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“Me chirrían los dientes” es el nuevo “Me gusta la fruta”

1 de marzo de 2026 13:55 h

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A Rita Esmeralda Cabrera Sánchez, concejala de Vox en la ciudad de Telde (104.000 habitantes), no le ha dado la naturaleza ni su experiencia vital, ni por su puesto el partido en el que milita, el don de la moderación. Tampoco el de la oratoria ni el de la declamación. Por eso sus intervenciones en el Ayuntamiento de Telde no pasarán jamás a la posteridad. Salvo que en alguna de ellas pierda los papeles por las risotadas que en ocasiones profieren sus adversarios políticos y amenace a uno de ellos con aflojarle tremenda “hostia”: “Te meto una hostia que te rompo los dientes”, fue la gloriosa frase que pronunció, según la versión recogida por este periódico de un concejal libre oyente (ni del gobierno ni de Vox, para entendernos).

Había llegado el momento de debatir las mociones y a Rita Esmeralda Cabrera le tocaba leer una contra la regularización de inmigrantes y contra el burka, es decir, las mociones que en toda España están defendiendo los cargos públicos de Vox con el objetivo de fijar su programa electoral y retratar al Partido Popular, haga lo que haga. 

Debió ser de tan poca calidad y convicción la exposición leída por la concejala que, por momentos, despertó las chanzas del grupo de gobierno, a cuyo concejal de Urbanismo, al parecer (otras fuentes apuntan que fue al alcalde), dirigió su amenaza de hostia en toda la boca con riesgo de desdentada.

Lo que no dicen los afligidos concejales de Ciudadanos por el Cambio (Ciuca), fuerza mayoritaria ahora integrada en Primero Canarias, es que a tan tremenda astracanada de la concejala de Vox algunos de ellos respondieron llamándola choni, que viene siendo un insulto bastante clasista.

Tiene que ser un poco desquiciante para gente como Rita Esmeralda Cabrera, que este año cumplirá los 30, trabajar como auxiliar técnico educativo (ATE) en una fundación de ultraderecha que se dedica, oh sorpresa, a explotar centros de acogida a menores migrantes no acompañados y, a la vez, en sus cometidos como concejala, atacar a las personas pobres que vienen de otros países, entre otros, aquellas a las que atiende cuando no tiene dispensa para acudir a un pleno. Trabaja en una fundación, por cierto, que no se ha caracterizado precisamente por su buen desempeño en el cuidado de esos menores, como ha quedado acreditado.

Es extraño que, con todo el genio que demuestra atesorar la concejala, en el caso de los incidentes del último pleno municipal haya preferido optar por una salida por la tangente. No ha querido retirar los insultos ni las amenazas, ni mucho menos pedir perdón. Ha preferido un doble salto mortal con tirabuzón y negar lo dicho, muy al estilo de Prestianni, el futbolista del Benfica que llamó “mono” a Vinicius tapando su boca con una parte de su camiseta.

Nicasio Galván y José Manuel Bermúdez

Así que, según Cabrera, ella no amenazó a nadie con romperle los dientes sino que le “chirriaban los dientes”, no sabemos aún si por defender una moción contra la inmigración y el uso del burka o si por el frío que se pasa en el salón de plenos del Ayuntamiento de Telde. Estamos ante la versión autóctona del “me gusta la fruta” con el que Isabel Díaz Ayuso trató de esconder su celebrado “hijo de puta” dedicado a Pedro Sánchez, tan extendido a partir de ese momento que se ha convertido en himno en las concentraciones fascistas hasta el punto de ser bailado por los oradores de la cosa.

Las mociones de Vox en contra de la regularización de personas migrantes han dado mucho juego en Canarias, y no precisamente a favor del partido ultra. En el Parlamento de Canarias fue su diputado Nicasio Galván el que dio la impresión de no querer sostener, ni siquiera con su mirada, los argumentos que acababa de defender en la tribuna. Así que, cuando la portavoz socialista, Nira Fierro, pretendió contestarle, se atorró en su escaño como si aquello no fuera con él. Un gesto tan elocuente que hasta el PP, que le iba apoyar en la parte magra de la moción, la de rechazo a la regularización, retiró la propuesta de votación por separado y la votó en contra íntegramente.

Muy distinto fue lo ocurrido en el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, donde su alcalde, José Manuel Bermúdez, de Coalición Canaria, decidió que en esta materia sí iba a posicionarse contra Vox. Pero de aquella manera. En dos ocasiones de su discurso, Bermúdez enfatizó ante el concejal ultra que defendió la moción que “dos tercios, dos” de los inmigrantes que van a ser regularizados provienen de Latinoamérica, es decir “hablan nuestro idioma y tienen nuestras costumbres”. Es verdad que el alcalde tuvo un gesto para “los que vienen en cayucos”, informando al concejal de Vox que jamás la Marina española va a dejar de atenderlos si los encuentra en alta mar porque está obligada por el derecho marítimo internacional. 

Pero no se lleven a engaño, a Bermúdez no le gusta la regularización masiva porque, dice, “es un fracaso del sistema”.