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Saldos Feijóo

El presidente del PP en Aragón, Jorge Azcón, la presidenta de Extremadura en Funciones, María Guardiola, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.
19 de abril de 2026 21:38 h

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Santiago Abascal y su directiva, “que en su vida han tenido dos euros juntos”, en la brillante y acertada definición de su antiguo camarada Ortega Smith, aún lo deben estar celebrando entre incrédulos y eufóricos. Por si quedaba alguna duda tras los catastróficos pactos de junio del 2023, se confirma que este Partido Popular es un chollo entre un millón para Vox; una ganga que no debería dejar escapar y ese choped que cualquiera sueña encontrar. Solo le pido a Dios que en todas las negociaciones que me queden en esta vida me toque en frente alguien como Alberto Núñez Feijóo y su Partido Popular. El acuerdo de Extremadura no es un pacto, es un saldo.

Justo cuando el tiempo empezaba a correr a favor de los populares y el miedo a una repetición electoral cambiaba de bando. Justo cuando la marca internacional ultra empieza a dar síntomas de gripado y todo cuanto no parecía hacerle daño a Vox empieza a hacérselo; como suele acontecer en todas las franquicias. Justo cuando la marca Trump se ha vuelto tóxica y le abría una autopista por la derecha para internarse envuelto en la bandera de España en el espacio de Vox. Justo cuando las guerras internas, deserciones, purgas y denuncias por corrupción estaban convirtiendo a Vox en el capítulo más violento y tedioso de los Peaky Blinders. Justo cuando el votante de derechas empezaba a cansarse de tanto desorden y el sangrado de las encuestas permitía a los populares sentarse a esperar a que Vox concediera el empate antes de las elecciones andaluzas, los altos mandos de Génova deciden hacerle otro regalo a Vox y permitirles cantar victoria. 

Una vicepresidencia y dos consejerías en las áreas que Vox demandaba más un pacto programático marcado por las prioridades y los relatos de la ultraderecha a cambio de algo tan obvio como aprobar cuatro presupuestos no es un acuerdo; es un negocio redondo para Santiago Abascal y los suyos. Unas horas antes del plazo límite para ir a la repetición electoral habrían firmado por bastante menos. El miedo habría guardado la viña y un acuerdo ventajoso para Feijóo. Es la consecuencia de una estrategia de oposición basada en la idea de que todo vale: te las meten dobladas por todas partes. 

Que María Guardiola lo envuelva en la épica de una Targaryen que ha logrado, por fin, reunir a los siete reinos para enfrentar al ejército de los caminantes rojos únicamente incrementa su ridículo y la ganancia del otro. 

Moreno Bonilla tiene que estar encantado. Toda su campaña basada en pedir el voto para evitar el lío de tener que pactar con Vox y desde Génova le demuestran que de lío nada y que está chupado: solo hay que darles lo que piden. Toda la campaña tratando de evitar el asunto de la inmigración y los tuyos se tiran de cabeza al pozo con la retórica ultra de tus competidores. Dos por el precio de uno; una ganga.

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