Estropicio sectario en Televisión Canaria
Fernando Clavijo quiere enterrar para siempre en el olvido los cuatro años que pasó casi de secano entre su primer mandato como presidente de Canarias (2015-2019) y este que ahora perpetra desde 2023. No quiere caer en errores que le lleven a volver a perder las elecciones y que le impidan repetir en 2027. Se trata de seguir al precio que sea, incluso pactando con el PSOE, que algún predicamento tiene en las filas socialistas un pacto así con Coalición Canaria, no se vayan a creer.
Por eso Clavijo ha abierto varios frentes para garantizarse al menos un ecosistema propicio, particularmente entre los medios de comunicación, una faceta a la que su núcleo duro en Presidencia del Gobierno dedica la mayor parte de sus esfuerzos, incluso intelectuales.
La Televisión Canaria es la piedra filosofal de esa estrategia, no solo por el férreo control que se ejerce desde Presidencia sobre sus Informativos, su personal directivo y todos sus contenidos, sino porque a través de la contratación con grandes productoras se influye notablemente en la línea editorial de las cabeceras más veteranas del lugar. Lo explicó hace unos días de una manera muy directa en Mírame TV la activista Emma Colao: “El Gobierno de Canarias está comprando la verdad pública,a través del dinero público, de grandes medios de comunicación con capacidad de borrar por completo el discurso social”.
¿Periodistas? ¿Para qué?
Desde que regresó a la presidencia, Clavijo lo tuvo claro: no hacen falta periodistas para dirigir un medio de comunicación público. Ni siquiera gestores de acreditada solvencia. Basta con uno o varios comisarios políticos con el mismo objetivo: la manipulación y el sectarismo, lo que desde el Gobierno y los dos partidos que lo sustentan llaman “el modo canario de hacer política”. La televisión pública de Canarias la dirige personalmente el viceconsejero de la Presidencia y portavoz del Gobierno, Alfonso Cabello (Santa Cruz de Tenerife, 1977), que como más cercano antecedente profesional relacionado con el mundo de los medios fue, entre 2011 y 2014, director de negocio de Prisa en Canarias. A él corresponde negociar con los medios de comunicación titulares de productoras audiovisuales el reparto del presupuesto que tiene Televisión Canaria para contrataciones externas. Prensa Canaria (La Provincia y El Día), a través de Videre, e Inforcasa (Canarias7), a través de Videoreport, se llevan la mayor parte de la tarta, mientras que Plató del Atlántico (Diario de Avisos) parece conformarse con ser el tercer convidado porque tiene otros proyectos audiovisuales (cine, básicamente) que le desaconsejan hipotecarse con el Gobierno. Con el viceconsejero ejerciendo de amo y señor de la tele, el papel que le tocó desempeñar a la administradora general que nombró el gobierno al principio del mandato, María Méndez, fue el de mera gestora: firmar las nóminas, acudir a las presentaciones y poco más. Para colmo, Méndez, no llegó con ambiciones políticas especiales, ni participaba de la cacería que se ordenaba desde presidencia contra las productoras con medios de comunicación desafectos al régimen, por lo que se hizo necesario imponerle un comisario político, César Toledo, al que colocaron en el ente público amparado por un puesto de nueva creación que denominaron “director de medios y contenidos”. María Méndez se mandó a mudar de inmediato y el Gobierno le faltó tiempo para sustituirla por Toledo, el más dañino responsable de RTVC de la historia del ente. Que se dice pronto, con todo lo que ha pasado por esa casa.
A grito pelado
Experto en comportamiento no verbal, César Toledo hace todo lo contrario de lo que preconiza en sus cursos de autoayuda: grita como un descosido, como si no hubiera un mañana. Grita a todo el mundo que se le ponga por delante, da igual el cargo que quiera que ocupe. Lo hizo, por ejemplo, con Candelaria Delgado, que era la directora de Producto cuando él aterrizó en RTVC. Sus primeros encontronazos se saldaban siempre con “tú a mí no me chillas”, de Delgado dirigiéndose al nuevo virrey. Y él seguía chillando. Y como no había manera de que la directiva se plegara a ese modo de actuar, la acabó despidiendo, con las consiguientes demandas y las también consiguientes derrotas en los tribunales de lo Social. Pero no solo ha perdido la casa históricas directivas como Candelaria Delgado. También han puesto tierra de por medio Óscar Fernández, director de Producción, o Paloma Martín, directora de Planificación y Gestión, que ha regresado a su puesto en la Administración autonómica. Reyes González, jefa de contratación de toda la vida, tampoco ha podido soportar más el mal ambiente y se recupera en su casa. Muy sonada fue la dimisión de Paco Luis Quintana, director de Informativos y una de las caras más reconocibles de la cadena, cuyo puesto ha sido ocupado por Marta Cairós, designada a dedo, es decir, sin cumplir con los preceptos legales que obligan a un concurso público. También han sido apartados periodistas históricos como Armando Vallejo o Jesús Perdomo, sencillamente porque no eran del gusto del administrador general. El jefe de Realización, Sergio Bratche, dimitió la semana pasada y alegó lo mismo que han alegado todos los que se han ido voluntariamente: “Razones personales”. Toledo ha preferido quedarse sin equipo directivo a trabajar con uno que no fue puesto por él.
El ruido de las audiencias
La última queja del Comité Intercentros de Televisión Canaria ha sido la censura informativa, muy al modo de la tele pública gallega y otras experiencias sectarias de la España peninsular. Lo que no interesa al Gobierno, no se cuenta. Así, el preaviso de huelga en la radio pública canaria no se ha incluido en ningún informativo de la cadena. Todo se tapa con grandes fastos o con comunicados diarios sobre las audiencias, una pantalla tras la cual todo parecía valer hasta que el propio administrador general reconoció en la Comisión de Control de RTVC que, bueno, que a lo mejor los audímetros no son la cosa más precisa que habita entre nosotros y que puede que los datos estén un poco inflados. Que a la televisión pública de Canarias, con programación cien por cien local, le acaba ganando algunos días la televisión pública estatal es, como mínimo, para hacérselo ver. Y atentos porque el socio de Clavijo en el Gobierno, el Partido Popular de Manolo Domínguez, también quiere su cuota de protagonismo: ha conseguido imponer en la programación un inminente programa de debate político en el momento procesal más oportuno. Se lo han encomendado a Macaronesia Comunicación.
Auditorio-Teatro, el desenlace
La vida continúa fuera de la tele, no se vayan a creer. Por ejemplo, en la Fundación Auditorio Teatro de Las Palmas de Gran Canaria, sumida en un proceso de relevo al frente de la dirección. Tilman Kuttenkeuler será relevado de modo inminente a través de un concurso cuyo plazo de presentación de candidaturas ha terminado sin que se conozca con exactitud quiénes se han presentado. Sí se sabe que el director general saliente no se marcha en son de paz y que, muy en desacuerdo con los modales, ha hecho dos cosas que en principio parecen contradictorias: recurrir las bases del concurso y presentarse al concurso con esas mismas bases. El Ayuntamiento prefiere sustituirlo por otra persona para darle al auditorio Alfredo Kraus y al teatro Pérez Galdós, según parece, un impulso que sintonice más con la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria a la capitalidad europea de la cultura 2031. Eso, teóricamente, ahuyentaría los fantasmas de quienes, por el perfil de algunos de los supuestos candidatos, temen un mayor peso de la faceta congresos frente a la faceta programación cultural. Veremos.
Sobre este blog
Vuelve el Top Secret de Carlos Sosa. Serás el primero en enterarte de los detalles que nadie más conoce.
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