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No, la Historia no es así

Al año siguiente caí en las manos de lo que la vieja guardia llamaría un liberal y enrojecido profesor, quien me enseñó a considerar la Historia como una disciplina tanto o más importante que cualquiera de las que siempre se las ha considerado sacrosantas en el sistema de educación español. Es más, aquel primer año en el que lo tuve como profesor descubrí que era más difícil aprobar una asignatura considerada secundaria que aprobar Matemáticas o Ciencias, dos de los pilares en los que sustentaba mi educación hasta ese momento.

En realidad, su empeño iba más allá de memorizar datos, fechas y situaciones. Para aquel profesor la Historia era el espejo en el que todos nos debemos reflejar para entender qué está pasando hoy en día, por mucho que sus detractores argumenten que la Historia solo se preocupa del pasado. Este razonamiento es igual de válido que el que enarbolan todos los memos que justifican su negativa a ir a un museo, porque éste está lleno de piedras y trastos viejos.

Si se piensa fríamente, también está el grupo que piensa que el leer produce un sarpullido -de ahí que lo eviten como la peste- y puede que por eso las bibliotecas estén tan mal consideradas y velen por su ausencia en la geografía nacional. Además, hoy en día, si no está en las redes sociales eso no sirve para nada. ¡Y cómo va a competir un buen libro de Historia con un Tweet de un analfabeto funcional sentado en la Casa Blanca!

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FANATICOS E IGNORANTES

Aquella foto, al igual que la película del bailarín, coreógrafo, escritor y director americano mostraba un momento de nuestra historia más contemporánea donde la calles se llenaron de camisas de color negro, camisas de color pardo, camisas de color azul, camisas de color verde, camisas de color gris y de otros tantos colores que desembocaron en un genocidio teñido de ideología e irracionalidad homicida que, luego, se recogió en los libros de historia como Segunda Guerra Mundial. 

Aquella contienda -llena a rebosar de episodios que harían vomitar a un ejemplar de Capra aegagrus hircus, mamífero artiodáctilo de la subfamilia Caprinae capaz de sobrevivir en prácticamente cualquier hábitat, dada su capacidad para ingerir la más variada y extrema alimentación por escasa que ésta pudiera llegar a ser- debió disuadir a los seres humanos de caer en radicalismos ideológicos, pero está claro que no fue así.

De un tiempo a esta parte son legión quienes, ignorantes de un pasado nada glorioso ni digno de imitar, se empeñan en reverdecerlo y reivindicarlo como si nada hubiera pasado. Su nuevo discurso, nada “nuevo” por otra parte, se sustenta en los efectos de una crisis que se ha convertido en el acicate para justificar su diatribas incendiarias, dementes y populistas. 

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