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Vuelve el Top Secret de Carlos Sosa. Serás el primero en enterarte de los detalles que nadie más conoce.

Una sola papeleta y un par de papelones

Carlos Sosa

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Vuelve el Top Secret de Carlos Sosa. Serás el primero en enterarte de los detalles que nadie más conoce.

No estoy muy seguro de si fue Gabriel Rufián o Román Rodríguez a quien primero oí hablar de la necesidad de la confluencia de izquierdas. De aglutinar esa dispersión tradicional de votos situada a la izquierda del PSOE para contribuir en mayor medida a una mayoría que pudiera frenar el advenimiento de la derecha y la ultraderecha. Román Rodríguez, fundador de Nueva Canarias, culo inquieto donde los haya, viene de muchas experiencias en la materia, de haber conseguido alianzas tanto con el PSOE como con Coalición Canaria para lo mismo, para tener voz en las instituciones del Estado, es decir, en Madrid. Un político con la política en la sangre que sabe de traiciones y de desgastes, de nadar y guardar la ropa, de poderosos y miserables, de trampas y campeonatos. De los que presume de “leerse los papeles”, de los que anda todo el día con encuestas y proyecciones demoscópicas para asegurarse y asegurar a sus interlocutores que no está diciendo tonterías cuando plantea lo que plantea.

Por eso le creí la primera vez que me dijo que ya tenía muy avanzadas conversaciones con Izquierda Unida, con Podemos, con Sumar, y con otras fuerzas de izquierda insulares y que las primeras respuestas habían sido muy positivas. Era una aproximación inicial que le garantizaba, según sus estimaciones, una plaza para el Congreso de los Diputados por Las Palmas, y la posibilidad, algo más complicada, de alcanzarla también por Santa Cruz de Tenerife, siempre que se sumara a la iniciativa el partido de Alberto Rodríguez, Drago Canarias.

Román Rodríguez y su gente hablaron con todo el mundo, incluidas las dirigentes nacionales de Podemos y Sumar, y se confabularon para encontrar un candidato o una candidata “sin mochila” que pudiera encabezar la candidatura, alguien que no pudiera ser discutido no ya por las fuerzas participantes, sino por la ciudadanía.