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OPINIÓN | 'El mundo pide tiempo muerto, por Antón Losada

El mundo pide tiempo muerto

Un grupo de hombres sigue la última hora de las negociaciones entre EEUU e Irán en una cafetería de Islamabad (Pakistán).
12 de abril de 2026 22:33 h

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La guerra de salvas puede que haya cesado en el golfo Pérsico, pero la guerra de propaganda se ha recrudecido hasta extremos surrealistas. Ya resultó imposible saber cuántos y qué puntos se habían acordado para iniciar una tregua precaria y sentarse en Islamabad bajo la bandera de conveniencia de Pakistán. Se antoja ahora una misión imposible averiguar con certeza qué han negociado exactamente la delegación encabezada por JD Vance, el vicepresidente gafe a quien últimamente nadie quiere tener cerca por si acaso, y la delegación de los ayatolás supervivientes, tras semanas de tiro a una Guardia Revolucionaria que parece tener más generales que soldados.

Lo único que puede intuirse con cierta claridad entre tanta verborrea es que llegaron todos muy subidos de adrenalina y machoalfismo, pero se vuelven a casa rehuyendo el contacto visual para no tener que dar muchas explicaciones. Han tenido las charlas en Islamabad algo de bronca de bar, que empiezan siempre a gritos y acaban yéndose cada uno por su lado lanzando amenazas, pero no muy alto no vaya a ser que las escuchen los otros y se líe otra vez. 

No hay acuerdo pero tampoco hay ruptura, y a todo el mundo le vale con eso de momento. Es como si el mundo entero hubiera pedido tiempo muerto a un árbitro que no hay, pero nos lo hemos tomado igual. A Rusia ya le va bien en pleno proceso de rehabilitación internacional de la mano de los mercados de crudo y su amigo y vecino Donald Trump. A China le va aún mejor pues, sin gastar un yen de más y sin disparar una bala, se ha convertido en una superpotencia tan buena que ya casi nadie recuerda que es una dictadura. A Europa no le va ni bien ni mal, pero nosotros ya nos conformamos con quedarnos como estamos y que no pase nada más.

A Benjamín Netanyahu la supuesta tregua le da la coartada que siempre anda buscando para poder continuar con sus limpiezas étnicas y genocidas, mientras el mundo hace como que no suceden porque hay una tregua. No parece tampoco que haya que razonar mucho para concluir que, a los ayatolás, les va mejor que bien este tiempo muerto para consolidar la percepción de que sí tienen una estrategia y la resistencia para implementarla; además de ir preparando la siguiente remesa de clones de líderes espirituales y altos mandos de la Guardia Revolucionaria. 

Hay tantas ganas de que Trump se la pegue que sobran los análisis donde se señala al emperador naranja como el gran derrotado; el líder algo senil, desesperado por encontrar una salida a un laberinto donde se ha metido por su incontinencia y su bravuconería. Discutir el personaje que Trump ha creado como parte del secreto de su éxito resulta terapéutico, pero poco útil. Puede que Trump ande buscando una salida pero, ¿no es eso lo que buscamos todos igual de desesperadamente a estas alturas y con la amenaza de una crisis energética global? 

De momento la Administración Trump ha conseguido algo que no tenía y a los ayatolás parecía sobrarles: tiempo. Hasta Islamabad el reloj corría en su contra. Ahora, sin disparar más tiros, puede seguir facturando esos más de 200.000 millones de dólares que se estima ingresará en divisas con el petróleo a más de 90 dólares por barril, consolidar su dominio geoenergético mundial, acabar de amarrar su tutela sobre las autocracias de Golfo Pérsico y calmar a los suyos antes de que se pongan demasiado pesados. La decisión de bloquear con su marina Irán es toda una declaración de intenciones: Ormuz es vuestro problema, no el mío; a mí me sobra el petróleo..

En cuanto a la población iraní, que dejen de caerles bombas encima para liberarles durante unos días ha debido parecerles una bendición del cielo. En el Líbano ni siquiera pueden consolarse con eso.

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