Santa Lucía: el legado de los Lugo y la devoción flamenca
La geografía de La Palma está trazada por “datas” y repartos que, desde el siglo XV, configuraron no solo la propiedad de la tierra, sino el alma espiritual de sus pagos. Entre el Barranco Seco y la Montaña de Tenagua, se extiende el territorio que custodia una de las joyas más antiguas de nuestra historia: La Hacienda y Ermita de Santa Lucía.
La historia de este enclave nos remite directamente a los albores de la colonización castellana. Juan Fernández de Lugo, primer gobernador y sobrino del adelantado Alonso Fernández de Lugo, recibió estas tierras en 1498. Aunque el documento original de esta antiquísima data se perdió probablemente en el trágico incendio provocado por los piratas franceses en 1553, la memoria oral y los registros posteriores confirman que los Lugo fueron señores de este vasto dominio desde el mar hasta la cumbre. Cultivado de trigo y cereales, vides y árboles frutales, junto a la cría de ganado, este extenso terrazgo comprendía las tierras aborígenes de Tenagua, desde las cumbres hasta la costa de Bajamar y Martín Luis.
Hasta el año 1530 la familia Lugo mantuvo la propiedad de la Hacienda, vendiéndolaentonces a Luis Álvarez. Es en esteperiodo inicial donde se sitúa el misterio de la fundación de su ermita, un templo cuya “grande antigüedad” ya asombraba a los cronistas del siglo XIX.
Según Gaspar de Frutuoso, en el barranco de Santa Lucía, los portugueses Luis Álvarez y Rodrigo Anes de Tenagua mandaron labrar una fuente abovedada excavada en la roca, debajo del camino, con un estanque donde bebían los ganados y lavaba la ropa todo el vecindario.
El templo entre el silencio y el esplendor
Aunque la ausencia de los primeros libros de fábrica nubla la fecha exacta de su construcción, el visitador Juan Pinto de Guisla certificó en 1678 que la ermita ya estaba edificada desde 1530. Durante décadas el templo fue un remanso de paz que solo rompía su silencio el día de la festividad de la Santa, permaneciendo cerrada el resto del año debido a la escasa vecindad de la zona.
Fue bajo la mayordomía del Maestre deCampo don Miguel de Abreu Rexe (1676-1691), propietario de la hacienda, cuando Santa Lucía adquirió su fisonomía actual. A su visión debemos elementos hoy icónicos: la pila de agua bendita labrada en piedra, las andas procesionales y la construcción de su campanario, que costó la suma de 572 reales.
Sin embargo la historia de Santa Lucía no ha estado exenta de sombras. Tras el cese de Abreu Rexe, la ermita sufrió un abandono absoluto durante veinte años, llegando a un estado deplorable que amenazaba ruina a principios del siglo XVIII, según denunciaron autoridades eclesiásticas de la época.
A pesar de estos vaivenes, el templo logró salvaguardar su tesoro más preciado : la imagen de Santa Lucía. Esta pieza de exquisito estilo gótico-flamenco y datada en el primer cuarto del siglo XVI, es un testimonio mudo del intenso comercio artístico con los Países Bajos que enriqueció La Palma.
Hoy, la Hacienda de Santa Lucía no es solo un conjunto de tierras y muros; es el recordatorio de una isla que miró al norte de Europa, manteniendo viva una devoción durante siglos.
El pintor costumbrista palmero Manuel González Méndez (1843-1909), pintó el cuadro la Romería de Santa Lucía que preside el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Una fuente documental sobre la vestimenta tradicional que ilustra este artículo.
Bibliografía:
- Puntallana. Historia de un pueblo agrícola. Manuel Garrido Abolafia.
- Guía de Arte Flamenco. Jesús Pérez Morera.