LA DIETA DE LOS GUANCHES / 1
Los indígenas de Gran Canaria y Tenerife, los que mejor comían en el Archipiélago

Cenobio de Valerón (Gran Canaria), el granero comunitario más sobresaliente del Archipiélago. La foto se captó antes de la obra para instalar la nueva pasarela diáfana.

Luis Socorro

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El gofio era el alimento básico de la dieta de los amaziges que colonizaron Canarias durante los primeros siglos de la era común. Este dato se sabe desde antes de que concluyera la Conquista de las islas, en 1496, en Tenerife. Las crónicas también dieron cuenta del consumo de cebada y trigo, de recursos marinos y de la explotación de cabras, ovejas y cochinos. Pero hay preguntas que han tenido que esperar al siglo XXI para obtener respuesta, mientras que otras siguen siendo una incógnita. ¿Comían igual en todas las islas? ¿Hubo variaciones en la dieta a lo largo de los aproximadamente 1.500 años del proceso de poblamiento indígena? Y si las hubo, ¿a qué pudo deberse? ¿Qué isla tenía un patrón diferente a la alimentación de las demás? ¿Qué técnicas culinarias conocían? ¿Qué métodos de conservación usaban? ¿Tenían insecticidas naturales para evitar que los insectos se comieran los granos? ¿Aplicaron la fermentación para transformar o mejorar el valor nutricional de alimentos? ¿Conocían el queso? ¿Y la miel? ¿Dónde se consumía más marisco? ¿Qué papel jugó la carne? ¿Comían higos sólo en una isla? ¿Mezclaban productos en sus guisos? ¿Además de agua y leche, ingerían otras bebidas? ¿Consumían lagartos? ¿Qué herencia de la despensa guanche pervive en la mesa de los canarios en la era de internet? Estos y otros interrogantes los vamos a responder en esta tetralogía que publicaremos durante las próximas cuatro semanas. 

Las crónicas perfilaron algunos de los alimentos que consumían las primeras personas que colonizaron las islas antes de las llegada de los europeos. Las nuevas técnicas asociadas a la bioarqueología, empero, desmienten algunas informaciones de las fuentes etnohistóricas. Un siglo antes de la Conquista, Giovanni Boccaccio relató en 1341 el periplo de unos viajeros portugueses. En Gran Canaria encontraron “excelentes higos secos conservados en esteras o cestas de palmas; trigo más hermoso que el nuestro si nos atenemos al tamaño y grueso de sus granos. Igualmente vieron cebada y otros cereales (…)”. Hubo que esperar más de 650 años para certificar en algún caso lo adelantado por las fuentes textuales: los higos sólo se consumieron en la citada isla. A día de hoy no se han encontrado pruebas fehacientes de esa fruta en yacimientos de las demás ínsulas.

El doctor Jacob Morales es un referente en el campo de la carpología aplicada a la arqueología. Ha analizado semillas procedentes de yacimientos indígenas en todas las islas y mantiene que “solo en Gran Canaria se ha documentado el consumo de higos. Desconocemos las razones de esta distribución tan restringida, aunque el aislamiento seguramente condicionó que su cultivo no se expandiera a otras islas”, confiesa a Canarias Ahora-eldiario.es. La arqueobotánica Carmen Machado, sin embargo, documentó restos de madera carbonizada de higuera en un yacimiento guanche de Tenerife. Morales confirma ese registro pero tiene dudas de que sea de origen indígena. ¿Por qué? “Se encontró en superficie en unas cuevas que han sido reutilizadas”; a ello se añade que esos restos “no han sido datados y, además, no ha aparecido ninguna otra información sobre semillas o consumo de higos en Tenerife”. Hasta que no se daten los restos, concluye Morales, “los datos no son fiables”. 

El arqueobotánico Jacob Morales, a la izquierda, juntos a varios de sus alumnos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

El hecho de que las higueras solo se cultivaran en Gran Canaria aporta una información extra a los investigadores sobre el poblamiento o colonización del Archipiélago: a diferencia de todas las especies vegetales que llegaron a Canarias procedentes del norte de África, la higuera es la única que no se traslada en semillas sino en esquejes, porque el sistema para plantarla es con gajos; en consecuencia, quien trajo el tallo de una higuera presumiblemente viajó directamente a Gran Canaria.

Carmen del Arco Aguilar, catedrática de la Universidad de La Laguna, es una figura de peso en la arqueología de Canarias y pionera en el estudio del reino vegetal en la época indígena. Es la autora de una obra fundamental en el estudio de la arqueobotánica prehispánica, publicada en 1993: Recursos vegetales en la prehistoria de Canarias. La veterana arqueóloga, además de detallar la realidad botánica con la colaboración del departamento de Biología Vegetal de la ULL, profundiza en los recursos alimenticios con el apoyo de las fuentes históricas y de su dilatada experiencia en excavaciones, como las realizadas, en aquellos años, en la Cueva de don Gaspar y en otros yacimientos del Menceyato de Icod (Tenerife).

Del Arco cita el consumo de higos en Gran Canaria en su obra; según las fuentes etnohistóricas, “habrían sido traídos por los mallorquines”. ¿Entonces no los trajeron los colonos norteafricanos? En su libro, la arqueóloga deja la puerta abierta a una implantación anterior a la llegada de los navegantes mediterráneos: “No parece arriesgado suponer una introducción más temprana si recordamos que N. Da Recco encontró a mediados del siglo XIV en Gran Canaria excelente higos secos conservados en cestas de palma (Berthelot, S. 1978:24)”. 

Para despejar la incógnita sobre la antigüedad y procedencia de higos encontrados en yacimientos hay que recurrir a la datación; el equipo del profesor Jacob Morales intentó realizar análisis genéticos pero no fue posible “porque no había ADN”. Lo que sí se puede realizar son los estudios de carbono 14 para determinar su antigüedad. Por ello, no hay duda de que los higos son de época indígena: “Las dataciones arrojan una antigüedad entre los siglos IV y V de la era”. Pero hay más pruebas, además de los restos excavados en yacimientos, “encontramos restos humanos con semillas de higos en caries dentales; las dataciones más antiguas de estos individuos oscilan entre los siglos V y VI”.

Restos de semillas de higos en un diente humano localizado en un yacimiento prehispánico de Gran Canaria.

Las investigaciones moleculares realizadas en los últimos años del presente siglo cuestionan otras afirmaciones de los cronistas. Abreu y Galindo, por ejemplo, escribió que el trigo fue traído por los mallorquines, pero la ciencia ha certificado su origen prehispánico. Estos análisis genéticos y las pruebas de carbono 14 han constatado que las semillas de legumbres encontradas en los asentamientos indígenas -lentejas, habas y guisantes- fueron traídas desde el norte de África por los primeros colonos.

Cebada, el cereal más importante

Por encima de los productos vegetales citados hasta hora en este reportaje, hay un cereal fundamental en la dieta aborigen presente en todas las islas: la cebada. Jacob Morales, como ha puesto de relieve en su artículo Los orígenes de la gastronomía canaria: ingredientes y usos culinarios durante la etapa Amazigh, incluido en el libro Identidad y Gastronomía en Canarias, es categórico: “Fue la planta más importante de la gastronomía indígena. Sus semillas son las más abundantes en los yacimientos arqueológicos y se ha documentado su cultivo en todas las islas”. Rica en hidratos de carbono, la cebada se adapta bien a suelos pobres y climas semiáridos como el de Canarias. Análisis de ADN realizados sobre semillas arqueológicas, explica el profesor de la ULPGC, “indican que su origen está en Marruecos, como muy probablemente las personas que las trajeron”. La genetista sueca Jenny Hagenblad, colaboradora del doctor Morales, sostiene que “en cada isla se desarrollaron variedades propias como resultado de su aislamiento”.

Con la cebada se elaboraba el gofio, un alimento central en la dieta de los guanches y muy popular en la gastronomía actual de Canarias. Es una harina que se obtenía al tostar los granos de cebada, aunque también se hacía con otras plantas, como el trigo y las raíces de helechos. Las técnicas culinarias y métodos de conservación se abordarán en la tercera entrega de esta serie sobre la alimentación de los antiguos canarios.

El trigo duro fue cultivado en la etapa amazige en todas las islas salvo en Lanzarote, aunque en esta isla, aclara Morales, “los análisis arqueobotánicos solo se han realizado en el yacimiento de Fiquinineo”. La lenteja fue la legumbre más cultivada y sus semillas han sido documentadas en Fuerteventura, Gran Canaria y La Palma. El haba también fue importada por los colonos norteafricanos y sus semillas se han recogido en sitios arqueológicos de Tenerife, Gran Canaria y La Palma, mientras que el cultivo de guisantes o arvejas sólo se ha confirmado en Gran Canaria y Tenerife.

Alimentos endémicos

Otros productos vegetales que consumían los indígenas canarios fueron mocán, amagante, bicácaro, piñones de pino canario, los frutos de la palma y el cosco. Los cinco primeros son endémicos de Canarias, salvo el mocán que también lo es de Madeira, mientras que el cosco es nativo de las Islas pues crece en otros lugares. Semillas de amagante se han encontrado en dos yacimientos de las Cañadas del Teide, mientras que el cronista Abreu Galindo menciona su consumo por la población benahoarita de La Palma. Las semillas de Pinus canariensis, informa Morales, han sido registradas en yacimientos de Gran Canaria, Tenerife, La Palma y El Hierro. Los frutos de la palmera canaria -la támbara, támara o dátil- eran consumidos, según las fuentes narrativas, en Fuerteventura, Tenerife, La Gomera y Gran Canaria, aunque por ahora sólo se han documentado arqueológicamente en las dos últimas islas.

Aunque no se han encontrado en sitios arqueológicos, el bicácaro, según las crónicas, se consumió en Gran Canaria, Tenerife y El Hierro. El fruto de la bicarera es el más rico, en relación a su tamaño, en azúcares de la flora nativa canaria. Su ausencia en yacimientos “se debe a que se consumían crudos y no eran cocinados o procesados, por lo que tenían menos posibilidades de fosilizarse”. Las semillas del cosco fueron consumidas al menos en Fuerteventura y Gran Canaria, pero no se descartan otras islas porque sus semillas son tan pequeñas que “son muy difíciles de detectar durante las excavaciones”, asevera Morales. De hecho, hasta mediados del siglo XX fue un alimento presente en hogares de Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife y Gran Canaria.

La catedrática Carmen del Arco, entre Bertila Galván y Juan Francisco Navarro, durante el homenaje tributado a los tres docentes de la ULL en 2023. 

De este grupo de plantas silvestres que estaban en el Archipiélago cuando llegaron los amaziges, destaca el mocán porque estaba presente en la dieta de cinco islas –en Fuerteventura y Lanzarote no crece esta planta-. Su consumo es mencionado por fuentes etnohistóricas y se han encontrado semillas en yacimientos de las islas excepto las dos citadas. Es relevante, como señala la catedrática Carmina del Arco Aguilar, que se hayan preservado los nombres indígenas del árbol –mocán-, de su fruto –yaya- y del plato que se realiza, el chacerquem, “una especie de miel que contaba con propiedades terapéuticas para el llamado mal de cámaras” -afección de las cavidades corporales- y para los refriados. Del Arco encontró “restos carbonizados de mocán, junto a semillas de cereales y leguminosas”, en la Cueva de don Gaspar, en Tenerife. Este fruto “tuvo un papel importante en la cocina indígena”.

Isótopos estables

Los rizomas o raíces del helecho, una planta con amplia distribución en el mundo, constituyó, informa el doctor Morales, “un alimento importante en La Gomera, La Palma y El Hierro”, islas en las que la agricultura estuvo lejos del desarrollo que experimentó en Tenerife y, sobre todo, en Gran Canaria, las dos islas donde mejor alimentados estaban sus primeros pobladores. Así lo certifican diversas investigaciones recientes. 

Una de ellas, que aporta información precisa sobre la dieta, es el análisis de los isótopos estables, una variante de un elemento químico que se encuentra en la naturaleza y en el colágeno de los huesos y dientes. Descubiertos a principios del siglo XX, en los años 70 empezó a aplicarse en arqueología. Pionero en Canarias es el arqueólogo Elías Sánchez Cañadillas, autor de la única tesis doctoral sobre isótopos estables que se ha realizado en las universidades canarias. El doctor Cañadillas no para de investigar. Cinco años después de su tesis, acaba de publicar en la prestigiosa Nature Scientific Reports interesantes novedades tras analizar “los isótopos de los restos de 457 indígenas de las siete islas principales del Archipiélago, respaldados por un sólido marco cronológico basado en 155 dataciones por radiocarbono”.

Los resultados, explica a este periódico este experto, “revelan patrones dietéticos distintos: las poblaciones de las islas occidentales (La Palma, La Gomera y El Hierro) presentaban una dieta predominantemente basada en plantas C₃  -cebada y trigo-. y recursos terrestres silvestres, con evidencia de una intensificación del uso de plantas silvestres durante periodos de estrés agrícola, además de un consumo más intensificado de elementos marinos de bajo nivel trófico, como las lapas, en El Hierro. En contraste, las islas centrales (Tenerife y Gran Canaria) mostraron una varianza isotópica menor, lo que indica una producción agrícola estable, complementada con distintos grados de explotación de recursos marinos”. Lanzarote y Fuerteventura mostraron “unos datos singulares en el contexto del Archipiélago, posiblemente influenciados por su aridez, lo que identifica a la zona oriental de Canarias como un entorno único, donde la población tuvo que adaptar su dieta al medio desértico”.

El doctor Elías Sánchez Cañadillas, en el laboratorio de arqueología de la Universidad de Las Palmas.

Estos datos generales –la próxima entrega de esta investigación periodística profundizará en el consumo de carne y pescado- no fueron homogéneos. Elías Sánchez Cañadillas ha detectado que la dieta durante los aproximadamente catorce siglos del periodo amazige estuvo influenciada “por fluctuaciones del clima”, cambios ambientales derivados del Periodo Cálido Romano, la Anomalía Climática Medieval y la Pequeña Edad de Hielo. Es probable que esos cambios climáticos llevaran a los habitantes de La Palma y Fuerteventura al “abandono o la desaparición de la agricultura en el segundo milenio d.c., como sugieren los datos preliminares” obtenidos hasta ahora.

 El artículo de Nature Scientifc Reports se hace eco de investigaciones de respetados arqueólogos como Javier Velasco, Matilde Arnay, Jonathan Santana o Teresa Delgado para afirmar: “En ciertas islas se observan indicadores de malnutrición, como osteopenia no senil , hipoplasia lineal del esmalte  y altas tasas de mortalidad entre adultos jóvenes , que se interpretan como efectos de la escasez periódica. Los registros etnohistóricos también sugieren desequilibrios entre población y recursos antes de la colonización europea, con relatos de infanticidio y restricciones matrimoniales como controles demográficos. Para mitigar las fluctuaciones ambientales y la escasez de alimentos, las poblaciones indígenas de Gran Canaria almacenaban cereales y legumbres en silos excavados en toba volcánica y construían graneros comunales en lugares fortificados o aislados”. El más espectacular es el que ilustra la foto de portada de este reportaje.

Líneas de Harris

Aunque se circunscribe sólo a una isla, un trabajo sobresaliente es El estado nutricional de la población prehistórica de Gran Canaria: estudio de las líneas de Harris, firmado por Javier Velasco Vázquez, Matilde Arnay de la Rosa, Ernesto Martín y el catedrático de medicina Emilio González Reimers. Las líneas de Harris son bandas transversas observables en radiografías de huesos largos, indicadoras de una ralentización o interrupción del crecimiento óseo. Para el trabajo en cuestión se radiografiaron 194 tibias derechas de la población prehispánica.

Las líneas de Harris, explica el doctor Velasco, “se emplean como marcador paleonutricional, a modo de indicador de estrés nutricional”, ya que “existe una correspondencia directa entre la presencia de líneas de Harris y el estado nutricional de un conjunto poblacional”. Este estudio ha permitido averiguar patologías de los antiguos canarios y también, dado que los huesos están datados, periodos en los que se han detectado más “deficiencias alimentarias, malnutrición calórico-energética, así como, en menor medida, con procesos sistémicos severos”.

Este método de investigación también se ha aplicado a indígenas de El Hierro y Tenerife. En ambas islas se ha detectado una mayor prevalencia de las líneas, lo que manifiesta, explica Javier Velasco, que “sufrieron con más frecuencia episodios carenciales o de estrés nutricional”. Velasco es uno de los profesionales que más y mejor ha investigado la agricultura y la economía de la etapa amazige de Gran Canaria, protagonista de su tesis doctoral.

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