Amor eterno
Despierto con la sensación de que hemos estado hablando largo rato durante la noche. Me has dicho, con mucha alegría: “¡Mami, hoy volvemos a segunda! Quedé con Dani y nos vamos al estadio”.
Me levanto y voy a tu habitación. Abro la primera gaveta del armario y saco tu camiseta del Tenerife. Busco en ella tu olor, la acaricio e imagino que la necesitas para hoy. La doblo y coloco en la pequeña maleta que dejé anoche a medio hacer sobre tu cama. Jake corre a meterse dentro. Lo hace siempre y me cuesta trabajo que se esté quieto. En ese momento pienso en lo poco que necesita un gato para ser feliz, y lo mucho que creemos necesitar los humanos.
Al salir de casa, busco tu imagen entre el piano y la ventana. Tus veinte años y tu sonrisa se mantienen eternos como eterno será mi amor de madre. Te miro y me despides.
La Palma me recibe con un sol espléndido. El cielo azul se funde con el Atlántico y, cuando ascendemos por la carretera rumbo al norte, la silueta del Teide se me antoja más hermosa que nunca. No sé por qué me vienen a la cabeza Quevedo y su recién estrenado “Hijo de volcán”. Bueno, sí lo sé. Escucho canciones que te gustan. Me intereso por cosas que solías hacer. Eres y serás mi razón de ser, un pensamiento constante en mi cabeza. Vivo con tu presencia a pesar de tu ausencia.
Llegamos a casa de la abuela y te veo subir las escaleras de dos en dos, igual que cuando eras pequeño. Y quiero gritarte que tengas cuidado, pero no lo hago. Tu fotografía preside la mesa del salón. La misma que me despidió en casa y que me recibe aquí en nuestra isla. Me sonríes porque sabes que me voy a poner tu camiseta blanquiazul.
Comienza el partido y me acomodo en el sillón con los demás. Sabemos que hemos ascendido antes de empezar, pero eso no resta emoción a la tarde. Los goles de la segunda parte sentencian una celebración merecida. Te oigo decir: “Te lo dije, mami”. Cierro los ojos y te veo coreando, saltando, feliz.
Busco la mirada cómplice de tu padre y esbozo una sonrisa. ¿Qué me queda después de perderte, Pablo?
Agradecer a la vida por haberme permitido ser tu madre. Luchar por mantener tu recuerdo. Respirar y seguir adelante. Sobrevivir por ti y para ti.
Abrazo, en este primer domingo de mayo, a todas las mamás huérfanas de sus hijos.
Ana Francisco Abreu