¿Placas solares donde hace mucho sol y molinos donde hace mucho viento? No tan rápido, dice un estudio en Canarias
Es contraintuitivo, sí, pero sería una forma de lograr un sistema eléctrico impulsado por renovables en el que apenas hubiera diferencia entre la energía generada y la consumida: instalar placas solares y molinos en zonas que quizá no son las más productivas o rentables de media, pero que generan electricidad justo cuando las regiones con más sol o viento han perdido su recurso natural.
Se llama “complementariedad espacio-temporal”. Y busca corregir uno de los mayores retos de las renovables destinadas a sustituir a los combustibles fósiles, los responsables del calentamiento global: su intermitencia.
No siempre hace sol ni siempre hace viento. Así que compensar consiste en no poner todos los huevos en la misma cesta (es decir, en el lugar donde más se aprovechan ambos recursos), sino en tejer una red de instalaciones en las que unas actúen como salvavidas de las otras hasta lograr una red tan estable como si contáramos con una fuente de energía constante.
Eso ayudaría a cumplir con la regla de oro del sistema: que la generación de electricidad sea igual que la demanda. De lo contrario, podría haber desajustes por los constantes picos y caídas de la producción renovable.
En Canarias, ese desfase estaría entre el 40 y el 50% si se mantiene el patrón actual de colocación de parques fotovoltaicos y eólicos, según un nuevo estudio. La buena noticia, tranquiliza la investigación, es que hay soluciones.
Científicos de la Universidad de Murcia (UM) y del Grupo de Observación de la Tierra y la Atmósfera (GOTA) de la Universidad de La Laguna (ULL) han analizado cómo el Archipiélago podría alcanzar ese objetivo de la “complementariedad espacio-temporal” en dos escenarios: uno con baterías capaces de almacenar los excedentes de la producción y otro sin ellas.
Los firmantes del trabajo utilizaron una avanzada herramienta informática llamada CLIMAX que cruza datos meteorológicos con la curva real de consumo eléctrico y evalúa miles de combinaciones posibles hasta dar con la mejor receta para la instalación de renovables. El modelo descarta las áreas donde es imposible ubicarlas por razones medioambientales o administrativas.
El enfoque empleado “no descarta las zonas más productivas, porque son las que garantizan una producción media elevada”, pero recoge también “localizaciones con instalaciones que complementen a esas cuando falle el recurso”, con la intención de que “la producción conjunta sea lo más parecido posible a una fuente de generación firme”, explica Sonia Jerez, primera autora del estudio e investigadora en la UM.
Los resultados han sido publicados recientemente en la revista científica ‘Sustainable Energy Technologies and Assessments’. Los autores de la publicación piden tomar con cautela sus conclusiones por una licencia metodológica: asumen que el sistema eléctrico de Canarias está perfectamente interconectado, cuando en realidad no es así. Solo Lanzarote y Fuerteventura, así como Tenerife y La Gomera (un cable submarino las unió por primera vez en febrero de este año), lo están.
Los investigadores añaden que este supuesto les permitió estimar “el máximo potencial” de las Islas “desde un punto de vista académico”, más que práctico. Matizan eso sí que la metodología podría aplicarse de forma individual en cada isla.
El estudio concluye que, a falta de baterías, el mix energético de las Islas debería estar dominado por la eólica, que aportaría el 60% del total (48% en tierra y 12% en mar), mientras que el 40% restante procedería de la energía solar. Las placas fotovoltaicas se levantarían principalmente entre el norte de Gran Canaria y el noreste de Lanzarote.
Con grandes sistemas de almacenamiento, en cambio, la solar elevaría su protagonismo hasta el 86% gracias a la capacidad de guardar la energía generada durante el día para usarla por la noche. Las zonas óptimas serían el suroeste de Tenerife, el suroeste de Gran Canaria, el norte de la isla redonda y “una gran porción” de Lanzarote.
Los investigadores no precisan cuántas hectáreas de terreno serían necesarias en ambos casos ni cuántos megavatios (MW) de potencia. Pero incorporan una vía alternativa en sus simulaciones para evitar el impacto paisajístico: cubrir el 30% de los tejados de las áreas urbanas del Archipiélago con paneles solares. De esa manera se alcanzaría prácticamente toda la cuota solar necesaria, apuntan, por lo que “no habría que invadir nuevas zonas”.
Una transición energética así (reajustando el mix energético y potenciando la complementariedad de las tecnologías) reduciría las oscilaciones del futuro sistema eléctrico renovable en Canarias en veinte puntos porcentuales, concluye el estudio. En unas islas aisladas, alcanzar ese nivel de estabilidad y ajuste entre la producción y la demanda ayudaría a lograr la tan ansiada “seguridad energética” tras el shock de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
La científica Sonia Jerez reconoce por último que “cualquier desarrollo tiene un impacto paisajístico”, pero pide no perder la perspectiva de la lucha contra el cambio climático cuando se discuten las renovables.
“Cuando veo una instalación de placas solares, me gusta. Evidentemente, no quiero que se ocupen áreas protegidas o donde haya especies autóctonas, por ejemplo. Pero tienen una connotación que no solo es visual, sino también de que estamos protegiendo el medio ambiente”, apunta.
En el Archipiélago, tan solo el 22,7% de la generación eléctrica es renovable. El resto procede de combustibles fósiles como el ciclo combinado (41,3%), los motores diésel (19,7%) y la turbina de vapor (13,5%), según la última actualización de Red Eléctrica.
“Es nuestro estilo de vida lo que está en riesgo con la crisis climática. A mí me molesta mucho más, no sé, un centro comercial. Y eso, no obstante, parece tener mayor aceptación social. Cualquier desarrollo tiene impacto. Pero este justo, que tiene implícitos muchos beneficios…”, continúa la experta.
La penetración de renovables en Canarias lleva años estancada por varios motivos: sistemas eléctricos aislados, centrales térmicas antiguas e inflexibles, incapaces de arrancar y parar con agilidad para favorecer la entrada de energía solar y eólica, y falta de almacenamiento, entre otras cosas.
La Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias, liderada por Mariano Zapata (PP), está impulsando las Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) para acelerar su instalación, pero hasta el momento se ha topado con el rechazo de los cabildos de Fuerteventura y Lanzarote por la falta de consenso.
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