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OPINIÓN | 'La fábula del contrabandista y el purgador', por A. Losada

La fábula del contrabandista y el purgador

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de VOX, Santiago Abascal, a su salida de un pleno en el Congreso de los Diputados, a 10 de febrero de 2026
5 de abril de 2026 21:32 h

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Nos hemos aburrido de argumentar durante toda la legislatura que el gran problema del Partido Popular consistía en que únicamente podía pactar con Vox y ese pacto le volvía incompatible como socio para todos los demás. Eso le obligaba al deber de ganar por mayoría para tratar de gobernar en solitario. Ahora estamos descubriendo que el problema es que no puede pactar ni con Vox ni siquiera cuando ganan. 

Desde las elecciones en Extremadura llevamos esperando a que haya gobiernos como Dios manda, tras claros y mayoritarios giros a la derecha allá donde ha habido comicios. Antes se viraba a la derecha buscando orden y estabilidad. O eso nos explicaban. Ahora volverse hacia las derechas es jugárselo a la lotería o a la traca. A la gente de orden parece que ya no le importa el desorden siempre que sea de los suyos. 

La única razón por la que no tienen gobierno en Extremadura, Aragón o Castilla y León se debe a que siempre se celebran elecciones en alguna otra parte que debe de ser más importante o más urgente. Lo sabemos todos. De ahí esta normalidad extraña con la cual se asume que no los halla todavía, ni tenga mucha pinta de haberlos. También ayuda mucho este relato ya viejo que establece, desde los tiempos de Aznar, que cuando la derecha negocia siempre llega a acuerdos de Estado, pero cuando negocia la izquierda resulta un chantaje inaceptable, pues se rompe España a plazos. 

Núñez Feijóo no sabe qué hacer con Vox y Santiago Abascal no sabe qué hacer con los gobiernos. Si el contrabandista gallego —Abascal dixit, demostrando que tampoco sabe mucho de contrabandistas— se tira al monte a la caza del culpable de turno para el problema que toque, se le asusta el votante de centro. Si el purgador que “en la vida ha tenido dos euros juntos” —Ortega Smith dixit, en la mejor tradición de la hidalguía española— se mete de cabeza en los ejecutivos de coalición que le ofrece el PP, se le cala el motor del discurso de con los gobiernos lo que de verdad hay que hacer es echarlos. 

Parece poca cosa, nada que no se puede arreglar con una consejería por aquí y una ley para tratar a las mujeres como ellas se merecen y Abascal sabe. Pero no lo es, ni se compone con tanta facilidad. Un resultado mayoritario para Moreno Bonilla en Andalucía y por debajo de las expectativas de la ultraderecha aún complicaría más la situación. Vox necesita seguir creciendo porque si se para empiezan los problemas. El PP, en cambio, necesita que los ultras dejen de crecer; una contradicción estructural de libro que diría un buen marxista. 

Mientras el panorama de la izquierda se aclara, pues a palos también se aprende y más cornadas da el hambre, el panorama de la derecha se llena de ruido un día y furia al siguiente. Tantas veces nos ha anunciado el PP que ya está hecho lo de Extremadura que cuando alcancen un pacto, si es que lo logran, no nos lo vamos a creer y vamos a repetir las elecciones igual.

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