Desde el ritmo del latido

7 de agosto de 2026 10:07 h (Hora canaria)

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Dispuestos a paliar aquello que ensombrece nuestra existencia, nos agarramos a esos chalecos salvavidas que se convierten en panaceas de nuestro día a día; así la música ha sido y será, una de las grandes aliadas del ser humano.

Se tiene constancia desde los tiempos más remotos de su importancia.

Emocionarse con la música es uno de los estados más puros y profundos que podemos experimentar. Es el trayecto perfecto para llegar a un clímax emocional, que nos libera, nos fortalece y desintoxica.

Siempre se ha dicho que todos somos criaturas musicales. Según los científicos ya estamos adaptados desde el vientre de nuestra madre a sentir el ritmo del latido del corazón y cuando hemos tenido la suerte de crecer en una familia con tradición musical como una servidora, ese rasgo se fortalece y se hace aún más partícipe del día a día.

Sería imposible imaginarnos la vida sin música.

Mi difunto padre siempre mantuvo hasta sus últimos días que dicha disciplina era el alma de la vida. De ella se nutrió junto a mí madre cantando, enseñándonos a ejecutar algunos instrumentos y formándonos. De ellos aprendimos a amarla seguramente mucho más que si no hubiéramos tenido tan hermoso referente, contagiándonos entre los hermanos, sin abandonar el gusto por ella.

Cuando pienso en que les preocupaba no tener herencia suficiente que depositar en nuestras manos, sé que se despistaban de que heredamos lo mejor de ellos; aparte de todo el amor incondicional que recibimos, nos hicieron crecer desde el momento en que nos enseñaron a amar la música. A la vez estos hermanos “nosotros” hacemos lo propio con nuestros descendientes y la música ha germinado en ellos de maneras diferentes, cantando, creando, escuchando, bailando. Si bien es cierto que no todo el mundo elige dedicarse a ella o estudiarla cuando no es algo que satisfaga del todo, está claro que influye lo que nos ha rodeado.

Hoy deberíamos centrarnos en que la familia es un núcleo importante para establecer lo aprendido y lo que muchas veces necesitamos desde la educación de nuestros hijos es inculcar y ya luego por supuesto ellos eligen. Podría ser lo acertado. Eso también ayuda a que esta motivación se haga extensible a otros lares de nuestra sociedad dando cabida a la formación desde la actividad musical y con ello contribuir a que no mueran las tradiciones: bandas de música que han sido la vida de los pueblos, grupos folklóricos que ponen de manifiesto nuestras costumbres, o quizás grupos musicales de otros estilos, que también ofrecen formación disciplina y entretenimiento. Y por supuesto, especialistas para la enseñanza musical. Todo ello es un compendio que debe conducirse desde el núcleo familiar y los centros de enseñanza para que nunca nos olvidemos de que la música ha sido y será una parte muy importante de nuestra vida. Sigamos amándola. Sigamos construyendo con ella.