singular), aparece Ninguaria, Junonia… ¿Existían textos antes?, indudablemente que sí”. ¿Por qué no se conservan? Esos documentos, explica la catedrática, “que definían las rutas de navegación, comerciales, no se conservan porque estarían en archivos secretos. De hecho, cuando cae Cartago (146 antes de la Era), es la documentación sobre las rutas marítimas lo que priorizan para trasladar a Roma”. En este sentido, en un libro de Arcos y Antonio Santana se alude a que “Plinio habla de dos archipiélagos, uno sería Lanzarote y Fuerteventura –el archipiélago de los aventurados- y el otro es el archipiélago de las afortunadas”. 

Primeros contactos

¿Los enviados de Juba fueron los primeros en llegar a Canarias? No. Hay constancia de unos pescadores que llegaron procedentes del sur de la Península Ibérica. Plutarco, explica Trinidad Arcos, “en un pequeño texto habla de que unos marineros han venido desde dos islas del Atlántico separadas por un estrecho. Claramente se refiere a Lanzarote y Fuerteventura y las llama las islas de los bienaventurados”.

Pero si de estos marineros sólo existe esa mención de Plutarco, de lo que si hay pruebas es de la presencia de los productores de púrpura en el islote de Lobos, en torno al año 40 antes de la Era, como veremos en el tercer capítulo de esta serie –La huella romana de Lobos- Ni siquiera esas personas tendrían que ser las primeras en desembarcar en el archipiélago.  Los fenicios, la cultura predominante en el Mediterráneo antes de Roma, eran magníficos navegantes y fundaron pueblos en la costa atlántica de Marruecos, como Lixus (actual Larache) y Mogador (actual Essauira). Es probable que fondearan por las islas para pertrecharse, pero no existen pruebas ni dataciones con higiene cronométrica para afirmar que los fenicios se establecieron en Lanzarote.

El lagunero Alfredo Mederos, profesor de la UAM, ha realizado investigaciones sobre el litoral atlántico norteafricano. “La capacidad náutica de los fenicios era muy importante y tenían enclaves en la costa de Marruecos. Debido a las mareas y corrientes, cuando se sube es más peligroso costear que ir mar adentro, y si vemos el perfil de la costa del norte Sáhara, en línea recta están Fuerteventura y Lanzarote. Por ello, en absoluto es descartable que pasaran por esas dos islas”. En cualquier caso, esos posibles contactos anteriores al cambio de Era fueron pasajeros y aunque se establecieran durante un tiempo, como en Lobos, no colonizaron el territorio. 

En su enciclopedia Historia Natural, Plinio afirma que las islas estaban deshabitadas, pero también sostiene que había restos de alguna construcción. En Junonia, dice el escritor romano, “hay un templete construido de piedras”. Arcos Pereira interpreta que “sería El Hierro, en honor a Juno, porque era costumbre en el mundo antiguo, en lo que se considera el fin del mundo, construir un templo”. La otra isla, en la que Plinio escribe que “hay restos de edificaciones, se llama Canaria por la infinidad de perros de enorme tamaño”. Arcos cree que es Gran Canaria. Sobre la presencia de canes, el doctor y arqueólogo Jorge Onrubia lo ve plausible “porque aquellos navegantes pudieron llegar con perros, se escapan un macho y una hembra y llenan la isla de perros sin ninguna competencia”. 

Pero un asunto son contactos puntuales y otro es el poblamiento, entendido como colonización de un territorio y la consiguiente creación de una sociedad. En la cuarta entrega abordaremos las teorías del poblamiento. Una prueba sólida de que Plinio el Viejo tenía razón cuando redactó, en el año 77 después de la Era común, que no había humanos en el archipiélago la aporta la ciencia. Las dataciones de carbono 14 realizadas en la última década a restos humanos y semillas, con tecnología punta y con higiene cronométrica, indican el año 207, en Lanzarote, como la fecha más antigua.

Proyecto de vanguardia 

Jonathan Santana, doctor de la ULPGC, pertenece a la hornada de arqueólogos de este siglo XXI. Es el director del proyecto Aislamiento y evolución en las Islas Oceánicas: la colonización humana en las Islas Canarias, financiado por el Consejo Europeo de Investigación con una dotación de 1,4 millones de euros en cinco años (2020-2025). El equipo de Santana cuenta con científicos de La Laguna, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de tres universidades del Reino Unido, Francia y Suecia. Por lo pronto, se han realizado excavaciones en Gran Canaria, La Palma y El Hierro pero se prospectarán enclaves de todo el archipiélago. Tiene mucho trabajo por delante y hay muchas esperanzas de que aporte luz a las sombras sobre el poblamiento de las islas.

Preguntado sobre posibles zonas de procedencia, Santana apunta a Túnez “porque las evidencias epigráficas del líbico-bereber canario se han vinculado” –como ha demostrado la doctora Renata Springer, referente en Canarias en epigrafía líbico-bereber- a ese país de la antigua Numidia, “porque ahí aparece esa escritura y desde ahí se extiende a otras zonas norteafricanas”. Pero Túnez está muy lejos de Canarias -2.300 km en línea recta-. Según los nuevos trabajos publicados hace tan sólo un año, añade Santana, “de la investigadora de Tenerife Irma Mora”, la escritura de las islas “se parece más a una variedad localizada en el Valle del Draa, al sur de Marruecos”. La desembocadura de ese río está casi enfrente de Canarias. ¿Está ahí el origen de las tribus que desembarcaron en las islas?

La doctora Irma Mora, especialista en epigrafía líbico-bereber -tras una década de investigación, hace un año defendió su tesis doctoral en la que analiza 1.500 inscripciones, de las cuales 114 son de El Hierro, isla que presenta el mayor número de inscripciones alfabéticas de Canarias-, sostiene que las mayores similitudes con el alfabeto de los aborígenes las ha encontrado “en yacimientos ubicados cerca de Bechar (Argelia), Tafilalt (próxima a la frontera argelina-marroquí), el Valle del Draa (Marruecos) y el Sáhara occidental”. Mora afirma que “la escritura líbico bereber se usaba en la comarca mediterránea, se traslada al Sáhara central (Argelia y Marruecos) y también a Canarias”. Y gracias a esa escritura, sentencia la epigrafista, “ sabemos el origen de las poblaciones que llegaron a las islas”.

La carpología es otra de las ciencias arqueológicas que está revolucionando la arqueología a nivel mundial. El doctor Jacob Morales de la ULPGC, estrecho colaborador de la investigación que lidera el doctor Santana –ambos son discípulos de la catedrática Amelia Rodríguez- , es de los pocos carpólogos que hay en España. “Las dataciones con semillas son muy fiables. La datación más antigua que tenemos es la de una semilla de cebada obtenida en El Tendal, en La Palma, y tiene una datación que va del año  245 al 450”. ¿200 años de margen no son muchos? “Prefiero un margen amplio a dar un dato erróneo”, responde Morales.

Las dataciones realizadas por los equipos de bioarqueología del Museo Canario y del MUNA de Tenerife a las momias y restos humanos de ambas instituciones dan fechas de esta era; en el caso del Museo Canario, la más antigua es del siglo V y “la mayoría oscila entre ese siglo y el VIII”, concreta la doctora Teresa Delgado, conservadora de la institución. 

Si el origen está claro –norte de África- y cuándo se inicia la colonización del archipiélago también -después del nacimiento de Cristo-, la siguiente cuestión es cómo vinieron. Indudablemente por mar, pero ¿fueron obligados o llegaron a las islas voluntariamente? En lo que coinciden todas las fuentes consultadas para realizar este reportaje es que llegaron con el ánimo de establecerse en el archipiélago y colonizar un territorio para iniciar una nueva vida. 

El debate de las deportaciones

Donde no hay unanimidad es a la hora de responder a la siguiente pregunta: ¿Llegaron por su cuenta o fueron deportados contra su voluntad? ¿O fueron trasladados con el ánimo de colonizar una islas que estaban cerca de las provincias romanas de África? Hasta finales del siglo XX, en el ámbito académico de las universidades canarias, había una corriente de opinión extendida de que los romanos deportaron a tribus rebeldes africanas que se oponían a la dominación de Roma, pero hoy está más cuestionada. La “deportatio in insulam”, como recuerda la doctora Esther Chávez de la ULL, “ era común e incluso estaba legislada, pero no hay ninguna prueba documental de que se produjeran deportaciones a Canarias”; a otros lugares, en cambio, sí. El catedrático Tejera Gaspar y el historiador Jiménez defienden la deportaciones como origen del poblamiento.

“Ya lo dijo Abreu y Galindo hace 400 años, Leonardo Torriani, Espinosa… los principales cronistas”. El texto de Abreu, recuerda Tejera, “es de una precisión absoluta y dice que fueron traídos por los romanos porque se habían sublevado contra el poderío de Roma, los trajeron con animales y los abandonaron en las islas”. Torriani escribió que “las islas habían quedado desiertas y luego las redescubrió Juba y las pobló con númidas, con gente de esa zona de Túnez”. Ante la ausencia de una prueba documental sobre las supuestas deportaciones, Tejera responde: “La información que da Abreu y Galindo es una información recopilada por él; ahora bien, ¿de dónde procede esa recopilación, de qué textos latinos perdidos a lo largo de los siglos…El camino está ahí, el problema es el hilo conductor para unir las cosas. La obra de Juba, por ejemplo, de la que se nutre Plinio, está mayormente perdida”.

El director del Museo Benahoarita de La Palma, Jorge Pais, también defiende el planteamiento de las deportaciones aunque no “descarto arribadas posteriores voluntarias”. La arqueóloga Nona Perera tampoco descarta más de una oleada y no tiene certeza de que las deportaciones fueran “la causa última”, pero  “sí parece cierto que Roma trasladara a esas poblaciones al archipiélago, con el propósito de colonizarlo, pues es una alternativa razonable”. Perera se pregunta: “¿Se podría defender que fueran deportadas? Quizás sí, porque el siglo I de la era fue una época de gran efervescencia en la región, con múltiples rebeliones como la de Tecfarinas o la de la tribu cinithi y la de Aedemon, por citar solo las más conocidas; el poder romano pudo deportar a las élites rebeldes a las islas para decapitar el movimiento insurgente, pero no conozco una prueba certera de que fuese así”. 

José Juan Jiménez también ha sido un defensor de las deportaciones. Tiene publicaciones en revistas científicas y un libro demandado –La tribu de los Canarii-. “Ahora no tengo claro que hubiera deportaciones a todas las islas. Pero de que se produjeran en Gran Canaria, sí”, asevera con firmeza. “Se puede confirmar que la isla recibió a una tribu deportada del siglo I en época romana; del resto no hay pruebas. Ni tampoco las hay para afirmar que supieran navegar,  porque no se ha encontrado resto alguna de embarcaciones, ni las fuentes etnohistóricas mencionan que navegaran entre islas, lo que refuerza la tesis de que fueron traídos. Por tanto, debemos descartar que vinieran por sus propios medios. No sé dónde estaban los guanches, los majos o los bimbapes, pero yo si sé dónde estaban los canarii, quién los descubrió, cuándo y por qué. Era un grupo tribal que figura en la obra de Plinio el Viejo y éste obtuvo la información del general Cayo Suetonio Paulino, que  vence a los canarii porque se habían rebelado contra la ocupación romana”. Jiménez aporta tres datos que, a su juicio, son claves: “Este hecho tiene fecha, año 42 de la Era; tiene un factónumun divante, sublevación contra Roma, y un lugar específico, la zona del Alto Atlas”. El investigador sostiene que “las tribus levantiscas que actúan de esa manera son deportadas a las islas comarcanas, las Canarias, que ya se conocían por Agripa y Juba II”. Y ¿por qué a Gran Canaria?, “porque el gentilicio de los aborígenes de esa isla es canarios”.

La hipótesis de las deportaciones tiene detractores. Jonathan Santana, por ejemplo, considera que “no hay evidencias documentales. Lo que se hace es extrapolar unos relatos romanos de unos fenómenos diferentes y se plantea la hipótesis de las deportaciones”. No obstante, muestra “un profundo respeto a esos investigadores porque nos han facilitado el trabajo, ya que nos han permitido indagar una hipótesis y no hemos descubierto ninguna prueba documental; y los romanos lo escribían prácticamente todo”. El profesor de la ULPGC defiende que vinieron por su cuenta, como veremos al analizar el poblamiento.

Contundente en su rechazo a las deportaciones es Jorge Onrubia. Aunque nació en Madrid, vive en Tenerife y su primera excavación fue en Guayedra. Hoy es responsable de investigación del Parque Arqueológico Cueva Pintada, profesor en la UCLM y miembro del consejo científico de la Encyclopédie Berbère. Onrubia es el arqueólogo canario con más experiencia en el norte de África; desde 1986 ha participado en excavaciones en Marruecos y Argelia y ha visitado, “con perspectiva arqueológica”, muchas regiones de ambos países y de Túnez.

“Voy a citar un argumento muy economicista: investigaciones muy solventes demuestran que para hacer funcionar la maquinaria económica romana, que se basaba en la esclavitud, hacían falta unos 500.000 esclavos al año. No parece muy sensato que un sistema que demandaba esa mano de obra, con el coste de los viajes para dejar gente en cada una de las islas, decida deportar a unas tribus levantiscas”. Onrubia reconoce, porque así lo dejaron por escrito, “algunas deportaciones y exilios” en regiones del Mediterráneo, “pero deportaciones masivas con familias y animales no parecen lógicas”. Este investigador considera que llegaran de manera voluntaria “aunque fueran traídos por navegantes en la época romana”. 

Amelia Rodríguez  descarta la tesis de las deportaciones. “Eso es una creencia; no hay ninguna evidencia ni tiene ningún sentido”. A la catedrática de Prehistoria de la ULPGC le resulta “inverosímil que los  romanos fueran depositando a gente isla por isla. Tampoco me parece razonable que si los romanos fueran los responsables de la colonización trajeran a personas pero no a sus animales para actividades agrícolas como asnos, vacas, ni tampoco plantas emblemáticas como  el olivo y la vid”. Rodríguez aporta un dato más: Los productos que trajeron los aborígenes no son romanos, son amaziges: cebada, trigo, higuera, cabras….“

El doctor de la ULL Juan Francisco Navarro Mederos, respetado por las nuevas hornadas de investigadores y por las veteranas, se postula entre partidarios y detractores de la teoría de las deportaciones: “Conviene dejar claro que aún estamos en el terreno de las hipótesis, porque existen ciertos indicios historiográficos para valorar la posibilidad de una deportación, pero no hay pruebas irrefutables de ello. Dicho esto, no debe descartarse la hipótesis de que la primera arribada fuera el producto de una deportación, pero tampoco hay que considerarla como la única opción. En lo que toca a siguientes probables oleadas, hay que pensar en otros mecanismos diferentes a la deportación, y el origen de las mismas habría que buscarlo en los convulsos escenarios que hubo en la vecinas tierras del continente durante ese periodo”.

En definitiva, fuera como fuese, vinieron por mar y desde el norte africano. También podemos afirmar que fue en esta Era cuando arribaron los primeros pobladores, pero antes, como sabemos por las excavaciones de Lobos, llegaron al archipiélago personas romanizadas especialistas en la producción de púrpura. Estos datos irrefutables sugieren otro debate interesante con opiniones divergentes. ¿Conocían la navegación? Esta cuestión es la protagonista de la segunda entrega de este documento periodístico: Viaje a un lugar desconocido.

El origen de los primeros pobladores de las Islas Canarias es un asunto que hoy concita unanimidad en la comunidad científica. Está en el norte de África. Hubo leyendas que apuntaban a una procedencia de tierras vikingas e incluso en la actualidad hay  quien sostiene que “los guanches hablaban euskera”. Para desmontar estas teorías está la ciencia. El estudio de las inscripciones alfabéticas que nos legaron y de la toponimia actual de la sietes islas concluye que son indubitadamente de origen bereber. A ello se unen las investigaciones genéticas; los análisis moleculares del ADN han disipado cualquier tipo de duda sobre el origen, pero también han aportado información sobre los linajes de esas personas y sobre la pervivencia de los genes de aquellos amaziges isleños en los canarios del siglo XXI.  

La doctora Rosa Fregel es una autoridad en la materia. La directora del equipo Evolución, genética de poblaciones y paleogenómica de la Universidad de La Laguna afirma que “los datos de ADN obtenidos hasta la fecha, tanto de ADN mitocondrial y cromosoma Y, como a nivel de genoma completo, evidencian una conexión entre los aborígenes de Canarias y poblaciones antiguas del norte de África. Por tanto, nuestros estudios indican un claro origen norteafricano”.

El norte de África es inmenso. 3.720 kilómetros separan la península del Sinaí, en Egipto, de Ceuta. ¿Desde dónde llegaron? ¿De Libia, de Túnez…? ¿Deportados por los romanos desde el puerto argelino de la ciudad de Cherchel o llegaron antes, cuando los fenicios dominaban el Mediterráneo? ¿O viajaron por su cuenta desde el vecino Marruecos? ¿Hubo sólo una arribada o se produjeron varias episodios migratorios? A lo largo de este reportaje de once capítulos, estos interrogantes serán resueltos. Pero antes, es fundamental conocer el contexto histórico, lo que pasaba hace 2.000 años en el norte del continente africano.

La historia del poblamiento de Canarias empieza en Caesarea, actual Cherchel  (Argelia). Antigua capital de una provincia romana, desde esta ciudad portuaria Juba II financió la primera expedición de la que hay constancia documental que llegó a Canarias,  al poco de su acceso al trono de Mauretania, en el 25 antes de la era común (AEC). Los relatos de aquellos navegantes y de otras expediciones las recogió Plinio el Viejo en el año 77 de la Era, en su famosa Historia Natural, una enciclopedia de 37 libros.

“El único texto bien contrastado, bien confirmado, que da una referencia precisa de las Islas Canarias es el texto de Plinio”. Así de contundente se expresa Antonio Tejera Gaspar, catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna y Premio Canarias de Patrimonio Histórico. Aunque no es su especialidad, Amelia Rodríguez, catedrática de Prehistoria de la ULPCG y arqueóloga, coincide con Tejera:  “Yo diría que sí; aparentemente podría ser la primera mención a Canarias en documentos escritos”.

José Juan Jiménez, conservador del Museo de Arqueología de Tenerife durante treinta años, ha investigado los textos clásicos. “La referencia de Plinio a Canarias es la primera y más antigua de la que se tiene constancia, pero él se basó en informaciones de otros autores a los que menciona, como Juba II o Estacio Seboso, pero sólo se conservan fragmentos de esos documentos”.

Gracias esos viajes, Juba II sacó al Archipiélago canario del terreno de lo mítico a lo real. Por ello, la doctora Alicia García –Diario de Avisos, febrero de 2018-, considera a Juba II como el primer rey de Canarias. “Lo que sí podríamos afirmar”, sostiene la doctora María Antonia Perera, actual directora general de Patrimonio Cultural del Gobierno autónomo, “es que Juba es quien pone en el mapa a las islas, con él entran en la historia escrita y salen de la leyenda, y de esta manera se convierten en espacio físico, geográfico y dejan de ser un mito”.

¿Quién fue Juba II (52 a.e.c. - 23 d.e.c.)? Fue un nativo norteafricano que nació en Hippo Regius –costa de Argelia, cerca de Túnez- y murió en Tipasa, donde se conserva su mausoleo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su padre fue derrotado por Roma. Juba II fue trasladado a la capital del imperio de niño, fue romanizado y nombrado rey de  Numidia y luego de la antigua Mauritania –no confundir con la Mauritania actual-. Según los investigadores, era una persona muy culta, un erudito. Para conocer el vasto territorio de las provincias del norte de África, financió expediciones para saber qué había tras las mitológicas Columnas de Hércules –Estrecho de Gibraltar-. En uno de esos viajes, sus navegantes llegaron a Canarias. Los relatos de estos expedicionarios fueron una de las fuentes de Plinio para su Historia Natural.

 ¿Pero hay referencias a Canarias anteriores a las de Plinio? Sí. El propio Tejera Gaspar lo corrobora: “Antes de Juba II, ya se habían descubierto las islas. Estacio Seboso, hacia el año 30 antes de Cristo, las menciona y probablemente otros autores, pero se han perdido los documentos”. El doctor Jiménez afirma que hay “una fuente central y que también la menciona Plinio”. Se trata de Marco Vipsanio Agripa, “el general en jefe más importante del emperador, al que se le encargó  el mapa primigenio Orbis Terrarum”. En este documento “se conserva una relación de sitios y luego se grafió. Ahí se menciona a Canarias”. Este mapa es anterior al 12 AEC (antes de la era común), porque en ese año falleció Agripa.

Una autoridad académica en textos clásicos es Trinidad Arcos Pereira, catedrática de Filología Clásica de la ULPGC. “Con la descripción exacta y la posición, es en la obra de Plinio donde aparece por primera vez el nombre de Canaria (en singular), aparece Ninguaria, Junonia… ¿Existían textos antes?, indudablemente que sí”. ¿Por qué no se conservan? Esos documentos, explica la catedrática, “que definían las rutas de navegación, comerciales, no se conservan porque estarían en archivos secretos. De hecho, cuando cae Cartago (146 antes de la Era), es la documentación sobre las rutas marítimas lo que priorizan para trasladar a Roma”. En este sentido, en un libro de Arcos y Antonio Santana se alude a que “Plinio habla de dos archipiélagos, uno sería Lanzarote y Fuerteventura –el archipiélago de los aventurados- y el otro es el archipiélago de las afortunadas”. 

Primeros contactos

¿Los enviados de Juba fueron los primeros en llegar a Canarias? No. Hay constancia de unos pescadores que llegaron procedentes del sur de la Península Ibérica. Plutarco, explica Trinidad Arcos, “en un pequeño texto habla de que unos marineros han venido desde dos islas del Atlántico separadas por un estrecho. Claramente se refiere a Lanzarote y Fuerteventura y las llama las islas de los bienaventurados”.

Pero si de estos marineros sólo existe esa mención de Plutarco, de lo que si hay pruebas es de la presencia de los productores de púrpura en el islote de Lobos, en torno al año 40 antes de la Era, como veremos en el tercer capítulo de esta serie –La huella romana de Lobos- Ni siquiera esas personas tendrían que ser las primeras en desembarcar en el archipiélago.  Los fenicios, la cultura predominante en el Mediterráneo antes de Roma, eran magníficos navegantes y fundaron pueblos en la costa atlántica de Marruecos, como Lixus (actual Larache) y Mogador (actual Essauira). Es probable que fondearan por las islas para pertrecharse, pero no existen pruebas ni dataciones con higiene cronométrica para afirmar que los fenicios se establecieron en Lanzarote.

El lagunero Alfredo Mederos, profesor de la UAM, ha realizado investigaciones sobre el litoral atlántico norteafricano. “La capacidad náutica de los fenicios era muy importante y tenían enclaves en la costa de Marruecos. Debido a las mareas y corrientes, cuando se sube es más peligroso costear que ir mar adentro, y si vemos el perfil de la costa del norte Sáhara, en línea recta están Fuerteventura y Lanzarote. Por ello, en absoluto es descartable que pasaran por esas dos islas”. En cualquier caso, esos posibles contactos anteriores al cambio de Era fueron pasajeros y aunque se establecieran durante un tiempo, como en Lobos, no colonizaron el territorio. 

En su enciclopedia Historia Natural, Plinio afirma que las islas estaban deshabitadas, pero también sostiene que había restos de alguna construcción. En Junonia, dice el escritor romano, “hay un templete construido de piedras”. Arcos Pereira interpreta que “sería El Hierro, en honor a Juno, porque era costumbre en el mundo antiguo, en lo que se considera el fin del mundo, construir un templo”. La otra isla, en la que Plinio escribe que “hay restos de edificaciones, se llama Canaria por la infinidad de perros de enorme tamaño”. Arcos cree que es Gran Canaria. Sobre la presencia de canes, el doctor y arqueólogo Jorge Onrubia lo ve plausible “porque aquellos navegantes pudieron llegar con perros, se escapan un macho y una hembra y llenan la isla de perros sin ninguna competencia”. 

Pero un asunto son contactos puntuales y otro es el poblamiento, entendido como colonización de un territorio y la consiguiente creación de una sociedad. En la cuarta entrega abordaremos las teorías del poblamiento. Una prueba sólida de que Plinio el Viejo tenía razón cuando redactó, en el año 77 después de la Era común, que no había humanos en el archipiélago la aporta la ciencia. Las dataciones de carbono 14 realizadas en la última década a restos humanos y semillas, con tecnología punta y con higiene cronométrica, indican el año 207, en Lanzarote, como la fecha más antigua.

Proyecto de vanguardia 

Jonathan Santana, doctor de la ULPGC, pertenece a la hornada de arqueólogos de este siglo XXI. Es el director del proyecto Aislamiento y evolución en las Islas Oceánicas: la colonización humana en las Islas Canarias, financiado por el Consejo Europeo de Investigación con una dotación de 1,4 millones de euros en cinco años (2020-2025). El equipo de Santana cuenta con científicos de La Laguna, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y de tres universidades del Reino Unido, Francia y Suecia. Por lo pronto, se han realizado excavaciones en Gran Canaria, La Palma y El Hierro pero se prospectarán enclaves de todo el archipiélago. Tiene mucho trabajo por delante y hay muchas esperanzas de que aporte luz a las sombras sobre el poblamiento de las islas.

Preguntado sobre posibles zonas de procedencia, Santana apunta a Túnez “porque las evidencias epigráficas del líbico-bereber canario se han vinculado” –como ha demostrado la doctora Renata Springer, referente en Canarias en epigrafía líbico-bereber- a ese país de la antigua Numidia, “porque ahí aparece esa escritura y desde ahí se extiende a otras zonas norteafricanas”. Pero Túnez está muy lejos de Canarias -2.300 km en línea recta-. Según los nuevos trabajos publicados hace tan sólo un año, añade Santana, “de la investigadora de Tenerife Irma Mora”, la escritura de las islas “se parece más a una variedad localizada en el Valle del Draa, al sur de Marruecos”. La desembocadura de ese río está casi enfrente de Canarias. ¿Está ahí el origen de las tribus que desembarcaron en las islas?

La doctora Irma Mora, especialista en epigrafía líbico-bereber -tras una década de investigación, hace un año defendió su tesis doctoral en la que analiza 1.500 inscripciones, de las cuales 114 son de El Hierro, isla que presenta el mayor número de inscripciones alfabéticas de Canarias-, sostiene que las mayores similitudes con el alfabeto de los aborígenes las ha encontrado “en yacimientos ubicados cerca de Bechar (Argelia), Tafilalt (próxima a la frontera argelina-marroquí), el Valle del Draa (Marruecos) y el Sáhara occidental”. Mora afirma que “la escritura líbico bereber se usaba en la comarca mediterránea, se traslada al Sáhara central (Argelia y Marruecos) y también a Canarias”. Y gracias a esa escritura, sentencia la epigrafista, “ sabemos el origen de las poblaciones que llegaron a las islas”.

La carpología es otra de las ciencias arqueológicas que está revolucionando la arqueología a nivel mundial. El doctor Jacob Morales de la ULPGC, estrecho colaborador de la investigación que lidera el doctor Santana –ambos son discípulos de la catedrática Amelia Rodríguez- , es de los pocos carpólogos que hay en España. “Las dataciones con semillas son muy fiables. La datación más antigua que tenemos es la de una semilla de cebada obtenida en El Tendal, en La Palma, y tiene una datación que va del año  245 al 450”. ¿200 años de margen no son muchos? “Prefiero un margen amplio a dar un dato erróneo”, responde Morales.

Las dataciones realizadas por los equipos de bioarqueología del Museo Canario y del MUNA de Tenerife a las momias y restos humanos de ambas instituciones dan fechas de esta era; en el caso del Museo Canario, la más antigua es del siglo V y “la mayoría oscila entre ese siglo y el VIII”, concreta la doctora Teresa Delgado, conservadora de la institución. 

Si el origen está claro –norte de África- y cuándo se inicia la colonización del archipiélago también -después del nacimiento de Cristo-, la siguiente cuestión es cómo vinieron. Indudablemente por mar, pero ¿fueron obligados o llegaron a las islas voluntariamente? En lo que coinciden todas las fuentes consultadas para realizar este reportaje es que llegaron con el ánimo de establecerse en el archipiélago y colonizar un territorio para iniciar una nueva vida. 

El debate de las deportaciones

Donde no hay unanimidad es a la hora de responder a la siguiente pregunta: ¿Llegaron por su cuenta o fueron deportados contra su voluntad? ¿O fueron trasladados con el ánimo de colonizar una islas que estaban cerca de las provincias romanas de África? Hasta finales del siglo XX, en el ámbito académico de las universidades canarias, había una corriente de opinión extendida de que los romanos deportaron a tribus rebeldes africanas que se oponían a la dominación de Roma, pero hoy está más cuestionada. La “deportatio in insulam”, como recuerda la doctora Esther Chávez de la ULL, “ era común e incluso estaba legislada, pero no hay ninguna prueba documental de que se produjeran deportaciones a Canarias”; a otros lugares, en cambio, sí. El catedrático Tejera Gaspar y el historiador Jiménez defienden la deportaciones como origen del poblamiento.

“Ya lo dijo Abreu y Galindo hace 400 años, Leonardo Torriani, Espinosa… los principales cronistas”. El texto de Abreu, recuerda Tejera, “es de una precisión absoluta y dice que fueron traídos por los romanos porque se habían sublevado contra el poderío de Roma, los trajeron con animales y los abandonaron en las islas”. Torriani escribió que “las islas habían quedado desiertas y luego las redescubrió Juba y las pobló con númidas, con gente de esa zona de Túnez”. Ante la ausencia de una prueba documental sobre las supuestas deportaciones, Tejera responde: “La información que da Abreu y Galindo es una información recopilada por él; ahora bien, ¿de dónde procede esa recopilación, de qué textos latinos perdidos a lo largo de los siglos…El camino está ahí, el problema es el hilo conductor para unir las cosas. La obra de Juba, por ejemplo, de la que se nutre Plinio, está mayormente perdida”.

El director del Museo Benahoarita de La Palma, Jorge Pais, también defiende el planteamiento de las deportaciones aunque no “descarto arribadas posteriores voluntarias”. La arqueóloga Nona Perera tampoco descarta más de una oleada y no tiene certeza de que las deportaciones fueran “la causa última”, pero  “sí parece cierto que Roma trasladara a esas poblaciones al archipiélago, con el propósito de colonizarlo, pues es una alternativa razonable”. Perera se pregunta: “¿Se podría defender que fueran deportadas? Quizás sí, porque el siglo I de la era fue una época de gran efervescencia en la región, con múltiples rebeliones como la de Tecfarinas o la de la tribu cinithi y la de Aedemon, por citar solo las más conocidas; el poder romano pudo deportar a las élites rebeldes a las islas para decapitar el movimiento insurgente, pero no conozco una prueba certera de que fuese así”. 

José Juan Jiménez también ha sido un defensor de las deportaciones. Tiene publicaciones en revistas científicas y un libro demandado –La tribu de los Canarii-. “Ahora no tengo claro que hubiera deportaciones a todas las islas. Pero de que se produjeran en Gran Canaria, sí”, asevera con firmeza. “Se puede confirmar que la isla recibió a una tribu deportada del siglo I en época romana; del resto no hay pruebas. Ni tampoco las hay para afirmar que supieran navegar,  porque no se ha encontrado resto alguna de embarcaciones, ni las fuentes etnohistóricas mencionan que navegaran entre islas, lo que refuerza la tesis de que fueron traídos. Por tanto, debemos descartar que vinieran por sus propios medios. No sé dónde estaban los guanches, los majos o los bimbapes, pero yo si sé dónde estaban los canarii, quién los descubrió, cuándo y por qué. Era un grupo tribal que figura en la obra de Plinio el Viejo y éste obtuvo la información del general Cayo Suetonio Paulino, que  vence a los canarii porque se habían rebelado contra la ocupación romana”. Jiménez aporta tres datos que, a su juicio, son claves: “Este hecho tiene fecha, año 42 de la Era; tiene un factónumun divante, sublevación contra Roma, y un lugar específico, la zona del Alto Atlas”. El investigador sostiene que “las tribus levantiscas que actúan de esa manera son deportadas a las islas comarcanas, las Canarias, que ya se conocían por Agripa y Juba II”. Y ¿por qué a Gran Canaria?, “porque el gentilicio de los aborígenes de esa isla es canarios”.

La hipótesis de las deportaciones tiene detractores. Jonathan Santana, por ejemplo, considera que “no hay evidencias documentales. Lo que se hace es extrapolar unos relatos romanos de unos fenómenos diferentes y se plantea la hipótesis de las deportaciones”. No obstante, muestra “un profundo respeto a esos investigadores porque nos han facilitado el trabajo, ya que nos han permitido indagar una hipótesis y no hemos descubierto ninguna prueba documental; y los romanos lo escribían prácticamente todo”. El profesor de la ULPGC defiende que vinieron por su cuenta, como veremos al analizar el poblamiento.

Contundente en su rechazo a las deportaciones es Jorge Onrubia. Aunque nació en Madrid, vive en Tenerife y su primera excavación fue en Guayedra. Hoy es responsable de investigación del Parque Arqueológico Cueva Pintada, profesor en la UCLM y miembro del consejo científico de la Encyclopédie Berbère. Onrubia es el arqueólogo canario con más experiencia en el norte de África; desde 1986 ha participado en excavaciones en Marruecos y Argelia y ha visitado, “con perspectiva arqueológica”, muchas regiones de ambos países y de Túnez.

“Voy a citar un argumento muy economicista: investigaciones muy solventes demuestran que para hacer funcionar la maquinaria económica romana, que se basaba en la esclavitud, hacían falta unos 500.000 esclavos al año. No parece muy sensato que un sistema que demandaba esa mano de obra, con el coste de los viajes para dejar gente en cada una de las islas, decida deportar a unas tribus levantiscas”. Onrubia reconoce, porque así lo dejaron por escrito, “algunas deportaciones y exilios” en regiones del Mediterráneo, “pero deportaciones masivas con familias y animales no parecen lógicas”. Este investigador considera que llegaran de manera voluntaria “aunque fueran traídos por navegantes en la época romana”. 

Amelia Rodríguez  descarta la tesis de las deportaciones. “Eso es una creencia; no hay ninguna evidencia ni tiene ningún sentido”. A la catedrática de Prehistoria de la ULPGC le resulta “inverosímil que los  romanos fueran depositando a gente isla por isla. Tampoco me parece razonable que si los romanos fueran los responsables de la colonización trajeran a personas pero no a sus animales para actividades agrícolas como asnos, vacas, ni tampoco plantas emblemáticas como  el olivo y la vid”. Rodríguez aporta un dato más: Los productos que trajeron los aborígenes no son romanos, son amaziges: cebada, trigo, higuera, cabras….“

El doctor de la ULL Juan Francisco Navarro Mederos, respetado por las nuevas hornadas de investigadores y por las veteranas, se postula entre partidarios y detractores de la teoría de las deportaciones: “Conviene dejar claro que aún estamos en el terreno de las hipótesis, porque existen ciertos indicios historiográficos para valorar la posibilidad de una deportación, pero no hay pruebas irrefutables de ello. Dicho esto, no debe descartarse la hipótesis de que la primera arribada fuera el producto de una deportación, pero tampoco hay que considerarla como la única opción. En lo que toca a siguientes probables oleadas, hay que pensar en otros mecanismos diferentes a la deportación, y el origen de las mismas habría que buscarlo en los convulsos escenarios que hubo en la vecinas tierras del continente durante ese periodo”.

En definitiva, fuera como fuese, vinieron por mar y desde el norte africano. También podemos afirmar que fue en esta Era cuando arribaron los primeros pobladores, pero antes, como sabemos por las excavaciones de Lobos, llegaron al archipiélago personas romanizadas especialistas en la producción de púrpura. Estos datos irrefutables sugieren otro debate interesante con opiniones divergentes. ¿Conocían la navegación? Esta cuestión es la protagonista de la segunda entrega de este documento periodístico: Viaje a un lugar desconocido.

El origen de los primeros pobladores de las Islas Canarias es un asunto que hoy concita unanimidad en la comunidad científica. Está en el norte de África. Hubo leyendas que apuntaban a una procedencia de tierras vikingas e incluso en la actualidad hay  quien sostiene que “los guanches hablaban euskera”. Para desmontar estas teorías está la ciencia. El estudio de las inscripciones alfabéticas que nos legaron y de la toponimia actual de la sietes islas concluye que son indubitadamente de origen bereber. A ello se unen las investigaciones genéticas; los análisis moleculares del ADN han disipado cualquier tipo de duda sobre el origen, pero también han aportado información sobre los linajes de esas personas y sobre la pervivencia de los genes de aquellos amaziges isleños en los canarios del siglo XXI.  

La doctora Rosa Fregel es una autoridad en la materia. La directora del equipo Evolución, genética de poblaciones y paleogenómica de la Universidad de La Laguna afirma que “los datos de ADN obtenidos hasta la fecha, tanto de ADN mitocondrial y cromosoma Y, como a nivel de genoma completo, evidencian una conexión entre los aborígenes de Canarias y poblaciones antiguas del norte de África. Por tanto, nuestros estudios indican un claro origen norteafricano”.