A Manuel González Plata

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Dante Andreo me dio la noticia la misma mañana de tu partida. Había muerto Manuel González Plata. “Bejeque”. Con la noticia, un poema musicalizado por Dante e interpretado por la Camerata Lacunensis y dirigida por José Herrero. Escuché el poema y escuché tu voz quebrada, rota, y llena de fuerza. Recitado por ti tomaba una altura inexplicable. Sí. Es cierto. Isla somos y en isla nos convertiremos al menos tú que la amabas tanto, tú, que le escribías versos, tú, que fuiste su palabra más clara, el escritor de lo humilde, de lo más pequeño de la calle y sus gentes, el más cercano a las cosas cotidianas y que gracias a tus versos se hacían grandes en cada una de las palabras que escribías y en ellas se multiplicaban.

Y ahora me pregunto qué será de nosotros al llegar a ese barco varado eternamente que espera impasible el Diálogo del Castillo y la Nave en cada Bajada de La Virgen. Qué será, dime, de quienes rastreábamos su paso por la pendiente de la Encarnación por delante del Castillo y la veíamos llegar balanceándose en los hombros de la buena gente y luego se paraba y nos parábamos todos para escuchar el estruendo de los cañones y el estruendo de tu voz.

Qué será de nosotros sin encontrarte en una esquina y darnos un abrazo y recordar algo, cualquier cosa por pequeña que pareciera: una imagen, un recuerdo, un instante que tu memoria pudiera traer al encuentro. Y luego, esas llamadas que me hacías sin darte cuenta por las raras circunstancias de tus recuerdos y luego, nada. Isla somos, repetías. Y ahora sé que lo sabías, que siempre lo supiste y supiste explicarlo, convertirlo en poema.

Verás. Hoy quise darte un beso de despedida y quise darte las gracias por todo lo que nos dejaste en herencia. Y decirte que me gustaba que me llamaras aunque nunca llegamos a decirnos nada. Solo silencio. Ahora ya lo sabes.

Elsa López

5 de noviembre de 2026