Deventer o la desconocida de los Países Bajos con el mejor casco medieval del país
Viajar por los caminos de los Países Bajos es encontrarse con nombres célebres cada pocos kilómetros. Ámsterdam, Rotterdam, Utrech, La Haya… El viaje suele centrarse en estas preciosas ciudades dejando de lado pequeñas joyas como Deventer. ¿Deventer? Sí. Esta ciudad fortificada se encuentra en el oriente holandés a apenas 113 kilómetros de Ámsterdam en una excelente ruta que incluye otras ciudades que merecen la pena como Amersfoort o Naarden -con una de las murallas renacentistas más imponentes del norte de Europa- y otras buenas paradas en monumentos de interés nacional (el más notable es el Palacio de Soestdijk). Pero vayamos de manera directa a Deventer. Sentimos una predilección especial por las ciudades europeas que durante la Edad Media formaron parte de la famosa Liga Hanseática. Esta red de comerciantes (precedente del comercio internacional contemporáneo) tuvo una repercusión esencial en el desarrollo de estas ciudades llenándolas de grandes monumentos.
Y Deventer no es una excepción. Y lo mejor de la plaza, que apenas supera los 100.000 habitantes, es que cuenta con el casco medieval mejor conservado de todo el país. Y eso, en un lugar como la vieja Holanda, donde cada ciudad es una joya, es mucho decir. Sólo por eso ya merece la pena incluirla en una vista o, incluso, hacerla protagonista de un viaje de puente (pasar la noche aquí es mágico). Porque desde el aeropuerto de Schipol puedes llegar aquí en tren en menos de una hora y madia (con transbordo en Amersfoort Centraal). ¿Merece la pena? Mucho. Valga como reclamo una sola cosa. Aquí vas a encontrar la casa de piedra más antigua de todo el país. Pero vayamos por partes.
Las primeras referencias escritas de Daventre portu datan del siglo IX como un conjunto de granjas articuladas en torno a un embarcadero en el Río Ijssel. Según las tradiciones locales, el origen de la ciudad se fecha un siglo antes como misión evangelizadora de un misionero sajón de origen inglés: San Lebuino. Estamos, pues, ante una de las ciudades más antiguas del entorno de la desembocadura del Rin. Su tradición comercial y las condiciones de su puerto fluvial hicieron que se uniera a la Liga Hanseática convirtiéndose en un centro de comercio y cultural de renombre. En su escuela de Latín estudió un tal Desiderio Erasmo que se convertiría poco después en uno de los pensadores clave de la cultura occidental. Casi nada.
El río, y el puerto. El Bergkwartier -barrio de la colina- es el lugar donde se pueden rastrear esos siglos de opulencia comercial. Quizás el exponente máximo de esa riqueza es la Muntentoren -Torre de la Moneda- (Muntengang 2-4), una antigua ceca donde Deventer acuñó su propia moneda hasta bien entrado el siglo XVIII. Antes de sumergirte en el laberinto de callejones empedrados del ‘Barrio de la Colina’ visita la bonita Iglesia de San Nicolás (Bergkerkplein, 1). La ‘Bergkerk’, como se la conoce popularmente, es una de esas típicas construcciones del gótico holandés donde el ladrillo se convierte en una obra de arte sublime. Linda por fuera, con su fachada esbelta y sus torres, y aún más bonita por dentro, con la elegancia propia de este tipo de templos y frescos tardomedievales únicos en los Países Bajos. Este edificio del siglo XII es hoy un activo centro cultural. No dejes de verla por fuera desde la calle Bergstraat; aquí harás alguna de las fotos más bonitas de la visita. Échale un vistazo a la fachada del número 19 donde puedes ver una curiosa reja con la efigie de un loro en la puerta principal. Este lugar era una taberna en la Edad Media.
Explorando el corazón del Bergkwartier.- Si sigues la ruta propuesta desde Bergstraat te vas a topar con la Plaza Brink, uno de los espacios urbanos más significativos de la ciudad. Esta plaza alargada era el corazón del comercio de la ciudad y albergaba las casonas y almacenes de los grandes comerciantes y gremios. Aún hoy puede verse una colección arquitectónica que va desde el siglo XV al XIX formando uno de los espacios más bonitos y homogéneos del país. El magno edificio que cierra la plaza en su extremo sur es el Waag. Esta casona preciosa se construyó a principios del siglo XVI y su función era la de pesar de manera precisa las mercaderías que llegaban y salían de la ciudad y es una de las pesas más antiguas del país. Hoy alberga la sede del Museo de Historia de Deventer (Brink, 56) que custodia una interesantísima colección de objetos históricos y artísticos que sirven para comprender la ciudad y el impacto de la Hansa. Otro elemento singular de la plaza es la Wilhelminafontein, una fuente monumental erigida en 1898 para celebrar la coronación de la reina Guillermina.
El otro gran centro simbólico y urbano de la ciudad junto al Brink es la Grote Kerkhof. Aquí se yergue la imponente Catedral de San Lebuino -popularmente la Grote- (Grote Kerkhof, 40), uno de los más importantes monumentos históricos de los Países Bajos. Estamos ante una gran catedral gótica del siglo XV en la que se alternan la piedra, el ladrillo y el estuco. Una iglesia que guarda un secreto bajo su suelo: una de las pocas criptas románicas que sobrevivieron a la fiebre de construcción de los siglos XV, XVI y XVII. El otro gran elemento que marca la identidad del edificio es su imponente torre campanario de 63 metros desde la que puedes ver la ciudad desde las alturas.
El Grote Kerkhof es mucho más que el lugar donde se asienta la catedral: la plaza, que sirvió de mercado de telas desde los tiempos de la Hansa hasta bien entrado el siglo XIX cuenta con otros edificios ilustres. El más notorio desde el punto de vista arquitectónico es el Landshuis -Ayuntamiento- (Grote Kerkhof, 2), un complejo de dependencias que combinan en su fachada una mitad gótica de ladrillo y un precioso edificio barroco posterior. Y desde el punto de vista simbólico, por lo que supuso para la fama de la ciudad, hay que señalar la Escuela Latina (Grote Kerkhof, 6), una de las primeras en su especie al norte de Los Alpes (siglo XIII).
Muy cerca de la Grote Kerhof podemos ver otra de las curiosidades de la ciudad: la casa de piedra más antigua de los Países Bajos. La Casa del Preboste (Sandrasteeg, 8) es una rareza. Se construyó a principios del siglo XII usando bloques de piedra volcánica importada desde la actual Alemania en una época en la que aún no se había perfeccionado la arquitectura del ladrillo y las ciudades eran de madera y barro.
La Athenaeumbibliotheek, la biblioteca más antigua de los Países Bajos (Het Klooster, 12).- Una maravilla. La Biblioteca del Ateneo se fundó a finales del siglo XVI por orden del gobierno de la ciudad para crear un fondo bibliográfico actualizado con todos los saberes de la época. Pero junto a los nuevos libros de ciencia, botánica, filosofía o religión se fue atesorando un tesoro bibliográfico en el que destacan una buena cantidad de volúmenes medievales e incunables. Una maravilla que abre al público los martes y jueves bajo cita previa (info-ab@bibliotheekdeventer.nl). Otro lugar interesante en las inmediaciones de la biblioteca es el Jardín del Monasterio (Het Klooster), antiguo claustro monástico que hoy se ha convertido en un precioso jardín rodeado de casas de ladrillo de los siglos XVII y XVIII.
El Aserradero de Bolwerksmolen (Bolwerksweg 6).- Al otro lado del río nos encontramos con un gigantesco molino de viento construido a mediados del siglo XIX que se construyó para mover el mecanismo de un aserradero. Después de una cuidada restauración, el molino se convirtió en un centro cultural que muestra el proceso de aserrado en visitas guiadas los martes y los sábados de 10.00 a 16.00 horas. Para llegar hasta aquí puedes tomar un transbordador que cruza el Ijssel desde Nieuwe Markt (a dos pasos de la catedral). El precio del billete es de 1,5 euros.
Junto al molino puedes dar un paseo por el Worpplantsoen (Worp, 1) un cuidado jardín público que tiene el honor de ser el parque más antiguo del país. Otro hito más. El parque ocupa buena parte de la orilla sur del río justo en frente del Bergkwartier lo que permite hacer muy buenas fotos sobre el casco histórico y su precioso frente fluvial.
Comer un ‘Deventer Koek’, el pastelito más oriental de Europa.- En el siglo XVIII un pastelero local llamado Jacob Bussink decidió reinterpretar una vieja receta pastelera heredera de los años en los que las especias inundaron los mercados europeos procedentes de Oriente. Y de su genio surgió el Deventer Koek, una galleta esponjosa de harina, miel y un mix de especias que incluye jengibre, clavo, canela y nuez moscada. La Pastelería J. Bassink (Brink, 84) sigue fiel a la receta original y es una institución que trasciende a la propia ciudad.
Otros museos de Deventer.- Una de las instituciones de la ciudad es el Museo del Juguete (Brink, 47) un lugar ideal para ir con niños que custodia la colección de juguetes más importante de los Países Bajos con piezas con varios siglos de historia a cuestas. Otra opción es el Museum EICAS (Nieuwe Markt, 23) dedicado al estudio y la difusión del arte contemporáneo.
Fotos bajo Licencia CC: Tom Jutte; Ansel D'Souza; Johan Wieland; Jeroen Mul; Jens-Olaf Walter; Nik Morris; Alex Hoekerd
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