CAMINOS HISTÓRICOS DE CANARIAS /y 2
Tras las huellas de los guanches: más de 300 caminos prehispánicos se salvan por la trashumancia

Ovejas y cabras descienden por Paso de La Plata hacia el sur de Gran Canaria; es la obra de ingeniería caminera más notable del Archipiélago.

Luis Socorro

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Las rutas tradicionales de tránsito de ganado, denominadas vías pecuarias, han permitido conservar en Canarias, en España y en buena parte del planeta caminos con muchos siglos de historia. En el Archipiélago, la actividad ganadera, principalmente la trashumancia, ha jugado un papel sobresaliente en la pervivencia de un patrimonio caminero que en el siglo XIX estaba cuantificado en 357 caminos de titularidad pública, con una longitud total de 2.231 kilómetros, según publicó el Boletín Oficial de la Provincia de Canarias en abril de 1868, datos citados por Claudio Moreno, doctor del Departamento de Geografía de la ULPGC, en su tesis doctoral.

El historiador y arqueólogo Jorge Pais ha indagado la relación de los pastores con los senderos de origen benahoarita y con caminos históricos, como reflejan su libro Los antiguos caminos de La Palma y sus aportaciones en la obra La trashumancia y el pastoreo en Canarias, editada por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.                                         

Desde la época indígena, como certifica Pais en sus prospecciones arqueológicas, debido a “las enormes distancias entre las zonas de costa y medianías, donde estaban los asentamientos permanentes, y los lugares de pasto, se practicó una trashumancia estacional, principalmente en el norte de La Palma”. Estos caminos son los mismos que transitaron los pastores en la época histórica. Los actuales senderos que llegan hasta el borde de la Caldera de Taburiente son los mismos de la época aborigen, como prueban los restos de los asentamientos pastoriles que habitaban en primavera y verano, ya que a partir de septiembre las bajas temperaturas del otoño e invierno hacen inviable la vida en las cumbres.

Recreación de una familia benahoarita trasladando su rebaño de cabras a una comarca de pastos.

Un fenómeno similar ocurrió en Tenerife. Las comarcas del sur y del oeste fueron muy transitadas por los guanches que ascendían con sus rebaños a las Cañadas del Teide al finalizar el invierno. Todos estos caminos están salpicados de numerosas estaciones rupestres, como describió este periódico en la trilogía El oeste guanche de Tenerife. Las veredas prehispánicas están integradas en la red de senderos que atesora la Isla en la actualidad. Los historiadores Alfredo Mederos y Gabriel Escribano han realizado un exhaustivo trabajo sobre el pastoreo en Tenerife, desde los guanches hasta la modernidad, publicado en La trashumancia y el pastoreo en Canarias.

La Ruta de la Plata

No hay registros de que existiera una vereda para salvar los 200 metros de desnivel entre los altos de Pargana y Cruz Grande, en la Caldera de Tirajana, antes de la llegada de los castellanos, pero de lo que no hay atisbo de duda es que “desde el punto de vista de ingeniería caminera el Paso de La Plata es el tramo más espectacular del patrimonio caminero de Canarias”, afirma a este periódico el geógrafo Claudio Moreno Medina. “Históricamente”, añade el profesor del Departamento de Geografía de la Universidad de Las Palmas, “quizás puede haber otros caminos reales más importantes desde una óptica económica o social, pero como patrimonio de ingeniería caminera para mí el mejor”.

La Plata es una ruta de senderismo de casi diez kilómetros, pero son los 700 metros de camino de herradura, perfectamente empedrado, “los que revolucionaron las comunicaciones entre el norte y el sur a través de la cumbre de Gran Canaria”, señala el Cabildo Insular en su catálogo de patrimonio histórico. Se ejecutó a finales del siglo XIX. Hasta entonces, el camino de trashumancia entre Gáldar y Tunte, la Mesta Chica, se hacía por Ayacata. Para acortarlo, un acaudalado tirajanero, Antonio Yánez, financió “esta obra titánica”, como la define la guía. Ya han pasado más de 130 años desde que “este ziz-zag de piedras, sustentado en muros que recuerdan a las calzadas romanas”, viera pasar recuas de mulas y los rebaños trashumantes. Hoy, la ultramaratón Transgrancanaria discurre por aquí.

Detalle del tramo de camino de herradura, construido en el siglo XIX, por el que transcurre la Ruta de La Plata, en Gran Canaria.

La Bajada de la Virgen de los Reyes, sin duda la romería más tribal y famosa de Canarias, transcurre por caminos rurales vinculados directamente al pastoreo trashumante en El Hierro. El antropólogo tinerfeño Manuel Lorenzo Perera señala en uno de sus numerosos trabajos: “La Dehesa desempeñó un destacado papel de alivio y refugio para los pastores, quienes solían hacer dos desplazamientos al año”. En La Dehesa, un territorio de carácter comunal, se encuentra el santuario de la patrona de los herreños.

Los caminos históricos de El Hierro parten hacia la cumbre desde el norte y desde el sur. Así lo cuenta Lorenzo Perera: “En verano, cuando las condiciones no eran favorables, los pastores y sus familias de El Pinar y Sabinosa se trasladaban a La Dehesa con toda la manada, viviendo en cuevas”. En septiembre, regresaban a sus pueblos.

La Gomera, referencia internacional

La Gomera es una isla singular en el contexto del patrimonio caminero. Su origen, como en el resto del Archipiélago, está en las sendas que crearon sus primeros colonos, pero la realidad actual está cincelada por su carácter de destino turístico para los caminantes europeos, que la ha convertido en un referente internacional en el universo del senderismo.

Más allá de las referencias sobre los caminos de los antiguos gomeros, que describe el arqueólogo Navarro Mederos en Los Gomeros, una prehistoria insular (1992), el antropólogo José Miguel Trujillo está convencido, tras investigar determinados asentamientos tradicionales junto al arqueólogo Juan Carlos Hernández, de “que había un vínculo de los asentamientos de los indígenas con los caminos tradicionales que conectan Chipude con distintos lugares o Arure con Valle Gran Rey o con el monte”, senderos que en la actualidad se encuentran sobre caminos de la época prehispánica. Este experto considera que “seguramente Juan Navarro Mederos para elaborar su mapa se basó en los desplazamientos de los pastores y en los caminos tradicionales; de este modo podemos imaginar que muchos caminos antiguos circularían de costa a cumbre aprovechando las crestas y las lomadas”. Con el paso del tiempo, afirma Trujillo a Canarias Ahora-elDiario.es, “se irían creando nuevos caminos a medida que los asentamientos van extendiéndose por la Isla”.

Camino de Guajilapa, que discurre desde la periferia de Garajonay hacia los caseríos del municipio de Hermigua, en el norte de La Gomera.

El antropólogo tiene en mente, aprovechando los caminos existentes, “diseñar una ruta circular que partiría de los caseríos del borde del monte -Chipude, Arure o Gerian, que están directamente relacionados con asentamientos de los antiguos gomeros y unidos entre sí por senderos de aquella época-, y se adentraría en el Parque Nacional de Garajonay, de forma que pudiéramos conocer la historia de estos pueblos, sus bienes etnográficos y sus actividades productivas, además de conocer la zona montuosa de la vertiente sur de la isla, especialmente el fayal-brezal”. 

Fuerteventura, con la cabaña de cabras más numerosa del Archipiélago en la etapa prehispánica, como reflejan las crónicas de Le Canarien, y en la actualidad, en relación a su población, también atesora una red de caminos cuyo origen está ligado a la actividad ganadera. La realidad majorera tiene una idiosincrasia singular, como vemos en las investigaciones realizadas por la socióloga Allende Gutiérrez Lima y la doctora en Antropología María Elena Gutiérrez Lima. “El modelo ganadero de la población aborigen, con la coexistencia de un ganado doméstico y otro salvaje, demandaría una determinada estrategia de sostenibilidad”, en la que “la movilidad estacional de los pastores” era fundamental: “Unas veces a los suelos del malpaís, a los jables, y otras, a las zonas altas de los valles y los macizos”.

Tras la conquista, y principalmente en el tránsito del Antiguo Régimen (siglos XVI-XVIII) al nuevo estado liberal (siglo XIX), los conflictos entre ganaderos y agricultores por el aprovechamiento del territorio fueron una constante. Las investigadoras Gutiérrez Lima lo cuentan muy bien en el citado libro sobre la trashumancia editado en 2022 por el Gobierno autónomo. En la segunda isla más extensa de Canarias hubo varias mancomunidades territoriales y se regulaba el tránsito de los rebaños para evitar daños a la agricultura, ya que la movilidad de los pastores majos pervivió hasta la actualidad. Otra particularidad de Fuerteventura es la presencia de mujeres pastores.

Tramo del Camino de la Peña, en Betancuria, municipio de Fuerteventura.

Lanzarote tiene la mitad del tamaño de su vecina Fuerteventura, sin embargo, y a pesar de las veredas que sepultó la erupción de Timanfaya, atesora seis caminos más aunque un menor número de kilómetros, la mayoría en sus llanuras centrales. Las vías pecuarias conejeras, informa Claudio Moreno, “son de poca pendiente, mínimas intervenciones y escasas las necesidades de mantenimiento” al ser una isla poco montañosa, unos caminos que no solo los ganados de cabras transitaban, también los dromedarios.

Las investigaciones realizadas por los profesionales citados en este reportaje ponen de relieve que el patrimonio caminero del Archipiélago estaba íntimamente ligado al comercio interior de cada isla y a la trashumancia, actividad reconocida como itinerario cultural. Ahora, es el senderismo la garantía de su pervivencia. La conservación y protección de estos caminos, senderos y veredas es fundamental para preservar un legado sobresaliente de la Historia –en mayúscula- de Canarias.

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