Fernando Clavijo, “el accionista mayoritario” que se traga el PP
“Yo soy el accionista mayoritario”. Con esas palabras definió su posición política Fernando Clavijo en diciembre de 2016 ante la que era su socia y vicepresidenta, la socialista Patricia Hernández, en los momentos en los que se quebraba el pacto entre Coalición Canaria y el PSOE tras un buen ramillete de desencuentros. Hernández trataba de hacer ver al por primera vez presidente de la autonomía que no debía estar conduciendo de la manera que lo hacía, es decir, imponiendo a su socio decisiones que no se habían discutido en el seno del Gobierno y, lo que es peor, puenteando a los consejeros y consejeras socialistas haciendo valer su condición de líder del partido con más diputados en la cámara regional.
Clavijo no puede presumir ahora de tener más diputados que nadie porque en 2023 le ganó el PSOE, pero sí puede recordar a su socio, el Partido Popular, un día sí y el otro también, que tiene cuatro más y que sigue siendo, por tanto, el accionista mayoritario del cortijo. Y ya sabe el PP, porque la política canaria está plagada de antecedentes estrambóticos, que si los populares se ponen flamencos, Clavijo es capaz de echarlos y ponerse a gobernar con el apoyo del PSOE, partido en el que hay algunos dirigentes bastante predispuestos.
Teóricamente debería estar siendo bastante incómodo mantener un Gobierno como el canario, con dos partidos que solo parecen estar de acuerdo en que hay que permanecer juntos, sea como sea, porque no es que haya frío ahí fuera, sino que se avecina temporal en 2027 y no es bueno estar desguarnecido cuando se produzca.
Por eso el PP ha aguantado con estoicismo el desplante del presidente Clavijo con el modelo de financiación autonómica, pactado a espaldas de la consejera de Hacienda, Matilde Asian, y del mismísimo vicepresidente del Ejecutivo, Manuel Domínguez, que ya sabemos que pinta poco, pero que tiene su corazoncito.
Aunque se haya tratado de ocultar, Domínguez ni siquiera se personó en el último Consejo de Gobierno, o al menos no llegó a tiempo para la foto de rigor, con lo que al hombre le gusta una fotografía.
Su consejera de Hacienda, que lo es también de toda Canarias, optó por pedirse dos días de vacaciones, los pasados martes y miércoles, de modo que no tuviera que pasar el mal trago de acudir a la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera a votar a favor de lo que su partido quiere que se vote en contra. Es de esperar que los dos días le sean descontados efectivamente de sus vacaciones, porque de lo contrario estaríamos ante un flagrante caso de absentismo laboral, de esos que anda denunciando con pésima fortuna el presidente nacional de su partido.
Resultó de tal envergadura la ruptura de Canarias con el consenso pepero y, por lo tanto, la jugada de los ministros España y Torres, que el partido de Feijóo pidió con urgencia la desconvocatoria de la reunión porque habría dado lugar a un problema interno en el partido ante la evidencia de que el nuevo sistema va a sacar a algunas autonomías como la valenciana o la andaluza del agujero de financiación que vienen sufriendo desde hace años.
No es la primera gran discrepancia entre estos dos socios tan bien avenidos. La migración lleva años provocando serias tiranteces por la posición del PP de negarse a aplicar la ley y asumir los cupos de acogida de menores migrantes no acompañados que corresponden a cada autonomía. Manolo Domínguez dice que hace lo que puede, que viene a ser exactamente nada, para convencer a sus colegas de otros territorios para que se dejen de zarandajas, mientras se recrudece tanto dentro de su partido como en su socio natural, Vox, el discurso antimigratorio con todas sus derivadas racistas y de odio.
La fuerza del socio débil
Pero volviendo a Canarias, el accionista mayoritario del cortijo sigue exprimiendo a su gusto la debilidad actual que presenta el PP y lo que se le viene encima. Las encuestas siguen insistiendo en que el partido de Núñez Feijóo va a sufrir un llamativo estancamiento en Canarias, cuando no un retroceso a manos de Vox, tanto en las generales como en las autonómicas del año que viene. Y esa tormenta hay que enfrentarla desde dentro de las instituciones pagando el precio que sea, incluido el de la humillación y el puenteo al que se le viene sometiendo.
Clavijo, por su parte, conoce esa debilidad del PP y por eso la explota tan descarnadamente. Se le ha abierto una pequeña fisura por la isla de La Gomera, a pesar de la estrecha amistad que sigue teniendo con Casimiro Curbelo, pero está convencido de que puede aguantar lo que queda en el convento sin necesidad de mayores crisis que las ya vividas.
Porque si fuera a aplicar la plantilla que Coalición Canaria ha aplicado en otras ocasiones, hace ya tiempo que debía haber dado puerta al PP. Es bueno recordar que a Jerónimo Saavedra lo echó de la presidencia del Gobierno su vicepresidente, Manuel Hermoso, por unos comentarios godos de Carlos Solchaga sobre la reforma del REF. Y que a Patricia Hernández el mismísimo Clavijo se vio obligado a destituirla tras varios desplantes relacionados con el déficit sanitario (que el presidente intentó gestionar puenteando el consejero de entonces) y por el reparto del famoso Fondo de Desarrollo de Canarias a través de los cabildos, lo que condujo incluso a que los consejeros socialistas se levantaran y se mandaran a mudar en medio de un consejo de gobierno para no tenerlo que votar en contra.
Nos queda un final de legislatura que vendrá cargado de gestos como el que esta pasada semana protagonizó desde sus escaños en la oposición el PP en Telde. Lejos de abordar asuntos tan importantes para la ciudadanía como la grave contaminación que sufre el litoral de ese municipio por la política negligente del consistorio, los concejales populares elevaron al pleno una moción reclamando la dimisión de Pedro Sánchez. Sólo votaron a favor de esa iniciativa los concejales del grupo proponente y los de Vox. Se van configurando las futuras alianzas.
Sobre este blog
Vuelve el Top Secret de Carlos Sosa. Serás el primero en enterarte de los detalles que nadie más conoce.
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